sábado, 25 de marzo de 2017

EL ALMA DE UN HUEHUETECO- EFRAIN DE LOS RIOS

 AUTOR DE OMBRES CONTRA HOMBRES
Originario de la ciudad de Huehuetenango
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CUATRO PUERTAS Chiriviscos Literarios
Por EFRAIN DE LOS RIOS
1969

FILOSOFIAS BARATAS ...
Reflexiones de Nochebuena y un autorretrato
intrascendente(*)La forma y los modales del hombre no interesan. Su modo de ser, como se dice, que es lo que determina su valor como elemento dentro de la sociedad, es lo que he querido pintar en estos renglones. Creo haber satisfecho, aunque parcialmente, la curiosidad de mis amigos, a quienes agradezco de corazón su interés por conocerme
Esta Nochebuena pasada, frente al parpadeo luminoso del arbolito navideño que mi familia afanosamente colocó en el centro de la sala, cómodaMente arrellanado en un sillón, me puse a reflexionar sobre el pasado de mi vida y sobre su presente. El porvenir seguirá siendo siempre una incógnita.
Pues bien, un breve recorrido sobre lo que fuimos y lo que somos, no deja de ser interesante, porque se cumple, en estas fechas, el supremo maNdamiento del cristianismo. ¿Hemos sido buenos o hemos sido malos,? El balance lo dirá.
Pero siempre es bueno escribir un poco la historia de nuestra vida.
Un librito que escribí y que anduvo por allí, me dio cierta popularidad. Muchos compatriotas míos se formaron- una idea equivocada de mí y muchos hasta me han preguntado quién soy. ¿Para qué querrán saberlo? Si yo fuera candidato a un puesto de elección popular —diputado, por ejemplo—, sería bueno que se los dijera. Pero yo soy simplemente un hombre cualquiera. Un hombre a secas.
Un individuo, más que una persona. Sin embargo, voy a mostrarles una parte de lo que soy, naturalmente omitiendo muchos perfiles que no tienen importancia.
                                                                                           ***
Nací en un pueblecito humilde al pie de la cordillera de los Cuchumatanes. Un día cualquiera de un año cualquiera. La fecha exacta sólo interesa al Registro Civil.
Al recibir el soplo divino, quedó trazado mi destino. Así lo afirman las creencias religiosas y así lo creo yo.
Empecé a crecer como crecemos todos y empecé a conocer el mundo como creemos conocerlo todos. Mi cabeza —como la de todos los hombres— creó su mundo y llegué' a la mayoría de edad que señalan nuestras leyes, creyendo en el mundo que yo me había creado.
A la muerte de mis padres, tomé mi báculo y mis pocos enseres. Hice un bulto con ellos y me lancé por los caminos del mundo, sin saber a dónde iba. Siempre anduve pidiendo posada.
El haber nacido en un pueblecillo cualquiera, fue más una casualidad geográfica que un motivo de selección personal. Ha sido, además, una de mis mayores satisfacciones. "Y pensar —como dijo Darío— que en un instante pude no haber nacido y el sueño que es mi vida desde que yo nací."
Salí del pueblo humilde en busca de más amplios horizontes y abrí los ojos —puedo decir así— en la segunda ciudad de la república: Quezaltenango. Allí nacieron mis primeras ilusiones y allí sufrí los primeros encarcelamientos por mi amor a la libertad. Allí fue donde vi por primera vez mi nombre en letras de imprenta y ese quizá sea uno de los recuerdos más gratos de mi vida.
Vine después a la ciudad grande llamada- "capital" y aquí tomó fuerza el desenvolvimiento de esa serpentina loca que es mi vida. Y cuando esa serpentina acabe de desenvolverse, será el final y vendrá el sosiego, la paz y el descanso...
 Por razones de ocupación —no profesión ni oficio—conocí gentes de distintas clases, desde el humilde habitante de barriada hasta el ocupante de palacios. Fui amigo De algunos hijos de gobernantes guatemaltecos. De tres hijos del general Justo Rufino Barrios ; de otros tres del doctor Manuel Estrada Cabrera; del general José María Orellana —todas mujeres— y del general Lázaro Chacón. Sigo siendo amigo de los nietos y esa circunstancia tuvo importante repercusión sobre mi vida. Pero no debo adelantarme.
Podría describirme morfológica y prosopográficamente, pero prefiero hacerlo únicamente en forma etopéyica, para identificarme con cualquiera de mis conciudadanos.
Creo en Dios —esta es una razón de peso fundamental— como el supremo Creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo, como el maestro de la más alta moral que ha existido en nuestros siglos. Conozco el fondo de todas las religiones, sé hacia dónde van y puedo decir que pertenezco a todas, aunque no esté de acuerdo con algunos de sus ritos. Amo el Bien y odio el Mal ; quiero decir que soy arielista aunque Calibán me aceche. Busco la belleza y huyo de la fealdad. Detesto la vulgaridad. El sufrimiento ajeno me entristece. Tengo tres enemigos personales, a saber : los bolos, los ladrones y los mentirosos. La libertad, la justicia y la verdad, son virtudes que me entusiasman. Por ellas he sufrido las más crueles ingratitudes de los hombres. Con decir que por defender a las dos primeras, el despotismo me encarceló por cerca de siete años en las mazmorras penitenciarias, sufriendo inimaginables vejámenes.
Tengo un vicio terrible : leer. Los periódicos que se publican todos los días me hacen falta; por eso me entero de los principales sucesos mundiales. Todos los de casa me son conocidos. Cerca de once mil libros han pasado frente a mis ojos; y ahora, ya cansados, les ayudo con artificios vítreos y sólo gusto del humorismo, porque he comprendido que esta rama de 'la literatura es como antídoto
 para tanta amargura que proporciona la seriedad. La filosofía y las ciencias exactas, son de una crueldad desesperante.
Sin embargo, las matemáticas, la química, la mecánica, especialmente la celeste —y hasta la estadística—, me apasionaron en un tiempo ; pero cuando he mirado las noches estrelladas y me he puesto a pensar en lo que dicen los astrólogos : que cada lucecilla parpadeante es un mundo como el nuestro que gravita en la inmensidad, he sentido acercarme a los linderos de la locura y he cerrado los ojos pensando que mis alcances limitados, como los de muchos, hombres, no me permitirán jamás saber de cierto lo que hay en el más allá. Y cuando pienso en el Infinito, en lo que no tiene término, mi pensamiento flaquea y vuelvo los ojos a la tierra en donde está la realidad de mi mundo. El principio y el fin del Universo jamás serán de mi conocimiento. Presiento que existe una entidad como fuente de energía que ha dado vida y movimiento a miles de mundos ; pero esta entidad no alcanza a concebirla mi pensamiento. Por eso un día escribí algo en elogio de la Ignorancia, considerándola como la suprema felicidad del hombre. .
Amo a los animales, especialmente a los perros y a los pájaros. Sufro cuando los veo atados o enjaulados.
En algunas ocasiones me indigno cuando alguien me pide un favor. No por el hecho de que se me pida, sino por la imposibilidad de no poder hacerlo. Y cuando lo pido yo —que ya lo he pedido muchas veces—, lo hago, no en forma tímida y suplicante, sino en una forma aparentemente autoritaria y altanera ; y es /porque mi estado de ánimo, mi determinación íntima, mi fuerza interior, me colocan en la disposición de hacer el mismo o mayor favor que el que yo estoy pidiendo cuando se me necesite. Esa formación psicológica, no muy generalizada en los hombres, hace que muchos crean que yo exijo en lugar de suplicar, que yo ordeno en lugar de pedir. Por eso la gratitud ha sido una de las virtudes que cultivo con mayor empeño, porque mi yo íntimo está siempre dispuesto a servir a quien me nocesite. Me he vengado de mis enemigos haciéndoles favores, Una venganza extraña, paradójica, pero poco común un el hombre corriente que le encantaría aplicar la Ley del 'Talión. Y así he comprendido el inmenso placer de servir ¡lo que nos habló Gabriela Mistral. En consecuencia, no se extrañe aquel a quien le pida un favor, si lo hago en forma  casiautoritaria. Es mi modo...
He sabido amoldar mi vida a las circunstancias. Puedo decir que practico el mimetismo. He comprendido que los conformidad con lo que *se tiene y con lo que se es, constituye una de las formas de la felicidad. La suma de los bienesy de los males, forman una cantidad mayor éstos quo aquéllos; pero he comprendido que la habilidad del hombre para convertir los males en bienes, es una virtud que Dios ha dado a determinados hombres. Por eso los escupitajos que se me han, lanzado, se han vuelto a la cara de quienes me los lanzaron. Puedo decir, para mí, lo que dijo un bardo nicaragüense: "Con los pedruscos que me han arrojado, he formado mi rompeolas contra la tempestad".
Soy algo supersticioso, como somos todos. Mis vaticinios siempre se cumplieron, aun en el ambiente del cautiverio. Pronostiqué la libertad de muchos prisioneros y aun la mía propia. Tenía por base lo que llamamos presenttimientos; corazonadas, como dicen los mexicanos; o avisos del subconsciente, como dicen los científicos. Estos aconterimientos no voy a referirlos en esta ocasión.
Mi vida está llena de anécdotas. ¿Quién no tiene una anécdota qué contar? Creo que la gran anécdota de mi vida está contenida en "Ombres 'contra Hombres", ese libraco qua anduvo por allí enseñando a mis compatriotas el amor a la libertad y el odio al despotismo.
Por razones circunstanciales he sido una especie de abogado de las colonias árabe y china residentes entre nosotros ; por eso he logrado asimilar algunas de sus enseñansas, "Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadaver de tus enemigos" --dice uno de sus proverbios-
Yo lo hice y he visto pasar los cadáveres de muchos que fueron mis verdugos en las celdas penitenciarias. Faltan algunos cuyo turno les llegará.
No he hecho mal a nadie, ni moral ni material. Ni he correspondido el mal que me hicieron. Esta circunstancia creo que es la que me brinda algunas simpatías y me sirve de invisible coraza para repeler los golpes que se me han querido propinar.
"Mi juventud montó potro sin freno" —como diríaRubén, el chorotega de Unamuno—, "iba embriagada y
con puñal al cinto. Si no cayó fue porque Dios es bueno."
Yo tuve noches del color de aurora. Quiero decir que el arte, la literatura —cuando en mi patria había artistasy literatos—, me brindaron maravillosas tenidas en los más opulentos rincones de Guatemala. Por eso, una noche, cuan-do visité una reunión de Alcohólicos Anónimos, comprendíque yo estaba descentrado. Yo no podía referir episodiosdolorosos que sirvieran de ejemplarización rehabilitante para los asistentes; porque mis noches de bohemia —asíllamábamos en aquel entonces a nuestras noches de juerga—, sólo recuerdos gratos me proporcionarían hoy. ¿Noes verdad, viejos compañeros y amigos, cuyos nombrescallo, pero que están perfectamente claros en el recuerdo?
Frente al parpadeo de mi arbolito navideño he recitado todo el Sermón de la Montaña y evoqué, desordenadamente, cada una de las hermosas parábolas de Cristo que conservo en la memoria y que constituyen la mejor enseñanza del presente siglo.
Quiero cerrar pronto estas remembranzas navideñas, porque me estoy poniendo triste. Esa cinta cinematográfica , que pasa frente a mí en esta hora de evocaciones inevitables, creo que la tenemos todos, pero no todos tenemos la oportunidad de desahogarnos en esta forma. De autopintarnos en el lienzo del recuerdo.
Hay pocos hechos sobresalientes en mi vida. Cuando el gobierno ordenó la clausura de un periódico donde yo trabajaba como reportero y se llevaron presos al director y a  los redactores, yo saqué el periódico en blanco con unos pocos titulares llamativos, unos puntos suspensivos y el texto "suprimido por la censura". La reacción no se hizo esperary ese día pasé la primera noche en la cárcel. Poco tiempo después un juez de primera instancia me acusó de calumnia porque en una nota de periódico había dicho que en una casa, propiedad del juez, se había encontrado una fábrica de aguardiente. Naturalmente, yo no decía que el juez fuera contrabandista. Convocóse al jurado de imprenta y señalóse día para la vista. La noticia había trascendido al pueblo y aquella tarde el salón de honor del ayuntamiento y el parque Centroamérica, eran un hormiguero humano. Fui declarado exento de culpabilidad y en ese momento el maripiano (así se decía entonces a la marimba de los hermanos Ovalle, colocado en el quiosco, ofreció al pueblo quezalteco y a mí un concierto de tres horas en el parque. Vertí entonces las primeras lágrimas de emoIwi y sentí lo que es verse aplaudido por una multitud. El estremecimiento de aquella tarde ya no lo volví a experinientar jamás, pero creo que fue una especie de consagración y el paso definitivo en esta amarga senda de las letras.
En cierta ocasión, al ser llevado a presenciar uno de los tantos fusilamientos a los que forzosamente asistí, tuve que,agacharme instintivamente y después hacer la cabeza hacia atrás para que pasara la descarga de la fusilería que mató a dos hombres. Yo vi volar en pedazos el sombrero dv uno de ellos.
Vi después aplicar la ley fuga a cinco metros de distancia. Horrorizado retrocedí y al tropezar con una piedra, caí sin soltar la pala. Creí que me habían matado. Yo pude levantarme, pero quien recibió los balazos ya no se levantó. Lo levantaron. Por muchos años estuve viendo la cara y oyendo las últimas palabras del moribundo. Recuerdo su nombre y el de quienes lo asesinaron.
Aprendí varios oficios, entre ellos el de adobero ; hice ladrillo, descargué hornos, batí lodo con los pies desnudos; acarrear arena, rajar leña, encender fuego y hacer comida; barrer, lavar trastos de cocina y ropa, hacer canastas y dormir en el suelo durante luengos años.
Sé lo que es estar muerto para la vida y vivo para la muerte. He dado la razón a Dostoievski.
He comprendido lo que es dar un beso al leproso, mil veces preferible a estrechar la mano del cretino.
El bisturí del cirujano ha fulgurado varias veces sobre mi cuerpo enfermo y he logrado existir apuntalado ; quiero decir que las inyecciones y las pastillas me han ayudado a medio conservar la salud. Mis achaques tienen un origen oficial. Son consecuencia de los garrotazos, de la opresión y de la persecución dirigidas contra mí por la dictadura.
Tengo la convicción —ojalá que sea equivocada— de que muchos de mis pocos lectores podrán decir lo que yo estoy diciendo; porque los hombres sufren todos, unos más que otros. Unos se quejan y hasta gritan; otros sufren en silencio.
Pensar, sentir, amar, creer, son móviles de todas las actividades humanas. No importa que sean equivocadas.
Estos renglones intrascendentes, despojados de todo personalismo, los escribo como material de relleno —uso términos periodísticos—, exclusivos para "Prensa Libre", el periódico que me ayuda a satisfacer mi vicio de escribir y porque sé que su vasta circulación lo hará llegar a mis amigos curiosos y preguntones.
Caídas y levantadas. Golpes y caricias. Buena fe, estafas, engaños, mentiras, crueldades, todas esas bajas pasiones que se esconden en el corazón de los hombres, han pasado frente a mí y yo he luchado por mantenerme ileso y limpio.
He llegado, pues, en medio de amarguras y unas pocas alegrías, a esa edad en que las cosas del mundo se ven, ni con la frivolidad del joven ni con la indiferencia del anciano. Soy un autodidacto en el grado de aprendiz
.He condenado todo lo que me ha parecido inmoral. La injusticia me subleva. Amo el orden, la disciplina y la libertad. la suciedad y el desorden me desesperan. Me repugna la  vulgaridad. Gusto de consolar al triste y de ayudar al alfigido. He llorado a veces con los que están llorando y para comprender los problemas de los demás, me esfuerzo por colocarme en su mismo lugar.
He creído ser patriota de corazón, no del diente al labio como la mayoría de mis conciudadanos. Y he creído ser hombre, de la cintura para abajo y de la cintura para arriba, como quería Unamuno. Y en algunas ocasiones, he creído ser un hombre feliz, porque al hacer el balance de mis actos, las sumas me resultaron equilibradas.
Hay momentos en mi vida en que, quizá por una repercusión atávica, tengo el presentimiento de haber sido antes, a saber en qué generación, una especie de mandarín, cacique o jefe de tribu entre los habitantes del archipiélago malayo. Quizá por eso siento cierta atracción por las islas del mar Indico.
A veces siento lo mismo que sentía el emperador Caligula que donde yo estoy parado parten todos los meridianos terrestres. Y en otras ocasiones siento una inmensa atracción por el mar. Quizá alguno de mis antepasados fue marino, marinero, pescador o, cuando menos, pirata. Esa es a mi mi juicio, la razón de mi amor por el mar, ese "titán cerúleo,, maestro de almas grandes, inquieto como el pensamniento, amargo como la vida y sencillo como la verdad", :al decir de Rodó.
A veces siento tener el alma del más cruel de los tiranos conocidos para poder apalear simultáneamente a todos los delincuentes que andan sueltos, pero comprendo que este anhelo es imposible y sufro. Tengo mucho del alma deSan Francisco de Asís; por eso amo a los animales y hasta los lobos con apariencia de hombres. Soy, en resumen un pacifista convencido. Creo ser un humanista consumado y entre todos los golpes que a diario me da la vida, creo haber sido un hombre feliz...
Estoy seguro de que muchos comprenderán lo que quiero decir, recogiendo en letras de molde mis reflexiones y mis recuerdos frente al arbolito de Navidad.
Mas no faltará alguien que diga: —Y todo esto, ¿a mí qué me importa?
Mi confesión no tiene importancia para quien no ha sufrido. Y yo escribo esta semblanza etopéyica de mí mismo, con dedicatoria especial para los que han sufrido, están sufriendo y sufrirán después. Porque el mundo está lleno de desafortunados, de miserables, de desgraciados ...
Mi fanatismo por la verdad quizá sea exagerado. Mi excesivo afán por no engañar a los otros, me ha expuesto frecuentemente al peligro de ser engañado por mí mismo. Mi lealtad y mi sinceridad han sido las causas de mi perdición.
Una ley misericordiosa, dictada por la divina Providencia, ha dispuesto que los males de tiempos pasados aparezcan borrosos en los campos del, recuerdo. Por eso, esta noche sublime —noche de paz—, en que el mundo de la cristiandad rememora el nacimiento de su Redentor, yo me he sentido plácido, tan plácido —como dijera BarbaJacob—, que hasta las propias penas me hacen sonreír. . .
(Prensa Libre, 26 de diciembre de 1964.)

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