miércoles, 6 de abril de 2016

CONMOVEDORA HISTORIA DE UN PERRO FIEL HASTA LA MUERTE



CONMOVEDORA HISTORIA DE UN PERRO FIEL HASTA LA MUERTE

CONMOVEDORA HISTORIA DE UN PERRO FIEL HASTA LA MUERTE


CONMOVEDORA HISTORIA


EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

                          1955
  Por Dr. G. P. C.

 BRANDY, un perro de raza chao, había sido criado cariñosamente por dos pacientes míos; granjeros ya entrados en años.. Cuantas veces salía de casa cualquiera. de lós dos, allá iba Brandy siguiéndole los pasos. Si sus amos trabajaban en la huerta, buscaba el perro un sitio sombreado, y -echándose allí no los perdía de vista un solo instante. Cualquiera -hubiese dicho que temía que se fueran sin él.
Había llegado Brandy a-la edad madura cuando sus amos murieron de repente. Unos vecinos se lo llevaron al pueblo y lo encadenaron mientras se acostumbrába a sus nuevos amos: Pero Brandy no quiso comer., ni beber. Viendo que á ese paso acabaría por morirse, lo soltaron. Pasados dos días fueron a la granja de los antiguós amos. Hallaron a Brandy echado en el umbral, como si estuviese aguardando que ellos volvieran.
No sabían qué partido tomar con el perro; al cabo resolvieron lle­várselo otra vez al pueblo para
.tratar de alimentarlo, pero. esta vez no lo encadenaron. A la mañana siguiente notaron que había  con­sumido parte del alimento. Esto animó a los bondadosos vecinos a ir de nuevo a la granja al cabo de dos días, para volver con el perro y darle de comer como anteriormente. Más adelante, advirtieron que, si le dejaban la comida en el sitio acostumbrado, Brandy acudía todas las noches al pueblo, comía y regresaba luego prontamente a montar guardia en la granja.
Con frecuencia me pregunté en qué pensaría el perro al proceder así. Creo saberlo. Pensaría que, en ausen­cia de los amos, le tocaba a él guar­dar la casa y esperar allí su regreso.
Al cabo de un año vendieron la granja. La ocuparon los nuevos due­ños. ¿Abandonó entonces Brandy su larga y fiel vigilancia? No. Lo único que hizo fue montar guardia, no en la puerta, sino en una loma a es­paldas de la granja.
Muchas veces, en los años si­guientes, lo vi en sus viajes de ida y vuelta. Trotaba sin detenerse ni reparar en nada, como dominado por un único pensamiento: «Debo estar allá cuando ellos vuelvan.»
 Al fin llegó una noche en que Brandy no fue por la comida. Los vecinos que tan cariñosos habían sido con él por tantos años, se dijeron que con seguridad le habría pasado algo. Una mañana de primavera, cuando la nieve empezaba a derre­tirse, vi en la loma donde Brandy montaba guardia un mechón de pelo rojizo. Me detuve y escarbé en la nieve.
Ahí dormía Brandy el último sueño. Reposaba con la cabeza hacia el sur, tal como estuvo al morir, vigilando hasta el postrer instante la casa de los amos.      —Dr. G. P. C.

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