viernes, 2 de diciembre de 2016

EL LIBRO- Por Gulshan Esther- EL VELO RASGADO

 EL VELO RASGADO
Por Gulshan Esther y thelma Sangter
8
El Libro
Tres semanas después de ser sanada, decidí poner en práctica un plan para conseguir una
Biblia.
Le dije a mi tía que iba a visitar a Razia.
¿Vas a llevar a Salima? preguntó mi tía, que no estaba acostumbrada, aún a la nueva
manera en que tomaba las decisiones según mis deseos.
No tía le respondí sonriendo . Creo que ya soy bastante grande como para arréglamelas
sin alguien que me esté previniendo en cada cosa. Por favor, pídele a Munshi que me tenga
listo el auto.
La tía abrió la boca como para argumentar algo, pero en seguida la volvió a cerrar. Esta nueva
Gulshan no tenía la tendencia, que caracterizaba a la anterior, de preocuparse
demasiado por los pensamientos ociosos de la gente.
Majeed trajo el Mercedes azul brillante y abrió la puerta de atrás con un gesto
ceremonioso. Adentro, las cortinas cerradas me protegían de las miradas curiosas. Cada
detalle de los modales de Majeed, mientras atravesábamos por la puerta principal haciendo
rugir el motor, demostraba su satisfacción por el curso que estaban tomando los
acontecimientos. Un sonriente chowkedar cerró la puerta detrás de nosotros y salimos.
Razia estaba preparada para mi visita. Lo que ella no sabía era que le iba a hacer un pedido.
Le dije a Majeed que se retirara y que volviera a buscarme después del almuerzo. Luego me
volví hacia mi maestra, que estaba llena de alegría por verme tan bien de salud y quería
hacerme un montón de preguntas. Se sintió desilusionada y con algo de curiosidad cuando
le dije que tenía que ir con urgencia a ver a alguien que estaba en el otro lado de la ciudad.
No, no necesito compañía le dije . Sólo se trata de un negocio que tengo que hacer.
La dejé perpleja, de pie sobre su terraza, siguiéndome con la mirada mientras yo descendía
de prisa por el pasillo y salía a la calle. Me sentí incómoda. Nunca antes en mi vida había
tratado de engañar a nadie; pero esta era la única manera en que alguna vez llegaría a
conseguir una Biblia.
Cuando estuve afuera me di cuenta de que me había olvidado de mi
burka. Eso me pareció algo simbólico de la libertad que estaba creciendo por dentro.
Una tonga tirada por un caballo se dirigía hacia mí y saludé al anciano encargado de la
tonga.
- Estoy buscando a un cristiano que vive en la calle Kachary. ¿Por casualidad la conoce?-
Miró fijamente hacia delante, entre las orejas de su viejo caballo, como si no hubiera
escuchado.
Tengo que hacer un trabajito allí agregué rápidamente.
Hizo un ademán hacia el norte.
Hay un lugar, un lugar muy antiguo que ya estaba antes que existiera el Paquistán.

- No sé si vive allí algún cristiano; pero, si usted quiere, la puedo llevar.
- Lléveme, por favor.
Subí a la tonga. El encargado de la tonga fustigó su flaco caballo y partimos a paso
sosegado. Durante la media hora de viaje tuve tiempo para reflexionar sobre lo que estaba
haciendo. ¿Qué dirían mis hermanas si pudieran ver a su amada y querida Gulshan viajando sola, en la ruta abierta, en una tonga? En la historia de nuestra familia no había
por cierto un precedente así.

Pero no tenía otra opción. Era Jesucristo el que me había mandado hacer ese viaje, y
confiaba en El
en cuanto a su resultado.
Llegamos a un edificio amplio. Más tarde supe que era una capilla cristiana. Junto a ella,
detrás de un alto muro, había una gran casa campestre. La tonga se detuvo junto a una
puerta abierta en el muro.
Es aquí , dijo el encargado de la tonga.
Le pagué y pasé por la puerta a un sector abierto lleno de árboles. Me dirigí hacia la casa y
vi a un hombre sentado al sol con un montón de libros sobre una pequeña mesa que tenía a
su lado.
A medida que me aproximaba, el hombre levantaba la vista. Mi corazón latía asombrado.
Era precisamente el rostro que había visto en mi visión. Jesucristo me había dicho: "Este hombre te dará una Biblia."
El hombre me dirigió la palabra cortésmente, inclinándose un poco.
Si usted viene para ver a mi esposa, siento decirle que no está. Se ha ido a Lahore.
No vine a ver a su esposa le respondí sino a usted, para que me dé una Biblia. Lo he
visto antes, en una visión.

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