martes, 8 de noviembre de 2016

EL GUERRERO QUE ENCONTRÓ LA VERDAD Glikhikan


Glikhikan
Glikhikan es un nombre que pocos, pero muy pocos, conocen. Ya es tiempo que esto cambie.
No se quiere glorificar al hombre más que al Dios que lo renovó. Pero por medio de una vida cambiada, uno puede ver al Dios Eficaz. Así, a continuación se narra la triste, pero triunfal historia de un cristiano: un verdadero seguidor de Cristo.
Glikhikan nació en tiempos tempestuosos para su pueblo. La Leni Lenape era una tribu entre las varias que existían en el oriente de lo que es actualmente los Estados Unidos. Por su naturaleza, esa tribu no era tan guerrera, como sus vecinos los iroqués. No obstante, la naturaleza humana que se encuentra en todo ser humano no renacido se manifestó en los Leni Lenape también. Había guerras, rehenes y homicidios, junto con cada pecado nombrado.
Además, en las décadas antes de que naciera Glikhikan, hombres extraños aparecieron desde el otro lado del océano: hombres altos, con pieles blancas y barbudos. Al principio, había pocos, y esos decían que huían de la persecución de sus gobernantes, en cuanto a su religión. Y, los antepasados de Glikhikan les vendieron tierra], pues la tierra que ocupaban era una tierra amplia, y, mayormente, vivían en paz con ellos.
Pasando el tiempo, llegaron más y más de esos hombres blancos. Y, además de introducir sus herramientas de hierro entre los nativos, trajeron sus típicas guerras al ‘nuevo mundo’. Los ingleses, los franceses y los españoles peleaban por controlar la tierra; no solamente la tierra de los Leni Lenape, sino también tierras desconocidas por ellos, en todas partes de este mundo. Por supuesto, los nativos sentían un creciente resentimiento hacia todos. Muchos de los primeros colonizadores los habían tratado más o menos justamente; pero con el paso del tiempo, se veían más y más apretados entre mercaderes engañosos: entre los franceses, ahora en alianza con los españoles, desde el Norte hasta el Oeste, y los ingleses, por el lado del Este.
Los dos bandos les pagaban a varios grupos nativos para pelear en su bando. La tribu de Glikhikan hizo alianza con los ingleses, y, al final, estos ganaron, terminando así los siete años de las nombradas “Guerras de los Franceses e Indios”. Los ejércitos franceses volvieron a su propio país, dejando a la Norteamérica en manos inglesas y españolas.
Entre tales eventos revoluciónales, nació y creció Glikhikan. Y, por supuesto, aprendió el cómo pelear y hacer la guerra. Sabía desollar bien el cráneo de su enemigo y, después, secar el cuero cabelludo y llevarlo colgado como una insignia de triunfo. Además de llegar a ser capitán del clan Lobo de los Leni Lenape, su valentía y sabiduría le abrió camino para ser consejero del gran cacique Custaloga. De hecho, su fama entre los Leni Lenape lo estableció de ser un gran orador en los consejos.
Su habilidad para expresarse fue lo que dio contacto con los “mantos negros”: misioneros jesuitas que llegaron con los franceses para “convertir” a “los salvajes”. Glikhikan estudió lo que ellos proclamaban, y concluyó que era verdad: pero, solamente para los que vivían al otro lado del océano, no para los Leni Lenape. Así, determinó Glikhikan, que lo que han dicho los Shaman de los Leni Lenape no debía desecharse.
En cierta ocasión, Glikhikan fue invitado a debatir públicamente con los ‘Mantos Negros’ en cuanto a la religión. Fue al lugar indicado y, según los otros nativos que asistieron al debate, Glikhikan le ganó al sacerdote jesuita por completo.
 Al pasar el tiempo, llegaron a otros ‘Mantos Negros’ a predicar entre los Leni Lenape. Y, otra vez, los Leni Lenape llamaron a Glikhikan para que fuese a otro debate público contra la nueva religión. Junto con unos shamanes, él viajó al campamento de los misioneros a las orillas del río Allegheny, pensando vencerlos otra vez con su sabiduría.
¡Qué sorpresa encontró! En vez de un sucio campamento de ingleses o franceses, se encontró solamente con otras personas indígenas, como él mismo. En vez de soldados ociosos, coqueteando con las mujeres, y mercaderes vendiendo ron a todos, encontró gente quieta e industriosa viviendo en cabañas construidas con troncos. La calle estaba barrida. Las mujeres, vestidas con faldas largas sin adornos y un amplio velo, quienes cuidaban a los niños.
A todos lados, Glikhikan halló señales de paz y orden. Maíz y calabazas crecían en los campos bien ordenados y cuidados detrás de las cabañas. Y, cuando un grupo de hombres guiado por un anciano llamado Antonio, de la tribu Monsi, se acercaron y les invitaron a comer con ellos un banquete de compañerismo con la comunidad, Glikhikan se impresionó muy profundamente. ¡Esta religión no era igual a la de los ‘mantos negros’ de Québec

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