martes, 16 de agosto de 2016

EL ESPIA QUE LLEGO DE ISRAEL-BEN DAN -

 EL ESPIA QUE LLEGO DE ISRAEL
 INTERMEDIO EN ISRAEL Y
Elie Cohen sabía que el intermedio de Bat Yam sería de corta duración y que en pocos días debería volver a sus ocupaciones de agente secreto. Fue Yitsjak, el Derviche, su instructor titular, quien al cabo de una semana puso fin a sus apacibles vacaciones en el seno de su familia. Un día, a la hora del almuerzo, le llevó a un restaurante de Jaffa, Chez Jeanette, famoso por su especialidad de pescado asado. Sentados uno frente a otro en la terraza del restaurante que da al viejo puerto, sumidos .en animada conversación, hubiérase dicho que eran padre e hijo tratando problemas de familia. En realidad, el Derviche, muy paternal, escuchaba el relato de las hazañas de su discípulo Cohen en América del Sur.
Has adquirido acento español incluso cuando hablas en hebreo comentó sonriente el Derviche.
Aguarda a oírme hablar en árabe —contestó Elie—.
En Buenos Aires no se habla el árabe más que con acento español.... —afirmó muy sereno Cohen al Derviche, sentando como conclusión de su relato que, a su parecer, estaba provisto de recomendaciones suficientes para enfrentarse a la tarea que le esperaba en Damasco—. Me siento capaz —dijo— de saltar todos los obstáculos para introducirme rápidamente en los medios dirigentes de Damasco.
Más tarde, el Derviche anotó en su informe que Cohen hacía gala de una seguridad "contagiosa" y de una confianza total en sí mismo. Otros jefes de los servicios secretos de Tel Aviv, que tuvieron ocasión de conversar con Cohen durante su estancia en Israel en septiembre de 1961, hicieron comentarios idénticos. Innegablemente, esta constatación era positiva y alentadora. Pero, vista desde otro ángulo, la seguridad exagerada de un agente secreto encierra peligros para él, y puede fácilmente llevarle a acciones poco meditadas y demasiado arriesgadas.
Sea como fuere, se decidió someter a Cohen a una última serie de ejercicios, antes de darle la orden de partida. Para calmar las posibles aprensiones de sus amigos árabes de Buenos Aires, Cohen hubo de redactar buen número de tarjetas postales que se enviaron a Argentina desde varias capitales occidentales.
Desilusionado, Cohen hizo, por toda respuesta a lo que el Derviche acababa de notificarle, un solo comentario:
—Jamás hubiese creído que el camino de Damasco fuese tan largo. Hay que morir de cansancio y de impaciencia antes de llegar...
No era un acceso de mal humor por su parte, sino la expresión sincera de una impaciencia de caballo de batalla, que huele la pólvora y la proximidad del frente, y tiene prisa por lanzarse a la reyerta. Pero sus superiores tenían otra opinión. La capacitación complementaria era indispensable, y ahora se tenla que establecer, partiendo de los extraordinarios resultados de la primera parte de su misión en Argentina, el plan detallado de ataque para su misión en Siria.
Así pues, Cohen encontróse una vez más, en el pequeño desván del Derviche en la calle Allenby de Tel Aviv. Con el auxilio de un instructor de radio, especialista de los Servicios Secretos para los aparatos emisores clandestinos, hizo rápidos progresos en la manipulación de un aparato idéntico al que habría de utilizar en Damasco.
 Después de algunas semanas de este adiestramiento complementario, llegó a alcanzar una velocidad media de cuarenta y cinco a cincuenta palabras por minuto, que los especialistas consideran que es un promedio muy decente. Aprendió a utilizar varias cifras secretas, ejercitóse, en leer los mensajes cifrados que le "dirigió" su instructor, y acabó por saberse las claves de memoria.
En este último período de adiestramiento de Cohen en Tel Aviv hay un punto acerca del cual es menester que insistamos. Entre otras cosas, su instructor de radio tenla por misión, descubrir las particularidades personales de la "pulsación" de Cohen en el momento de la emisión. La "pulsación" difiere para el oído de un especialista avisado, de un individuo a otro, tanto como difieren las líneas de la mano. Dicho de otro modo, el carácter de las señales de Morse, emitidas a partir de una estación situada a una distancia determinada, puede servir para determinar la identidad de quien las emite, sin que ni tan siquiera anuncie anticipadamente su número de identificación. Los más leves matices de la pulsación, de los cambios habidos, imperceptibles para un oído no habituado, son sendos datos concretos, inmediatamente registrados y comprendidos, por el oído del técnico con experiencia que capta y descifra los mensajes.
 
Así pues, a partir de septiembre de 1961, un número muy reducido de operadores de radio pertenecientes al centro de descifrado de los Servicios Secretos de Tel Aviv pusiéronse pues a estudiar, y luego a reconocer entre otras, las emisiones de adiestramiento de Cohen. Más tarde, fueron estos mismos operadores los que se mantuvieron a la escucha de las emisiones de Cohen llegadas de la capital siria.
 
 

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