viernes, 26 de mayo de 2017

COMO PODÍAMOS ESTAR GOZOSOS EN PRISIÓN.- RICHARD WURMBRAND

COMO PODÍAMOS ESTAR GOZOSOS EN PRISION
RICHARD WURMBRAND
 Al recordar ese periodo de catorce años en prisión, a veces pasamos tiempos muy felices. Tanto los carceleros como los otros reclusos a menudo se extrañaban ante la alegría que solíamos demostrar los cristianos a pesar de las mas terribles circunstancias. No podíamos dejar de cantar, aunque fuéramos golpeados por hacerlo. Me imagino que hasta los ruiseñores cantarían, aunque supieran que después de cantar morirían. Los cristianos aun expresaban su gozo bailando. ¿Cómo podían ser felices en tan trágicas condiciones?
 Con frecuencia, en la cárcel meditaba en las palabras de Jesús a sus discípulos: “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis”. Los discípulos acaban de volver de una gira por Palestina, durante la cual habían visto y presenciado muchos horrores. Palestina era un país oprimido. En todas partes se podía apreciar la terrible miseria. Ellos encontraron enfermedades, plagas, hambre y dolor. Visitaron hogares en que padres y esposas lloraban a los ausentes, arrastrados a la prisión por sus ideas. Aquello no tenia nada de hermoso.
 Sin embargo, Jesús les dijo: “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis”. Hablo así, porque ellos no solo habían visto la miseria y el sufrimiento; habían visto al Salvador; al Realizador del Ultimo Bien, La meta a que la Humanidad debe llegar. Por primera vez en su vida algunos gusanos, gusanos que se arrastran por las hojas, comprendieron que después de esa miserable existencia, pasan a una vida hermosa, en la forma multicolor de una mariposa, que vuela de flor en flor. Esa felicidad era nuestra también.
 A mi derredor había varios Job, algunos sufriendo aun mas que el mismo Job, pero yo sabia el final de esa historia, como recibió el doble de lo que había tenido antes. Tenía a mi derredor a hombres como el pobre Lázaro, hambriento y cubierto de llagas. Pero sabia que los angeles los llevarían al seno de Abraham. En el pobre y sucio mártir cerca de mi, vi al espléndidamente coronado santo de mañana.
 Al observar a hombres como estos, no como son, sino como serán, también podía descubrir en los perseguidores, al igual que Saulo de Tarso, a los futuros Pablo. Algunos de estos ya se han transformado. Funcionarios de la Policía Secreta ante quienes testificamos de nuestra fe, se hicieron cristianos y se consideraban felices de sufrir después en prisión, por haber encontrado a Cristo.
 En los carceleros que nos flagelaban veíamos al carcelero de Filipos, que primero azoto a San Pablo y después se convirtió. Soñábamos en que pronto nos preguntarían: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” En aquellos que, en medio de burlas y mofas miraban a los cristianos cubiertos con inmundicias y excrementos cuando eran levantados en sus cruces, veíamos a la multitud en el Gólgota, que después habría de golpear sus pechos por el temor de haber pecado.
 Fue precisamente en la cárcel donde comenzamos a comprender que había esperanza para los comunistas, que algún día serian salvos. En ese lugar fue donde nos dimos cuenta de nuestra responsabilidad para con esos hombres. Cuando éramos torturados por ellos, aprendimos a amarlos.
 Gran parte de mi familia ha sido asesinada. ¡En mi propia casa el asesino se convirtió! Era también el lugar mas apropiado. Así también nació en las prisiones comunistas la idea de una Mision Cristiana para ellos.
 Dios ve las cosas de manera diferente a como nosotros las vemos, de la misma manera que nosotros las vemos diferentes de cómo las ve una hormiga. Desde nuestro punto de vista humano, ser atado a una cruz, manchado y sucio de excremento es algo terrible. Sin embargo, la Biblia, ha hablado de los últimos sufrimientos de los cristianos, se refiere a ellos como “Leve tribulación”. Para nosotros, pasar catorce años en prisión es un periodo muy largo. La Biblia lo califica solo como “momentáneo” que “produce en nosotros un cada vez mas excelente y eterno peso de gloria. Esto nos da derecho a pensar que los crueles crímenes de los comunistas, inexcusables para nosotros los hombres, contra los cuales con toda justicia debemos luchar hasta el fin, son menos graves ante los ojos de Dios. Tal tiranía comunista que dura ya medio siglo, puede ser ante Dios, para quien mil años son como un día, solo un instante de extraviado error. Esos hombres aun tienen la posibilidad de la salvación.
 La Jerusalén Celestial es una madre, y como madre nos ama. Las puertas del cielo no están cerradas para los comunistas. Tampoco la luz esta apagada para ellos, puesto que pueden arrepentirse como cualquiera de nosotros y debemos llamarlos al arrepentimiento.
 Solo el amor puede cambiar a los comunistas (amor que no puede ser confundido con complicidad con el comunismo. A menudo estos dos términos son confundidos por muchos dirigentes religiosos). El odio ciega.
 Hitler era anti-comunista, pero odiaba de una manera tal como los comunistas odiaban también. Por lo tanto, en lugar de conquistarlos, contribuyo a que ellos conquistaran un tercio del mundo. 
 Con amor planeamos en la prisión un trabajo misionero entre los comunistas y de este modo pensamos, antes que nada, en los gobernantes y jefes comunistas.
 Algunos dirigentes y directores de misiones parecen haber estudiado muy poco la historia de la iglesia. ¿Cómo se gano Noruega para Cristo? Por medio de la conversión del rey Olaf. Rusia conoció el Evangelio cuando el rey Rurik fue ganado por el. Convertido el rey Esteban, toda Hungría siguió sus pasos. Lo mismo sucedió en Polonia. En África, las tribus se convierten cuando sus jefes son ganados por Cristo. Hemos levantado misiones para convertir al hombre común, que llega a ser muy buen cristiano pero que tiene poca, o ninguna influencia para cambiar el estado de cosas imperante.
 Debemos ganar a los gobernantes y estadistas, a las personalidades políticas, económicas científicas y artísticas. Estos son los verdaderos arquitectos del alma de un país. Ellos son los que moldean el alma de los hombres. Ganándolos, atraeremos a las gentes que ellos guían e influyen.
 Desde el punto de vista misionero los comunistas tienen una ventaja que no poseen otros sistemas sociales, pues están mas centralizados.
 Si el Presidente de los EEUU se convirtiera al mormonismo, no por ello Norteamérica seguiría sus pasos. Pero si Mao Tse-tung se convirtiera al cristianismo, o Breshnev, o Ceaushescu, todos sus países podrían ser alcanzados. Tan grande es el impacto de sus dirigentes.
 Sin embargo, ¿puede un dirigente comunista convertirse? Seguramente que si, puesto que viven una existencia infeliz e insegura, al igual que la de sus victimas. Casi todos los gobernantes comunistas rusos terminaron en prisión, o fueron ejecutados por sus propios camaradas. Lo mismo sucede en China. Tenemos el caso de ministros del interior como Pagoda, Iejov, Beria, quienes parecían concentrar todo el poder en sus manos, pero que terminaron sus vidas, como el último de los contrarrevolucionarios, con una bala en la nuca.
Recientemente Zeppelín, ministro del interior de la Unión Soviética, y Rankovic, de igual cargo en Yugoslavia, fueron destituidos de sus cargos y arrojados como trapos sucios

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