sábado, 29 de octubre de 2016

DIARIO DE DAVID BRAINERD - 1742

19 de septiembre
Por la tarde fui a caballo a Bethlehem y prediqué allí. Hubo bastante asistencia, tanto
en la oración como en la predicación. Me sentí sincero, amable y tierno hacia todos, y
deseé que la santidad pudiera florecer mas en la Tierra.

20 de septiembre
Pensé regresar al poblado indio, pero hacia la noche sentí un dolor fuerte en los dientes
y escalofríos; no puede calentarme y sentirme confortable en toda la noche que siguió.
Seguí con mucho dolor toda la noche, y por la mañana tenía mucho dolor toda la
noche, y por la mañana tenía mucha fiebre y dolores por todo el cuerpo
.
Tuve en sentimiento de la bondad divina al hacer que este fuera el lugar de mi
enfermedad, entre amigos, los cuales fueron muy amables conmigo. Probablemente
habría perecido allí si hubiera regresado antes a mí propia casa en los bosques, donde
no tengo oportunidad de estar en relación con nadie mas que con los indios, pobres,
rudos e ignorantes.
Aquí vi que había misericordia en medio de la aflicción. Seguí de
esta manera, casi siempre confinado en la cama, hasta el viernes por la noche, con
fuertes dolores en todo momento,
pero, por la bondad divina sin temer a la muerte.
Entonces se me hizo clara la extrema locura de los que aplazan el entregarse a Dios
hasta hallarse en un lecho de enfermedad.
Sin duda, este no es un momento para
prepararse para la eternidad. Por la tarde del viernes los dolores desaparecieron
súbitamente. Estaba débil en extremo, y casi me desmayé pero me sentí confortable la
noche que siguió Estas palabras del Salmo 118:17 “No moriré sino que viviré” etc. ,
pasaron por mi mente con frecuencia,
y pensé que había que celebrar la continuación
en la vida solo en el caso de que pudiera “mostrar la bondad y la gracia de Dios”.
Día del Señor, 23 de octubre
Por la mañana tuve un poco de consolación que vino de la esperanza de ver días
gloriosos en la Iglesia de Dios; y pude orar con alguna fuerza y ánimo de esperanza por
este día glorioso. Antes del mediodía traté de las glorias del cielo; por la tarde, de las
miserias del infierno y del peligro de ir allá.
3 de noviembre
Pasé el día en ayuno y oración privada, desde la mañana hasta la noche. Temprano por
la mañana tuve algo de ayuda en la oración. Después leí la historia de Elías el profeta:
1ª. De Reyes, capítulos 17, 18 y 19, y también 2ª. De Reyes, capítulos 2 y 4. Mi alma
entonces, exclamó con Eliseo: ¿”Dónde está el Dios de Elías?” Oh, anhelaba tener mas
fe! Mi alma suspiraba por Dios, y le imploré
que una porción doble del espíritu que fue
dado a Elías pudiera descansar sobre mi. Y lo que constituyó un refrigerio y
corroboración divina para mi alma fue ver que Dios era el mismo de los días de Elías.
Me sentí capacitado para luchar con Dios en oración en una forma sentida, ferviente,
humilde, intensa e insistente, mas de lo que he podido en los últimos meses. Nada me
parecía demasiado difícil para que Dios no pudiera hacerlo; nada demasiado grande
para mi que yo no pudiera hacerlo por Él. Había perdido durante muchos meses toda
esperanza de ser un instrumento para hacer algún servicio especial para Dios en el
mundo; me parecía totalmente imposible que alguien tan vil pudiera ser empleado en
esto por Dios
. Pero en aquel momento Dios tuvo a bien reavivar esta esperanza.
Mi alma fue ardiente en la oración fue capacitada para luchar ardientemente por mí
mismo, por los amigos cristianos, por la Iglesia de Dios. Y sentí mas deseos de ver el
poder de Dios en la conversión de almas de lo que había sentido desde hacía ya mucho
tiempo. Bendito sea Dios por esta sesión de ayuno y oración! Que su bondad
permanezca siempre conmigo y atraiga mi alma hacía él!

10 de noviembre
Pase el día en ayuno y oración a solas. Por la mañana estaba abatido y sin vida, triste y
desanimado.
Pero después de un rato, mientras leía 2ª de Reyes 19, mi alma se sintió
conmovida y afectada; después de leer el versículo 14 y siguientes, vi que no había otro
camino para los hijos afligidos de Dios excepto el ir a Dios con sus aflicciones
.
Ezequías,
en gran angustia, fue y derramó su queja ante el Señor.
Me sentí capacitado para ver el gran poder de Dios y mi extrema necesidad de este
poder, y de clamar a Él con fervor y pasión para que su poder y gracia me fueran
concedidos.

 29 de noviembre
Empecé el estudio de la lengua india. Estaba molesto por la necesidad de mas retiro.
Me gustaba vivir solo en mi propia cabaña, donde puedo pasar mucho tiempo en
oración.

(El día siguiente prosiguió el estudio de la lengua, aunque estaba débil
corporalmente. Hay una nota al pie, escrita por su biógrafo, que muestra que
este estudio requería con frecuencia que anduviera a caballo veinticuatro
millas, ida y vuelta, por bosques deshabitados y exponiéndose a las
inclemencias extremas del invierno.
)

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