sábado, 4 de marzo de 2017

JOSE EFRAÍN RIOS MONTT,- 23 Marzo 1982

 JOSE EFRAÍN RIOS MONTT,
 SIERVO O DICTADOR?-
La Verdadera Historia del Controversial Presidente de Guatemala
-Joseph Anfuso David Sczepanski
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José Efraín Rios Montt- Imagen de Libro

 Pags. 11-127
El 7 de Marzo de 1982 se celebraron las elecciones presidenciales y, tal como se esperaba, al candidato escogido por el Presidente Romeo Lucas García se le adjudicaron las elecciones y se anunció que tomaría posesión el primero de Julio. Se hicieron las denuncias usuales de fraude con las consecuentes marchas de protesta en las calles, que pronto fueron acalladas por la fuerza pública, pareciendo todo indicar que Guatemala se preparaba para entrar en otro período más de corrupción administrativa.
En la mañana del 23 de Marzo, Efraín Ríos Montt estaba ocupado en la Escuela "Verbo", preparándose para la reunión de padres de familia y maestros que se celebraría a medio día.
Cuando arreglaba sus papeles en la oficina, entró su secretaria corriendo y le dijo: "Efraín, están dando un golpe! Acaba de llamarnos uno de los papás. Quiere venir a recoger a sus niños inmediatamente".
"Sucedió", pensó Efraín para sus adentros. "Finalmente sucedió".
Los golpes de Estado no eran nada nuevo para Ríos Montt ni para Guatemala. Sin embargo, hacía años que no había uno, por eso se imaginó que habrían problemas. La mayoría de los papás querían recoger a sus hijos inmediatamente. Las calles estarían llenas de gente y de soldados.
La noticia del golpe corrió como pólvora por todo el colegio. Alvaro Contreras, que también trabajaba allí, llegó con Efraín y le dijo: "Creo que deberíamos cancelar la reunión, las cosas podrían ponerse difíciles en las calles". Juntos fueron a la oficina del Pastor Carlos Ramírez, que estaba en conferencia con uno de sus hijos, estudiante del colegio, y su maestro.  Llamándolo al corredor, Alvaro le dijo: "Carlos, ha habido un golpe".
Voces emocionadas y el ir y venir de muchos se notaba en el colegio. Los papás llamaban insistentemente avisando que llegarían a recoger a sus hijos. Efraín, Carlos y otros se reunieron para tomar alguna decisión. Por qué no continuamos con la reunión, al menos hasta que tengamos noticias más concretas?" preguntó alguien. Y esto fue lo que decidieron.
Mientras llegaba la hora, Ríos Montt y sus otros tres compañeros decidieron subir al segundo piso, para ver desde allí los aviones y loshelicópteros que sobrevolaban la ciudad.
"Era sólo un asunto de tiempo", pensó Efraín, musitando sobre lo inevitable del golpe. Si el cáncer de la violencia y la corrupción que existía en Guatemala no se cortaba de tajo, eventualmente destruiría a toda la nación. Ahora, cuando veía los signos de la actividad militar otra vez en acción, se preguntaba si el momento para el cambio habría llegado finalmente.
Desde abajo, alguien empezó a gritarle:
¡Efraín, Efraín, te están llamando por la radio. Los militares te están llamando por la radio!"
Instantaneamente su estómago se paralizó. Dió una vuelta y empezó a bajar las gradas mientras pensaba Qué querrán conmigo?"
Mientras tanto, el golpe prosperaba. La edición de la Revista Newsweek, del 5 de abril de 1982, en un artículo titulado "Dios ha cambiado las cosas", lo describió así:
"Los relojes despertadores sonaron a las cuatro de la mañana en determinados cuarteles de la capital y el bien sincronizado golpe empezó a desarrollarse antes de la salida del sol. Para las nueve de la mañana, unos 2,000 soldados habían sitiado con tanques y artillería pesada al Palacio Nacional, la Casa Presidencial y el Congreso de la República. Aviones y helicópteros militares sobrevolaban el área.... los cañones apuntaban directamente hacia las oficinas del Señor Presidente, en el segundo piso".
Se le presentó un ultimátum al Presidente Lucas. Debería entregar el gobierno a las tres de la tarde o se dispararía. Luego, desde un transmisor de la Radio Nacional que habían hecho instalar en el Parque Central frente al Palacio, los organizadores del golpe empezaron a llamar a dos personas: a Efraín Ríos Montt y a Leonel Sisniega Otero. Sisniega, que había sido en las elecciones pasadas uno de los candidatos a la vice-presidencia, colaboró con los líderes del golpe proporcionándoles apoyo político.
Sin embargo, lo de Ríos Montt fue una decisión de último momento. Cuando el golpe avanzaba, un General que estaba a favor del mismo aconsejó a uno de los líderes: "No entreguen el poder a los políticos, no les den cabida. Destruirán a Guatemala". La advertencia aparentemente hizo mella. ¿Pero quién, entonces, podría tomar las riendas? ¿Quién estaba suficientemente libre de las influencias políticas para hacer que el golpe realmente funcionara, para lograr que su resultado fuese más que sólo una revuelta política?
La Revista Time, en su artículo "El golpe que se Escapó", del 5 de abril de 1982, parecía hacerse la misma pregunta, al escribir lo siguiente:
"No estaba claro. .. por qué metieron a Ríos Montt en el golpe. De acuerdo a algunas versiones, se le llamó únicamente para negociar la rendición de Lucas García. Otros observadores creen que era sólo para que una persona respetable figurara dentro de la Junta. El había sido Jefe del Estado Mayor del Ejército y también Director de la Escuela Politécnica, gozando de excelente reputación por su honestidad entre los oficiales jóvenes, que eran los que habían dado el golpe. "Elegirlo fue una cosa lógica", dijo un diplomático extranjero en Guatemala, "no era un militar en activo, por lo tanto, no tendría que oponerse a ningún jefe para hacer las cosas. Y además, no estaba tratando de llegar al poder". Sólo que los Oficiales jóvenes ignoraban que ahora había nuevos elementos en la forma de pensar de Ríos Montt".
"Carlos, están llamando a Efraín por la radio", dijo alguien que entró corriendo a su oficina.
En ese mismo momento entraba Efraín y Carlos le preguntó: ¿Qué quieren contigo?".
 "No sé", le contestó.
"Creo que deberíamos orar", dijo Carlos. Para entonces, un pequeño grupo se había formado en su oficina. Se tomaron las manos y empezaron a orar.
"Señor, muéstranos qué es lo que debemos hacer", dijo alguien.
"Jesús, protege a nuestro hermano", pidió otro.
Tocaron a la puerta. Entró María Teresa. Había oído la transmisión de radio estando en una clase de Biblia y, con el corazón saliéndosele del pecho, se dirigió al colegio. También se unió al grupo en oración.
El grupo oraba en silencio, hasta que alguien dijo a Efraín: "Creo que debemos esperar un poco más, a ver qué pasa".
Carlos, mientras tanto, pensaba para sí mismo "tal vez fuera mejor que lo escondiéramos".
En ese momento, una de las secretarias entró a la oficina y anunció: "Han estado llamando al colegio. Tres veces han llamado por teléfono. Quieren hablar con Efraín".
"Sabían donde encontrarme", pensó Efraín en voz alta, con una nota de resignación en su tono. Dudoso, tomó el teléfono del escritorio del Pastor y marcó el número que le había dado la secretaria.
"Habla el General Efraín Ríos Montt", dijo. Y se quedó esperando la respuesta.
"Mi General, este es el Mayor Sánchez", le contestó una voz al otro extremo de la línea. "Necesitamos su ayuda". 
¿Para qué me necesitan?" preguntó, con !u mejor tono de militar.
"Queremos saber si podemos contar con su cooperación y consejo", dijo el Mayor
¿Es sólo mi consejo lo que quieren?"
"Queremos hablar con usted personalmente"
.¿Por qué?" exigió Efraín nuevamente.
El Mayor explicó entonces que el golpe había sido organizado por varios oficiales jóvenes y que estaba bien apoyado y afianzado. Querían que fuera a su cuartel de operaciones para consultarle algunos asuntos.
 " ¿Vendrá usted?" continuaba preguntándole el Mayor.
"Lo llamaré de regreso en diez minutos", le respondió Efraín. Quería tener más tiempo para pensar y orar. Se volvió al grupo que aún estaba reunido en la oficina del Pastor y lespidió su consejo. Conforme a lo indicado en el Nuevo Testamento, formaron un círculo y poniendo sus brazos alrededor de los hombros del otro, empezaron a orar por él.
Después de varios minutos, alguien dijo en voz alta: "Parece que es correcto que vayas".
"¿Qué sientes?" preguntó Carlos a Efraín.
"Siento temor", le confesó. "Pero también me siento en paz. Creo que debo ir".
Momentos después, junto con otros dos Ancianos de la Iglesia, amigos muy cercanos de él, subieron a una camioneta Volkswagen roja que estaba estacionada en el patio detrás del colegio, y se dirigieron hacia el Palacio Nacional.
Con dificultad pudieron pasar por las calles llenas de tránsito, pero al llegar cerca del área del palacio, los detuvo una barricada militar. "No pueden pasar", declaró un soldado, haciendo señales para que regresaran. Efraín se identificó y el soldado inmediatamente se cuadró y les dejó libre el paso.
Finalmente llegaron al Parque Central, que en esos momentos en lugar de estar lleno de gente paseando estaba convertido en un campo de batalla. Cientos de soldados bien armados estaban a la espera de órdenes y los cañones y tanquetas apuntaban directamente al Palacio Nacional.
Saliendo de la camioneta, rápidamente condujeron a Ríos Montt a uno de los almacenes frente al parque, en donde se había improvisado el cuartel general del golpe. Lo presentaron a los Oficiales jóvenes organizadores, entre quienes reconoció a varios de sus alumnos de la Escuela Politécnica.
"¿Qué es lo que desean de mí?" les preguntó.
"Mi General, nos hemos lanzado a esta acción para darle al Ejército una nueva vida", explicó uno de ellos. "No podíamos permitir que lo que ha estado sucediendo, continuara por más tiempo".
"Sí, lo entiendo, ¿pero para qué me quieren a mí?"
"Mi General Ríos, queremos que usted sea el Jefe de la Junta".
Efraín enmudeció. ¡Todo estaba sucediendo tan rápido, tan completamente fuera de su control! Aunque reconocía que con Lucas García Guatemala iba a la deriva y que el sucesor seleccionado por él también ofrecía muy poca esperanza de cambio, no eran estos los pensamientos que cruzaron por su mente en esos momentos, frente a los jóvenes oficiales. Más bien, su mente se quedó como en blanco. Unicamente supo algo avasallador: que era Dios mismo quien estaba actuando en los sucesos desarrollándose en ese momento allí, en el Parque Central.
Apenas unos pocos meses antes había rechazado la nueva oportunidad política que le ofrecían para la Presidencia, buscando el consejo de sus hermanos cristianos y aceptando lo que creía ser la Voluntad de Dios para él. Y había decidido entregar su vida totalmente en las manos de Dios. Ahora, en estos momentos frente a los líderes del golpe, comprendió que su renuncia a las ambiciones políticas para dirigir a Guatemala había sido verdadera, auténtica y voluntaria. Se daba cuenta también que sus hermanos cristianos habían orado por él, para que la voluntad de Dios se manifestase
en el llamado que le hacían y que de alguna manera —que percibía, pero no podía explicar –Dios estaba obrando en esta situación.
Al cabo de un momento que le pareció eterno, dirigiéndose al joven oficial que actuaba como Jefe, finalmente dijo: "Sí, acepto su invitación".
A las 4:10 p.m. de esa tarde se completó la primera etapa del golpe. El General Romeo Lucas García se rindió y abandonó la Casa Presidencial por una puerta trasera. El Palacio Nacional quedaba sin Jefe.
En las horas siguientes entraron en escena otros oficiales superiores y se desató una lucha por el poder. Se formó una Junta Militar de Gobierno, integrado por tres personas, el Coronel Luis Gordillo Martínez, el General Horacio Maldonado Schaad y el General Efraín Ríos Montt, quienes a la vez desempeñarían los cargos de Ministro de Comunicaciones, Ministro de Gobernación y Ministro de la Defensa y Jefe de la Junta respectivamente.
A las 9:30 p.m. aparecieron en una conferencia de prensa para anunciar que el golpe había finalizado y que se había integrado dicha Junta para presidir el gobierno interino. Esta fue la primera vez en que Ríos Montt, en su calidad de Jefe de Estado de Guatemala, habló públicamente de su compromiso con Dios.
"Estoy confiando en Dios, mi Señor y mi Rey, para que El me guíe", dijo al mundo que lo observaba. "Parque sólo El dá y El quita la autoridad". Los Oficiales que habían organizado el golpe ignoraban la profunda dimensión de fe que a lo largo de los últimos cuatro años se había desarrollado en él. Y esto mismo lo describió el diario Washington Post, en su edición del 16 de Abril:
"Parece ser que los Oficiales Jóvenes que lo llamaron para formar gobierno. . no tenían la menor idea de la transformación espiritual del antiguo aguerrido comandante y director de su escuela militar".
Durante el fin de semana que siguió al golpe, que había sucedido el martes, la gente parecía estar contenta con el cambio. Hubo una manifestación de apoyo frente al Palacio Nacional en donde se congregaron más de diez mil personas. Ríos Montt les habló, dirigiéndose a la concurrencia desde el balcón principal en el segundo piso y, en una demostración de confianza y humildad, salió de detrás de la barrera protectora a prueba de balas que en los últimos períodos había sido construida para proteger al Presidente de cualquier atentado. Luego, para mayor sorpresa de los Oficiales jóvenes y demás militares a su alrededor, bajó del balcón saliendo al frente del palacio y desde las gradas continuó hablando al público. Era como si con sus gestos estuviera diciendo. "Esta será una nueva Guatemala". El público lo visaba con gran emoción.
"La gente debe ver que el que preside la nación es el que debe ser servidor de su nación", dijo en su discurso. "No debe dirigir a su nación como si fuera el dueño de la misma". En este punto la gente lo interrumpió con gritos de alegría y aprobación. Era evidente que muchos guatemaltecos estaban contentos con su nuevo Jefe de Estado.
En una entrevista a un periodista norteamericano, apenas cinco días después del golpe, le dijo: "Quiero invitar a los cristianos de los Estados Unidos a que cumplan con lo que nuestro Señor Jesucristo ha establecido, esto el, a rogarle a Dios para que el nuevo cielo de paz, amor y misericordia que El ha establecido sobre Guatemala permanezca para siempre. Estábamos al borde de un gran precipicio y Dios ha puesto su mano sobre nosotros. Démosle gracias a Dios y pidámosle que su misericordia perdure".
Tenía ante sí muchas situaciones nuevas que eran un reto. El gobierno no estaba firme. En los meses siguientes hubo mucha presión interna para derrocarlo, intentos de contragolpes y amenazas de represalias. Había que tomar decisiones difíciles respecto a aquellos culpables de la corrupción y el terrorismo en el gobierno an-terior. Y también pronto empezó a ser atacado por su abierto cristianismo. Se le criticó incluso, por su deseo de terminar con la lucha fraticida de los guerrilleros. Pero estaba decidido a mantenerse en el lugar en donde creía que Dios lo había puesto y servir a su país como un verdadero Presidente Cristiano.
Varios días después del golpe, cuando tuvieron un rato libre para sentarse a conversar en la enorme casona quj hoy ocupaba como residencia oficial del Ministro de la Defensa, Efraín y María Teresa hablaron de los acontecimientos extraordinarios que estaban viviendo y recordaron lo que habían vivido en 1974. Y algo muy especial saltó a la luz: se acordaron que hacía 8 años, exactamente el 23 de marzo de 1974, habían abandonado Guatemala rumbo a España, tristes, amargados, confundidos, con los ojos llenos de lágrimas. Y hoy, también con lágrimas pero de emoción, se abrazaron al darse cuenta que fué también un 23 de marzo, sólo que ocho años después, pero exáctamente en la misma fecha, cuando de manera tan especial fue llamado para ofrecérsele y entregársele la Presidencia de Guatemala.

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