jueves, 29 de diciembre de 2016

137-138 LAS TARDES CON LA ABUELA-

   Óscar Mayorga
LAS TARDES
CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA
CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
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El joven José Andrés Grijalva tenía mucho éxito con las
mujeres y, desgraciadamente, su fortuna y su presencia física
le atraían no siempre buenas compañías. Se enredó en un
lío de faldas con una mujer casada y cuando el marido lo
supo amenazó de muerte al joven. El padre se alarmó y adelantó
el viaje al extranjero, por cuestiones de estudios, para
poner tierra de por medio entre el hijo enamorado y el marido
cornudo. José Andrés había manifestado a su padre que
quería estudiar medicina y, en esos años, la Universidad de
San Carlos de Guatemala ofrecía la mejor oportunidad para
los jóvenes centroamericanos
. El padre hubiera querido
enviar a su hijo a los Estados Unidos, pero el joven no quiso
ni el padre insistió debido al estado de sus finanzas. Además,
detrás del primogénito, venían otros tres adolescentes que
pronto tendrían también que partir a estudiar.
José Andrés partió a la universidad guatemalteca con las
maletas repletas de sus mejores trajes de lino, camisas de
seda y demás ropa elegante
. Se alojó en una residencia
para estudiantes de la capital, no lejos de la universidad e
inició una vida estudiantil en la que no faltaron las fiestas,
los amigos y las patojas. Él mismo no sabía cómo podía
seguir adelante con sus estudios de medicina llevando
aquel tren de vida. Su talento musical le hacía el centro de
las reuniones; tocaba la guitarra con un arte sin par y era
muy agradable, sobre todo cuando había tomado algunas
copas. Por esos días, en la universidad se hablaba mucho
del compromiso político, del combate contra la dictadura y
de la revolución social. Entre los amigos del joven nicaragüense
se encontraban tres que eran los más aguerridos en su
crítica contra el régimen político y que vivían también en la

residencia estudiantil. José Andrés participaba en algunas
de aquellas reuniones más por solidaridad con sus amigos
que por verdadero compromiso político.
Fueron pasando los años. Llevaba ya casi seis en
Guatemala
y prácticamente estaba al final de los estudios, le
faltaba sólo un año de internado en hospitales y la redacción
de la tesis, cuando estalló el polvorín. La policía invadió una
noche la residencia de los estudiantes, buscando a aquellos
que estaban comprometidos en un complot para asesinar al
dictador, el doctor Manuel Estrada Cabrera, que había asumido
el poder desde 1898 y que no sería derrocado hasta 1920.
Afortunadamente para José Andrés, esa noche no había llegado
a dormir a la residencia estudiantil porque se había
quedado en la casa de una señora cuyo marido estaba de
viaje. Seguía teniendo mucho éxito con las casadas y, al
menos en esta ocasión, eso le salvó la vida. Sus compañeros
desaparecieron y nunca se volvió a saber de ellos. Se escuchó
el rumor de que fueron llevados a un campo militar
donde habían sido torturados hasta la muerte. Sus cuerpos
nunca aparecieron. Cuando, al día siguiente, José Andrés
supo del asalto a la residencia de estudiantes, con la ayuda
de su amiga pudo huir a Huehuetenango donde tenía otros
compañeros de la universidad
que estaban de vacaciones.

Ellos lo alojaron y ayudaron en todo pues el joven había partido
con lo que tenía puesto. Pasó en Huehuetenango casi
todo un año,
pero las cosas seguían siendo delicadas. Para
colmo, en Nicaragua la situación social se agravó. Un nuevo
régimen político expropió en nombre de la reforma agraria,
las grandes haciendas ganaderas
y la familia Grijalva prácticamente
perdió todo lo que le quedaba. Esta noticia la supo
José Andrés hasta tiempo después, porque por entonces no

 tenía comunicación con ellos.

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