viernes, 9 de diciembre de 2016

LAS TARDES CON LA ABUELA-(De España a Huehuetenango 4)

Óscar Mayorga
LAS TARDES
CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA
CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
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Los nuevos esposos establecieron su hogar en la ciudad
de Guatemala, aunque Luis viajaba gran parte del año por la
región de la Costa por los negocios del café. Desde que decidió
casarse y seguir a Luis en su nueva tierra, Trinidad pensó
que se daría a esa nueva vida completamente. Para eso decidió
también integrarse plenamente al estilo de vida y a las
costumbres guatemaltecas.
Sería en verdad una nueva vida,
donde todo el pasado quedaría atrás y no contaría más.
Incluso el apelativo de la Marrana nunca más lo volvió a oír.
Ahora era la Mesha, la Canche, la Güera, es decir, la rubia,
por el color de sus ojos y sus cabellos. Pero eso, lejos de
molestarla, le agradaba.
La tierra guatemalteca y los chapines
la recibieron desde el principio muy bien y ella nunca
echó de menos a su familia ni a su pueblo. La gente era
amable con ella y pronto se llegó a sentir totalmente integrada
a la cultura y a las costumbres de Guatemala
. Y, sobre
todo, Luis la adoraba y, en poco tiempo, los hijos empezaron
a llegar.
Después de unos años, en cuanto pudo establecerse en
un trabajo propio, Luis empezó a trabajar por su cuenta.
Había acumulado un buen capital y se le presentó la oportunidad
de adquirir un buen negocio en
Huehuetenango y
así lo hizo. Luis y Trinidad, que ya tenían cuatro hijos, se
mudaron a una finca enorme en las afueras de Huehuetenango,

donde los niños tenían todo el espacio que quisieran
para correr y jugar. Con el tiempo dieron por llamar a la
finca la Casa Grande. En el jardín Trinidad cultivaba rosas y
violetas y había también una huerta grande con muchos
árboles frutales
.
A Luis le gustaban mucho los perros y tenía
algunos de muy buena raza que cuidaban la casa por las
noches y durante el día eran la adoración de los niños. Tenía
también muy buenos caballos y dos coches tipo calesa en
los cuales se transportaban al centro de Huehuetenango.
Todos se sentían felices.
Allí nacieron otros tres hijos, el
menor de ellos, mi padre, Fermín Maldonado, en 1850, cuando
la abuela Trinidad tenía ya más de cuarenta años.

Los Maldonado Fernández eran muy bien apreciados por
la sociedad huehueteca. Eran ricos, trabajadores, buenos
cristianos y guapos,
decía la gente
. Sus hijos crecían sanos
y la vida les sonreía en todos los aspectos. La poca belleza
de la familia, según la abuela Pina, procedía, sin duda, de
ellos. Tanto Luis como Trinidad eran de facciones finas, ojos
claros y cabellos rubios.
Al menos, era un tipo de belleza
que se admiraba mucho
en aquella época en la sociedad
guatemalteca, donde la mayoría indígena o mestiza de la
población daba un toque moreno a la piel de los guatemaltecos.
Ambos habían perdido su acento valenciano y hablaban
como verdaderos chapines

Nota del Bolg.
Mesho se decía de una persona de cabello rubio por la semejanza del pelo o barba del maiz cuando esta en la planta verde o mata propiamente en el campo es  de un color rojizo o dorado muy brillante.
Güera o Güero:En Huehuetenango se llama a  una persona de ojos verdes. En México se dice de una persona de cabellos rubios.

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