viernes, 27 de enero de 2017

JULIO POPPER-SEÑOR DE TIERRA DEL FUEGO-

 JUDIOS EN AMERICA
PABLO SCHVARTZMAN
BUENOS AIRES ARGENTINA
1963 
Fue así como el ingeniero Popper se vio obligado a 
dejar de lado su apasionado interés por las exploraciones 
estrictamente centíficas, para convertirse en industrial. 
Ya habían fracasado otros intentos para instalar un 
establecimiento de explotación aurífera en Tierra del Fue- 
go, en las proximidades de la Bahía San Sebastián, y nadie 
mejor que Popper — primer explorador del territorio fue- 
guino — para iniciar con éxito una nueva tentativa en 
gran escala. 
La Compañía Lavaderos de Oro del Sud, constituida 
por prestigiosas figuras de la sociedad porteña como Ber- 
nardo de Irigoyen, Carlos Lumb, José María Ramos Mejía, 
Joaquín M. Cullen, Tomás A. Le Bretón, Alfonzo Ayerza, 
Emilio Lamarca y otros, lo designa director técnico de la 
empresa y en tal carácter regresa Popper a Tierra del 
Fuego para montar al norte de la Bahía San Sebastián, en 
un paraje solitario de la costa de aspecto triste y desolado 
al que por ello denomina "El Páramo", un lavadero de oro 
en gran escala. 
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"Nada faltó — dice Braun Menéndez — : cómodo edifi- 
cio para contener al personal administrativo", realzado con 
una torre "que mira — y estas son palabras del mismo Pop- 
per — con sus troneras a los cuatro puntos cardinales", 
una amplia casa con cabida para ochenta camas, destinada 
a alojar numeroso personal, cocina, almacenes, depósitos, 
etcétera. 
El lavadero propiamente dicho contaba con los elemen- 
tos necesarios para rendir sus frutos: galpones, talleres, 
fraguas, dos motores a vapor y bomba centrífuga comuni- 
cada directamente con el mar mediante un túnel perfo- 
rado a siete metros bajo el nivel de la marea creciente, 
con la que se extraía el agua hasta un gran tanque ele- 
vado, que servía — constantemente renovada — para el la- 
vado de las arenas auríferas. 
Lo más interesante es que la operación de lavado de 
las arenas para la extracción del oro se realizaba por 
medio de cuatro aparatos inventados por el mismo Popper 
y que él llamaba "cosechadoras de oro" ( 7 ). 
Las extraordinarias dotes de organizador de Popper y 
su capacidad pronto comenzaron a rendir sus frutos: el 
lavadero comenzó a producir diariamente medio kilogra- 
mo de oro. 
La fama del lavadero y su elevada producción empe- 
zaron a cundir rápidamente y comenzaron a llegar a las 
7 Dice Juan Angel Fariní en "La moneda de Tierra del Fue- 
go": "Cuenta Popper que más adelante la extracción del oro se 
efectuaba eficaz y exclusivamente por medio de un aparato eléc- 
trico y de amalgamación, máquina transportable que había in- 
ventado y cuya patente de invención argentina acababa de ser 
revalidada en todos los países mineros y adoptada provechosa- 
mente en varias minas extranjeras". 
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cercanías de El Páramo buscadores de oro y aventureros 
de toda calaña. Comenzó especialmente a incursionar en 
la zona gente de Punta Arenas, población que entonces 
contaría con unos dos mil habitantes. Esto dio lugar a 
muchos incidentes. 
A los inconvenientes de toda índole que había que 
vencer se sumó la actitud del personal del lavadero que 
en vista de la impunidad de que gozaban los intrusos em- 
pezaron a mostrarse desconformes y amenazaban con de- 
jar el trabajo en la compañía para establecerse por cuenta 
propia. 
Los indios, por su parte, también provocaban serias 
dificultades, especialmente dando muerte a caballos y bue- 
yes de la compañía. 
Toda la voluntad y la fuerza de carácter de Popper 
no bastaban para remediar este estado de cosas y en uno 
de sus frecuentes viajes a Buenos Aires gestiona la pro- 
tección del gobierno nacional, consiguiendo la creación 
— mediante un decreto que lleva fecha 20 de Abril de 
1888 — de una comisaría en la Bahía de San Sebastián, con 
jurisdicción desde Cabo Espíritu Santo hasta el actual 
Río Grande, la que se ponía al mando de un hermano 
menor de Popper, Máximo, con una dotación de doce 
gendarmes. 
Máximo Popper, nacido en Bucarest en 1868, acom- 
pañó a su hermano en "sus tan quijotescas como rudas 
aventuras argentinas" — dice Boleslao Lewin — pero al 
poco tiempo fue víctima del riguroso clima fueguino. Fa- 
]leció de tuberculosis pulmonar en Agosto de 1891, a los 
23 años. 
Mientras se constituía la comisaría y antes de llegar 
los gendarmes, los encargados del lavadero junto con los 
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obreros y empleados aprovecharon la ausencia de Popper 
y abandonaron el campamento llevándose en un cúter 
casi veinticinco kilogramos de oro. Pero Popper ya regre- 
saba en un barco de la armada chilena y persiguió a los 
desertores reduciéndolos rápidamente. 
Restablecida la autoridad de Popper en el campamen- 
to, acrecentóse su prestigio y pronto las labores fueron 
reanudadas con ímpetu. La explotación se comenzó a ex- 
tender hacia el norte y hacia el sur y Popper comenzó 
entonces nuevamente a dedicarse a la actividad que más 
le atraía: la exploración. Adquirió un barco apropiado 
y con él recorrió el estrecho Le Maire, la Bahía Aguirre 
y visitó numerosas islas, explorando y practicando rele- 
vamientos. 
Cada vez que regresaba a El Páramo, Popper se en- 
contraba con sorpresas desagradables. Los aventureros 
seguían invadiendo la jurisdicción de la compañía y ya 
tenían atemorizado a su personal. Tuvieron lugar nume- 
rosos encuentros armados con los invasores, que sin em- 
bargo volvían una y otra vez dispuestos a tomar venganza. 
A todo esto el comisario de San Sebastián, Máximo 
Popper, se hallaba enfermo y los gendarmes habían deser- 
tado. Pero Julio Popper — como dice Braun Menéndez — 
"tenía reservas inagotables de valor, astucia y energía". 
A principios de 1889 ya quedaba definitivamente dueño 
de la situación. 
En "Pequeña historia fueguina", Braun Menéndez re- 
fiere el pintoresco episodio que Popper mismo denominó 
"La batalla del Arroyo Beta" y que demuestra su ingenio 
y sus extraordinarias dotes de estratega. 
Un grupo de invasores se había atrincherado detrás 
de unos parapetos y mientras algunos de ellos montaban 
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guardia, otros se dedicaban al lavado de las arenas en te- 
rritorio de la compañía. De pronto, en lo alto de una 
cañada que dominaba el campo, apareció un grupo de 
ocho hombres uniformados, a caballo. Los invasores los 
recibieron a tiros, pero la milicia de Popper no contestó 
3a agresión y mientras cinco soldados permanecían frente 
a la posición enemiga, los tres restantes — y uno de ellos 
era el mismo Popper — pasaron en furiosa acometida a 
retaguardia de los invasores, se apoderaron de todos sus 
caballos y los arrearon hasta El Páramo. Los invasores 
quedaron "desmontados, mohínos y enfurecidos". 
"¿Y los cinco soldados de la reserva? — escribe Braun 
Menéndez — pues bien: esos cinco soldados, ¡no eran tales!" 
Se trataba solamente de espantajos, que el ingenio de 
Popper ayudado de "algunas gorras y uniformes rellena- 
dos de paja y de unos palos que simulaban carabinas, 
trocó a la distancia en temibles soldados". 
Y lo mejor de todo es que esto surtió efectos inespe- 
rados, pues en adelante la guardia de El Páramo se hizo 
con un sólo soldado que llevaba del cabestro a varios caba- 
llos "montados por estos maniquíes espantazonzos" que 
ocasionaban el mismo efecto que el de una nutrida patru- 
lla, "con más la economía del personal del estableci- 
miento". 
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MONEDAS Y ESTAMPILLAS FUEGUINAS 
El nombre de Julio Popper, que aún hoy corre de 
boca en boca entre los pobladores del lejano sur, era pro- 
nunciado a fines del siglo XIX con una mezcla de asombro 
y espanto por los aventureros y buscadores de oro que in- 
dudablemente exageraron la actuación del "dictador" Pop- 
per y su milicia, hasta hacer tomar visos de leyenda a las 
actividades del joven ingeniero. 
Es indudable que muchas de sus iniciativas fueron 
dictadas por la imperiosa necesidad y así la emisión de 
estampillas postales propias y la acuñación de moneda se 
han prestado y se prestan todavía a polémicas más o me- 
nos apasionadas y a comentarios y opiniones muchas veces 
poco favorables a Popper. 
No hay que olvidar que en la época y en la zona en 
que actuó Popper no había estafetas postales ni personal 
alguno encargado de cobrar franqueo ni de despachar co- 
rrespondencia. Todo esto debía hacerlo el concesionario 
de la zona y Popper, indudablemente impulsado por la 
necesidad y quizá también — como dice Braun Menén- 
dez — "por su modalidad y con una segunda intención de 
propaganda de la empresa minera", se tomó la libertad 
de crear su sistema postal propio, haciendo imprimir las 
estampillas con la inscripción" Tierra del Fuego" y la ini- 
cial de su apellido: P., si bien es cierto que ostentaban 
claramente la palabra "local". De estas estampillas, que 
tenían un valor de diez centavos, quedan muy pocos ejem- 
plares: Braun Menéndez dice en "Pequeña historia fue- 
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guiña" que conserva una y Rolando A. Riviere ( 8 ) señala 
que existen cuatro ejemplares "en poder de doña Bertha 
Bridges, hermana del autor de 'El último confín de la 
tierra', que vive actualmente en la estancia Viamonte al 
norte de Tierra del Fuego". 
Lo mismo sucedió con la moneda. El papel moneda 
era muy escaso en Tierra del Fuego. No existían casas de 
comercio ni bancos de ninguna especie y por exigencias 
del personal, que no confiaba en la moneda usual por las 
constantes fluctuaciones de la misma, todas las transac- 
ciones debían hacerse con pepitas y gramos de oro en 
polvo. 
Frente a estas dificultades, Popper se vio obligado a 
solucionar la situación por sus propios medios. En uno de 
los galpones de la compañía improvisó y adaptó maqui- 
narias, labró punzones, abrió troqueles y "mediante dichos 
elementos tan precarios, siguiendo los impulsos de su vo- 
lundad inquebrantable y de su temperamento, se batieron 
al amparo de la Ley" ( 9 ) las primeras monedas de uno y 
cinco gramos, acuñadas con el oro puro de los confines 
del territorio argentino. 
"Es sabido que muchas empresas minerales, forestales 
o ganaderas, alejadas de los centros civilizados — dice Braun 
Menéndez — abonaban los jornales y sueldos con vales, fi- 
chas o cartones. ¡Popper, él, pagaba con oro contante y 
sonante!" 
Así como son pocas las piezas que se conservan de 
esta serie tan curiosa e interesante de la numismática ar- 

s ROLANDO A. RIVIERE: "Por la ruta de Roberto J. Payró. 
XI. Ante un Páramo Dorado", artículo en el diario "La Nación", 
Buenos Aires, 26 de Enero de 1958. 
■ JUAN ANGEL FARINI: Obra citada. 
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gentina, también es escasa la documentación que podría 
haber arrojado alguna luz — especialmente para los aman- 
tes de esa ciencia — sobre la técnica empleada en la impro- 
visada "casa de moneda" de El Páramo, como asimismo de 
la cantidad de metal amonedado. 
No obstante, se conserva en el archivo del Museo Mi- 
tre de la Capital Federal una carta autógrafa de Popper 
dirigida a don Bartolomé Mitre y Vedia, hijo del general, 
con fecha 9 de Julio de 1892, en la cual el explorador — es- 
tando ese día patrio en Buenos Aires — le ofrece una serie 
de las citadas monedas para la colección del Gral. Mitre. 
Dicha carta, que es prácticamente la historia resumi- 
da de las monedas fueguinas, dice así: 

"Buenos Aires, Julio 9 de 1892. 
Señor Bartolomé Mitre y Vedia. 
Distinguido señor y amigo: 
 Distinguido señor y amigo: 
La falta de comunicaciones regulares entre Tierra 
del Fuego y la capital de la República y también las cons- 
tantes fluctuaciones del papel moneda han sido motivo 
para que las transacciones comerciales en aquel territorio 
se hagan en "gramo de oro" y la necesidad de evitar los 
inconvenientes que surgen del manejo de polvo y pepitas 
de este metal, dio lugar a la acuñación de monedas de uno 
y cinco gramos cuya colección tengo el gusto de remitirle. 
Las monedas A y B son de la primera acuñación ya 
agotada. Su poco esmerada ejecución se explica de la 
circunstancia que desde el cuño, el grabado, la laminación 
y acuñación, hasta las mismas herramientas necesarias para 
cada una de las operaciones, han sido hechas en El Páramo, 
por el que suscribe y en un período en que carecía de los 
elementos más indispensables a semejante clase de tra- 
bajos. 
Las C y D salen de la Casa de Moneda de esta Capital. 
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acuñadas como las precedentes con el oro natural y sin 
liga de Tierra del Fuego. Emisión diez mil gramos, Ley oro 
864, plata 132. 
De la moneda E sólo han existido seis ejemplares 
porque a la sexta impresión se destrozó el cuño en la 
parte que lleva el emblema. 
Esperando que estos especímenes de la modesta nu- 
mismática fueguina encuentren acogida en la colección 
de su ilustre señor padre, lo saluda muy atentamente su 
amigo y S. S. (Fdo.) Julio Popper". 
 

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