sábado, 9 de abril de 2016

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE Cálculo fino HOMER PARDUE, Wasco, EE. UU.

 EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE
Recopilado por Alan Devoe
1946

Cálculo fino
 
HOMER PARDUE, Wasco, EE. UU.

Chico, mi perro dálmata, me seguía como la sombra al cuerpo cuantas veces iba yo a darles un vistazo a las labores de la granja. El único modo de impedírselo, era dejarlo encadenado.
Hallándome un día en el papal, adonde, como de costumbre, me había seguido Chico, dio el perro una muestra de inteligencia que me dejó asombrado. Tenía yo en ese campo cincuenta y dos bocas de riego, todas las cuales habían quedado ocultas bajo tierra con las faenas del laboreo. Dar con ellas, no era nada fácil. El procedimiento que empleaba para hacerlo, consistía en contar unos treinta y dos pasos entre boca y boca, así que lograba acertar con la primera. De este modo iba encontrándolas, sin equivocarme más de un metro a lo sumo.
Embebido en lo que estaba haciendo, no había reparado en Chico. Pero, después de haber dado con unas siete bocas de riego, noté que el perro estaba escarbando afanosamente. Con gran sorpresa mía, el sitio donde se hallaba Chico quedaba precisamente encima de una de las bocas. En cuanto la desenterró por completo, pegó el hocico al suelo y olfateando, se fue hasta la próxima, con la cual hizo lo mismo. Así, de una en otra, no paró mientras no hubo desenterrado las restantes.
Y lo bueno del caso es que lo hacía mejor que yo, porque, al buscarlas, acertaba con ellas sin equivocarse ni en un centímetro.

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