jueves, 26 de enero de 2017

CREENCIAS RELIGIOSAS MARRANAS -LOS JUDIOS BAJO LA INQUISICION EN HISPANOAMERICA

 LOS JUDIOS  BAJO LA INQUISICION EN HISPANOAMERICA
BOLESLEAO LEWIN
BUENOS AIRES
ARGENTINA
1960 
Capítulo VIII 

CREENCIAS RELIGIOSAS MARRANAS 

1— Generalidades 

La idealización de los criptojudíos, víctimas de la 
ferocidad inquisitorial, que les obligó a ocultar sus pen- 
samientos acerca de la fe, tuvo el efecto de que se for- 
jara una imagen errónea de sus creencias religiosas. 
Por lo tanto, antes que nada, hay que desbrozar el te- 
rreno y recién después entrar en su estudio objetivo. 
A nuestro juicio, corresponde desterrar de la ima- 
ginación tales cosas — habituales en otras circunstan- 
cias — como rezos colectivos, celebración solemne de 
festividades, libros de oración y conocimiento del hebreo. 
Estas manifestaciones religiosas no eran posibles bajo el 
dominio del Santo Oficio, como tampoco la circuncisión 
u otra muestra de pertenencia a la grey judía, porque 
conducían a una muerte casi segura. Y hombres dis- 
puestos a inmolarse en aras de una fe o de un ideal no 
abundan. Además, ante la eventualidad de tal holocaus- 
to, ninguna lógica ni ningún principio religioso bien 
pensado podían prescribir — como regla — la observan- 
cia sistemática de determinados ritos. 
Las victimas de la conversión forzosa de 1497 po- 
seían una normal instrucción religiosa. Las generaciones 
121 
subsiguientes vivían bajo el influjo y la acción inmedia- 
ta de esta rica herencia espiritual. En épocas posteriores, 
el criptojudío era iniciado en la fe de sus mayores cuan- 
do llegaba a cierto nivel mental, generalmente a la edad 
de los trece años — fecha de la mayoridad religiosa — 
cuando era varón, y aun antes cuando se trataba de una 
hembra. La revelación del secreto judío y la transmisión 
del legado religioso hebreo no era cosa fácil ni exenta de 
peligros. De manera que los padres tenían que reflexio- 
nar mucho antes de iniciar a sus hijos en los misterios 
de la religión de Israel. Y aunque fueron muy raras las 
delaciones con ese motivo, tales tragedias sucedieron, pe- 
ro no como consecuencia de delaciones espontáneas sino 
como efecto de la pesquisa inquisitorial después de la 
detención de los padres. 
Individualmente, o en el reducido círculo de los 
parientes iniciados, los criptojudíos solían cumplir aque- 
llos ritos o rezos que no despertaban la excesiva perspi- 
cacia de las gentes. En múltiples casos se daban por sa- 
tisfechos con orar en su fuero interno y con desatender 
algunos de los más característicos ritos católicos- Inten- 
taban también mantenerse fieles a la fe judía aun en los 
casos en que, aparentemente, cumplían con los ritos de 
la católica. Por ejemplo: en el confesonario pedían ab- 
solución sólo de los pecados cometidos según las reglas 
del Antiguo Testamento y no según las del Nuevo. 
Las leyes de la dietética judía las observaban, asi- 
mismo, en la medida en que creían no despertar exce- 
siva curiosidad de los vecinos. Pero, de todos modos, 
procuraban evitar — empleando mil subterfugios — los 
platos preparados a base de tocino, aunque no siempre 
esto fué posible. Ayunaban con una frecuencia que lla- 
ma la atención, por su posible nexo con el problema 
de la dieta ritual. 
Son dignas de admiración la ingeniosidad y la in- 
ventiva de los abnegados creyentes de la fe, inexorable- 
122 
mente perseguida en las colonias españolas. Pese a todo 
el control inquisitorial, y a todo el celo de la mojigate- 
ría, encontraban mil maneras de burlarlos. Pero es 
imposible establecer reglas en este particular, porque se 
trataba de actitudes individuales, adecuadas a cada una 
de las multifacéticas circunstancias concretas. 
De las oraciones judías, o de las que ellos tenían 
por tales, preferían — sin los aditamentos cristianos, na- 
turalmente — , los salmos de David. Su contenido poé- 
tico, su intensa y elevada fe, su ilimitada confianza en 
Dios y sus imprecaciones contra los enemigos del ver- 
dadero credo estaban muy cerca de los sentimientos que 
anidaban en sus corazones. En algunos casos, llegaron a 
obtener la versión católica y latina (Vulgata) del An- 
tiguo Testamento, cuya diferencia con la hebrea gene- 
ralmente ignoraban. Pero la mayoría de las veces se ser- 
vían de oraciones trasmitidas verbalmente de generación 
en generación. Procuraban, sin embargo, tener un ca- 
lendario de las festividades religiosas y. a veces, guar- 
daban en los lugares más recónditos algunos rezos par- 
ticularmente solemnes. 
Los criptojudíos estaban en condiciones de propor- • 
cionarse de algún modo una Biblia, ya que éstas no es- 
caseaban en las colonias. Les era imposible, en cambio, 
conseguir los comentarios postbíblicos de las Sagradas 
Escrituras, que alteraron las formas externas de más 
de un rito. De suerte que, aun algunos de los más ilus- 
tres de ellos — nos referimos nada menos que a Iosef 
Lumbroso — celebraban las fiestas al estilo bíblico. Por 
ejemplo, la pascua, Lumbroso, por nombre cristiano 
Luis de Carvajal, la festejó "comiendo pan cenceño, en 
pie, con báculo en la mano y ceñido el lomo". El mismo 
Iosef Lumbroso se arrodillaba durante las oraciones más 
solemnes o cuando pronunciaba el nombre de Dios, 
otra prueba de su desconocimiento de las modificacio- 
123 
nes en el ritual, que proscribía esa ceremonia, caracte- 
rística de los cristianos. 
Nos parece que de los casos referidos es lícito de- 
ducir que los criptojudíos basaban su conducta religio- 
sa principalmente en el texto del Antiguo Testamento. 
Con todo, es asombroso el conocimiento que algunos de 
ellos tenían — incluso Iosef Lumbroso — de los princi- 
pios del judaismo en sus más variados aspectos, y no 
siempre en su faz bíblica. Carvajal o Lumbroso llegó a 
saber los Trece Fundamentos de la fe codificados por 
uno de los más grandes teólogos del judaismo, Maimó- 
nides (1135-1204). La versión que él citó ante los in- 
quisidores no se ajusta estrictamente al original. Pero, 
por su valor histórico-religioso, la vamos a transcribir 
aquí: 
4 'El primero, creer que el Altísimo Adonaí es de ab- 
soluta y perfecta esencia, que todo lo ve, causa y prin- 
cipio de todo lo criado; el que juzga las obras y pensa- 
mientos y oye las oraciones de todos; increado, inmuta- 
ble, eterno, más hermoso que todo lo criado, el más cla- 
ro de conocer según su substancia, pero del todo des- 
conocido por su infinito ser; perfecto, beatísimo, prin- 
cipio, medio y término de todo, de quien todo depende 
en forma y grandeza inenarrable, todo lo criado, aun- 
que sea lo más precioso, ante él es como la nada; todas 
las ciencias y artes del mundo ante él son ignorancia, 
no podemos imaginar cosa que le iguale, es Santo, vemos 
sus obras, luz, cielos, tierra, sol, luna y estrellas, di- 
ferencia de animales y renuevo de frutos; todo esto hizo 
Dios, no con las manos ni trabajo, sino pareciéndole 
bueno, con su sólo fiat, y creer que de él mana la vir- 
tud de todas estas cosas. 
"El segundo, creer que es Dios uno. 
"El tercero, creer que no es corpóreo. 
124 
"El cuarto, creer que es el primero entre todas las 
cosas. 
"El quinto, creer que es digno y merecedor de todas 
las alabanzas y ninguno otro fuera do él. 
"El sexto, creer que hay afluencia divina en algu- 
nos hombres, y que hubo espíritu de profecía. 
"El séptimo, creer que el Santo Moisén fué nadie de 
todos los profetas y el más excelente de ellos. 
"El octavo, creer que nuestra Santísima Ley nunca 
será raída, quitada ni mudada, y que nunca jamás dará 
otra el Criador, ni será acrecentada ni disminuida, 
"El noveno, creer que nuestra Santísima Ley fué 
dada por Dios del cielo al Santo Moisén. 

"El décimo, creer que el Altísimo Dios conoce y juz- 
ga las obras de los hombres y tiene cuenta de ellas. 

"El onceno, creer que galardona a los que guardan 
su Ley y castiga a los que la traspasan 

"El duodécimo, creer en la venida del Rey Mesías, 
aunque se tarda. 

"El décimotercero, creer en la resurrección de los, 
muertos." 

La más notable víctima de la Inquisición america- 
na — su breve biografía figura en el capítulo v — , Eli 
Judío, por nombre cristiano Francisco Maldonado de Sil- 
va, no sólo era un fiel creyente de la religión judía hasta 
el último aliento de su vida, no sólo una persona ver- 
sada en las letras profanas y sacras, sino también un 
conocedor de las oraciones postbíblicas que él sabía en 
latín y rezaba diariamente como cualquier otro creyen- 
te israelita en condiciones normales. 

En resumen, aunque no pueden ser establecidas to- 
davía definitivamente las creencias marranas, ellas exis- 
tieron y, no obstante su parcial alejamiento del canon 



125 



ortodoxo, comprueban el extraordinario apego de los 
criptojudíos a la fe de Israel. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario