miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA VIDA ANTES DE NACER

El milagroso proceso que hace
de una mera partícula de protoplasma
un nuevo ser humano
LA VIDA ANTES DE NACER
Por el Dr. Herbert Thoms y Bruce Bliven, hijo
Condensado de «MacCall´s"
SELECCIONES DEL  READER'S DIGEST   
JUNIO DE 1958
 ASOMBROSA la rapidez con que crece una criatura desde la concepción hasta el nacimiento. En solo el primer mes, el diminuto organismo aumenta hasta cerca de diez mil veces su peso inicial. En los tres primeros meses progresa desde una partícula de material acuoso hasta un organismo infinitamente complicado, ciertamente imperfecto aún, pero en el cual puede reconocerse ya un futuro ser humano.
Todo el proceso es una maravilla de refinamiento que enciende la imaginación. Un cambio prepara el camino al siguiente, y el plan, con toda su sutileza, se caracteriza por una precisión increíble. Esta trasformación, que tarda unos 267 días, es la forma asombrosa en que comienza la propia biografía de uno y la de todo el mundo.
Durante la concepción el óvulo femenino se une con el espermatozoide masculino, e inmediatamente los 48 cromosomas del núcleo de esta célula combinada comienzan a agitarse como preludio de la primera división celular. El óvulo fecundado es aproximadamente del tamaño del punto de esta i. Sin embargo, contiene ya en sí todas las características genéticas que harán , de la criatura cierto niño de una familia determinada: un niño, pongamos por caso, con la penetrante mirada de su padre y las aptitudes musicales de la abuela materna.
Al dividirse la célula (partiéndose en dos, las dos células resultantes en cuatro, y así sucesivamente) el óvulo desciende flotando por una de las dos trompas de Falopio hasta la matriz, viaje de cinco centímetros que tarda tres o cuatro días. Al llegar a la ,matriz el óvulo está por lo general en su etapa de 16 células, aproximadamente. Desde esta temprana fecha ya ha ocurrido un hecho misterioso. Ahora hay dos clases de células notablemente diferentes: células planas, que se dividen con rapidez y forman la delicada capa externa; y células internas, que se dividen lentamente y son llenas y redondeadas.
Desde el cuarto hasta el sexto o sétimo día esa pequeña esfera que es el óvulo, ahora como del tamaño de una cabeza de alfiler, flota en el líquido que llena la cálida y oscura cavidad uterina. El revestimiento aterciopelado del útero o matriz, entrelazado con pequeños vasos sanguíneos, se ha vuelto extraordinariamente suave y grueso, como ocurre una vez cada 28 días durante los años fecundos de la madre. Más o menos al sétimo día, conforme el óvulo se dirige a este revestimiento, comienza a horadar vigorosamente el material esponjoso y se empotra en él, con lo cual rompe algunos vasos capilares, que empiezan a manar sangre. Brotan entonces en toda la superficie del óvulo varios centenares de diminutas proyecciones que crecen rápidamente, llamadas «vellosidades.» Como minúsculas raíces de plantas, penetran en los diminutos lagos sanguíneos y absorben oxígeno y alimentos: minerales, hidratos de carbono, proteínas, grasas. Con esta nutrición, el óvulo crece rápidamente.
Todos estos acontecimientos se han efectuado antes de que la madre sepa que está embarazada; lo más probable es que no se percate de ello por lo menos hasta el vigésimo primer día.
Dentro de la esfera, mientras tanto, la colonia de células redondas ha formado dos sacos minúsculos, el saco vitelino y el amnios. En los puntos de contacto de los sacos hay una acción recíproca y se produce una tercera capa de células, con lo que se constituye un disco de tres capas. El resto del saco vitelino carecerá de importancia en lo futuro, pero el amnios sigue siendo una estructura fundamental hasta el momento del alumbramiento. Ahora bien, es el disco celular de tres capas el elemento encargado en adelante de la función principal, pues está a punto de trasformarse en el embrión.
Cada capa proporcionará al futuro bebé materiales para tipos específicos de tejido. Una da origen a las células que formarán el sistema nervioso, la piel, el pelo, las uñas, el esmalte dentario y los revestimientos de la nariz y la garganta. La capa media suministrará células para los músculos, huesos y cartílagos, la sangre y los vasos sanguíneos, los riñones y la dentina. La tercera capa formará el tubo digestivo y la mayor parte del aparato respiratorio.
La siguiente trasformación es tal vez la más maravillosa de todas. Al decimonoveno o vigésimo día se forma en una de las superficies del disco un pliegue en forma de surco. Los bordes de este pliegue se elevan y convergen en un extremo, que va a ser la cabeza, y al mismo tiempo el disco se vuelve parcialmente tubular y adopta la forma de media luna. La curva externa llegará a ser la espalda del niño. Unos días más tarde aparecerá el primer indicio de la columna vertebral, y la sustancia encefálica comenzará a llenar el hueco en el extremo que ha de constituir la cabeza. Pronto aparecerán pequeñas yemas, los primeros indicios de brazos y piernas. Al vigésimo primer día se ha formado un corazón rudimentario que 10 días más tarde comienza a latir.
El embrión está conectado con la cubierta de la esfera por un hilo de células que con el tiempo se alargará hasta formar una cuerda blanca opaca de 55 centímetros: el cordón umbilical. Incluido también dentro del saco amniótico, el embrión está doblemente envuelto: una minúscula media luna metida en un saco de tejido que está dentro de una bola de tejido enterrada en el esponjoso revestimiento del útero. Además, el saco amniótico está lleno de un líquido claro, 98 por ciento de agua, que amortigua eficazmente los choques: hay mujeres embarazadas que, no obstante haber sufrido accidentes escalofriantes, no han perdido el hijo
De ahora en adelante el embrión toma rápidamente el aspecto de un bebé. Al final del segundo mes solo tiene 2,5 centímetros de largo de la cabeza a la rabadilla, pero tiene nariz, boca, oídos y un esbozo de le que serán las cuencas de los ojos, Al final del tercer mes, el embrión (en lo sucesivo llamado feto) tiene 7,5 centímetros de largo y pesa cerca de 30 gramos. Sus diversos aparatos v sistemas corporales muestran claramente lo que pronto van a ser. Se han formado los ojos y los párpados, que por el momento están cerrados. Se hallan ya los órganos sexuales. Brazos y piernas están completos hasta las uñas de pies y manos, y el feto ha comenzado a moverlos, aunque los primeros movimientos son imperceptibles para la madre.
El corazón ha estado latiendo durante dos meses, ganando en fuerza muscular. El feto ha comenzado también a tragar pequeñas cantidades de líquido amniótico, ejercicio no solo para la deglución sino también para algo semejante a la respiración. El liquido entra a sus pulmones; luego el feto lo expulsa, empleando los músculos respiratorios. Por el momento esto no es más que un ensayo, pues hasta el nacimiento el feto obtiene todo su exígeno y su alimento de la sangre de la madre.
Todos estos acontecimientos asombrosos han tenido lugar en solo tres meses. El útero de la madre ha aumentado de volumen pero, excepto tal vez a sus propios ojos, el crecimiento de su abdomen es todavía insignificante. Durante los seis meses siguientes de evolución del feto, el desarrollo de las facultades que tendrá como recién nacido será gradual.
El cordón umbilical es la única conexión entre la madre y el feto. El cordón no contiene nervios y, como los sistemas nerviosos de la madre y del feto están enteramente separados, nada de lo que piensa o percibe la madre puede afectar a su hijo. Por eso son falsas las viejas supersticiones acerca de las influencias prenatales.
Igual que el sistema nervioso, el aparato circulatorio del feto es enteramente independiente. El feto elabora toda su propia sangre, que nunca se mezcla con la de la madre. Las dos corrientes sanguíneas sencillamente intercambian materiales dentro de un órgano notable llamado placenta, que se -desarrolla en el útero durante el embarazo y se expulsa al final del proceso del parto. La placenta, que está unida al feto por el cordón umbilical, tiene la forma de una torta plana de 13 a 15 centímetros de diámetro. La mayor parte de su volumen está formado por vellosidades, dotadas de vasos sanguíneos y entremezcladas con los vasos sanguíneos y los tejidos de la madre. La placenta respira y digiere por el feto, servicio de incalculable valor porque permite a los aparatos respiratorio y digestivo del futuro bebé permanecer latentes mientras crecen.
Hacia la última parte del cuarto mes, la madre siente que el feto se mueve. Esta sensación es muy débil al principio; pueden pasar semanas antes de que la flexión de los brazos y piernas del feto se haga vigorosa e inconfundible. A la mitad del embarazo, el feto tiene 15 centímetros de largo y pesa 170 gramos. Han aparecido cejas y pestañas. Por primera vez el latido cardiaco es suficientemente fuerte para poder oírse con un estetoscopio. Late el corazón unas 136 veces por minuto, casi con doble rapidez que el materno. Un acontecimiento más se ha depositado una cantidad apreciable de calcio en los huesos blandos, cartilaginosos aún.
Hacia el final del sexto mes el feto tiene 30 centímetros de largo y pesa unos 675 gramos. Puede hipar, mover los músculos faciales y estornudar. Los ojos están casi totalmente desarrollados, pero solo son sensibles a la luz. Si naciera en este momento, quizás podría sobrevivir, aunque las probabilidades son muy remotas.
Con impresionante aumento de fuerza, el feto comienza a estirarse y retorcerse, moviendo no solo los brazos y piernas sino también el cuerpo y la cabeza. Los músculos del pecho, preparándose para respirar el aire, se hacen más fuertes cada día. Los riñones funcionan y los intestinos están activos a pesar de que normalmente no habrá evacuación sino hasta después del parto. Como ensayo de la acción refleja que después del nacimiento le proporcionará alimento, el feto hace movimientos de succión casi constantemente. En efecto, puede muy bien estar chupándose el dedo, como lo hacen algunos bebés antes de nacer.
Hacia el fin del noveno mes, o aproximadamente a los 252 días, el feto está «maduro,» es decir, listo para nacer. La cifra de 267 días solamente es un promedio estadístico: son muy comunes las variaciones de 15 días en un sentido o en otro.
El feto maduro generalmente pesa entre 2700 y 3200 gramos; su talla es de cerca de 49 centímetros. Tiene los brazos doblados' sobre el pecho y los muslos contraídos contra el estómago, posición que ocupa el menor espacio posible. La mayor parte del tiempo está tranquilo (y probablemente en un estado muy semejante al sueño), pero ahora cuando impulsa los brazos o las piernas, los movimientos son realmente poderosos. Si el médico coloca la palma de la mano sobre el útero, probablemente el feto responderá con golpes de protesta.
Es ya un ser humano, pequeño pero completo. De un momento a otro pasará por su primera gran prueba, el proceso del nacimiento. En cierto sentido, todo está por venir para él; y sin embargo, nadie podría negar que su experiencia ya ha sido verdaderamente maravillosa.

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