sábado, 31 de diciembre de 2016

EUSEBIO DE CESAREA- EL VERBO DE DIOS

  EL VERBO DE DIOS
POR EUSEBIO DE CESAREA
 
Moisés lo proclama clarísimamente segundo Señor después 
del Padre cuando dice: Hizo llover el Señor sobre Sodoma y Gomorra
 azufre y fuego de parte del Señor Y también la Sagrada Escritura 
lo proclama Dios cuando se apareció a Jacob en figura de hombre M 
y le habló diciendo: Tu nombre en adelante no será ya Jacob, sino 
Israel, porque has luchado con Dios 39 f y entonces Jacob llamó al 
lugar aquel tVisión de Dios*, diciendo: Porque he visto a Dios cara 
a cara, y mi alma se ha salvado 4( >. 

10 Y es que no se puede suponer que estas apariciones divinas 
mencionadas sean de ángeles inferiores y servidores de Dios, pues, 
cuando alguno de éstos se aparece a los hombres, no se lo calla la 
Escritura, sino que por su nombre los llama, no Dios ni siquiera 
Señor, sino ángeles, como es fácil probar con incontables pasajes. 

11 Ya este Verbo, Josué, sucesor de Moisés, después de ha- 
berlo contemplado no de otra manera que en forma y figura de 
hombre 4i también, lo llama generalísimo del ejército de Dios 42 , 
como haciéndolo jefe de los ángeles y arcángeles del cielo y de los 
poderes superiores, y como si fuera poder y sabiduría del Padre 43 
y a quien ha sido confiado el segundo puesto del reinado y del prin- 
cipado sobre todas las cosas. 

iz Porque está escrito: Y sucedió que se hallaba Josué cerca de 
Jericó y, alzando los ojos, vio a un hombre de pie delante de él con la 
espada desnuda en su mano; y Josué, acercándose a él, le dijo: ¿Eres 
de los nuestros o de los contrarios? Y él respondió: Yo soy el generalí- 
simo del ejército del Señor; acabo de llegar. Y Josué entonces se pros- 
ternó rostro en tierra y le dijo: Señor, ¿qué es lo que mandas a tu sier- 
 vo?, y el generalísimo del Señor dijo a Josué: Quita las sandalias de 
tus pies, porque el lugar en que estás es lugar santo 44 . 

13 De donde, partiendo de las palabras mismas, observarás que 
éste no es otro que el que se reveló a Moisés, puesto que, efectiva- 
mente, la Sagrada Escritura dice de éste en los mismos términos: 
Mas, cuando le vio el Señor acercarse para ver, lo llamó el Señor desde 
la zarza y le dijo: Moisés, Moisés, Éste respondió: ¿Qué hay? Y dijo 
el Señor: No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque 
el lugar en que estás es tierra santa. Y le dijo: Yo soy el Dios de tu 
padre, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob 45 . 

14 Y que al menos hay una sustancia anterior al mundo, viva 
y subsistente, la que sirvió de ayuda al Padre y Dios del universo 
en la creación de todos los seres, llamada Verbo de Dios y Sabidu- 
ría, además de las pruebas expuestas, nos es dado escucharlo in- 
cluso de la misma Sabiduría en persona que, por boca de Salomón, 
ella misma nos inicia clarísimamente en su propio misterio: Yo, la 
sabiduría, planté mi tienda en el consejo e invoqué a la ciencia y a la 
inteligencia; por mí los reyes reinan, y los potentados administran 
justicia; por mi los magnates son engrandecidos, y por mí los soberanos 
dominan la tierra 

15 A lo cual añade: £1 Señor me creó como principio de sus ca- 
minos en sus obras, antes de los siglos asentó mis fundamentos. En el 
principio, antes que hiciese la tierra, antes que brotasen las fuentes de 
las aguas, antes que cimentara los montes y antes que a todos los colla* 
dos, me engendró a mí. Cuando preparaba los cielos, con él estaba yo;
 y cuando hacia perennes los manantiales que están bajo el cielo, con 
él me sentaba yo a dirigir. Yo me sentaba allí donde él cada dia se com- 
placía y me encantaba estar delante de él en toda ocasión, cuando 
él se congratulaba de haber acabado el universo 47 . 

1 6 Brevemente, pues , queda expuesto que el Verbo divino existió 
antes que todo, y también a quiénes, ya que no a todos, se apareció. 

17 Mas ¿por qué no fue predicado antes, antiguamente, a 
todos los hombres y a todas las naciones, lo mismo que lo es ahora? 
Quizás pueda esclarecerlo esta respuesta: la vida primitiva de los 
hombres era incapaz de hacer un sitio a la enseñanza de Cristo, 
todo sabiduría y virtud. 

18 En efecto, al menos en los comienzos, después de su primer 
tiempo de vida dichosa, el primer hombre se desentendió del man- 
dato divino y se precipitó en este vivir mortal y perecedero, y cam- 
bió las delicias divinas del comienzo por esta tierra maldita. Y sus 
descendientes poblaron nuestra tierra toda y, con excepción de uno 
o dos en alguna parte, fueron manifiestamente degenerando y lle- 
garon a tener una conducta propia de bestias y una vida intolerable 48 . 

19 Ni siquiera se les ocurría pensar en ciudades, ni en consti- 
tuciones, ni en artes, ni en ciencias. De las leyes y juicios, así como 
de la virtud y de la filosofía, ni el nombre conocían. Como gente
 ruda y montaraz, hacían vida nómada por lugares desiertos. Con 
el exceso de malicia libremente abrazada, corrompían el natural 
razonamiento y todo germen de inteligencia y suavidad propios del 
alma humana. Y hasta tal punto se entregaban sin reservas a toda 
iniquidad, que a veces mutuamente se corrompían, a veces se ma- 
taban unos a otros y, en ocasiones, practicaban la antropofagia, y 
llevaron su osadía hasta combatir contra Dios y entablar esas gue- 
rras de gigantes, de todos conocidas, y pensaron en amurallar la 
tierra contra el cielo y prepararse, en su loco desatino, para hacer 
la guerra al mismo que está sobre todo. 

20 A los que tal vida llevaban, Dios, que todo lo controla, los 
persigue con inundaciones e incendios devastadores, como si se 
tratara de un bosque salvaje esparcido por toda la tierra, y los fue 
abatiendo con hambres continuas, con pestes y guerras y aun ful- 
minándolos desde arriba, como si con estos remedios tan amargos 
intentara atajar una espantosa y gravísima enfermedad de las almas. 

21 Entonces, pues, cuando estaba realmente a punto de alcan- 
zar a todos el sopor de la maldad, como el de una tremenda borra- 
chera que oscureciera y hundiera en tinieblas las almas de casi todos 
los hombres, la Sabiduría de Dios, su primogénita y primera cria- 
tura 49 , y el mismo Verbo preexistente 50 , por un exceso de amor 
a los hombres, se manifestó a los seres inferiores, unas veces me- 
diante visiones de ángeles y otras por sí mismo, como poder salva- 
dor de Dios, a uno o dos de los antiguos varones amigos de Dios, 
y no de otra manera que en forma de hombre 51 , la única en que a 
ellos podía aparecerse. 

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