martes, 25 de octubre de 2016

CAMINANTE Por GINO LAFRANCESCO- B.N.

CAMINANTE 
Por GINO LAFRANCESCO

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Yo recorría la ciudad buscando lugares donde meditar, leer e incluso
descansar. Estaba casi sin dinero. Una vez tuve el deseo de comerme
una zanahoria. El Señor lo leyó en mi corazón. Entonces, andando por
una de las principales avenidas de Buenos Aires, aquella del obelisco, en
plena calle una camioneta que transportaba verduras dejó caer
accidentalmente frente a mí una grande y hermosa zanahoria. Dios me
la proveyó; aunque yo de vergüenza no me atreví a recogerla. Pero
mucho me alegré con el Señor al ver que aunque Él ya sabía que yo no
la iba a recoger, aun así la puso delante de mí; Él sabe que a veces no
vamos a aprovechar lo que nos provee, sin embargo no deja de
proveerlo, sino que se asegura de que su amor sea manifiesto delante
de nosotros, aunque sabe que a veces no lo vamos a ver o a aprovechar.
¡Qué dulce honor! ¡qué exquisita delicadeza!

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En la ciudad de Buenos Aires me fui a los subterráneos del metro y
allí con mi Biblia empecé a estudiar con la guía de los estudios en hojitas
de los adventistas. Ellos hablaban de muchas cosas, de la ley, del
sábado, pero lo que verdaderamente me fue útil y que fue aquello que
el Señor utilizó en mi vida fue la concatenación de preguntas con
respuestas bíblicas acerca del perdón. Recuerdo que me senté en un
puesto de sandwiches y gaseosas del subterráneo metropolitano y
seguí verso a verso ese importante tema de la gracia. ¡Y qué paradoja!
Dios usó los escritos de los ”legalistas adventistas” para llevarme al
conocimiento de la gracia.
Recuerdo aquella memorable ocasión en el
subte de Buenos Aires. Casi lloraba de emoción, pero me retenía por
causa de las gentes a mi alrededor. ”Si vuestros pecados fueren como
la grana, como la nieve serán emblanquecidos”.3 ”La sangre de
Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado
”.4 Entonces comencé a
3Isaías 1:18
41 Juan 1:7
comprender el carácter expiatorio y sustitutivo de la muerte de Jesús
Cristo. Ahora, en esta parte del viaje, el Maestro comenzaba a
convertirse en Salvador,
para luego comenzar a ser Señor.

Yo leía la Biblia, pero Dios utilizó aquella guía para iluminarme.
Había usado mi experiencia con alucinógenos para llevarme a pensar en
Dios. Luego utilizó el misticismo oriental y el yoga para llevarme a la
figura de Jesús el Maestro. Entonces usó a los a sí llamados testigos de
Jehová para llamar mi atención a la Biblia. Y ahora usaba a los
adventistas para que me asegurara del perdón de mis pecados por los
méritos de la sangre derramada de Jesús Cristo. La gracia de Dios
pasaba por encima de todas las herejías y necedades para alcanzarme
.
En aquel subterráneo de Buenos Aires yo estaba embargado de gratitud
hasta lagrimear. Tenía que esconderme para ocultar la emoción de ese
descubrimiento. Yo lo había leído antes, pero allí lo comprendí
espiritualmente y lo creí con el corazón.
No basta con un mero
asentimiento intelectual; tiene que aplicarse con fe en ese reino del
espíritu.
Entonces me fui al parque Palermo de Buenos Aires y allí me
acomodé en un paraje solitario sobre la grama y leí el libro de Elena G.
de White y una cosa iluminó mi corazón. Allí ella hablaba de entregar
nuestra voluntad y morir a nuestro yo; renunciar a nosotros mismos
para que Cristo fuera nuestro gobernante y guía en todas las cosas
.

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