sábado, 6 de agosto de 2016

MISTERIOSOS CAMINOS DEL SEÑOR -3- A veces ocurren cosas que no se pueden explicar

 MISTERIOSOS CAMINOS DEL SEÑOR
 
A veces ocurren cosas que no se pueden explicar, pero tampoco negar. Lea estos relatos auténticos y saque sus propias conclusione
 
VIETNAM, 14 de diciembre de 1967, poco antes de la primera Ofensiva Tet. Estaba yo en la Compañía Charlie, Primer Batallón, 25a. División "Relámpago Tropical", cerca de Saigón. En la tarde, las fuerzas del Vietcong nos atacaron y dieron muerte a diez de los nuestros. Al ponerse el sol, salí a patrullar; estaba nervioso. Tres compañeros erigieron un puesto de escucha a unos 500 metros del campo. A la 1.00 a.m., informé: "Mucho movimiento aquí afuera".
El radio que llevaba a la espalda crepitó: "Al suelo ... que vamos a abrir fuego". Nuestros soldados empezaron a disparar y el enemigo respondió con todo lo que tenía.
Mientras tragaba polvo, recé: Dios, por favor, ¡sácanos de aquí!
Se oyó un golpe sordo y luego estalló una granada. Sentí que la sangre me escurría por la espalda. "Nos han herido", anuncié por el radio. "¡Vamos para allá!" A pesar de las heridas, pudimos pasar en la oscuridad por un campo de minas y entre fardos de alambre cortante como navaja de afeitar, hasta dar a los brazos del personal médico que llegaba.
Tres semanas después, ya de regreso en el campamento, mi sargento me llamó y me preguntó:
—Coverdale, ¿cómo hicieron saber a los médicos que los habían herido?
Me sorprendió la pregunta.
—Por el radio, señor.
—No con este, soldado —replicó al tiempo que sostenía una caja retorcida y ennegrecida; era el radio que llevaba a la espalda y que recibió de lleno el impacto de la granada, lo cual probablemente me salvó la vida. La explosión había destruido las pilas, el cristal ...todos sus componentes.
¿Cómo recibieron los médicos mi llamada de auxilio?
—Thomas Coverdale, de Yonkers, Nueva York

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