jueves, 8 de diciembre de 2016

EL VELO RASGADO- POR GULSHAM ESTHER

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER Y THELMA SANGTER

Mis ojos se llenaron de lágrimas.
No estoy pensando en esos impedimentos. Sólo lo que Jesús Emmanuel me mostró. El
me levantó y me dio luz. Quiero saber más acerca de El, y El me envió a usted para recibir
ayuda. Por favor, ayúdeme.
Como respuesta me dio un Nuevo Testamento en urdu y un libro llamado Los Mártires de
Cartago. Luego hizo una hermosa oración, cuyas palabras expresaron sentimientos tan
simples como la hermandad y la bondad. Me sentí fortalecida.
Al salir de su casa volví a tomar una tonga, para regresar a casa de Razia y estar a tiempo
para el almuerzo.
No hablé sobre mi viaje y sólo dije:
Conseguí lo que buscaba, pero el problema no está resuelto aún.
Entonces cambié de tema y nos reímos y conversamos como si nada extraño hubiera
sucedido. En eso llegó Majeed para llevarme a casa.
La tía me había estado buscando. Me miró absorta, pero me volví, sintiendo como si lo que
había experimentado estuviera escrito en mi rostro.
¿Cómo estaba Razia? preguntó.
Bien, tiene algunos alumnos buenos y está contenta porque su hermana se ha casado.
Es una lástima que no la hayan casado a ella, pero supongo que la familia no tiene dinero
para la dote.
Es cierto. Aún necesita tomar alumnos para ayudar a sus padres, pues el negocio que
tienen es pequeño.
En otros tiempos ese tipo de chismes nos hubiera entretenido por varias horas, -pero la
nueva Gulshan tenía ahora temas mucho más interesantes.
Me disculpé, fui a mi dormitorio y cerré la puerta. Después me tiré sobre la cama Y
descansé. Me sentía físicamente agotada.

Esa noche comencé a leer mi Nuevo Testamento en forma secreta. ¿A qué se parecía?
Pregúntele a una persona sedienta a qué se parece el agua. Pregúntele a un bebé a qué se parece la leche de la madre. Yo, que había sido alimentada con cáscaras, ahora tenía pan para saciar el hambre, y así leí la verdad sobre la vida humana Y sobre el destino, según estaba escrita en aquellas páginas Jesucristo me dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Sus palabras registradas en los evangelios iluminaron mi entendimiento. Nunca había podido entender el Corán sin ser guiada. Este libro era distinto a todos abrió mis ojos espirituales. Sus historias cobraban vida a medida que las leía. En mi asombrosa visión encontré a los doce discípulos que habían acompañado a Jesucristo ..
Hallé, palabra por palabra, la oración que había aprendido a los pies de Jesús Emmanuel.
Descubrí el significado de ese nombre precioso que se me había dado en la visión:
Yo soy Jesucristo. Yo soy Emmanuel... Dios con nosotros."
Me habían enseñado a pensar acerca de Dios como un ser remoto e inalcanzable. Aquí
estaba, por fin, la explicación del poder divino de Jesucristo y de su misión:
El podía resucitar a los muertos porque era el Señor de la vida. Prometió venir otra vez,
porque vive para siempre. Tiene poder por la eternidad, porque es Dios y no simplemente
un profeta.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida." Ahora comprendía eso como la verdadera síntesis
de la singular Persona que es Jesucristo.

Al continuar mi lectura encontré pasajes referentes al bautismo. Leí en Marcos 1:9-11 que
Jesús fue bautizado. En Romanos-6:4 leí: A fin de como Cristo resucitó de los muertos por
la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nuev
a."
Vida nueva. Eso era lo que estaba experimentando, como si me hubiera sumergido en una
fresca corriente de agua que brotaba, trayendo una vida estimulante a cada parte de mi ser.
Ese bautismo era una señal y un sello de esa experiencia.
Mientras meditaba en eso, se presentó delante de mí una figura, de una joven triste, sentada
sobre un taburete, mientras sus criadas derramaban sobre ella el agua del pozo de Zamzam.
Zamzam, el agua de vida, no había limpiado mis pecados ni había traído vida a mi carne
muerta. Jesucristo me había dado el agua espiritual de la vida para mi cuerpo paralizado y
para mi alma. Ahora quería ser sepultada con El en el bautismo. Pensé en eso, aunque no
comprendía plenamente todo el poder de lo que estaba contemplando, ni tampoco qué
cambios produciría en mi vida...
He testificado me dije a mí misma . Entonces he hecho lo que Jesucristo me pidió.
Puedo ser bautizada y luego volver aquí y vivir la vida nueva, ¿no es así?
La pregunta flotaba en el aire, sin ninguna voz que la confirmara o la negara. Pero el rostro
de mi padre se presentó delante de mí y sentí un dolor como si me hubieran clavado un
cuchillo en el corazón.
"Oh, padre, perdóname, pero tengo que seguir a Jesucristo, quien me ha sanado."
En mi aflicción hablé en voz alta. De inmediato, una profunda paz vino sobre mí y di por
cierto que ese era el Camino recto que debía seguir. Nada ni nadie podría detenerme ahora.
El 12 de marzo había terminado de leer el Nuevo Testamento. También había leído de
corrido Los Mártires de Cartago
. Estaba lleno de historias sobre los primeros cristianos que
fueron arrojados a los leones quemados en el fuego y tratados en formas indescriptibles y
habían permanecido fieles. Comprendí el mensaje que me trasmitía. No cambié mi decisión
en lo más mínimo,

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