domingo, 7 de mayo de 2017

EL HORROR DE LAS CRUZADAS- ISRAEL, GOG Y EL ANTICRISTO

 ISRAEL, GOG Y EL ANTICRISTO
Abraão de Almeida
EL HORROR DE LAS CRUZADAS
Viviendo en paz y dedicadas al libre comercio, las comunidades israelitas en varías partes del mundo llegaron a prosperar. Sin embargo, en el año 631, en la ciudad de Toledo, la Iglesia Romana comenzó a imponerles restricciones. La superstición y el bajo nivel espiritual a que descendió el cristianismo nominal durante la Edad Media, se ocuparon de hacer el resto.
En el año 1096, se organizó en Clermont, Francia, la primera guerra de las Cruzadas contra los mahometanos que ocupaban los lugares santos de la Palestina. Los cruzados bajo el mando del mercenario francés Guillaume, abatieron las comunidades judías de Renana, Tréveris, Espira y de Worms, además de otros lugares. Las hordas sanguinarias arrastraron a hombres, mujeres y niños hasta los templos católicos para bautizarlos a la fuerza. Sin embargo, la mayoría de ellos prefirió pagar con su vida la fidelidad que debían a los milenarios principios del judaísmo. Las razones que aducían los "hermanos peregrinos" eran que, antes de exterminar a los sarracenos en el Oriente, tenían que eliminar en el Occidente a los descendientes de aquellos que crucificaron al Hijo de Dios.
El historiador Joseph-Francois Michaud cuenta lo siguiente acerca de un grupo de esos "peregrinos", que se hallaban reunidos en las márgenes de los ríos Rhin y Mosela, y que tenían por jefes al padre Volkmar y al conde Emicon: "Esos dos jefes se quedaron admirados de que se fuera a hacer guerra a los musulmanes, que tenían bajo su ley la tumba de Jesucristo, mientras se dejaba en paz a un pueblo que había crucificado a su Dios. Para inflamar las pasiones, tuvieron el buen cuidado de hacer hablar al cielo y de apoyar su opinión mediante visiones milagrosas. El pueblo, para el cual los judíos eran por todas partes objeto de horror y de odio ya se mostraba muy propenso a perseguirlos ... Emicon y Volkmar dieron la señal y el ejemplo. A su voz de mando una multitud furiosa se esparció por las ciudades vecinas del Rhin y del Mosela; mataron sin piedad a todos los judíos que encontraron a su paso. En su desesperación, un gran número de esas víctimas prefirió suicidarse, antes de recibir la muerte de manos de sus enemigos. Muchos se encerraron en sus casas y murieron en medio de las llamas que ellos mismos habían encendido; algunos amarraron grandes piedras a sus vestidos y se precipitaron con sus haberes al río Rhin y al Mosela. Las madres sofocaban a sus hijos contra su pecho, diciendo que preferían enviarlos al seno de Abraham, antes que entregarlos al furor de los cristianos. Las mujeres y los ancianos pedían por piedad que los ayudasen a morir. Todos esos infelices imploraban la muerte, como cualquier otro hombre hubiera implorado la vida." (1)
PESTE NEGRA, INQUISICION Y'POGROMS" (8)
Entre los años 1340 y 1350 irrumpió devastadora la "muerte negra" una peste virulenta que mató a un tercio de la población de Europa. Una vez más la superstición, el complejo antisemita y la ignorancia se encargaron de lanzar toda la culpa de está desgracia sobre los judíos. A pesar de que el Papa Clemente VI los defendió, haciendo ver que también los judíos morían de la peste como los cristianos, el fanatismo habló más alto que la razón, y la ruina se desencadenó como una tempestad; en más de 350 ciudades europeas esos infelices fueron matados a palos, ahogados, quemados vivos, ahorcados y estrangulados.
Infamante bajo el punto de vista, fue el martirio de los judíos en España y en Portugal, durante la vigencia de la Inquisición. Solamente en Toledo, en pocas semanas, fueron quemados vivos 2,400 hombres, acusados de infidelidad al catolicismo. Los que declaraban que estaban arrepentidos de su falsa conversión, alcanzaban la "misericordia" de un estrangulamiento antes de ser tirados a las llamas "purificadoras".
En Portugal ese nefasto tribunal fue implantado en 1536 y actuó contra los judíos con tanta crueldad, que el Papa Pablo II envió una protesta y el Concilio de Trento tuvo que ocuparse de la saña bárbara de los inquisidores lusitanos.
 Pero el odio a los judíos no comenzó con la Inquisición, ni tampoco fue una característica exclusiva de los inquisidores, pues, emanado de los poderes eclesiásticos, ese odio trabordaba a las masas llenas de fanatismo, causando siempre una sangrienta mortandad. He aquí un ejemplo:
Veinte años antes de la instalación de la Inquisición en Portugal, D. Manuel, huyendo de la terrible peste se dirigió a principios de 1516 a Beja, para visitar a su madre D. Beatriz. En Lisboa, donde la peste llegó a matar 130 personas por día, se celebraron rogativas, se organizaron procesiones y penitencias, implorando a gritos la clemencia divina. "Fue entonces que el 15 de abril de ese mismo año ocurrió el conocido episodio de la iglesia de Santo Domingo, que dio origen a la feroz matanza de los 'cristianos nuevos'. Donde los cristianos antiguos querían ver un milagro ¡un rayo de luz filtrado a través de los vitrales que cayó sobre un crucifijo, aureolándolo con una luminosidad!— otros atribuyeron lo sucedido a la exaltación mística o a la presencia de los dominicos.
`Un 'cristiano nuevo' que se hallaba entre los presentes dejó escapar frases imprudentes de incredulidad. La multitud indignada saltó inmediatamente sobre el incrédulo, lo arrastró por el atrio, asesinándolo y quemando luego el cadáver. ¡Se prendió la mecha! Comenzó entonces la caza de los recién convertidos. '¡Herejía! ¡Herejía!' gritaban. Y el pueblo arrastrado por la exaltación recorría las calles practicando hechos horribles. El motín se transformaba en revolución popular.
 Los marineros de muchos barcos extranjeros fondeados en el río, también se juntaron a la plebe amotinada. El desorden produjo un largo y terrible drama de anarquía. Los 'cristianos nuevos' que iban por las calles desprevenidos, fueron muertos o malheridos, arrastrados, muchas veces aún con vida, a las hogueras que rápidamente se habían armado, tanto en la plaza grande como en las riberas del Tejo. Las calles se llenaron de sangre. Se quemaron casas. Los cadáveres se amontonaban en pilas. Las víctimas aterrorizadas ni siquiera escapaban en los templos, a donde iban a refugiarse como última esperanza de salvación. Hubo saqueo, violaciones de mujeres ...  (4) "Cristiano nuevo" o "recién converso', en este caso, era el judío convertido, casi siempre por la fuerza, al catolicismo romano.
El antisemitismo, sin embargo, no desapareció con las Cruzadas, ni con la nefanda Inquisición, sino que continuó vigente en muchas partes del mundo. En los países del oriente europeo, los' apóstoles de la "única fe verdadera" causaron envidia a los inquisidores españoles y portugueses. Las carnicerías más crueles, los despedazamientos, las mutilaciones, la rasgadura de miembros, la quema de personas vivas, todo, en fin, fue hecho en nombre de la religión; las hordas llenas de fanatismo parece que conocían una sola fórmula: el bautismo o la muerte ... Existen relatos y crónicas de esa época que para leerlos se necesita tener buenos nervios. Es natural que la mayor parte de los judíos no aceptasen el bautismo, con pocas excepciones. Como lo afirma uno de sus historiadores, los judíos no querían hacerse cristianos, querían permanecer fie-


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