viernes, 7 de octubre de 2016

REFORMA EVANGELICA EN ITALIA -JULIA GONZAGA-JUAN VALDES




2. — La primera carta, del 18 de setiembre de 1535 presenta  a Valdés trabando relaciones con doña Julia Gonzaga. La frase  de admiración con que inicia la carta parece indicar que era la  primera vez que la veía y gozaba de su conversación : « En Fundi me estuve un día con aquella señora, que es grandísimo pecado que no sea señora del mundo todo, bien que Dios creo que ha pro-  veído assy porque también nosotros pobretos podamos gozar de  su divina conversación y gentileza que no es punto inferior a la  hermosura » 19 . Doña Julia tenía por esos días 22 años, si es que  nació, como se supone, en 1513. Viuda desde hacía ocho años, de  Vespasiano Colonna, hijo del capitán Próspero y señor de Fondi y Traetto, vivía fiel a la memoria de su esposo en Fondi junto con su hijastra y nuera Isabel, viuda a su vez de D. Luis de Rodomonte, hermano de Julia, y muerto en el asalto de Vicovaro. No mucho más tarde de la visita de Valdés pasó a habitar a Nápoles  en el palacio de los Colonna.
La Gonzaga tenía ya un nombre en Italia por su belleza, gracias naturales, elevado nivel social, unido todo ello a una vida recatada y muy honesta. Los poetas habían puesto su inspiración al servicio de sus cualidades; se hicieron famosos los versos que en 1532, en la última edición del Orlando, le había dedicado Lodovico Ariosto : « Julia Gonzaga, che, dovunque il piede — volge e dovunque i serení occhi gira, — non pur ogn'altra di beltá le cedema, come scesa dal ciel Dea, l'ammira » 20 . La fama aumentó con la aventura del corsario Barbarroja que en 1534 pretendió en una emboscada robarla para poder presentar, como se dijo y se fantaseó, al Sultán el don de la mujer más bella de Italia. Admirada y cortejada, pintada por Sebastián del Piombo por comisión de Hipólito de Médicis, ajena de pasar a segundas nupcias 2 \ se conser-
19 Cartas inéditas, 3. Al final de la carta encarga al Cardenal lea a Carnesecchi la parte de la carta que se refiere a Julia. Benrath creía que conoció a Julia en el primer viaje a Nápoles (Julia Gonzaga, 40-41); lo creemos improbable.
20 Orlando furioso, XLVI, 8.

21 Carnesecchi dirá en el proceso que tal era la fama de su belleza que todo galán que pasaba por aquellas latitudes, intentaba entablar conocimiento y
amistad con ella (Proceso, 84). Marco Antonio Magno, el traductor del Alfa-

beto, en una nota manuscrita quiso consignar la declaración que ni en Italia,

Francia, Alemania y España había visto una mujer tan bella y graciosa como

7 — Fr. Domingo de Sta. Teresa, O. C. D., Juan de Valdes.
vaba en una vida recatada, sabiendo mantener las amistades en  un terreno elevado y dominando y espiritualizando los afectos que involuntariamente pudiera encender.
Es muy posible que las relaciones de Valdés con la Gonzaga  surgieran con ocasión de un enojoso pleito que tenía planteado con su hijastra Isabel. De hecho en el coloquio a que se refiere  la primera carta de Valdés, doña Julia expuso al español los términos en que estaba. La insistencia de la marcha de este asunto en el carteo con Hércules Gonzaga y el interés que parecen mostrar por él, tanto el Cardenal como Carnesecchi, nos inclinan a creer  que fueron precisamente Hércules, pariente de la Gonzaga, y Carnesecchi, su amigo, quienes la recomendarían se confiara a Juan de Valdés por creer a éste experto en asuntos judiciales o por juzgar útil su conexión con la esferas políticas y administrativas de Nápoles. De hecho las cartas a Cobos manifiestan que el conquense utilizó para llevar a término el proceso, los resortes políticos.

La controversia judiciaria durará por largo tiempo. En forma completa no termina sino el 10 de enero de 1540, y aun entonces deberán ocuparse en llevar a la práctica la sentencia. En 1539 seañade el asunto de la administración de las posesiones de su casa en Lombardía. Muerto su hermano Juan Francisco y poco después su padre Ludovico, quedaba de heredero su sobrino Vespasiano, sobre el cual Julia ejercía la tutela. Como tal, protestó ante el gobierno Imperial, contra el Marqués del Vasto, Alfonso d'Avalos que, al mando del ejército imperial, había ocupado en Lombardía algunas de sus tierras y pedía otras provisiones en favor
de Vespasiano.
 En todos estos asuntos, Valdés fué convirtiéndose en su mano derecha; las cartas a Cobos muestran que el conquense los tomaba con el mismo interés que si fueran asuntos suyos. La intimidad entre ambos se hizo naturalmente muy grande. En seguida veremos que a la vez existía una comunión espiritual muy interesante, de mucha importancia en el destino religioso de Valdés.


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