sábado, 23 de julio de 2016

NOCHES CON LOS ROMANISTAS Por el Rev. M. H. SEYMOUR -1

NOCHES CON LOS ROMANISTAS 
 Por el Rev.  M. H.  SEYMOUR
Traducción de H. PRATT

CAPITULO PRELIMINAR.
 RESULTADOS MORALES DEL SISTEMA ROMANO.

Todo hombre bueno se lamenta de que el crimen tenga en este país  /Inglaterra/ tan gran predominio, y la desmoralización una estension tan dilatada.
 Algunos han sugerido que se deben adoptar nuevos medios para domar el crimen, y poner término á la inmoralidad, y — con el espíritu artero de cierto partido de entre nosotros — arguyen que los monasterios, conventos y confesonarios, desterrados tanto tiempo ha, deben introducirse otra vez, á lo menos bajo alguna forma modificada, so pretesto de que siendo ya ineficaces los estímulos y restricciones que nuestro Cristianismo protestante opone al crimen y á la inmoralidad, se debe ahora hacer prueba de los que nos suministra la Iglesia Romana.
 El modo mas natural de considerar semejante sujestion es el de investigar si los estímulos y restricciones suministrados por la Iglesia Romana han tenido un buen suceso en los países en donde se ha hecho prueba de ellos ; — si los monasterios, conventos y confesionarios han logrado suprimir el crimen y disminuir la inmoralidad en los países en donde el Romanismo es no solamente la religión establecida, sino también la creencia popular — países en que todas las leyes é instituciones cooperan para dar eficacia á sus medios correctivos, y en donde,
 por lo mismo, se ha hecho prueba de ellos bajo las circunstancias mas favorables para su completo desarrollo- — si en tales paises han tenido tan buen suceso, como nuestro Cristianismo protestante lo ha tenido en Inglaterra,
 Es evidente que un problema de este género revolverse tomando por datos, no las conjeturas ú opiniones de los viajeros, que rara vez miran mas allá de la superficie de las cosas, ni tampoco las revelaciones de los diarios, que son generalmente los órganos de algún partido, sino mas bien pruebas terminantes — pruebas exentas de preocupación, y que nada tienen que ver con ningún partido. Que existen tales pruebas es un hecho cierto, evidente. Casi todos los gobiernos de Europa reciben informes sobre el crimen y la inmoralidad que prevalecen
en sus estados respectivos. Estos informes forman una masa de tablas estadísticas compiladas sin intervención del espíritu de partido ó de preocupaciones religiosas, y bajo ningún concepto pueden tacharse de sospechosos.
 En Inglaterra disfrutamos del privilegio noble y ennoblecedor de la Prensa Libre. Esta es el brazo fuerte que guarda nuestros derechos civiles, y el ancho escudo que abriga nuestra libertad religiosa. Sus ventajas son tan grandes, que podemos sufrir muy bien sus pocas desventajas. Entre estas puede incluirse la publicidad que da á los crímenes que se cometen en el pais. La prensa se complace en arrancar la máscara del criminal ; no consiente que ningún delito se oculte ; espone á la luz del dia todo secreto, y lo publica ante el mundo ; y haciéndolo así, parece multiplicar nuestros crímenes.
Cuando se ha cometido algún delito atroz ó sangriento, la prensa publica inmediatamente los detalles y denuncia al criminal ; esta es la primera publicidad. En seguida el Coroner hace su pesquisa. Las pruebas se practican, el veredicto se pronuncia ; y otra vez se publica todo : esta es la segunda publicidad. En el trascurso de algunas semanas el acusado es aprehendido, los magistrados examinan las pruebas que hay contra él, el hombre es encarcelado, y entonces todo se publica otra vez en los diarios : esta es la tercera publicidad. Después viene el juicio contra el acusado, y este se somete á él
 _ Empleado cuyo oficio es indagar las causas de las muertes repentinas y violentas. — Tr._
bajo todas las solenmidades de nuestros tribunales:todos los detalles del crimen vuelven á ser examinados, el criminal es sentenciado, y todo vuelve á publicarse : esta es la cuarta publicidad. Así es que la prensa parece multiplicar nuestros crímenes : un solo homicidio viene á parecer como cuatro, j á los ojos de un estrangero se cometen en el país á lo menos tres veces mas crimines de los que realmente acontecen. En las demás naciones de Europa no se observa la misma costumbre,y de diez crímenes que se cometen, hay  uno solo que se
publica en los diarios.
Por esto es tanto mas necesario que en la solución del problema que nos hemos propuesto,
 no hagamos caso de las opiniones de los viajeros, ni de las revelaciones 
de los diarios, sino tan solo de las relaciones oficiales 
de los respectivos países. 
 ün examen minucioso de toda clase de crímenes 
causaría una pérdida inútil de tiempo y de trabajo. 
Escogeré, pues, de entre ellos el mas atroz, á saber : el 
homicidio. 
 Empezaré por la estadística criminal de la Inglaterra 
protestante, y seguiré con la de los varios países católcos romanos de Europa. 
 En los cuadros sometidos al Parlamento y publicados 
por orden de la Cámara de los Comunes en 1852, tenemos 
no solamente la estadística criminal .de 1851, sino tam- 
bién la de los diez años anteriores. Según estos cuadros, 
consta que el número total de personas encarceladas en
1851 por el crimen de homicidio, fué el de 74. En esta 
cifra se comprende toda especie de homicidio— el homi- 
cidio premeditado, el envenenamiento, el parricidio, el 
infanticidio, etc. Este número, también, es mas grande 
que el término medio correspondiente á los últimos diez 
años. Durante este periodo, el total de encarcelamientos 
fué el de 718 ; dando por término medio anual, méooa 
de 72. 
 Tal es el registro del crimen de homicidio en Ingalterra
 y Gales ; y teniendo en cuenta que la población de 
Inglaterra y Gales ascendía á 17,927,609 habitantes, 
según el censo de 1851, la proporción de los homicidios 
es de CUATRO por cada millón de población. 
 La comparación entre la Inglaterra protestante y la 
Irlanda católica romana, es estremadamente penosa 
siendo así que pone en exhibición el carácter tan dife 
rente de una población que está bajo el cetro de una 
soberana misma, de las mismas leyes, de las mismas 
instituciones, y gobernada por las mismas personas. Es 
posible, como algunos opinan, que la sangre ó raza célti- 
ca sea una de las causas de tan señalada diferencia. 
También es posible que un sentimiento estraviado de la 
opresión de otros tiempos haya dejado algunas huellas 
funestas en el carácter nacional. En todo caso los resul- 
tados bastan para hacer llorar á los hombres buenos, 
cuando lean el registro de la sangre derramada ; y so- 
bran para demonstrar que el freno moral que imponen al 
crimen los principios del Romanismo, es muchoo menos 
poderoso que el impuesto por los principios del Protes- 
tantismo, 
 

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