martes, 6 de diciembre de 2016

48-49 RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA -OSCAR MAYORGA

 LAS TARDES
CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA

OSCAR MAYORGA
 CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
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El ilustre dominico fray Matías de Córdova murió en el
convento de Chiapa de los Indios, hoy Chiapa de Corzo,
donde era prior y donde está sepultado, el 17 de octubre de
1828. Hace pocos años el Ayuntamiento de Tapachula erigió
una estatua en el parque principal de la ciudad y otra en la
salida hacia Centroamérica, y añadió sus apellidos al nombre
de la ciudad: ahora se llama Tapachula de Córdova y
Ordóñez.

El bisabuelo Andrés García murió el año siguiente de la
batalla del 5 de mayo y ya no se enteró que ese mismo año,
1863, los franceses regresaron, tomaron Puebla y recuperaron
todo lo que el año anterior habían perdido.
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A la tarde siguiente, antes de continuar con el relato familiar,
la abuela Pina abrió una caja de madera obscura con incrustaciones
de marfil, de la que fue sacando varias fotografías
antiguas. Andrés reconoció en ellas las fotos anheladas de la
familia. La otra parte del regalo de cumpleaños que había
pedido a la abuela. Desde muy pequeño él recordaba haber
contemplado casi en éxtasis aquellas viejas fotografías color
sepia
en las que aparecían hombres y mujeres de mediados
y finales del siglo XIX y principios del XX, con extraños y extravagantes
vestidos, peinados y sombreros. “Son nuestros
antepasados, le decía la abuela, de ellos provenimos
, gracias
a que ellos se conocieron y se amaron, nosotros vinimos a la
vida y estamos aquí ahora”
. De niño, Andrés se quedaba largos
ratos extasiado ante aquellos rostros serios y circunspectos,
ante aquellos torsos increíbles de senos realzados y talles
estrechos gracias a los corsés de la época –esto lo supo después–,
con aquellos complicados peinados altos y vestidos
largos y amplios, con tela suficiente para hacer unas cortinas
o un par de cubrecamas; ante aquellos grandes bigotes y
enormes patillas o rostros de luenga barba y figuras sentadas
o de pie, solas o en grupo de familia. Y cuando adolescente,
su imaginación daba vida a todos aquellos antepasados y su
fantasía inventaba historias de guerras y conflictos familiares,
de amor y de celos, de tragedias ocultas y grandes aventuras,
de antepasados que habían cruzado el océano en búsqueda de
un nuevo mundo, de una nueva vida, y de bisabuelas indígenas
que contaban leyendas antiguas a sus nietos.

—Mira, esta es la foto de mi bisabuelo Andrés García. Se
trata de un daguerrotipo, está impresa directamente en el
vidrio. Fue el primer tipo de fotografía que se inventó –dijo
la abuela, cogiendo aquella fotografía con cuidado, como
una joya valiosa. La imagen, de un vago color sepia, mostraba
a un hombre esbelto, de ojos grandes, cejas pobladas y
mirada dura, largas patillas y un espeso bigote. Estaba de pie
con la mano izquierda colocada en el respaldo de una silla
de tipo afrancesado y en la mano derecha sostenía un fusil.
Andrés lo contempló durante un rato, tratando de imaginar
cómo habrían sido la vida, la lucha, los amores, los gozos y
los sufrimientos de aquel antepasado suyo. “Conque este es
el valiente guerrillero que luchó por la Independencia de
México”, dijo devolviéndole la imagen a la abuela.
—Mi abuelo materno, Juan Moreno, nació en Quezaltenango,
Guatemala, en 1828
–continuó la abuela después
de un rato–. Siguiendo los pasos de su padre, se dedicó
desde muy joven al comercio y tuvo la audacia de conquistar
buena parte del mercado de la costa chiapaneca, a partir
de Ayutla, que entonces era mexicana, ya que el Tratado
de Límites entre México y Guatemala no se estableció definitivamente
hasta 1882, cuando muchas familias cambiaron
de país sin cambiar de casa; por ejemplo, Motozintla,(Cuilco,Huehuetenango) que
era de Guatemala, quedó del lado mexicano
y Ayutla, hasta
entonces mexicana, del lado guatemalteco.

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