domingo, 1 de octubre de 2017

SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO-VIII. AMENAZAS AL CORREGIDOR





ENRIQUE DEL CID FERNANDEZ
 
          CRUZ Y BARRIOS
       INCENDIO Y SAQUEO
    A LA VILLA
DE HUEHUETENANGO




























































































 CAPITAN DON AQUILINO GOMEZ CALONGE
CORREGIDOR Y COMANDANTE GENERAL DEL DEPARTAMENTO DE HUEHUETENNAGO
1869
ORIGINARIO DE TEJADO, SORIA, REYNO DE ESPAÑA

VIII. AMENAZAS AL CORREGIDOR

Don Tomás de Aquino Samayoa, juntamente con el Co­ronel Evaristo Cano, fueron los hombres de confianza del Ma­riscal Cruz; casi diríamos que incondicionales a sus fines. Don Tomás envió a sus mozos Agustín Pascual y Carlos Xutuc a entregar prudentemente las comunicaciones dirigidas por Cruz al Vicario de la Parroquia, al Alcalde y al Corregidor Interino. (Vale la pena advertir que con el Corregidor no guardaba bue­nas relaciones. Este funcionario hablase negado a aprobar el nombramiento de Teniente de Policía que la Municipalidad de Huehuetenango había hecho recaer en la persona de Aquino Samayoa, por tener conocidos antecedentes de contrabandista).
   En estas comunicaciones don Serapio invitaba y aun amenazaba a Gómez Calonge si no rendía la plaza. Al Vicario y al Alcalde conminó para que influyesen en el ánimo del Co­rregidor Interino con el propósito de evitar los desórdenes con­siguientes a la lucha armada, el derramamiento de sangre y la destrucción segura de la villa...
   El texto de las notas fue semejante a otra que enviara años atrás, en 1867, que transcrita dice:

Del General en Gefe del Ejército Libertador, Mariscal D. Serapio Cruz.
Sr. Alcalde 1ero. de Gueguetenango.
Recomendé a U. á mi salida que todas las armas dis­persas que allí existen se recogieran y se me remitieran inmediatamente y hasta la fecha no he tenido razón alguna.
     Por otra parte observo que ni la autoridad, ni los principales vecinos del lugar quieren ayudarme en nada para favorecer a los pueblos oprimidos.
  Es necesario que reuna U. á los vecinos para que tomen las providencias necesarias para ayudar á la justa causa que defendemos, de no hacerlo, con voluntad, me veré forzado a cambiar mi bondad y rni prudencia, en la dureza que exigen las circunstancias y sacaré, recursos de las personas que están trabajando contra el bien de los pueblos.
  Al recibir ésta, publicará U. un bando para que en el preciso término de cuatro horas se presenten todos los vecinos de ese pueblo aptos para llevar las armas, ad­virtiendo que presentados que sean, serán destruidas las fábricas de Aguardiente y ellos mismos nos deben ayu­dar a destruir las de todos los departamentos de los Altos.

Dios G. á U. ms. as.
                               SERAPIO CRUZ".

IX. GOMEZ CALONGE

Aquilino Gómez Calongeespañol de nacimiento— de­sempeñaba entonces el cargo de Corregidor Interino del depar­tamento. Era hombre de rápidas y terminantes decisiones. En ausencia del Corregidor Propietario, Sargento Mayor don Julio César de Garrido y Estrada, había logrado mantener la disciplina y ventajas necesarias en aquel difícil ambiente como era el que creaban las sucesivas invasiones de los Cruz.
   En septiembre de ese mismo año había dirigido un ma­nifiesto a los habitantes de Huehuetenango que copiado dice as!:

         "AQUILINO GOMEZ CALONGE, 
CAPITÁN DE INFANTERIA DEL EJÉRCITO DE LA REPUBLICA,
CORREJIDOR Y COMANDANTE GENERAL DEL DE­PARTAMENTO DE HUEHUETENANGO",

"Al hacerme cargo interinamente del mando superior político y militar   del Departamento, cumple á mi deber el dirigiros la palabra, y al verificarlo debo hacerlo clara y francamente como propio de mi carác­ter, y sin usar en ella fraces que no estén al alcance de todos, para que asi puedan todos comprenderlas y puedan tambien jusgarlas en el valor que en sí tengan siendo mi deber aconsejaros al mismo tiempo el camino que debéis seguir en las actuales circunstancias como veréis á continuación''.

"HABITANTES DE HUEHUETENANGO"
 "Vosotros que siempre habéis sido, fieles al Supre­mo Gobierno como Ciudadanos honrados y amantes de la felicidad de vuestros Pueblos como se lo habéis de­mostrado en diferentes  ocaciones no os dejéis hoy se­ducir ni arrastrar de falsos ofrecimientos al camino de vuestra perdición, y ruina de vuestras familias é inte­reses: vosotros sabeis muy bien que la revolución no produce otra cosa que ruinas y desgracias en general y que los adelantos adquiridos en muchos años desapa­recen con ella en pocos momentos, así como tambien debéis estar bien persuadidos de que lo único que con­viene al honrado Ciudadano, es la paz, con ella todo es felicidad, progresa la agricultúra porque á ella se dedi­can los hombres laboriosos con tranquilidad y sociego, progresan las artes porque sus operarios se ocupan con el mismo sociego y progresan en fin todos -los ramos que constituyen la felicidad y riqueza de los Pueblos. No os dejéis seducir os repito, si deséais la felicidad de vues­tra Patria, de vanos, ofrecimientos que son de los que se valen siempre sin reparar en medios ni consecuen­cias los hombres que llevados de la ambición desean encumbrarse por medios ilegales y miras puramente par­ticulares y no generales como os pintan, pues no pue­den haberlas generales cuando se procura atropellar el pensamiento unánime de toda la República; y siendo asi como lo és ¿Puede ser otra cosa que miras par­ticulares? No, y lo peor es, Ciudadanos, que hoy se en­cuentran entre vosotros algunos de estos hombres que solo se ocupan en seduciros y precipitaron en el abismo, sí, no se puede dudar, se ve pintado claramente en sus fisonomías que su espíritu y sus conciencias no se hallan tranquilas, como no puede estarla la del hombre que se halla persuadido de que lo que su imaginación está maquinando es un crimen, y no puede haberlo mayor al que aquellos están egerciendo, porque en- él va envuel­ta la desgracia de millares de familias, y esta desgra­cia es indudable, meditadlo bien y os convenceréis de la verdad, aún es tiempo de que despreciéis esos falzos ofrecimientos que os están infundiendo, más tarde no lo será".
   "Os hablarán también de libertades, ¿Y, que en­tenderán por libertades las que estos os ofrecen? es muy sencillo, es el libertinage pues vosotros la sabéis tam­bien como yo, que la verdadera libertad se la propor­ciona por sí el mismo Ciudadano, porque el hombre honrado, tranquilo y ovediente á las leyes, pues sin estas no puede haber Sociedad ni Pueblos, y que solo se ocupa en ver la felicidad de su familia y progreso de sus interezes ¿Quién lo molesta? nadie ¿Quíén se atreve a atropellarle? nadie, al contrario la autoridad en cum­plimiento de su deber se desvela para que aquella feli­cidad, nadie se la rove ni atropelle; pero esta Autori­dad necesita también de estos hombres que le ayuden a reprimir á los que, olvidados de estos principios, in­tenten quitar la tranquilidad a los demás, pues como comprenderéis, la Autoridad poi, sí sola y sin vuestra ayuda, por más que se vea animada de los mejores deseos, no es suficiente para ello, por cuyo motivo confío en que vosotros me áyudaréis á tranquilizar los ánimos que se hallan algún tanto perturvados por los efectos de las circunstancias, y si así me lo prometéis os prometo yo también el morir a vuestro lado si llegase el caso, y podéis estar seguros de que nosotros solos, sin necesitar de nadie, somos mas que suficientes para hacer se conserve el orden y dar seguridades á la Poblacion y á todo el Departamento: esto intereza a todos y todos de­bemos tomar un verdadero empeño para ello, y de este modo veréis conseguida la verdadera libertad, pues de otra manera no es fácil conseguirla".
  "Estoy seguro tomaréis y calificaréis estas palabras en el verdadero sentido que en sí tienen, y si tuviera esta dicha habría logrado mi objeto, que es el de vues­tra felicidad, rogándoos al mismo tiempo os fijéis detenidamente en los buenos deseos y sentimientos con que os la dirige vuestro Corregidor y Comandante General interino".

          Huehuetenango Setiembre 19 de 1869".
                                 
                      "(f) AQUILINO GOMEZ CALONGE
                                    
(Rúbrica) ".

No era el Capitán Calonge hombre que se dejase inti­midar por las amenazas del Mariscal Cruz. Pese a que la guar­nición a sus órdenes era mucho menor que las fuerzas de los sediciosos, dispuso hacer frente a los revolucionarios que sabía ya en territorio huehueteco, internados por el sitio de La Liber­tad cercano a la confluencia de los ríos Blanco y Huistla a pocas leguas del puesto de Nentón defendido por el Sargento Mayor J. M. Rivas y el siguiente cuerpo de tropa: "subteniente Felipe Castellanos, subteniente Salvador Noriega, sargento Miguel Alvarado, cabo primero Ceverino Reyes, cabos José Mariano He­rrera y Máximo Castillo; y los soldados: José Cruz Díaz, Secundino Gómez, Eustaquio Alvarado, Raimundo Reyes, Alvino He­rrera, Aquilino de Barrios, Sabino Gramajo, Lucas de León, Manuel Cardona, Francisco Meza, Eulalio Rivas, Anacleto Pas­cual, Ignacio Velásquez, Nicolás López, Francisco Chávez, Ma­nuel María Marroquín, José Miguel Monzón y José María Cór­dova". Todos destacados hacia ese lugar desde el 6 de julio de 1869 para prevenir y corregir los desmanes de los revoltosos fronterizos...
    Por ello, cuando el Vicario, Presbítero don Juan Bautista de Teherán hizo acto de presencia ante el Corregidor acompa­ñado del Síndico Primero que hacía las veces de Alcalde, (el titular don Juan Francisco David Ríos de Matta había sido sus­pendido el 24 de agosto de 1869 por negarse a cumplir órdenes arbitrarias del Corregidor Julio César de Garrido) para infor­marle acerca de las comunicaciones que les enviara Cruz; Gómez Calonge que había ya pedido consejo al licenciado D. Víctor Marure, Juez del Departamento, dióles a conocer de inmediato su firme resolución de defender la villa costase lo que costase.
Además, les instruyó sucintamente de las órdenes que había impartido, encaminadas todas a mantener la reserva su­ficiente para el abasto de boca y guerra. Terminó el Corregidor Interino rogándoles que le permitieran responder las misivas por propia mano haciendo saber a los facciosos la determina­ción que había tomado.
     Al retirarse el anciano Vicario y el Munícipe del edificio del Corregimiento, Gómez Calonge llamó a sus principales su­bordinados: Comandante Abelardo Arriola, teniente coronel Francisco Alvarado, capitán Fernando Herrera, tenientes Rafael Rosales, Antonio Kopeski, y subtenientes Francisco González Mora, Rafael Trinidad e Higinio Ruiz; y les enteró al detalle del plan que había madurado para la defensa de la cabecera departamental

X. DEFENSA DE HUEHUETENANGO: PLANES
    Primero: Llamada rutinaria para reunir a los mili­cianos de Huehuetenango y sus alrededores. Segundo: aper­tura de trincheras en la plaza de armas, principalmente una diagonal que arrancando de la casa de doña Petrona Rivas (si­tuada antaño donde hoy se levanta la de Don Manuel Sáenz C.) daría fin frente a la de don Samuel Herrera (reformada pos­teriormente por su hijo don Eustaquio allá por los años de 1889­-93, y actual sede social del Club "El Porvenir"). Tercero: atrin­cheramiento de tropas dentro del recinto de la iglesia en cons­trucción que tenía terminados los lienzos laterales y el cim­borrio, faltando únicamente las arcaduras para sentar la media bóveda alargada de la nave principal, así como la azotea con su cornisa y baranda correspondientes. (Los arcos se finaliza­ron hasta el mes de mayo de 1871, bajo la dirección del Ar­quitecto don Manuel B. de León y la administración de don Belisario Cifuentes; la fachada y los campanarios tiempo des­pués). Cuarto: obligación de toda persona que pudiera empuñar un arma para hacer uso de ella y defender el edificio de la Corregiduría.
  Con vales firmados por el capitán Gómez Calonge, el li­cenciado Marure y el Administrador de Rentas don Florencio Molina, procedió el subteniente Higinio Ruiz acompañado de los sargentos segundos Evaristo Paredes y Cosme de los Santos, a más de los soldados Florencio García, Eusebio Zebaquín, Gabino García y Juan Guevara a recoger piochas, azadones y limas; pólvora, fulminantes ("tubos") balas y municiones de grueso calibre en las tiendas de Florencio Moreno, José Xutuc, Juan Martín, Gregoria Arqueta, Bernarda Alvarado, Felipe Chávez, José María Ruiz y Trinidad Molina. El servicio de medicinas se obtuvo en los establecimientos farmacéuticos de los señores J. Florencio Corzo y Pedro Castañeda, poniéndolas a disposición y vigilancia del práctico en Cirugía don Mariano Aragón recién llegado a Huehuetenango.
     Llamáse al cuartel a los herreros José María Raymundo y Claudio Sosa para que calzasen piochas, engastaran azadones, enderezaran baquetas y reparasen lo más pronto posible, con tres ayudantes, la parte de armamento que estuviese en mala condición. Un grupo de quince soldados bajo los órdenes del sargento segundo J. León Sosa (hijo de uno de los herreros), tuvo la encomienda de dar filo con las limas a muchas bayone­tas que hasta entonces se habían considerado inútiles, a nu­merosos sables de caballería y a unas pocas y viejas espadas...
Tres piedras de amolar metidas en zapatas de madera y a medio nivel el agua, sirvieron para asentar el filo de aquella crecida cantidad de armas blancas,
XI. TEMORES
   Al siguiente día., domingo 5 de diciembre de 1869, presentáronse a primera hora los jefes y oficiales de las tres compañías de milicianos: compañía de Concepción, capitán Francisco Hidalgo, teniente Anacleto Herrera y subtenientes Laureano Herrera y don Antonio Galicia. Compañía de San Sebastián y de San José: capitán. don Pedro Mártir Castillo, teniente don Tomás Rivera, subtenientes don Elías Herrera y don Felipe García. Compañía del Calvario: capitán don Juan Méndez, teniente don Belisario Cifuentes y subtenientes don José Domingo Sosa y don Juan de Dios Argueta. Instruidos que fueron, clara y precisamente, para distribuir las armas entre milicianos que llegarían de los alrededores para los trabajos de zapa y vigilancia, Gómez Calonge les ordenó asimismo la construcción inmediata de trincheras, fábrica de parapetos, tranqueras y barricadas, sirviéndose para ello de los materiales que esperaban apilados frente al atrio de la Iglesia Parroquial: ladrillos, maderos, piedras y aun permitió desmantelar parte del crecido andamiaje que sobresalía de las paredes laterales.
   No habían principiado a cumplir su cometido los oficiales, cuando el estrépito de la caja de guerra manejada por el tambor José de la Cruz Díaz acompañada por el clarín de Sinforoso Martínez resonó atronador llevado por el aire a increíble distancia, anunciando con sus temidos redobles y agudo sonido la llamada urgente para aquellos que a esa hora concurrían a sus labores del campo o del taller.
   Hace cien años, la villa de Huehuetenango era pequeña y estaba circunscrita apenas a la quinta parte de lo que es la ciudad actual. Vivían en ella  "146 familias que hacían un total de 2,000 habitantes. Las propiedades rústicas y urbanas sumaban 328 y en ellas encontrábanse 310 cabezas de ganado mayor, 653 ovejas, 70 caballos, 27 mulas y 80 cerdos. El capital en giro llegaba a la cantidad de 10,740 pesos plata y el total de los haberes estimábase en la suma de 83,723 pesos del mismo metal".
   Al escucharse el sórdido redoblar del tambor y el llamado del clarín la intranquilidad hizo presa de muchos vecinos. Una comisión de padres de familia compuesta por don Fernando Herrera, D. Manuel Herrera, D. Joaquín Castañeda, D. Mariano Ovando, D. Manuel Santiago y D. Manuel Porres se presentó al Corregidor Interino para manifestarle su preocupación ante los preparativos bélicos que realizaba. Gómez Calonge explicó la gravedad de la situación y las circunstancias que comprometían de manera directa la seguridad de los habitantes y sus haberes. Las experiencias vandálicas de los facciosos daban margen para suponerlo así. Respaldaban su actitud, las instrucciones recibidas del Ministro licenciado don Manuel Echeverría y Arrivillaga y del Brigadier don Narciso Pacheco Arzú, por medio de las cuales estos altos funcionarios urgían a los Corregidores de la zona para que presentasen una firma de defensa encaminada a desbaratar de una vez por todas a los perturbadores del orden público. Invitó a los miembros de la comisión para que hiciesen saber al vecindario en general el deseo que abrigaba de salvaguardar vidas y hacer respetar la ley; y autorizó tomar como refugio seguro los edificios del Corregimiento y de la iglesia nueva: lugares que estarían mejor defendidos y menos expuestos al saqueo inminente que desarrollarían los indígenas después de principiar el ataque a la vilIa.

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