miércoles, 22 de febrero de 2017

EL OTRO CRISTO ESPAÑOL-001

EL OTRO CRISTO ESPAÑOL 
Un Estudio de la Historia Espiritual de España  e Hispanoamerica
Por JUAN A. MACKAY
Ediciones Alba
México-Buenos Aires
Versión de GONZALO BAEZ CAMARGO
1952
 
 Es un profundo y desapasionado estudio de la tradición re> 
ligiosa española e iberoamericana. 
Con claro entendimiento del al- 
ma de estos pueblos y de las 
huellas que los acontecimientos 
de la historia le han dejado a 
través de los siglos; el autor 
analiza con destreza y acierto 
las grandes necesidades humanas 
frente a la revelación de lo di- 
vino; y hace declaraciones pro- 
féticas que brotan no de un frío 
intelectualismo filosófico sino de 
un corazón y una mente que ha 
estado en contacto con lo eterno. 
£1 tema es por demás sugestivo y el autor lo desarrolla con 
la habilidad de la experiencia de 
un alma que ha encontrado el 
verdadero Cristo, un Cristo Vivo 
señor de la muerte y de la vida, 
un Cristo universal, verdadero, y 
único. 
El autor de este libro nació 
en Invermess, Escocia. Su cuna 
de origen lo identifica con los 
celtas, con los celtíberos, con los 
iberos hasta hacer que se sienta, 
como él mismo lo afirma, muy 
cerca de los pueblos de habla española

A MANERA DE PROLOGO 
Sorprendió en una ocasión a su auditorio el autor de 
este libro, declarando que en sus venas no corre una sola 
gota de sangre anglosajona. Y luego explicó que su origen 
escocés lo identifica, en realidad, con los celtas, los celtí- 
beros y los iberos, por lo cual, si de raza se trata, cree 
encontrarse más próximo a nosotros los iberoamericanos, 
que a los sajones v los anglos del Reino Unido. 
Fuere como fuere, no ha sido para el autor cuestión de 
raza el haberse interesado desde muy joven en la vida y 
problemas de España, Portugal y los pueblos americanos 
que de aquéllos descienden. No es exagerado decir que 
quizá con la sola excepción de Waldo Frank, no hav otro 
pensador de habla inglesa que haya estudiado v compren- 
dido más a fondo los problemas espirituales del mundo 
de habla española y portuguesa. 
Y aun esto de llamarle pensador "de habla inglesa" 
sólo puede referirse a su habla de origen. Pues Juan A. 
Mackay ha llegado a poseer el castellano con tal maestría, 
que difícilmente podría decidirse cuál de los dos idiomas 
maneja con más naturalidad, propiedad v elegancia. Sus 
conferencias, tanto en castellano como en inglés, además 
de la profundidad v claridad de sus pensamientos, son 
toda una cátedra del buen decir. 
Sus estudios en Madrid y Lima, v su larga permanen- 
cia en países iberoamericanos, especialmente en Perú y 
México, le han permitido una auscultación sagaz y a la 
vez llena de humana simpatía, de la vida y cultura de 
nuestros pueblos, que ha procurado interpretar a sus pú- 
blicos de Gran Bretaña y los Estados Unidos. El presente 
libro es considerado como un clásico en lengua inglesa 
sobre la historia y panorama espirituales de España y la 
América Española. 
El tema no podía ser más fascinador. Con la más alta 
apreciación de sus valores genuinamente cristianos, Mac- 
kay sondea la riquísima tradición religiosa española e 
iberoamericana, y va discerniendo las huellas luminosas 
—más aún, el cálido palpitar de vida y presencia— de un 
Cristo que las convenciones, los ritos y los juegos 
de la politica, han mantenido soterrado: el Cristo de los 
Evangelios, en el que creyeron y al que amaron entraña- 
blemente los grandes místicos del Siglo de Oro y los 
grandes santos laicos de nuestros días ' — como Unamuno 
y don Francisco Giner— ; el "Otro Cristo Español". 
En el pensamiento de Mackay, la gran renovación 
religiosa que España e Iberoamérica esperan y urgente- 
mente necesitan, consistiría, esencialmente, en rescatar de 
su sepulcro de tierra a este "Otro Cristo" que es el Cristo 
' verdadero y al que en sus mejores y más iluminados 
momentos de intuición espiritual, el alma hispánica se 
abrazó, abrasándose en El su más íntima entraña. Eco, 
este de la voz de Mackay, de la de su gran maestro Una- 
muno, que en su prefacio a la "Vida de Don Quijote y 
Sancho", convocaba a una cruzada espiritual para ir a 
rescatar a Cristo de su moderno sepulcro. 
Interesante es, en la proyección del pensamiento del 
autor, el papel esencial que el protestantismo desempe- 
ñaría en esta gran renovación ibérica e iberoamericana: 
seria, en última instancia, no el trasplante de una forma 
exótica de religiosidad, sino contacto suscitador, golpe 
de azada para despejar de escombros v extrañas vegeta- 
ciones el camino que conduce a los pies del Cristo de los 
Evangelios, que siendo Cristo universal es también, y por 
ello mismo, Cristo español. Así se plantarían las semillas 
y se abonaría el terreno para una propia, íntima y vasta 
reformación rehgiosa, acorde con la índole del alma hispá- 
nica, cuyo hecho fundamental sería el redescubrimiento del 
"otro Cristo español", el Cristo que habiendo sido carne 
de nuestra carne, es Vida, Espíritu v Verdad. 
Lo cierto es que esa reformación —que ha de ser un 
renovar de vida— ya tarda mucho. Cuando el autor escri- 
bió este libro, España acababa de levantarse de su pará- 
lisis de siglos y echaba a andar por nuevas rutas espiri- 
tuales. Entonces parecía inminente la gran renovación. Y 
en América, los pueblos parecían prontos a sacudirse el 
estupor secular que las inquietudes de nuestra vida in- 
dependiente no acababan de desterrar. Ai aparecer la 
presente edición castellana, la reacción que se asentó en 
España, y que un complejo de circunstancias históricas 
recientes ha contribuido a suscitar en América también, 
parece alejar cada día más el horizonte en que "Dios 
amanecerá" que decíase en el Quijote— para Ibero- 
américa y las naciones que le dieron vida. 
A la luzo mejor dicho, a la sombra-— de esta situa- 
ción, el entusiasmo y esperanzas del autor podrían parecer 
demasiado optimistas. Pero hay, sin embargo, en su 
mensaje, un optimismo esencial que permanece en medio 
de todos los cambios, por adversos que parezcan. Es el 
optimismo que se funda en la fe. La fe en el Cristo uni- 
versal y español, que no ha muerto nunca sin resurrección. 
El Cristo que, no importa cuán pesada sea la losa que 
cubre su tumba, la tumba que han querido sellar sobre él 
los escribas, fariseos y pretorianos de todos los tiempos, 
no puede morir para siempre v acaba por levantarse de 
entre los muertos, a la gloria de Dios v para vida de los 
hombres. 
Algún día —¿próximo? ¿remota?— Cristo resucitará 
también para los pueblos de tronco ibérico e indio. Y 
entonces nada ni nadie podrá volverlo a su sepulcro de 
siglos. Correrá por las vértebras de nuestra América el 
sagrado estremecimiento de los primeros tiempos del cris- 
tianismo, cuando el mensaje transformador era: "¡Cristo 
vive! ¡Cristo ha resucitado!" El cristo de tierra, el cristo 
muerto, el cristo fetiche, dejará todo el sitio al Cristo 
Vivo, al Señor de la muerte y de la vida, al Cristo español, 
americano y universal, al verdadero y único Cristo. 
Hacia el punto del horizonte por donde habrá de es- 
plender esa nueva mañana de la Resurrección, señalan, 
como índices proféticos, las páginas de este libro. 
G. Báez-Camargo 

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