domingo, 26 de febrero de 2017

ASI NACIO ISRAEL- Pags. .25-27




ASI NACIO ISRAEL
JORGE GRACIA GRANADOS
BIBLIOTECA ORIENTE
BUENOS AIRES, ARGENTINA
1949

CAPITULO III
YO SOY DE UN PAIS DE PESARES
MIS ANTECEDENTES contrastaban en verdad con los de casi todos mis colegas. Así resultó que muchas de las dificultades internas con que tropezaríamos en nuestra labor —en particular las rela­tivas a nuestro derecho de juzgar el papel de Inglaterra en la tragedia de Palestina—, derivaron, en sumo grado, de las diferencias entre nuestra formación, nuestras nacionalidades, y nuestras mismas personalidades.
En nuestra Comisión de once había hombres de sutiles inte­lectos orientales, venidos de Persia y la India, hombres con los tradicionales frenos anglosajones, de Canadá y Australia. Tenía­mos el preciso holandés, los cautos eslavos, los impulsivos e im­petuosos latinoamericanos. El carácter de nuestro pensamiento esta­ba influido por el tipo de hombres que éramos y los ambientes que reflejábamos. Por ejemplo, .el juez Sandstrom era un europeo septentrional, de cerebro fríamente ordenado, educado, dentro de una cerrada estructura de tradiciones; poseía un fuerte sentido de las jerarquías y siempre se había movido en un mundo sistemá­tico de valores. El profesor Fabregat, del Uruguay, que me acompañaría firmemente en todas nuestras luchas dentro de la C omisión, y yo mismo, veníamos de un continente donde todo es movimiento y cambio. Era inevitable que viéramos con ojos diferentes muchos problemas de los pueblos coloniales, desde el imperialismo y los derechos de los pueblos coloniales hasta las leyes policiales palestinas y el terrorismo judío.
Mis antecedentes comprendían persecuciones y violentas luchas políticas, Había conocido con frecuencia la cárcel y el destierro; había oído pedir para mí la sentencia de muerte, Mi infancia y mi adolescencia estaban ligadas a acontecimientos políticos de mí país que influyeron extraordinariamente, no sólo en  la formación de mis ideas, sino también en el curso de mi vida.
Me esperaban muchas analogías, tanto políticas como sociológicas , entre Palestina y Guatemala, por lejanas que pudieran parecer una de otra. Palestina se había librado del yugo del Imperio Otomano para encontrarse víctima de presiones políticas y sociales tremendas. Guatemala había sido forjada en yunque parecido. Durante siglos, desde los tiempos de los conquistadores, en 1524, Guatemala había sufrido bajo el absolutismo.
Algunos problemas de Palestina no parecían diferentes de los de Guatemala. Ambos son países esencialmente agrícolas, con gran­des masas de campesinos atrasados e ignorantes. En Guatemala este campesinado, explotado por una clase superior terrateniente, reducida y rica, representa los dos tercios de la población total. Vastas extensiones del país permanecen incultas, y existe una ne­cesidad apremiante de utilizar la técnica moderna para elevar el nivel de vida.
 Mi abuelo, Miguel García Granados, aunque educado en ambiente conservador y miembro de una conocida familia católica, se había dedicado a la causa del mejoramiento social. Dirigió una revuelta contra la dictadura, y llegó a ser Presidente de Guatemala en 1871. Un profundo clericalismo dominaba entonces el país, y él instituyó amplias reformas, proclamó la separación de la iglesia y el estado, y afirmó que el derecho de cuna no haría que un hombre fuera superior a otro. Pero este programa era demasiado progresista para la época, y pronto tuvo que hacer frente a una encarnizada oposición, dirigida por antiguos amigos y hasta parientes que  pertenecían a los grupos anteriormente pi­vilegiados. Su posición se volvió Insostenible. En1873 renunció, Su sucesor, Justo Rufino, era un hombre fuerte, que pensaba que solo la fuerza podría permitirle llevar a cabo un programa liberal, y para ello estableció un gobierno dictatorial. Su empedernida voluntad le permitió aplastar la oposición y poner en práctica numerosas medidas progresistas.
 Su partido permaneció en el poder después de su muerte, pero perdió los principio liberales y se hizo notorio por engendrar una serie de dictadorzuelos que, llegaron a presidentes.
Recuerdo que en una ocasión, y no podría tener más de cinco o seis años entonces, estaba ante la estatua de ni; abuelo, en el Bulevar 30 de junio, en la ciudad de Guatemala, tratando de descifrar las palabras grabadas en su pedestal: "Gloria al insigne defensor de la libertad". Mi abuelo murió antes de que yo naciera, pero los principios que él sostuvo, el dominio de la democracia, el odio a los dictadores, el amor a la libertad, como las palabras del pedestal de su estatua, siempre han permanecido trabados en mí corazón.
Quedé huérfano muy pequeño y fui criado en la ciudad de Guatemala por mi tía abuela, Amelia Soborío de Romaña, Era una mujer enraizada en la gran tradición hispánica, amiga de todos los que amaban la libertad. A su salón concurrían los literatos, políticos y profesionales que se oponían a Manuel Estrada Cabrera, a la sazón dictador y tirano cruel y despiadado. Fué allí, cuando yo tenía siete años, donde un grupo de conspiradores, de apellidos distinguidos en la historia guatemalteca, planearon matar a Cabrera minando la calle por donde pasaba su carruaje todas las mañanas.
La bomba que pusieron pocos días después explotó un instante antes de lo debido. Caballos y cochero murieron, pero Cabrera escapó. Inmediatamente inició un verdadero reinado del terror. Inocentes y culpables eran prendidos en sus oficinas, arrancados de sus hogares, encarcelados, torturados, condenados a inuerte. Dos de mis primos, Felipe y Rafael Prado, fueron encarcelados y luego ejecutados. Y en medio del terror, un día que entré a un cuarto del piso alto vi ante mí a los cuatro conspiradores princi­pales. ¡Estaban ocultos en nuestra casa!
Tres días después, mientras yo atisbaba sin respirar desde mi habitación vi a una de mis tías colocar una escalera contra la pared del patio de atrás, y que los cuatro hombres, tre­paban y desaparecían del otro lado. Pasaron semanas de afanosa búsqueda y al fin fueron atrapados en un nuevo escondrijo por un pelotón de soldados. Resistieron hasta que a cada uno no le quedó más que una bala. Con esa bala se suicidaron.
Continuará-

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