domingo, 31 de julio de 2016

EL VINO A DAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS Por Rebecca Brown 01

 EL VINO A DAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS
Por Rebecca Brown

¡CUIDADO!
Este puede ser uno de los libros más difíciles que hayas leído jamás. Satanás NO QUIERE QUE LO LEAS!

Padre celestial, te pido que escudes y protejas al que lea este libro y le des un claro entendimiento de lo que has querido que digamos. Te lo pido y agradezco en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El propósito de este libro es mostrar las muchas maneras en que Satanás y sus demonios están activos en el mundo de hoy, y cómo usted puede luchar eficazmente contra ellos, y cómo puede librarse de los lazos de Satanás.
Satanás hará cualquier cosa para impedir que usted lea esto. Le afligirá con avasallador insomnio, confusión, interrupciones constantes y muchas otras cosas. El MIEDO es una de las principales armas de Satanás. El se valdrá del miedo para no dejarle leer este libro. Rechace el miedo directa y audiblemente en el nombre de Jesucristo para vencerlo. Ore y pida protección si va a leer y tratar de entender lo que este libro contiene.
Mi más profundo agradecimiento primero al Señor, y después a Elaine. No hubiera sido posible escribir este libro sin la información que me dio ella, y la fortaleza, dirección y aliento que me impartió el Señor.
Los nombres han sido cambiados para proteger a las personas mencionadas aquí. Oramos fervientemente que el Señor Jesucristo le bendiga ricamente con salvación y comprensión de las páginas que leerá.
«Y vino [Jesús] a Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer. Y fuere dado el libro del profeta Isaías, y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres:
Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: Para predicar el año agradable del Señor.
Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos»,
Lucas 4:16-21
Capítulo 01
Aparece Rebecca

DESDE EL PRIMER momento que entró al edificio por aquella puerta, sintió que aquel lugar tenía un algo diferente. Era como una oscuridad flotante, o algo que no podía definir, pero que estaba allí. Sabía que era algo que no había experimentado antes.
Rebecca es doctora. Llegaba al Memorial Hospital para comenzar su entrenamiento en medicina interna. Había terminado en la Escuela de Medicina el mes anterior y por primera vez en sus treinta años de vida había salido de su casa. No podía imaginarse que las tragedias que presenciaría en aquel hospital la cambiarían a ella y el curso de su vida. Aquella oscuridad que percibía su espíritu parecía acecharla... esperarla. En cualquier momento atacaría, y lanzaría a Rebecca a una serie de acontecimientos que probarían hasta lo sumo su consagración a su Señor y Salvador Jesucristo.
La primera prueba llegó pronto. Llevaba ya unos dos meses en el hospital cuando una noche como a las 2 A.M. en que trabajaba en el Salón de Emergencias, llevaron a un hombre de unos 30 años de edad. Rebecca se estremeció de horror al ver aquel cuerpo magullado y mutilado. A pesar de que tenía seis años de experiencia como enfermera de primera en salones de emergencia en grandes hospitales del centro de la ciudad, nunca había visto nada igual. Mientras trabajaba desesperadamente junto con el personal de emergencia para salvar la vida del paciente, su mente volaba. ¿Cómo era posible? ¿Quién había sido capaz de hacer algo semejante? A todas luces se veía que había sido torturado. Tenía el cuerpo parcialmente despellejado, múltiples quemaduras, puñaladas, azotes y, lo peor de todo, punzadas de clavos que le atravesaban la palma de las manos. Estaba inconsciente y en una profunda conmoción.
Después de que el paciente hubo recibido los primeros cuidados médicos, se estabilizó por lo que lo transfirieron a la Unidad de Cuidado Intensivo, Rebecca miró a los policías que lo habían traído. No tenían mucho que contar excepto que se trataba de un caso de secuestro. Al hallar el cuerpo pensaron que estaba muerto. No quisieron decir más sobre el caso y se marcharon rápidamente refunfuñando algo sobre el informe que tendrían que presentar.
Los demás de Emergencia continuaron en sus labores como si nada hubiera sucedido. A nadie le parecía sorprender ni molestar la condición del paciente. De nuevo Rebecca sintió la avasalladora sensación de oscuridad que ya había percibido antes. Se sentía muy intrigada y preocupada, pero no tardó en dejarse llevar de nuevo por la presión del trabajo. Nada de lo que había vivido hasta ese momento podía haberle sugerido siquiera la conmoción que le produciría el testimonio de aquel hombre, que no era otra cosa que un joven pastor. Tampoco sabía que el siguiente golpe lo recibiría uno de los pacientes a quien ella más apreciaba.
Pero antes de seguir, veamos cómo el Señor había preparado a Rebecca para todo lo que tendría que enfrentar.
Había tenido el gran privilegio y bendición de nacer en el hogar de unos fieles cristianos que oraban a diario por ella. Había aceptado· a Jesús como Salvador a muy temprana edad, pero no sabía nada de lo que era caminar con El. Se había criado en un estricto y estrecho grupo religioso que no le había permitido entablar amistad ni interactuar con personas de fuera del mismo. Pero, extrañamente, siempre se había sentido rechazada por el grupo hasta el punto que nunca se sintió parte de él. Había sufrido burlas y escarnio en la escuela y dentro del grupo religioso. Había crecido con una profunda sensación de soledad. Además había sido enfermiza, y la niñez la había pasado entre la casa y el hospital. Luego, al crecer, se descubrió que tenía una enfermedad neuromuscular incurable y progresiva. Sus amantes padres le habían proporcionado estabilidad en la vida y sus oraciones la rodeaban y protegían, obviamente evitando que entrara en ese mundo de lo oculto que atrapa a tantos jóvenes con antecedentes similares.
Durante el primer año en la Escuela de Medicina por fin llegó a entregarle al Señor todos los aspectos de su vida, y situó a Jesús no solo como su Salvador sino como el amo de su vida. Los cuatro años en la Universidad fueron duros no solo por la enfermedad neuromuscular sino también por la falta de dinero. Durante aquel tiempo Rebecca aprendió a confiar en el Señor, a caminar con él día a día, a escucharle en lo profundo del alma, a seguir sus directrices, a recibir su sustento cotidiano.
Antes de estudiar para médico había sido enfermera registrada durante siete años. Pero como resultado de la poderosa obra de Dios en su vida y de una cadena de milagros, había dejado la enfermería para volver a la escuela y estudiar para médico.

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