miércoles, 9 de noviembre de 2016

EL GUERRERO GLIKHIKAN Y EL EVANGELIO

Llegó el tiempo del debate, pero los argumentos y razonamientos de Glikhikan ya no parecían válidos, y así pidió que Antonio hablase primero.
Antonio se puso de pie y habló acerca del Creador de todas las cosas y luego se sentó.
Después de un largo silencio, Glikhikan todavía no sabía que decir. Le dio señales a Antonio para que hablase otra vez. Así, Antonio continuó con la historia del Hijo del Creador de todas las cosas, y cómo él permitió que otros lo mataran para que pudiese dar vida a todos los hombres.
—Creo que hablas la verdad —dijo Glikhikan. Luego, se levantó, y juntamente con todos sus compañeros siguiéndole en silencio, volvió al campamento de los Leni Lenape, ubicado a unos días de viaje hacia el sur.
Al llegar a su propia gente, Glikhikan le pidió al cacique que éste invitase a los indígenas cristianos, junto con sus maestros, para que vinieran a su comunidad para que les enseñaran a los Leni Lenape cómo debían vivir. Glikhikan conocía muy bien las vidas viciosas y violentas de su pueblo y de las supersticiones que los esclavizaban. Custaloga, aunque con reservas, consintió, y pronto una nueva comunidad llamada Langunto Utenuenk se construyó no muy lejos de ellos.
Muchos de los Leni Lenape se resistieron a las enseñanzas de los cristianos nativos. Compraron ron e organizaron viciosas fiestas y bailes cerca de Langunto Utenuenk, con los designios de atraer a los cristianos a sus pecados otra vez. Pero con rotundo propósito los cristianos siguieron firmes. En lugar de ir a las fiestas y emborracharse, atendieron sus sembrados, pagaron sus deudas, compartieron sus bienes materiales con otros y asistieron a las reuniones en las noches, para orar y cantar. ¡Tal era su firmeza, que los demás pensaban que los convertidos estaban hechizados!
Después de observar a los cristianos durante unos meses, Glikhikan decidió trasladarse a Langunto Utenuenk. Y, después de llegar, en unas de las reuniones celebradas en la capilla, escuchó a unos de los ministros: David Zeisberger de Moravia, cuando este predicaba. Tocado hasta lo profundo de su corazón, empezó a llorar y volvió a su cuarto. Allí, se entregó al Hijo de Dios, y una gran paz llenó todo su ser al ser bautizado. Era el año 1770. El gran guerrero Glikhikan ya había dejado el reino de las tinieblas, y había entrado a otro: ¡al del Príncipe de paz!
De acuerdo con la costumbre del tiempo, recibió un nombre bíblico a su bautismo: Isaac. Pero en esta biografía, seguiré usando su nombre nativo. Al paso de unos meses, después de su bautismo, Glikhikan empezó su primer viaje misionero, junto con Antonio de la tribu Monsi, Jeremías un cacique Mingo, David Zeisberger de Europa y otro hombre Leni Lenape. En cada comunidad que visitaban, Glikhikan, a causa del respeto que todos le tenían, encontró personas atentas para escuchar su testimonio.
Sin embargo, al cacique Custaloga no le gustaba la idea que Glikhikan se había convertido, y le declaró, diciendo, —¿Qué quieres? ¿Será que piensas que vas a recibir una piel blanca por haber recibido la religión de los hombres blancos?
Pero Glikhikan respondió diciéndole que no quería una piel blanca, pero sí quería conocer al Hijo de Dios y vivir con Él para siempre.
Otro capitán Leni Lenape, que se llamaba Koquethagakhton (Ojos Blancos) quien era muy amigo de Glikhikan desde su juventud, le preguntó acerca de su conversión. Al escuchar la pregunta, Glikhikan le preguntó de vuelta, —¿Recuerdas cuando puse mi bolsita de tabaco entre nosotros y te di el permiso de servirte en cualquier momento de ella, para el resto de tu vida? ¿Recuerdas cómo nos prometimos a compartir todas las cosas, y si que uno de nosotros hallara algo bueno que debía informarle al otro? Bueno, he hallado aquella cosa buena, y la quiero compartir contigo. He hallado una nueva vida con el Hijo de Dios.
  Después de convertirse, Glikhikan se encontró con el peligro. Pero, igual que su Maestro, lo enfrentó sin armas mundanas. Algunos de los indígenas convertidos construyeron nuevos pueblitos en la valle Tuscarawas en lo que actualmente es el estado de Ohio. Pronto, otra tribu muy guerrera del Norte: los Wyandot, los atacó. Glikhikan salió a enfrentarlos, pero con dádivas y palabras pacificadoras. Y, el cacique de los Wyandot: Pomoacan, le escuchó y no les hizo daño a los hermanos.
Pero, pronto llegaron más problemas. Durante la guerra revolucionaria de los EE.UU., una joven cristiana (que anteriormente era prostituta) se fue de la comunidad de los Wyandot. Pues la chica era pariente de Glikhikan, sus captores, enojados, rodearon la casa de Glikhikan durante la noche, gritando que el cráneo de Glikhikan merecía ser desollado. Glikhikan abrió la puerta, alumbrándose con la luz de una lámpara. El silencio ocupó a todos.
—Yo pelearía contra Ustedes —dijo Glikhikan—. Sé cómo pelear y he desollado los cráneos de muchos guerreros antes de que ustedes supieran la diferencia entre su pie derecho y su pie izquierdo. Pero ya nunca más peleo con arco y hacha guerrera. Ahora peleo ayudado con el poder del Gran Espíritu. No más peleo contra los hacedores de maldad: Sino que peleo contra la maldad misma. Aquí estoy. ¡Pueden llevarme cautivo y llevarme a su cacique!
El cacique Wyandot lo libertó. Pero más problemas vinieron luego.
Los indígenas convertidos pusieron en práctica las enseñanzas de Jesús en cuanto a amar a sus enemigos. La guerra de independencia de la Unión Americana estaba por estallar, y ambas bandas, los británicos y de los colonizadores, miraban a los indígenas con ojos suspicaces. De hecho, los cristianos no se contaban en ninguna de las dos bandas de los enemigos, y les dieron hospedaje a ambas. Por fin, el general británico ordenó que los Wyandot llevasen a los creyentes al muy al Norte de Ohio.
Los órdenes llegaron a fines de agosto. En el hemisferio Norte, esa es la época de los fines del verano, un poco antes de que los sembrados maduren. Así, el maíz y las calabazas no estaban en punto de cosecha cuando las órdenes de mudarse llegaron. Con mucha tristeza, los creyentes abandonaron sus prósperos pueblitos: Gnadenhütten (Refugios de Gracia), Schönbrun (Fuente Hermoso) y Salem (Paz). La marcha al Norte fue larga y dura, y mientras viajaban, algunos de los niños murieron. La escasa comida que pudieron llevar consigo pronto se acabó, y antes de la llegada del invierno (el mes de diciembre generalmente) empezaron a sufrir de hambre en su nuevo campamento, los Wyandot.
Durante varios meses, los creyentes pudieron comprar maíz de sus captores. Aun estando en cautiverio, los negociantes notaron que los hermanos pagaban sus deudas y no malgastaron su dinero. Pero, a la llegada del mes de febrero, el dinero se les acabó. Se habían comido todas las raíces comestibles existentes en la región y cazaron todos los animales silvestres de alrededor. Así, Glikhikan y casi otros cien hermanos y hermanas decidieron regresar a sus pueblitos abandonados.

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