domingo, 9 de julio de 2017

GOTAS DE CARIÑO

La resplandeciente joya de la propia estimación es un don de Dios que todo niño merece
GOTAS DE CARIÑO
POR NANCY SULLIVAN GENG 
AOUEL DíA, mi amiga Lauri y yo llevamos a los niños al parque a festejar mis 35 años de vida. Mientras vaciábamos una cesta repleta de sándwiches y galletas sobre una de las mesas del lugar, los vimos reír y saltar felices por todas partes.
Brindamos por nuestra amistad con botellas de agua mineral. Fue entonces cuando reparé en los aretes de forma de gota que Lauri estaba estrenando. En 13 años de conocerla he observado que le encanta usar pendientes de esa forma. Le he visto muchísimos: de cuentas de cristal azul, de gemas de colores, de perlas rosadas...
—¿Sabes por qué me gustan? —me preguntó. Entonces empezó a contarme unos recuerdos de su infancia que la hicieron cambiar para siempre.
FUE UN DÍA DE PRIMAVERA. Lauri cursaba el sexto grado y el aula estaba decorada con motivos alegres. Había cestitas amarillas colgadas de cordeles por encima de los pupitres, hámsters que se movían sobre tiras de papel periódico dentro de sus jaulas y clavelones anaranjados en envases de leche recortados que, colocados en el alféizar de las ventanas, hacían las veces de macetas.del grupo estaba la maestra Lake, mujer de largo pelo castaño rojizo cuyos ojos azules irradiaban bondad. Pero lo que más cautivaba de ella a Lauri eran sus aretes: unos filamentos de oro de forma de gota, entrelazados con perlas dé color marfil.
  La maestra recordó a los niños que ese día, iban a celebrar la reunión de fin de curso y que cada uno de ellos,juntó con sus padres, recibiría un informe de su desempeño. En el pizarrón estaba escrita una lista en ordenálfabético que asignaba un turno de20 minutos a cada familia.
Lauri figuraba al final de la lista, pero eso no le importaba mucho: aun cuando la, maestra había enviado un recordatorio a su casa y telefoneado varias veces para avisar, sabía que sus padres no asistirían.
El padre de Lauri era alcohólico y ese año su mal había empeorado. Muchas noches se había quedado dormida oyendo la voz'aguardentosa de su padre,los sollozos de su madre y, el ruido de puertas que se cerraban con violencia y hacían temblar los cuadros en las paredes.
La Navidad anterior, Lauri y su hermana juntaron el dinero que habían ganado cuidando bebés y le compra-ron a su padre un estuche para lustrar calzado. Lo envolvieron con papel rojo y verde y lo adornaron con un listón dorado que remataba en moño. Se lo dieron en la Nochebuena, y a Lauri se le partió el corazón al ver que él arrojaba con fúria el obsequio y lo hacía pedazos.
El día de la reunión de fin de curso Lauri observó cómo la maestra Lak acompañaba a cada niño hasta 1a puerta que conducía al pasillo, donde sus padres le recibían,con sonrisas de orgullo, palmadas cariñosas y hasta abrazos efusivos. Luego, la puerta se cerraba y Lauri intentaba distraerse con sus tareas; mas no podía evitar o lo que los padres preguntaban, las risas nerviosas de sus compañeros y las respuestas ale la maestra. Trató de imaginar lo que sentiría si también pudiese ver allí a sus padres.
Una vez fue quedó sola en el aula, la maestra abrió la puerta y le hizo una seña para que saliera. Sin decir nada, Lauri caminó hasta el pasillo y se sentó en una silla plegadiza. Frente a ella había un escritorio con un rimero de expedientes y trabajos de los alumnos. Cor  extrañeza vio a la maestra buscar entre los legajos y sonreír.
Avergonzda por la ausenciá de sus padres, Lauri se estrujó las manos y bajó la vista. La maestra acercó su silla a la afligida pequeña y le levantó la barbilla para poder mirarla a los ojos.
—En primer lugar —le dijo—, es importante que sepas que te quiero mucho.
Lauri alzó la mirada. El rostro de la maestra expresaba  unas emociones que casi desc:gconocía: compasión, benevolencia y  ternura.
—En segunndo —prosiguió—, debes saber que  no es culpa tuya que tus papás no hayan venido.
La niña volvió a mirar a la señora Lake. Nunca  le habían hablado así.—Y en tercero    añadió—, mereces una charla aunque tus papás no estén aquí. Mereces que te diga que has trabajado muy bien y que pienso que eres una niña adorable.
Luego le mostró sus calificaciones y revisó con ella sus trabajos, elogiándola por su esfuerzo y haciendo hincapié en sus cualidades. La maestra conservaba incluso unas acuarelas que la niña había pintado.
Lauri no supo exactamente en qué momento ocurrió, pero de pronto oyó en su corazón la voz de la esperanza y en lo profundo de su ser se inició una transformación.
Los ojos se le arrasaron y el rostro de la maestra se volvió borroso... con excepción-de los aretes de forma de gota con perlas de color marfil.
Fue entonces cuando Lauri se percató por primera vez en su vida de que era digna de ser amada.
SENTADA JUNTO a mi amiga en medio de un agradable silencio, pensé en las ocasiones en que ella se había puesto para mí los pendientes de la verdad.
Yo también crecí con un padre alcohólico y por muchos años sepulté los recuerdos de, mi infancia. Pero Lauri me encontró en el pasillo simbólico de la comprensión y me hizo ver que la resplandeciente joya de la propia estimación es un don de Dios que todos merecemos. Me enseñó que aun en la edad adulta es posible descubrir el sublime sentimiento de que uno es valioso.
En ,ese instante los niños llegaron corriendo y se dejaron caer en él césped haciendo gestos de que se morían de hambre. Pasamos el resto de la tarde aplaudiendo las piruetas de los niños y deslizándonos por toboganes en los que apenas cabíamos.
Entonces Lauri me dio una cajita: era un regalo de cumpleaños envuelto en papel rojo estampado con flores y rematado en un moño dorado.
Lo abrí: dentro había unos hermosos aretes de forma de gota.
1996 POR NANCY SULLIVAN GENG. CONDENSADO DE FOCOS ON THE FAMILY (NOVIEMBRE DE 1996), DE
COLORADO SPRINGS, COLORADO

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