martes, 28 de marzo de 2017

LA OBRA EN MEDELLIN Y OTROS LUGARES DEL OCCIDENTE

 HISTORIA del CRISTIANISMO EVANGELICO en COLOMBIA

por 
Francisco Ordóñez 
Profesor del 
Instituto Bíblico "Bethel" 
Armenia — Caldas — Colombia
1956 

CAPITULO VIII
 LA OBRA EN MEDELLIN Y OTROS LUGARES
DEL OCCIDENTE
Por muchos años la Misión Presbiteriana había tenido pues-
tos sus ojos en la ciudad de Medellín como un punto apropiado
para la fundación de un nuevo centro evangelístico, pero la an-
gustiosa falta de personal fué aplazando los planes en forma in-
definida. Por fin, en el año 1889 se decidió dar principio a las
labores en la sobria capital de la Montaña; y para tal trabajo
se ofreció gustosamente el Rdo. Juan G. Touzeau, quien poco an-
tes había llegado a Bogotá, habiendo dedicado sus primeros me-
ses al aprendizaje del idioma y a unos cuantos viajes de recono-
cimiento por los numerosos pueblos de la altiplanicie.
 El 24 de septiembre del año mencionado salió de la capital
en compañía de su familia, y fue haciendo el viaje por etapas,
aprovechando las demoras en cada población para dar su testi-
monio y ofrecer Biblias a las gentes, logrando así la venta de
más de un centenar en el recorrido. Los caminos eran verdade-
ros lodazales, que en ciertos trechos eran casi imposibles tran-
sitarlos. Por fin, a los veinte días hizo su entrada en Medellín
y buscó hospedaje en un hotel, donde permaneció por varías se-
manas hasta que halló en alquiler una casa de propiedad de don
Pedro Herrán, hijo del Gral. Pedro Alcántara Herrán, ex-pre-
sidente de la República. La casa estaba situada algo fuera de
la ciudad, sin embargo allí se dió principio a los cultc« el 17 de
noviembre del mismo año, oon la asistencia de unas pocas perso-
nas, la mayor parte de ellas atraídas por la novedad del canto
evangélico, que era algo miuy diferente a la clase de música que
habían estado acostumbrados a oír.
 Cada domimgo el número de amigos asistentes aumentaba.
Los falsos prejuicios tan generalizados contra el carácter y la
obra de los "protestantes" parece que iban siendo vencidos poco
a poco, y el recién llegado extranjero iba ganando simpatías en-
tre el pueblo y muchos elevados personajes de la sociedad, no
obstante la pertinaz oposición de los elementos más intransigen-
do el mundo. Llevaba siempre consigo una abundante provisión
de tratados y porciones de la Palabra . Oraba y testificaba siem-
pre que tenía la menor oportunidad. Su esposa era no menos ac-
tiva, pues en brevísimo plazo organizó una floreciente clase bí-
blica para niños, aunque para ello tuvo que luchar contra las
personas que se dieron a la tarea de intimidar sistemáticamente
a los que asistieran a las clases.
 Antes de cumplir un año de estadía, se logró adquirir una
casa bien situada en la Calle Carabobo, una de las más centrales
de Medellín, Allí la Sra. de Touzeaiu dió principio a una escue-
lita primaria para niños, con pocos matriculados; pero pronto
el número se multiplicó, y entonces se hizo indispensable soli-
citar la cooperación de una maestra más, para lo qual se tras-
ladó de Barranquilla la Srta. Ana Duncan, quien por varios años
había enseñado en el colegio para señoritas en esa ciudad. La
asistencia a las reuniones de la iglesia iba en rápido progreso.
En esos mismos días se consiguió los servicios de un organista
para que ayudara en la dirección de la música y el canto, que
tan importante papel desempeñan en el orden y la solemnidad
del culto evangélico. En cuanto al órgano usado desde entonces
en aquella iglesia, debemos suponer que debe haber sido uno muy
bueno, ya que era el mismo que se hallaba en servicio hace dos
   Rdo . Tomás E . Barber y familia
(Véase Página 79)
 años, cuando por fin fué merecidamente relevado por otro de
moderna construcción.
 En 1893 Touzeau compró por su cuenta una casa muy am-
plia en la que siguió funcionando la escuela con un alumnado
que ya llegaba a los setenta, y al año siguiente avanzó a 129;
fué entonces cuando las autoridades católicas redoblaron sus es-
fuerzos para impedir el avance del Evangelio. La Sociedad de
San Vicente de Paúl nombró comités para que fuesen a todos
los hogares de los padres que habían matriculado a sus hijos en
el colegio evangélico, a fin de convencerles que los retiraran. En
vista de que los argumentos religiosos no daban según parece,
los resultados apetecidos, llegaron a prometer libros, ropa y aún
dinero a quienes estuviesen dispuestos a recibirlo. Unos pocos
aceptaron las ofertas y retiiraron a sus niños, pero cuando vie-
ron que las promesas no se cumplían, o se cumplían apenas en
parte, tomaron nuevamente al Colegio Americano. Los anate-
mas tronaban desde los púlpitos, pero la matrícula en el año si-
guiente subió a 140.
 Esta manera de reaccionar el pueblo católico ante las drás-
ticas medidas de obispos y sacerdotes, nos hacen ver que desde
aquellos dílas ya se hallaba en decadencia el pavor que en épocas
primitivas había infundido la excomiunión como arma máxima
de la iglesia.
 El Rdo. Miles, que estaba trabajando en Bogotá, pasó tam-
bién a Medellín y dirigió las actividades allí durante una ausen^
cia temporal de los esposos Touzeau.
 Aparte de la acción evangelística desarrollada en la ciudad,
Touzeau procuró también llevar las Buenas Nuevas por otros lu-
gares del departamento, en repetidas jiras por las poblaciones,
donde tuvo que sufrir frecuentemente angustias y sinsabores oca-
sionados por el tradicional fanatismo de la tierra. Uno de los
primeros lugares visitados fué Antioquia, la antigua población
que había servido de capital del departamento en épocas pasa-
das. Para cruzar el ancho río Cauca en cuya banda occidental
se halla situada, no había otro medio que una canoa en la cual
pasaban los viajeros, mientras las caballerías nadaban atadas
por lazos al costado de la endeble embarcación. Touzeaiu inició
un recorrido sistemático de casa en casa para distribuir litera-
tura y vender ejemplares de la Biblia, pero a la tarde del mis-
mo día en que el evangelista había llegado, el obispo hizo fijar
carteles ordenando a la gente rehusar todo contacto con el "pe-
ligroso visitante", y mucho menos recibir de él libros o folletos,
así fuesen regalados o vendidos. Touzeau, a pesar de esto, con-
tinuó su labor al día sigiuiente hasta terminar el recorrido, con
resultados alentadores.
 Mucho más difícil fué la entrada a Santa Rosa, donde la
   gente parecía tener temor aún de dirigirle la palabra; no encon-
tró quien le vendiese cosa alguna, y aún parecía correr el riesgo
de tener que pasar la noche a la intemperie. Un dentista, sin
embargo, conceptuando que tal no era un procedimiento digno
de un pueblo que orgullosamente llevaba el nombre de "cristia-
no", se atrevió a desobedecer las instrucciones impartidas desde
el púlpito en la mañana de aquel mismo día; y dió hospedaje al
forastero. Sabido es que dicho lugar ha continuado hasta el pre-
sente como una casi impenetrable ciiudadela del fanatismo y la
intolerancia.
 En otros viajes visitó a Urrao, Concordia, Bolívar, Los An-
des, Don Matías, Jardín, Támesis, Amalfi, Remedios y otros lu-
gares más. En esta última población se formó un grupo de cre-
yentes que comenzaron a reunirse con regularidad. Lo mismo
en Rionegio, donde actualmente tiene una iglesia organizada la
Misión Metodista Wesleyana.
 mpulsado por el afán de alcanzar más y más personas con
el mensaje del Evangelio, inició la publicación de un periódico
al que bautizó con el sugestivo nombre de "El Evangelista Co-
lombiano", cuyo primer número apareció en 1891 y siguió sa-
liendo con intervalos irregulares. Aunque no fueron muchos los
números que alcanzó el periódico en esta primera etapa de su
vida, realizó sin embargo una labor efectiva y duradera.
 En 1912, y bajo la dirección del dinámico Alexander Alian,
apareció un nuevo periódico llamado "El Evangelista Cristiano",
al que más tarde se cambió el nombre por "El Evangelista Co-
lombiano", en homenaje y memoria de la modesta publicación
iniciada por Touzeau en las postrimerías del pasado siglo. Con
tal nombre ha llegado hasta nosotros, y es en la actualidad el
decano de la prensa evangélica colombiana, elegantemente edita-
do en la "Imprenta Unión" de Medellín, con más de 30 páginas,
magnífica presentación y copioso material informativo, espiri-
tual y gráfico. Su director actual, Rdo. Aristomeno Porras, a ba-
se de un tesonero esfuerzo de varios años, ha logrado colocarlo
en puesto de distimción dentro de las numerosas publicaciones
de su especie en estos países de la América Latina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario