jueves, 26 de enero de 2017

JULIO POPPER, SEÑOR DE TIERRA DEL FUEGO -JUDIOS EN AMERICA

 -JUDIOS EN AMERICA
PABLO SCHAVARTZMAN
BUENOS AIRES
ARGENTINA
1963 
 
JULIO POPPER, SEÑOR DE TIERRA DEL FUEGO 

. . .Popper, con todos sus defectos, que los 
tenía grandes, era el hombre para estas 
tierras, el llamado a hacerlas progresar. 
Roberto J. Payró 

POPPER 

Ingeniero, explorador, minero, geógrafo, militar, polí- 
gloto, geólogo, periodista, cartógrafo, talentoso escritor, 
trabajador incansable; la extraordinaria personalidad del 
ingeniero judío-rumano Julio Popper dejó, en su meteó- 
rico paso por nuestro país a fines del siglo pasado, la 
huella inconfundible de su vigorosa personalidad, que aún 
hoy es motivo de polémicas. 

Por poco que nos adentremos en la historia de Tierra 
del Fuego, nos encontraremos con este extraordinario per- 
sonaje. Si estudiamos la numismática argentina, lo mismo 
que la filatelia, encontraremos que las piezas quizá más 
curiosas e interesantes de ambas disciplinas son las "mo- 
nedas y estampillas de Popper". 

Si estudiamos los orígenes del telégrafo fueguino, en- 
contraremos que el primer proyecto para el tendido de 
una línea al lejano sur fue obra de Popper. Si buscamos 
los orígenes de la seguridad en la difícil navegación por 
el Estrecho de Magallanes, hallaremos los proyectos de 
Popper. Si indagamos sobre los primeros proyectos de 
expediciones a las tierras polares argentinas, toparemos 
con Julio Popper. 

¿Quién fue este dinámico y extraordinario personaje? 

Quizá el primero en señalar entre nosotros el origen 
judío de Julio Popper haya sido el investigador Boleslao 
Lewin. 

Julio Popper nació en Bucarest en 1857. 

"Sus primeros desencuentros con el medio ambiente, 
de tanta gravitación en su destino futuro los tuvo, proba- 
blemente — dice Boleslao Lewin — en el seno de su propia 
familia." 
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Su padre, de nombre Neftalí, cuyo sepulcro ocupa un 
lugar prominente en el cementrio judío de Bucarest, fue 
librero en la capital rumana, maestro hebreo y judío ob- 
servante, "lo que quizá pudo haber ocasionado conflictos 
con el hijo, de una naturaleza poco inclinada a seguir los 
senderos comunes". La madre ejerció aparentemente po- 
ca influencia en la formación de Julio. 

Muy temprano abandonó la casa paterna. Estudió in- 
geniería, primero en Viena y luego en París. Empujado 
por una insaciable sed de aventuras y por una extraordi- 
naria curiosidad científica, el joven ingeniero se dirigió 
al Extremo Oriente. Estuvo en Japón, luego en China y 
en la India. Se radicó después en los Estados Unidos, 
donde efectuó importantes trabajos técnicos. Fue luego 
a Méjico y finalmente a Cuba. Trabajó en las obras sani- 
tarias de La Habana y se dice que fue el autor del primer 
sistema cloacal de la capital cubana. También en estos 
tres últimos países — Estados Unidos, Méjico y Cuba — 
desarrolló al parecer actividades mineras de importancia. 
Varios autores afirman que dadas las innegables condicio- 
nes de mando que luego demostró entre nosotros, debió 
haber pasado por algún ejército europeo como oficial en 
algún regimiento o instituto castrense, o por lo menos ha- 
ciendo un prolongado servicio militar, y hasta se ha lle- 
gado a afirmar que era coronel retirado. Y eso que cuando 
llegó a la República Argentina no tenía aún 29 años. 

El inquieto espíritu de Julio Popper no podía darse 
por satisfecho con ocupaciones que para él resultaban de- 
masiado fáciles y así, al llegar a sus oídos las noticias sobre 
el descubrimiento de oro en el extremo sur argentino, 
decidió venir a nuestro país. Llegó a Buenos Aires a fines 
de 1885 cuando — como se decía — no había cumplido aún 
los 29 años. 
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0RO 
Aunque la existencia de oro en el sur argentino era 
conocida desde el año 1876, recién en 1885 a raíz del re- 
greso del transporte nacional "Villarino" 0) el público de 
Buenos Aires tuvo conocimiento de la importancia del 
descubrimiento en el Cabo Vírgenes y con ese motivo se 
produjo en la capital un revuelo extraordinario. Los dia- 
rios porteños publicaban extensas notas sobre el hallazgo 
de grandes cantidades del precioso metal y el entusiasmo 
era desbordante. Solamente de oro se hablaba y se pensaba 
en fantásticas aventuras. Todo el mundo pensó en la ma- 
ravillosa oportunidad que se presentaba para hacer for- 
tuna rápida y fácilmente. 

"Cuanto aventurero arribó a este puerto del Plata 
— escoria de las costas dálmatas, portuguesas y levanti- 
nas — buscó la manera de llegar a ese paredón de la lejana 
costa, especie de acantilado que cada vez que lo abría y 
desmenuzaba el oleaje de algún temporal, dejaba al des- 
cubierto partículas, escamas y pepas de oro de buena 
ley" ( 2 ). 

1 El Transporte "Villarino" formaba parte de la "División Ex- 
pedicionaria al Atlántico Sud" que el gobierno argentino, des- 
pués del tratado suscripto con el gobierno de Chile en 1881, des- 
pachó al lejano sur a fin de explorar los canales del archipiélago 
fueguino, construir faros e instalar subprefecturas que represen- 
taran la autoridad argentina en esas remotas regiones. 

2 ARMANDO BRAUN MENENDEZ: "Pequeña historia fue- 
guina", Buenos Aires 1959. 

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Ese entusiasmo, esa locura, no fueron un mal que 
aquejó únicamente a los aventureros de baja extracción. 
Acaudalados hombres de negocios, rentistas, profesionales, 
corredores de bolsa, gente adinerada, todos se sintieron 
atacados por la misma fiebre, viendo en el hallazgo una 
inmejorable oportunidad lucrativa. Y así comenzaron a sur- 
gir sociedades, se constituyeron compañías, se emitieron 
acciones, se gestionaron concesiones para la explotación 
aurífera en aquellas lejanas costas. 

Pero todas esas empresas, constituidas a la ligera con 
más de entusiasmo que de practicismo, tuvieron forzosa- 
mente que fracasar. No había entonces en el país profe- 
sionales en minería. Se carecía del asesoramiento técnico 
y del personal especializado necesarios. La República Ar- 
gentina era entonces un país esencialmente ganadero y 
por otra parte el ambiente económico-financiero de Bue- 
nos Aires no se hallaba aún preparado para esto. No había 
maquinarias ni herramientas para iniciar explotaciones 
en gran escala. 

Estas fueron las causas por las cuales la mayoría de 
esas empresas mineras, formadas con tanta precipitación, 
tuvieron que desistir de sus entusiastas propósitos y disol- 
verse sin ver realizados sus sueños. 

"Sólo una de ellas —dice Juan Angel Fariní— tuvo, 
empero, la suerte de hallar al hombre que se necesitaba. 
Este fue don Julio Popper" ( 3 ). 

Era el hombre "que decía conocer a fondo todos los 
misteriosos valores que encierran el subsuelo, los pláceres, 
los estratos, los aluviones, las vetas y la arenisca... ( 4 )." 

8 JUAN ANGEL FARINI: "La moneda de Tierra del Fuego", 
Buenos Aires 1954. 

* ARMANDO BRAUN MENENDEZ: Obra citada. 

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 La más importante empresa minera constituida para 
extraer oro en el sur envió a Popper a Cabo Vírgenes en 
los primeros meses de 1886. 

En el paraje denominado Zanja a Pique se encontró 
el joven ingeniero con multitud de hombres de todas las 
razas y todas las edades, que habían colmado el lugar y 
se debatían semidesilusionados en un mar de dificultades. 

Inmediatamente se dio cuenta de que nada lucrativo 
podía esperarse en Cabo Vírgenes y como era un avezado 
conocedor vislumbró bien pronto la posibilidad de que los 
aluviones auríferos y los acantilados no fueran un pri- 
vilegio exclusivo de esas costas. 

Desde la orilla norte del estrecho, Popper podía divi- 
sar — según sus propias palabras — "la alta planicie que, 
sombría y monótona, forma el extremo norte de la Tierra 
del Fuego". 

Acertadamente pensó que en toda la costa del litoral 
fueguino, de estructura geológica semejante a la de Cabo 
Vírgenes, debían existir también grandes cantidades de 
oro. 

De ahí que regresa a Buenos Aires con esa certidum- 
bre y se aboca de inmediato — y más aún por su gran 
curiosidad científica — a la tarea de organizar una expe- 
dición con miras a explorar Tierra del Fuego. 

EL EXPLORADOR 

En 1881 recién se había firmado el tratado de límites 
argentino-chileno por el cual se dividía Tierra del Fuego 
en dos partes más o menos iguales, pero su interior per- 
manecía aún totalmente desconocido. 

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"Era todavía — dice Armando Braun Menéndez — la 
'tierra ignota' de las antiguas cartas." 
 
Fue la expedición de Popper la que descorrió defini- 
tivamente el velo de leyenda y misterio que cubría el 
territorio fueguino. 

Gracias al apoyo moral y pecuniario del Dr. Joaquín 
María Cullen, la expedición Popper contó con los elemen- 
tos indispensables para esta clase de trabajos: instrumen- 
tal científico, máquinas fotográficas, abastecimientos, ca- 
ballos y mulas, armas, etc. 

Era la primera vez que se llevaría a cabo un viaje 
de exploración en la extensa isla y dado que debían reco- 
rrerse grandes zonas totalmente desconocidas y segura- 
mente no exentas de peligros, Popper obtuvo de los Minis- 
terios de Guerra y del Interior una autorización especial 
por la que se le permitía llevar hombres armados en la 
expedición. 

Como jefe, no debe extrañar que Popper tomara toda 
clase de precauciones y hasta quizá se excediera en sus 
facultades — como se ha opinado frecuentemente — ya que 
formó e instruyó militarmente a un grupo de dieciocho 
hombres rigurosamente seleccionados, dotándolos de mo- 
dernas carabinas Winchester y equipándolos con unifor- 
mes militares de tipo europeo, "dispuestos todos — como 
dice el mismo Popper — a no retroceder ante ninguna di- 
ficultad" ( 5 ). 

El 7 de Septiembre de 1886 salieron para Montevideo, 
donde tomaron un barco inglés de la carrera al Pacífico 

5 Dice Armando Braun Menéndez: "Y como nota espectacu- 
lar, una quincena de individuos, vestidos de uniforme cuyo corte 
se aproximaba al de uso en el ejército húngaro, tocados con gorra 
cilindrica cubierta de piel, y armados de sendas carabinas..." 

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llegando a punta Arenas tras pocos días de navegación. Aquí 
estuvieron solamente el tiempo necesario para poder lle- 
var hombres y equipo a través del estrecho hasta la Bahía 
Porvenir. 

Desde la Bahía Porvenir la expedición se internó en 
la isla, a la que cruzó en varias direcciones hasta alcanzar 
el Océano Atlántico. 

La expedición duró más de cuatro meses. En su 
exploración, Popper y sus hombres vadearon ríos, escala- 
ron montañas, cruzaron bosques interminables. Popper 
llegó a regiones jamás vistas por el hombre civilizado y 
realizó importantísimas investigaciones desde el punto de 
vista científico. Se detuvo especialmente en el estudio de 
la formación geológica, clima, variaciones barométricas, 
etnología, mineralogía, etc. 

La expedición encontró en muchas ocasiones a grupos 
de indios que demostraban actitudes hostiles. En esas 
oportunidades, Popper demostró sus condiciones de estra- 
tega y la disciplina de su milicia que en posición de com- 
bate dispersaba rápidamente a los aborígenes. 

A principios de 1887 Popper regresa a Buenos Aires, 
satisfecho de los resultados obtenidos por la expedición. 
El joven ingeniero, que venía de explorar desconocidas 
regiones, pasó — dice Juan Angel Fariní — a "revistar en- 
tre las figuras prestigiosas de la época". 

COMPAÑIA LAVADEROS DE ORO DEL SUD 

El 4 de Marzo Popper solicitó el salón del Instituto 
Geográfico Argentino, "que contaba entre sus miembros 
a lo más granado de la Nación" ( 6 ) , y al día siguiente, ante 

« ARMANDO BRAUN MENENDEZ: Obra citada. 

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una numerosa y selecta concurrencia, el explorador — que 
fue presentado por el ingeniero Luis A. Huergo — relató 
sus viajes y exploraciones, destacando especialmente el 
porvenir de la economía fueguina y refiriéndose con extra- 
ordinaria visión de futuro a la cría y desarrollo del ganado 
lanar en la región. 

En la oportunidad exhibió Popper detallados mapas 
confeccionados por él mismo, numerosas fotografías, ar- 
mas y utensilios de los indios fueguinos, muestras de diver- 
sos minerales — especialmente de arenas auríferas — , todo 
lo cual influyó notablemente sobre la concurrencia para 
la suscripción de acciones de la flamante "Compañía Lava- 
deros de Oro del Sud". 

Fue así como el ingeniero Popper se vio obligado a 
dejar de lado su apasionado interés por las exploraciones 
estrictamente centíficas, para convertirse en industrial. 


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