viernes, 9 de diciembre de 2016

LAS TARDES CON LA ABUELA- (De España a Huehuetennago 3)

Óscar Mayorga
LAS TARDES
CON LA ABUELA

RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA

CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
2 0 0 8


 Cuando Luis consideró oportuno, le escribió a los padres
de la joven pidiéndoles la mano de su hija. Regresar a casarse
a Valencia significaba un desembolso de dinero que
podía evitarse si la boda se hacía por poder y ella venía a
América donde estaría esperándola. La familia Fernández
aceptó porque conocía bien a Luis y a toda la familia Maldonado.
Trinidad Fernández era una bellísima joven de largos
cabellos rubios y rizados, grandes ojos verdes,
risueños,
como palomas soñadoras. Tenía veinticuatro años
y si bien
su familia tenía un remoto origen sefardita, en aquel entonces
todos eran ya cristianos. Marranos, les solían llamar en
Valencia a los Fernández en el pasado,
le había contado su
abuela a Trinidad.
Los Fernández, como muchas otras familias de apellidos
terminados en “ez” (que significa “hijo de”) como: López,
Sánchez, Ramírez, Martínez, González o Méndez, se decía
que eran de origen sefardita, de aquellos hebreos radicados
en la Península Ibérica desde tiempos de los romanos
y que
habían sido expulsados en tiempos de los Reyes Católicos.
Pero la tradición contaba que ellos esperaban regresar un día
a la antigua Sefarad, como llamaban a España, y se habían
llevado consigo al partir la llave de su casa. Comunidades
enteras de esos sefarditas expulsados conservaron su lengua,
el ladino, especie de español antiguo, y sus costumbres,
donde quiera que se establecieron. Los que abjuraron de su
fe hebrea, se convirtieron al cristianismo y pudieron salvarse
de la muerte o del exilio. Porque muchos de ellos perdieron
la vida en la Inquisición, acusados de seguir practicando su
religión. Como solían ser familias acomodadas, al ejecutarlos
se decomisaban sus propiedades, por lo que la denuncia verdadera
o falsa contra los judíos, tenía también un interés económico.
La ignorancia de la época los acusaba de practicar
misas negras y orgías donde se alimentaban con carne de
niños recién nacidos. El apelativo de marranos era infaman
 te, pero los sefarditas lo portaban hasta cierto punto con orgullo,
porque significaba que eran distintos, que seguían siendo
el Pueblo Escogido y que seguirían siendo fieles a su fe en el
Dios único, cuyo nombre es Santo.
Cuando Luis conoció a Trinidad, que vivía en un pueblo
vecino al suyo, la familia Fernández estaba ya completamente
integrada a la cultura cristiana de los lugareños. Sin embargo,
algo quedaba de aquel rescoldo lejano y los propios hermanos
de Luis se referían a la joven Trinidad como la
Marrana.
Cuando él partió rumbo a América ella le prometió
por su Dios que lo esperaría toda la vida. Y Luis cumpliría su
promesa de casarse con ella.
La boda se llevó a cabo en Valencia y a Luis lo representó
su hermano mayor, el que se había quedado en el pueblo.
Trinidad hizo sola el largo viaje en barco hasta Nueva Orleans
y de allí se embarcó rumbo al Puerto de Santa María, hoy
Puerto Barrios, en Guatemala,
donde Luis la esperaba. Habían
pasado varios años y aquellos que se habían despedido
siendo casi adolescentes, eran ahora un hombre y una mujer
“hechos y derechos”. Luis Maldonado se había dejado la
barba y eso le daba más años de los veintiséis que realmente
tenía. Trinidad estaba más bella aun de lo que él la recordaba.
El encuentro en el muelle del Puerto de Santa María
fue muy emotivo. Ella descendió a través de la pequeña
pasarela del barco en que había viajado desde Nueva Orleans
y reconoció inmediatamente a Luis, a pesar de la barba
y de la piel bronceada por el sol americano que ahora tenía.
Él no podía dar crédito a sus ojos y su corazón se puso a palpitar
tan fuerte que creyó que le iba a estallar en el pecho.
Allí, frente a él estaba una mujer rubia y elegante, con un
vestido largo de raso verde y un sombrerito, según la moda
de la época, que hacía juego con el traje. Todas las miradas
estaban puestas en ella
mientras descendía la escalerilla del
barco. Luis no recordaba que fuera tan bella. La tomó en sus
brazos y la besó en los labios sin importarle que estaban a la
revistade todos. Una vez que hubieron recogido el baúl y las
maletas de Trinidad, tomaron un coche de alquiler que los
llevó a un pequeño hotel en el mismo Puerto de Santa María,
donde podrían descansar y donde iniciarían una luna de
miel que iba a durar más de cuarenta años.
Después de unos
días se trasladaron a Guatemala. Se quisieron siempre y fueron
grandes amantes todo el tiempo que vivieron juntos,
hasta que la muerte los separó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario