lunes, 16 de enero de 2017

EL JURAMENTO DE DOS HEROES- CASTELLANOS 1889

 EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
 Don Beltrán continuó diciendo: 
— Una vez en Granada, el judío, seguido de su es- 
clavo, presentóse en Torre-Bermeja, con el fin de 
ofrecer á Aben-Abo las novedades adquiridas en su 
viaje, y con objeto también de enterarle de cuanto 
había visto en tierra de cristianos, encargo que con 
gran interés le hizo el alcaide al emprender su ex- 
cursión. 
Cuando se presentó ante el noble padre de Alda- 
na, éste le dijo: 
— ¿Qué noticias me traes, Leví, y qué mercancías 
has comprado! 
— Señor, las noticias no son nada satisfactorias, 
pues se reducen á que los cristianos sitian ya á An- 
tequera. 
— Me lo presumía. 
— En cuanto á compras, sólo he adquirido en este 
viaje un joven esclavo que me encargó un mercader 
amigo, pero que me resulta con tan excelentes condi- 
ciones, que pienso reservarle para mi servicio. Es un 
esclavo que le considero como una verdadera alhaja. 
Estos elogios excitaron de tal manera la curiosi- 
dad del moro, que dijo al judío que deseaba ver á 
tan ponderado esclavo. 
260 EL JURAMENTO 
Leví condujo entonces á D. Tello ante el alcaide 
moro. 
El de Aguilar, con los brazos cruzados y en la ac- 
titud más humilde, se inclinó profundamente ante 
Aben-Abo. 
A éste agradóle mucho la presencia del mancebo, 
y después de interrogarle si tenía conocimientos en 
agricultura, como el joven le afirmara que sí, se le 
compró al judío, diciéndole después. 
— Desde hoy te encargarás del arreglo y cuidado 
de mis jardines. Mi hija es muy apasionada por las 
flores, y es preciso que te esmeres, á fin de que se 
halle contenta de tu habilidad. 
— Haré, señor, cuanto esté en mi mano por agra- 
daros y por complacer á vuestra noble hija. 
El alcaide hizo seña al esclavo para que le si- 
guiera. 
La admiración de D. Tello no tuvo límites, cuan- 
do vio que su nuevo señor le introdujo en la habita- 
ción de su hija. 
Aldana encontrábase reclinada sobre un grupo de 
almohadones, vestida de una manera sencilla, pero 
encantadora. 
Por debajo del turbante que ceñía sus sienes, y 
cuyo velo estaba echado á la espalda, escapábanse 
abundantes bucles de sus negros cabellos, que se re- 
partían en ondas alrededor de su torneado cuello. 
Apenas vio aparecer á su padre, intentó levantar- 
se; pero éste se lo impidió, y, después de besarla en 
la frente, la dijo: 
DE DOS HÉROES. 261 
— Hija mía, vengo á presentarte un esclavo que 
acabo de comprar al judío Leví. Es, según me ase- 
guró el mercader, muy inteligente en agricultura, y 
me he decidido á encargarle del arreglo de nuestro 
jardín. ¿Te parece bien esta disposición mía? 
Mientras el alcaide pronunciaba estas palabras, los 
negros y rasgados ojos de su hija se habían ya en- 
contrado con los del cautivo, que, absortos y radian- 
tes de placer, la habían deslumbrado. 
El corazón de Aldana había sentido un efecto, que 
en aquel momento atribuyó á compasión, pero que 
hacía latir su pecho de una manera hasta entonces 
desconocida. 
— Me parece muy bien, padre mío, lo que habéis 
dispuesto. 

En seguida Aben-Abo volvió á imprimir un beso 
paternal en la frente de su hija, y salió de la estancia 
acompañado del esclavo, á quien hizo desde aquel 
momento encargarse del jardín. 
Don Tello encontrábase como deslumhrado; su 
corazón parecía no cogerle en el pecho, y su pulso 
latía con la violencia de la fiebre. 
La hermosura de Aldana le parecía mucho más 
esplendorosa que se la pintó su fantasía. 
Su pasión por la doncella se agigantó de tal mane- 
ra, que rayó en delirio. 
— Sabiendo que podía agradarla cuidando con es- 
mero el jardín, se puso á recorrerle en aquel momen- 
to, estudiando las mejoras que podían introducirse 
en él. 
262 EL JURAMENTO 
Mientras hacía esto, observó que muchas de las 
habitaciones de la casa de su señor daban hacia aque- 
lla parte, sospechando que las de su adorada caerían 
también á aquel sitio. 
Esta presunción impulsábale de continuo á fijar 
sus miradas en las celosías, por ver si lograba distin- 
guir en alguna de ellas á la hermosa joven. 
 Esto no fué obstáculo, sin embargo, para hacerle 
desatender su obligación; de tal manera, que en muy 
pocos días el jardín se encontró completamente trans- 
formado. 
Aldana, que sin saber cómo explicárselo sentía 
cada vez más interés por el jardinero, tomó pretexto 
del encantador aspecto que el jardín ofrecía, y aun- 
que acompañada por una aya anciana á cuyo cuida- 
do la tenía encomendada su padre, bajaba todas las 
tardes á pasear por aquel ameno sitio. 
Don Tello sentíase lleno de una gran esperanza al 
ver la amabilidad y la benevolencia con que le trata- 
ba la hermosa hija de su noble amo. 
Todas las tardes la ofrecía ramos formados con 
las flores más raras y más hermosas. 
Así pasó algún tiempo, hasta que el hebreo Leví, 
que no había olvidado al joven caballero, tuvo una 
ocasión de hablar con Aldana, y la descubrió la ver- 
dadera condición del mancebo y el amor inmenso 
que por ella sentía. 
La noble joven, á quien el esclavo le era simpáti- 
co, al conocer su calidad y abnegación, se decidió á 
corresponderle. 
DE DOS HÉROES. 263 
Un mes más tarde, la hermosa hija del alcaide de 
Torre-Bermeja y D. Tello de Aguilar se habían de- 
clarado su pasión, y se amaban con uno de esos 
amores que no se extinguen ni en la tumba. 
Durante algún tiempo, los dos enamorados, ob- 
servando las mayores precauciones, se veían y ha- 
blaban todas las noches, cuando los moradores de la 
casa se entregaban al descanso. 
De esta manera su pasión se agigantó hasta tal 
punto, que les hubiera sido imposible dejar de que- 
rerse. 


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