martes, 6 de diciembre de 2016

50-51 LAS TARDES CON LA ABUELA OSCAR MAYORGA

LAS TARDES
CON LA ABUELA
OSCAR MAYORGA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA

Mi abuelo materno, Juan Moreno, nació en Quezaltenango,
Guatemala, en 1828
–continuó la abuela después
de un rato–. Siguiendo los pasos de su padre, se dedicó
desde muy joven al comercio y tuvo la audacia de conquistar
buena parte del mercado de la costa chiapaneca, a partir
de Ayutla, que entonces era mexicana, ya que el Tratado
de Límites entre México y Guatemala no se estableció definitivamente
hasta 1882, cuando muchas familias cambiaron
de país sin cambiar de casa; por ejemplo, Motozintla, que
era de Guatemala, quedó del lado mexicano
y Ayutla, hasta
entonces mexicana, del lado guatemalteco.
Juan Moreno recorría con sus recuas de mulas, cargadas
con toda clase de mercancías, todos los pueblos costeños,
desde Ayutla hasta Tonalá
. Era un joven un tanto grueso, de
estatura mediana, hombros anchos, brazos velludos y manos
fuertes, que no hacía honor a su apellido porque era más bien
blanco, aunque estaba bastante bronceado por el sol de la
costa que lo acompañaba a lo largo de sus viajes; como
muchas personas de tierra fría, era “chapeado”, es decir, sus
mejillas debido al calor mantenían un tono encendido que le
daba una impresión de buena salud, que contrastaba con el
color moreno pálido, “pupuso”, de la gente de la costa; su
amplia frente presentaba signos de una calvicie prematura; la
mirada de sus ojos negros y pequeños era directa y transparente
y estaba enmarcada por unas cejas bastante tupidas; un
espeso bigote cubría en parte una boca chica de labios gruesos
y tenía una barba tan cerrada que, mientras estaba en
Quezaltenango, se tenía que afeitar dos veces al día. Aunque
no se podía decir de él que fuera un hombre guapo, su presencia
era agradable y su trato franco, amable y respetuoso
hacía que, de entrada, las personas se sintieran a gusto en su
compañía. Era un hombre naturalmente pacífico y tranquilo
que hablaba con una voz clara y pausada y que evitaba, siempre
que era posible, los problemas y disputas
que a veces se
daban en las transacciones que llevaba a cabo en su trabajo.
El bayunquero de Guatemala, le llamaba la gente.
Juan Moreno no sabía que recorría parte del camino que,
desde tiempos antiguos, conducía desde la lejana
México–Tenochtitlan hasta Centroamérica, a donde habían
llegado los aztecas en tiempos de Moctezuma I, Ilhuicamina,
el Flechador del cielo, que extendió su imperio hasta
Nicaragua (Nican Nahuatl, que quiere decir hasta aquí (llegaron)
los nahuas).
Por eso en toda esa zona costera, aunque
originalmente mixteca y zapoteca en el istmo oaxaqueño y
mayense en toda la zona del Soconusco, la geografía está
poblada de nombres nahuas, hasta Guatemala y Nicaragua.

Al joven bayunquero chapín le gustaba recorrer todos esos
pueblos del Soconusco de costumbres liberales, sin prejuicios
ni complejos, tan llenos de color y de calor, bastante
distintos de los pueblos de Guatemala, más bien conservadores
y tradicionalistas
. Le gustaba la gente franca, directa,
simpática, abierta, a veces, quizá demasiado, pensaba Juan
Moreno. Pero tal vez por eso mismo, por el contraste, se
sentía atraído por esa cultura de la costa de Chiapas.
Además, era gente que gustaba de comprar y siempre le iba
muy bien en sus negocios.

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