domingo, 27 de noviembre de 2016

MARAVILLOSO JESUCRISTO SANA A MUSULMANA-

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN (FATIMA)ESTHER
Y THELMA SANGTER

“Mira que estás vivo en el cielo y el Santo Corán dice que
sanaste, a las personas. Tú puedes sanarme y sin embargo
sigo estando paralítica.”
¿Por qué no había respuesta, excepto ese silencio sepulcral
en la habitación, como una burla a mis oraciones?
Pronuncié de nuevo su nombre y abogué por mi causa, con
desesperación. Con todo, no había respuesta. Luego clamé
con una angustia febril: "Si puedes hacerlo, sáname; de lo
contrario, dímelo.
" No podía dar un paso más en este
camino.
Lo que sucedió luego es algo que me resulta difícil describir
en palabras. Lo que sé es que toda la habitación se llenó de
Luz.
Primero pensé que era la lámpara que tenía al lado de la
cama. Pero vi que, en comparación su luz parecía oscura.
¿Sería tal vez el amanecer? Era demasiado temprano para
eso. La luz iba creciendo, aumentando en brillo hasta que
sobrepasó la luz del día.

Me cubrí con mi chal. Sentía mucho miedo.
Luego se me ocurrió que podía ser el jardinero, que había
encendido la luz de afuera para alumbrar sobre los árboles. A
veces hada eso para ahuyentar a los ladrones, cuando los
mangos estaban maduros, o para ver el sistema de riego en el
frío de la noche.
Me corrí el chal para ver las puertas y las ventanas estaban
firmemente cerradas, con las cortinas y las persianas
corridas. Luego reconocí unas figuras con ropas largas, de
pie en medio de la luz, algunos metros más allá de mi cama.

Había doce figuras en fila y la figura central, la número
trece, era más grande y brillante que las otras.
¡Oh Dios! clamé y el sudor brotó de mi frente.
Incliné la cabeza y oré.
Oh Dios, ¿quiénes son esas personas y cómo han entrado
aquí estando las ventanas y las puertas cerradas?
- Levántate -me dijo de pronto una voz .
-Este es el camino
que has estado buscando
. Yo soy Jesús, el hijo de María, a
quien has estado orando
y ahora estoy de pie delante de ti.
-
-Levántate y ven a mí.-
Comencé a llorar.
- Oh Jesús, estoy paralítica. No puedo levantarme.-
- Levántate y ven me dijo -. Yo soy Jesucristo.-
Debido a que dudé, lo dijo por segunda vez. Luego, mientras
continuaba aún con mis dudas, me lo dijo por tercera vez:
- ¡Levántate!-
Y yo, Gulshan Fátima, que había estado paralítica en mi
cama por diecinueve años, sentí una nueva fuerza que fluía
de mis piernas inútile
s. Puse el pie en el piso y me levanté.
Luego caminé algunos pasos y caí a los pies de la visión: Me
estaba bañando en una luz tan pura que irradiaba un fulgor
tan brillante como el del sol y de la luna junto
s. La luz
alumbró mi corazón y mi mente, y en ese momento se me
aclararon muchas cosas.

Jesús puso su mano sobre mi cabeza y vi que tenía un
agujero
a través del cual descendía un rayo de luz que se
proyectaba sobre mi vestidura, de modo que el vestido verde
parecía blanco.
-Yo soy Jesucristo dijo El . Soy Emmanuel. Yo soy el
camino, la verdad y la vida. Estoy vivo, y vengo pronto
.
Mira, desde hoy eres mi testigo. Lo que ahora viste con tus
ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo y
debes permanecer fiel en llevárselo a mi pueblo. Ahora
debes mantener inmaculada esta túnica y tu cuerpo.
Dondequiera que vayas estaré contigo
y a partir de hoy orarás así:

"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu nombre.. Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en
el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores
. Y no nos metas
en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y
el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."

Me hizo repetir la oración y ésta penetró profundamente en
mi corazón y en mi mente. En su hermosa sencillez, y a la
vez en su gran profundidad, era muy diferente de las
oraciones q
ue había aprendido a recitar desde mi niñez.
Llamó a Dios "Padre"; ese era un nombre que cautivó mi
corazón
Y que venía a llenar el vacío que había en él.
Quería permanecer allí a los pies de Jesús, utilizando para
orar ese nuevo nombre de Dios
: "Padre nuestro
," Pero la
visión de Jesucristo tenía mucho más contenido para mí:
- Lee en el Corán, yo estoy vivo y vengo otra vez.-
Eso era algo que ya me habían enseñado, de modo que me
infundió fe en lo que estaba oyendo.
Jesús dijo todavía mucho más. Sentía un gozo que llenaba
todo mi ser. Es algo que resultó indescriptible.
Me miré el brazo y la pierna. Estaban cubiertos de carne. Mi
mano no estaba perfecta, sin embargo tenía fuerza y ya no
colgaba seca e inútil.

¿Por qué no la sanaste del todo? - pregunté.
La respuesta fue expresada en tonos cariñosos: Quiero que
seas mi testigo.
Las imágenes subían alejándose de mi vista y esfumándose.
Quería que Jesucristo se quedara un poco más y clamé con
tristeza. Luego la luz se desvaneció y me encontré sola, de
pie en medio de la habitación, llevando un vestido blanco y
con mis ojos embargados por la luz deslumbrante Ahora
hasta la débil lámpara que estaba al lado de mi cama me
molestaba a los ojos y mis párpados caían pesadamente.
Busqué a tientas un mueble que estaba contra la pared. Allí
encontré un par de anteojos para el sol, que usaba en el
jardín. Me los puse y me sentí cómoda, y pude abrir mis ojos
y ver otra vez.
Cerré la gaveta con cuidado, luego me volví y miré mi
habitación. Estaba igual que cuando me levanté. El reloj que
estaba sobre la mesa de noche repetía su tic tac, marcando
que eran casi las cuatro de la madrugada. La puerta estaba
cerrada con firmeza y las ventanas, con sus cortinas corridas;
también estaban cerradas para proteger del frío. Sin duda, no
se trataba de una escena imaginada por mí, pues tenía las
pruebas en mi cuerpo, Di algunos pasos y luego algunos
más. Caminé de pared a pared, a uno y otro lado, de una
parte a la otra. Era evidente que mis piernas estaban sanadas
de aquel lado que había sufrido la parálisis.
¡Oh, qué alegría sentí!
"Padre nuestro clamé , que estás en los cielos." Era una
nueva y maravillosa oración.

De pronto tocaron a la puerta. Era mi tía.
Gulshan dijo en tono apremiante , ¿quién está
caminando en tu habitación?

- Soy yo tía..-
Hubo un ligero jadeo y luego la voz de mi tía.
- Oh, eso es imposible. No hay tratamiento eficaz para tu
enfermedad. ¿Cómo puedes caminar? Estás diciendo
mentiras.

- Bueno, entra y mira .-
La puerta se abrió con lentitud y la tía entró en la habitación
llena de temor. Se detuvo apoyada contra la pared, con terror
e incredulidad con los ojos abiertos de par en par y
contemplando fijamente mi rostro radiante.
Te vas a caer dijo.
No me voy a caer -me reí, sintiendo el poder y la fuerza
de una nueva vida que corría por mis venas.
Mi tía se acercó paso a paso, con las manos extendidas,
como una persona ciega que tantea su camino. Levantó la
manga de mi túnica y miró mi brazo, regordete y saludable,
tal como se veía ahora. Luego me pidió que me sentara en la
cama y observó mI pierna enferma, que estaba tan sana
como la otra.

Parece extraño verte de pie. Me tendré que acostumbrar a
esto dijo ella.
Me pidió que le contara cómo había ocurrido. Entonces le
relaté a la tía, desde el principio, primero acerca-de-la
predicción de padre, luego; sobre la voz en mi habitación, la
noche después que él murió. Después le conté de los tres
años que estuve leyendo acerca de Jesús en el Corán,
finalizando con su aparición delante de mí y mi sanidad.
Cuando llegué a la parte en que Jesucristo me dijo que yo iba
a ser su testigo, l
a tía me interrumpió.
No hay cristianos en Paquistán para que les testifiques y no
hay necesidad de que vayas a los Estados Unidos o a
Inglaterra. Tu testimonio tendrá que consistir en dar
limosnas a los pobres. Cuando esas personas vengan pedirte
comida y dinero, ese será tu testimonio,
Hasta entonces no había relacionado la comisión que me
había dado Jesucristo con ir a Inglaterra o los Estados
Unidos. Sin embargo, sus palabras eran verdaderas y
mantenían su vigencia:
“Lo que viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi
pueblo
es tu pueblo.”

Comenzó a formarse en mi mente una oración:
“Jesucristo, ¿dónde está tu pueblo?”.

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