domingo, 23 de octubre de 2016

TECNICAS DE CARTAS EN CADENA-LA NACION QUE SE SALVO A SI MISMA

LA NACION QUE SE SALVO A SI MISMA
Por Clarence Hall
TECNICAS DE CARTAS EN CADENA

CUANDO doña Amélia no pudo ya acomodar en su sala a todas las señoras que deseaban tomar parte en CAMDE, trasladó las reuniones generales a los salones de actos de iglesias parroquiales y formó docenas de pequeñas células en casas particulares. Cada una de las asistentes se encargaba de organizar otro grupo de diez amigas, y éstas, a su vez, se obligaban a alistar otras. Para sufragar sus actividades, las señoras de CAMDE sisaban del presupuesto casero, o solicitaban ayuda de amigos acomodados. Organizaron reuniones de protesta pública; no dejaron descansar el teléfono; escribieron cartas a los diputados (más de 30.000) exhortándolos a "adoptar una posición firme en pro de la democracia". Ejercieron presión sobre las empresas comerciales para hacer que retiraran sus anuncios del periódico izquierdista Última Hora; pagaron en los diarios avisos de sus reuniones; se presentaron en las asambleas públicas para rebatir a los demagogos de la plebe; distribuyeron millones de circulares y folletos preparados por los grupos masculinos para denunciar el coqueteo del gobierno con los rojos.
Fuera de esto, editaron e imprimieron circulares propias destinadas especialmente a la mujer; de una de estas, que describía lo que las mujeres son capaces de hacer, CAMDE distribuyó 200.000 ejemplares entre sus asociadas y les pidió que hicieran de ellas cinco copias para remitirlas a otras tantas personas.
Cuando el administrador de Correos y Telégrafos prohibió los despachos de la correspondencia de CAMDE, doña Amélia organizó un grupo de "señoras carteras" que la distribuían en automóviles particulares e hizo arreglos con pilotos de aviación amigos para que la llevaran a lugares distantes,
Las señoras no se limitaron a trabajar dentro de su propia clase media. Se concentraron, por ejemplo, en las esposas de los afiliados al sindicato de estibadores, plagado de comunistas. "Trate de convertir a su esposo", les decían. Muchas lo hicieron, y no fueron pocos los que lograron ganarse para la democracia. Tanto es así que después comentaban algunas de esas esposas: "¡Ya no somos comunistas."

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