sábado, 25 de marzo de 2017

LLEGAMOS A CREER- AA- 1961

LLEGAMOS A CREEER- AA-
 1961

DIOS FUE EL CARTERO
Todo comenzó en un sombrío día de octubre, cuando desperté con el recuerdo de Pat, mi segunda esposa. Mientras reflexionaba, sobriamente, sobre nuestros veinte meses de matrimonio, recordé sus aptitudes carismáticas, su admirable mentalidad, su tranquilo encanto, y sus repetidos, inútiles esfuerzos de permanecer sobria en A.A., en donde nos conocimos. Yo había estado sobrio entonces durante tres años, pero supongo que no había experimentado un verdadero despertar espiritual en A.A. Por esa razón básica, es lo más probable, volví a beber después de que Pat murió, y me sumergí en un nuevo fondo terrorífico. Siempre existe un nuevo fondo, ya lo saben.
En esa mañana de octubre, el segundo aniversario de su muerte, me encontraba en la tercera semana de mi renovada sobriedad. Me deprimí mucho cuando recordé nuestra vida en común, y me arrojé a una junta de A.A., en la que describí el regreso a la aflicción y la soledad. Ahí me fueron dadas la comprensión y la compasión que levantaron mi resquebrajado espíritu.
Durante casi un año, bloqueado por mi olvido alcohólico y mi sentimiento de culpa, no había escrito a mis dos hijos adolescentes. Rehusé, con mi modo de pensar irracional, admitir que ellos pudieran darse cuenta de que estaba bebiendo otra vez. Pero ahora les había escrito dos veces cartas que había sido capaz de escribir solamente porque había vuelto a unirme a A.A. Les había pedido que me perdonaran, puse al descubierto mi bebida, admití mi auto-consentida negligencia respecto a ellos, y recé porque me res-pondieran de alguna manera. Durante días conservé mis ojos fijos en el buzón con angustia y miedo; miedo de que ninguno de mis hijos me contestara.
En ese día de octubre, el cartero llegó con una carta de mi hijo de quince años, quien había tenido que someterse a un tratamiento psiquiátrico después de que su madre me dejó. Sus palabras fueron particularmente conmovedoras considerando que no había estado expuesto a Alateen, sino más bien, a la amargura que por mi culpa, aún siente por su madre, mi primera esposa. Su carta dice:
"Hoy recibí tu segunda carta. La primera llegó hace una semana, pero hasta hoy me puse a escribirte. Estoy muy apenado.
"Te quiero mucho. No sabes lo contento que me puse al tener noticias tuyas.
"No creo en que la gente deba ser condenada. Nunca te condené, y el día en que lo haga, me moriré. El condenar es propio de gentes que son tan bajas que procuran poner a otros más abajo para sentirse mejores.
"Te amo y te perdono. Sería un mentiroso si te dijera que no estaba frustrado. Pero todo eso pertenece ya al pasado. El pasado se ha ido. Está muerto. No podemos revivirlo o regresarlo.
"Sé que te debes séntir culpable y avergonzado. No te preocupes. Yo estoy de tu lado. Puedes contar conmigo para tratar de comprender y ayudarte."
Cuando leí la carta, lloré, dulce y agradecidamente. Sí, Pat estaba muerta; pero su muerte era, como mi bebida, cosa de ayer.
La sencilla carta de mi hijo, impregnada de amor, no me había llegado, por mera coincidencia, en ese día que ponía a prueba mi corazón. Dios fue el cartero. El quiso asegurarse de que recibiría su inspiración, la cual a su vez vino a ser mi concepción de Su revelación. Y El me entrega cada día (si lo busco) un fresco mensaje de amor, perdón, misericordia, esperanza y oportunidad: el mensaje que miles, como el de Pat, no pueden o no quieren recibir.
Southgate, Michigan.
MILAGRO MATEMATICO
Hace algunos años, oí una historia que ha estado recorriendo durante mucho tiempo los círculos de A.A. en el Medio Oeste. No tengo nombres para respaldar esta historia, pero la he oído de muchas fuentes, y las circunstancias parecen creíbles...
Un hombre de una pequeña ciudad de Wisconsin había estado en el programa por cerca de tres años y había disfrutado de tranquila sobriedad a lo largo de ese período. Entonces la mala suerte comenzó a golpearlo por todos lados. La firma para la que había trabajado durante quince años, fue vendida; su trabajo específico fue eliminado, y la planta se mudó a otra ciudad. Durante varios meses, luchó entre trabajos eventuales que le eran extraños, mientras encontraba una compañía que necesitara de su experiencia especializada. Después lo golpeó otra adversidad. Su esposa tuvo que ser internada en un hospital para una operación de consideración, y su seguro de enfermedad había expirado.
En este momento se derrumbó, y decidió embarcarse en un abundante carrusel alcohólico. No quiso escenificarlo en la pequeña ciudad, en donde todo mundo conocía su récord de sobriedad. Así es que se fue a Chicago, se registró en un hotel del North Side, y puso en marcha su proyecto,. Era la noche de un viernes, y los bares estaban llenos de una vibrante multitud. Pero no estaba de humor para vibrar; solamente quería ponerse tranquilo y miserablemente borracho.
Finalmente encontró un bar en el sótano de una silenciosa calle lateral, prácticamente desierto. Se sentó en un banquillo de la barra y ordenó un wiskey doble en las rocas. El cantinero dijo, "Sí, señor," y alargó el brazo para tomar la botella.
Entonces se detuvo sobre sus pasos, dirigió una larga y dura mirada al cliente, se inclinó sobre la barra, y dijo en voz baja, "Yo estaba en Milwakee hace unos cuatro meses, y una noche asistí a una junta abierta. Usted estaba en la tribuna y dió una de las mejores pláticas de A.A. que he oído". El cantinero le volvió la espalda y caminó hasta el otro extremo de la barra.
Por algunos minutos, el cliente permaneció sentado, probablemente en un estado de shock. Entonces, con mano temblorosa, tomó el dinero que había puesto sobre la barra y salió del bar; había abandonado todo deseo por un trago.
Se calcula que hay unas 8,000 cantinas en Chicago, empleando a unos 25,000 cantineros. Este hombre había entrado a la única cantina entre 8,000 en donde podía encontrar al único hombre entre 25,000 que sabía que él era un miembro de A.A., y que ese no era el lugar al que pertenecía.
Chicago, Ilinois.

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