sábado, 29 de julio de 2017

AL NIÑO PUEDE ENSEÑÁRSELE A VIVIR

AL NIÑO PUEDE ENSEÑÁRSELE A VIVIR
QUIEN OYE UN SECRETO DEBE SAB GUARDARLO
GUSTO venir a su casa!» me decía no hace mucho, al despedirse, una visita. «Es una de las poquísimas donde puede hablarse sin miedo a que corra de boca en boca lo que uno diga ».
Quien merecía, en realidad, este cumplido, era mi madre.
Contaba yo unos ocho años, cuando fué un día a casa la señora de Brown, a hablarle a mamá de cierto asunto grave relativo a su hijo. La ventana cerca de la cual conversaban estaba abierta, y yo, que jugaba al pie de ella, oí todo lo que decían. Mamá, que lo había notado, me llamó apenas se fué su amiga.
—Vamos a ver—me dijo—, si la señora de Brown hubiese dejado olvidada aquí su cartera: ¿te parece que haríamos bien dándosela a otra, persona? —No, mamá; claro que no—contesté en seguida.
—Pues lo que ha dejado hoy en nuestra casa vale muchísimo más que una cartera: ha dejado un secreto que, si no sabemos guardarlo, podría causar la desgracia de varias personas. Lo que ella me ha contado es suyo, y no debemos decírselo a nadie. ¿ Entiendes ?
Entendí perfectamente. Tanto así, que me guardo muy bien de repetir un secreto que me confíen o de divulgar críticas imprudentes que hagan en mi presencia.   
 Constante Cameron
Selecciones  Febrero de 1943

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