lunes, 16 de enero de 2017

PASION DE AMOR- JURAMENTO DE DOS HEROES

  JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
MADRID
ESPAÑA 
1889
 Conforme trazaba el judío el cuadro de las perfec- 
ciones de la mora, cada uno de los jóvenes formábase 
su juicio, preparándose á abrumar al mercader con 
sus preguntas. 
Pero éste, pretextando sus muchas ocupaciones, 
así que acabó de hablar se despidió, dejándolos en- 
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tusiasmados con la apasionada descripción que hizo 
de la hermosura de la joven hija del alcaide moro. 
La mayor parte de los jóvenes juzgaron aquella 
pintura exagerada. 
Pero D. Tello de Aguilar sintió al oiría una emo- 
ción que jamás había experimentado. 
Algo taciturno se despidió de sus compañeros, que 
atribuyeron su silencio á su indiferencia para con 
las mujeres. 
Apenas llegó el joven á su casa encerróse en su ha- 
bitación y, pensando en la belleza de la hermosa 
mora, su corazón y su cabeza fueron vulcanizándose 
de una manera tal, que cuando quiso volver en sí le 
fué imposible. 
Un sentimiento para él hasta entonces desconoci- 
do le ofuscaba de una manera completa. 
La imagen de aquella hermosa mujer, á quien no 
conocía más que por el relato del hebreo, se había 
grabado con una insistencia tan grande en su mente, 
que le era imposible de todo punto desecharla. 
Pasó la noche en una inquietud congojosa, y así 
que amaneció hizo que buscasen ai judío y le dije- 
ran que necesitaba verle para un asunto de impor- 
tancia. 
Leví, pensando que la llamada tendría por objeto 
algún asunto comercial, se apresuró á acudir á la 
casa del joven; pero su extrañeza fué grande cuando 
oyó que D. Tello le decía: 
— Te he llamado para un negocio del cual depen- 
den mi tranquilidad y mi vida. Necesito saber si 
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la pintura que ayer tarde hiciste de la hija del al- 
caide de Torre-Bermeja es exacta, ó la has exage- 
rado. 
— Señor, no sólo no hay nada de ponderación, sino 
que me quedé muy corto al describir su belleza. En 
ella parece que el Creador ha hecho alarde prodigán- 
dola sus gracias sin límites y que la naturaleza se ha 
empeñado en acumular perfecciones en aquel her- 
moso cuerpo. En una palabra, señor, es necesario 
ver á Aldana para formarse una idea completa de su 
espléndida hermosura. 
— No digas más, porque cada palabra tuya es un 
nuevo estímulo para mi alma. Mi amor y mi impa- 
ciencia crecen y es indispensable que yo vea á esa 
mora y que yo la declare la pasión inmensa que 
siento por ella. 
— Qué decís, señor, repuso el hebreo asustado. 
— Digo que amo á esa mujer con toda la fuerza de 
mi alma y que necesito que me proporciones la ma- 
nera de llegar hasta ella. 
— No creí que vuestras preguntas pudieran tener 
un objeto tan extraño, pero tranquilizaos y reflexio- 
nad que lo que deseáis es de todo punto imposible. 
La menor tentativa para lograr lo que acabáis de 
decirme nos costaría la vida. Los más nobles y los 
más distinguidos musulmanes de Granada ansian 
ver la hermosura de esa joven, y no se han atrevido 
á intentarlo viviendo en la misma ciudad, siendo de 
su misma religión y teniendo muchos de ellos rela- 
ciones de amistad con su padre. Siendo éstos así, 
256 EL JURAMENTO 
figuraos si con vuestras condiciones ibais á lograr lo 
que no han conseguido ellos. 
Don Tello fijó sus ojos en el rostro del israelita, y 
con acento vehemente le dijo: 
— Tú no sabes lo que es amar, porque de lo con- 
trario, comprenderías que estoy dispuesto á todo an- 
tes que á renunciar á mi objeto. Si es necesario expo- 
nerse á morir, me expondré; por lo tanto, puedes 
imaginarte que no deseo que me exageres los riesgos 
que debo correr, sino que me proporciones los me- 
dios de llegar hasta esa hermosa doncella, á quien sin 
conocer adoro con toda mi alma. Si por ayudarme 
quieres oro, te daré tanto, que será bastante á saciar 
tu avaricia. 
— Ni por todo el oro del mundo tomaré yo parte 
en esa empresa. 
— ¿Por qué? 
— Porque la considero completamente imposible. 
— Miserable; ¿entonces por qué has hecho delante 
de mí la pintura de esa mujer, que ha abrasado mi 
alma robándome la tranquilidad de mi vida? Has en- 
cendido en mi pecho un fuego inextinguible ¿y ahora 
me abandonas? ¡Oh! No será así. O te comprometes 
á conducirme á la presencia de ese ángel, ó juro por 
Dios vivo que no has de salir con vida de esta es- 
tancia. 
— Pero D. Tello.. .—repuso el hebreo asustado ante 
la exaltación del mancebo. 
— Es inútil que te molestes en hacerme ruegos va- 
nos; estoy decidido á que me prometas solemnemen- 
DE DOS HÉROES. 257 
te ayudarme en mi empresa ó á arrancarte la vida: 
elige, pues. 
El judío, en aquel terrible aprieto, no sabía qué 
partido tomar. 
Por fin, lo apurado de la situación le inspiró un 
pensamiento, que expuso al joven en estos términos: 
— Para conseguir lo que deseáis, no se me alcanza 
más que dos medios tan difíciles, que casi me atrevo 
á calificarlos de imposibles. 
— Dilos sin tardar. , 
— Uno es que reneguéis de vuestras creencias y os 
establezcáis en Granada. 
— Vive Dios, que estás loco ó pretendes burlarte de 
mí. Yo no renegaré nunca de la religión de mis pa- 
dres — exclamó el mancebo con una exaltación te- 
rrible. 
— Lo conocía, y por eso os advertí que considera- 
ba imposible lo que os iba á proponer. 
— Pero me dijiste que tenías dos medios. 
— Sí, señor; pero el segundo es, en mi creencia, 
tan irrealizable como el primero. 
— Exponle, pues. 
— Consiste, señor, en que os allanéis á represen- 
tar el humilde papel de esclavo. De esta manera, 
os llevaría conmigo, presentándoos al padre de Alda- 
na á ver si os compraba, y si esto sucedía, pertene- 
ciendo á la servidumbre de su casa, tendríais de se- 
guro ocasión un día ú otro de conocer á su hermosa 
hija. Ya veis, señor, que este medio es tan imposible 
como el primero; pero os juro que no se me ocurren 
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otros, dadas las costumbres moriscas y el cuidado 
con que esos infieles guardan á sus mujeres. 
Don Tello reflexionó un momento, después del 
cual dijo con entereza: 
— Me allano á representar el papel de esclavo.  ¡Dios de Jacob! Tened, señor, en cuenta á lo 
que vais á exponeros, la abyección, las penalidades y 
los trabajos que tendréis que sufrir repesentando tan 
humilde papel. Abandonad por Dios ese empeño, 
que puede costaros la vida. Os aconsejo de este 
modo porque os estimo, y sentiría que os ocurriese 
una desgracia. 
— No hablemos más, Leví. Estoy resuelto á inten- 
tarlo todo, por ver á ese portento de hermosura, y 
desde hoy mismo empezaremos á poner en práctica 
nuestro plan. Júrame que me ayudarás en todo 
cuanto puedas, que yo á mi vez te prometo que re- 
compensaré con creces cuento por mí hagas. 
El hebreo, en vista de la obcecación del joven, le 
ofreció ayudarle decididamente. 
Don Tello entregó entonces al israelita una bolsa 
repleta de oro y le dijo: Prepara lo necesario para regresar á Granada, 
adonde te seguiré, fingiéndome tu esclavo, alentado 
por esta pasión que abrasa mi alma y encadena por 
completo mi voluntad. 
— ¿Y arrastrado por su amor, se hizo pasar por 
esclavo D. Tello?— preguntó admirada la hermosísi- 
ma hija de Solís. 
— De tal manera, señora, que se presentó en Gra- 
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nada fingiéndose sirviente del judío — repuso el de 
Meneses. 
— Rasgo sublime de abnegación. 
— El amor, señora, vence toda clase de imposibles. 
— Proseguid el relato, que me causa un vivo in- 
terés. 

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