lunes, 28 de agosto de 2017

LA BIBLIA VERIFICADA— EL EGIPTO Y ASIRÍA.

 LA BIBLIA VERIFICADA
POR ANDREW ARCHIBALD 
CAPITULO XVII. 
LA BIBLIA Y LOS MONUMENTOS— EL EGIPTO Y 
ASIRÍA. 
 "Si estos callasen, las piedras clamarían." — Lucas 19 : 40. 
Cuando durante la entrada triunfal de Jesús en 
Jerusalem las multitudes gritaban " Bendito el que 
viene en el nombre del Señor," los Fariseos querían 
que los discípulos fueran reprendidos por glorificar á 
su Maestro, quien, sin embargo, replicó, " Si estos ca- 
llasen, las piedras clamarían." Numerosas han sido 
las defensas de la Biblia, y se multiplican constante- 
mente. Cristo tiene aún discípulos que exalten su 
nombre y su palabra. Mi voz ha sido levantada para 
aumentar el coro de aleluyas. ¿Cómo podría uno 
guardar silencio? ¿Quién no desearía poder pre- 
sentar la verdad con mayor poder? Puede apre- 
ciarse el pensamiento de Antonio que decía que si él 
poseyese la elocuencia de Bruto, haría que 
"Las piedras de Roma se alzasen en rebeldía." 
Dios, en este siglo de ataque el mas violento contra 
las Escrituras, ha dado boca á las cosas inanimadas, 
como hemos de verlo al considerar la Biblia y los 
monumentos. 
La naturaleza de esta clase de verificación de las 
Escrituras ha sido ya introducida por la mención 
hecha de la Piedra Moabita y el Cilindro de Nabon- 
nido, los anillos de Aggeo y Jeremías, el descubri- 
miento reciente de Pithora, una de las ciudades de 
almacenage edificada por los esclavos hebreos, y las 
estatuas junto con las obras masivas de los Faraones. 
La importancia creciente de esta línea de evidencias 
en las excavaciones que tan diligentemente son lleva- 
das á cabo en los países comprendidos ó aludidos por 
la narración de la Escritura parecería aconsejar un 
tratamiento distinto y por separado de esta fase tan 
interesante del asunto. Volúmenes enteros se están 
escribiendo sobre este departamento especial de estu- 
dio bíblico, y en el corto espacio á nuestra disposición 
solamente podremos echar una ojeada á los hechos 
principales, mientras que á la par recorreremos todo 
el terreno en él comprendido. Las discrepancias apa- 
rentes entre los dos registros, el escrito y el monu- 
mental, ha de continuar sin duda desapareciendo á 
medida que las inscripciones irán siendo descifradas. 
Para nuestro presente propósito únicamente este campo 
sin límites de investigación es suficiente notar las con- 
firmaciones positivas dadas por las piedras mismas á 
los oráculos divinos. Los antiguos, que menos que 
ningunos otros hubieran deseado corroborar los escri- 
tos de los hebreos, nos están predicando, en un sen- 
tido mas real aún que lo que entendía Shakespeare, 
" sermones en piedras." 
El Egipto está revelando sus secretos. Sus monu- 
mentos han sido siempre impresivos. Sus pirámides 
y obeliscos han sido la admiración del mundo. Aun 
las ruinas de sus templos grandiosos son de una belleza 
sorprendente. Del conjunto de material puesto de 
este modo á nuestra disposición, mientras que la pica 
del excavador sigue dando á luz nuevos descubri- 
mientos, tenemos que contentarnos con usar una parte 
muy pequeña. 
Mil quinientos años antes de la era Cristiana Ame- 
nofis III. erigió en Tebes, á orillas del Nilo, dos esta- 
tuas colosales, originalmente coronadas, de setenta pies 
de altura, las cuales yacen sin sus coronas, majestuosa- 
mente sentadas en reposo en el mismo lugar en donde 
al principio fueron oolocadas. Una de estas ha sido 
famosa en la historia conocida como la " vocal Mem- 
non," que se decía emitir al salir el sol un sonido como 
el de un arpa. Esta música celebrada, que ha sido la 
inspiración de los poetas desde entonces, puede haber 
sido después de todo, un fenómeno actual y natural, 
pues ciertas piedras frías ahora al recibir los rayos 
caloríferos del sol, se dice que suenan ó vibran con 
una melodía parecida á aquella producida por una 
cuerda de arpa al romperse. En verdad que todas 
las estatuas del Egipto se han vuelto vocales desde que 
hemos aprendido en el siglo presente á leer las inscrip- 
ciones que contienen. 

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