viernes, 30 de marzo de 2018

-2-RECORDACION FLORIDA- Huehuetenango

 RECORDACION FLORIDA
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANGO

que ó el general cabo de aquella hueste, en cuya muerte consistiría. el triunfo y vencimiento de aquel combate, asechando ocasión de poderle acometer á su salvo; hasta que dándole algún lugar la buena suerte, con ocasión de pasar aquel cabo de la una tropa á la otra que se había dividido á la parte eminente, poniendo piernas al caballo ¡Gonzalo de Alvarado, avivándole á la carrera con prestesa sin que aquel cabo malacateco tuviese tiempo de salvarse, le chocó con tan violenta acometida que entrándole la lanza por el costado'izquierdo le hizo asomar la punta á la parte contraria cayendo en tierra Canilscab, rindiendo la vida al golpe. 110) Hizo que los que le contribuían como a cacique y le obedecían en la ocasión como á cabo, se desordenasen de tal modo, que desbandados volviesen las espaldas, descendiendo de aquella costanilla á la llanura, solicitando el escape de sus vidas, que muchos huyendo deslumbrados la dejaron en manos de nuestros españoles con la victoria que reconocieron deberle á Dios, en cuya mano está el repartir los sucesos; pero esta causa era suya y el poderoso y fuerte brazo del Señor vencía; así lo dicen muchos necios por baldón, que fué por milagro la conquista, y así lo confesamos con gloria los descendientes de aquellos heroicos españoles conquistadores, á quien Dios escojió y destinó para instrumentos suyos, en una ocasión que desde el principio de las cosas, ninguna corre parejas con ésta.

Favoreció el cielo muy declarado en las conquistas de esta parte occidental á aquellos invencibles españoles, y en esta ocasión se manifestó al descubierto su ayuda, cuando al mismo, tiempo que en aquella costanilla cantaba la victoria Gonzalo de Alvarado, acá Antonio de Salazar en la planicie de aquel llano, y Franco de Arévalo que dejamos en el conflicto de no menos arriesgada y peligrosa pelea, derrota y combate en que aquel día, esmerados y revestidos del furor de Marte, obraron prodigios no imaginados los españoles, con admiración y espanto no solo de los indios malacatecos que peleaban contra nosotros, sino de los mazatecos que desde su lugar los ponderaban, y aun asombro de nuestros `ndios, que también por salvar sus vidas obraban maravillas; que todos ellos en la ocasión observaron las más menudas circunstancias de los hechos famosos de aquellos españoles, cuyo valor y grande fama no podrán negar los que desdeñan los admirables y grandes servicios de la América, y que quisieran que no tuvieran nombre de hazañas estas que no se ejercitaron allá de la otra parte del mar; y es tal la ceguedad de una pasión que no quieren sea valor el de unos indios desnudos de acá, que no escusan entrar en batalla con hombres armados de allá, y que el haber vencido á éstos no sean hazañas. Pero los dos capitanes de infantería habiendo cargado sus escuadras sobre la ciénaga, para guardar aquel costado contra la astusía -del enemigo, y como rayos precipitados de la esfera, mezclados como decíamos con las escuadras, enemigas ya no valiéndose del fuego de los cañones ni de las puntas botadoras, de las ballestas en tal estrecho, sino del corte de las espadas, trozando brazos y cabezas que rodaban por el campo, hicieron tanta asolación y triste estrago en los indios, que disminuidos en número y debilitados en fuerzas, viéndose desbaratados y
(10) Manuscrito Xepul_Tít. Ahpopqueham. —folio 17.
 confusos, rodeados de sus contrarios españoles é indios que todos los herían y asombraban, encontrándose por todas partes con la muerte, libraron la seguridad en la fuga, quedando muchos muertos al intentarla, y otros prisioneros de su propia turbación, y todo el campo español unido en un cuerpo y cantando la victoria, siguió el alcance del enemigo, que con el tránsito de su fuga, sirvió de guía á nuestro ejército hasta el lugar Malacatán,(Hoy Malacatancito) que casi yacía en triste soledad, asistido solo de viejos y de enfermos. Pero los más que se retiraron á la sierra, viendo el menoscabo de su campo y la falta de su Señor Caníl Acab, hicieron embajada á Gonzalo de Alvarado los más principales de aquel lugar, enviando por mensageros otros iguales con un presente de joyas de buen oro que se habían adornado para el combate, (11) y pidiéndole paz le prometían su amistad y confederación. Y siendo bien admitida la embajada de Gonzalo de Alvarado, los despidió, y llegando las relíquías de aquel pueblo á su presencia el día siguiente, y haciéndoles entender por voz de los intérpretes el fin de la venida de los españoles, que era' el de reducirlos á la ley de Jesucristo para que fuesen cristianos é hijos de la Santa Yglesia Católica, que más despacio se les enseñaría la santa ley por medio de los Sacerdotes que enviaría, estando como debían estar desde entonces á la obediencia y amparo del Señor Emperador Rey de España, grande de soberano Monarca, y prometiéndolo así quedó por entonces sujeto aquel lugar; que salió poco ha muy confiado de sí mismo á provocar á nuestros españoles á su no imaginado rendimiento.
CAPITULO XXI
Que contiene la continuación de la conquista de la provincia de los Mames, y grandes hechos de los españoles en aquella parte de la sierra.
MARGINALES.Batalla de la campaña güegüeteca.
No descuidó Gonzalo de Alvarado de registrar la más parte occidental de la sierra, ejercitando con dura hostilidad algunos pueblos comarcanos, en tanto que dejando en Malacatán diez españoles y doscientos tlascaltecos y utatecos sus amigos, y por cabo de aquel presidio á Bernardino de Oviedo, y mientras á Joanes de Verastegui con buena escolta de indios goathemaltecos y cholutecos, con otros dos españoles, Pedro Ortíz y Franc.o de Olivares, le enviaba á Totonícapa por algunos víveres de que carecía el ejército, á causa de que la penuria del país falto de los granos de maíz no mínístraba en los despojos aquel alimento ordinario,  que los indios industriosos en trabajarnos solicitando nuestra ruina hubiesen retirado del poblado á las cavernas de los montes las provisiones, padecían los españoles alguna hambre, y no pequeño trabajo con la caballería desherrada, en sendas agrías y penosas, y más cuan-
(11) Manuscrito Quiché.—folio lo.
 do á los fines del Agosto más esforzaron las aguas en continuas y recias lluvias de el invierno que hacían más penosos los estravíos de sus sendas, en aquella cordillera que se dilata á  Cabricán y Sipacapa, para cuyo lugar acreditado de rico y abastecido intentó descender de la sierra nuestro ejército para la delicia de aquellos países bajos que hubieran sido sepulcro infeliz de nuestros españoles, á haberlo  ejecutado, si la prudente disposición de Gonzalo de Alvarado no hubiera contenido, el intento de su gente.
Habían los indios del país cortado en lo más pendiente y estrecho de aquella cordillera la senda que guiaba á aquellas poblaciones que yacen al occidente de Huehuetenango, y encubierto en la parte eminente de aquellos precipicios gente armada para que con disformes piedras que rodasen, precipitasen á nuestra infantería y caballería. Pero, habiendo Gonzalo de Alvarado retrocedido su marcha para Malacatán con no pequeña incomodidad y trabajo, burlado el intento de los indios atajando al gran rodeo de nuestra marcha, (12) se presentaron tres mil indios antes de descender al llano en la mayor aspereza de la sierra, informados de la ventaja con que pelean los caballos en tierra llana; mas como la gente española jamás rehusase las contiendas, aunque era á tiempo de darles vista que iba el sol declinando al occidente, Gonzalo de Alvarado mandó hacer señal de acometer con las trompetas, correspondiendo los Mames con sus cornetas y caracoles, en muestra del rompimiento de la batalla, que luego en el mejor órden que fué posible, fueron atacando los caballos, mas con ventaja conocida de los mames que más encimados á la cumbre herían en los nuestros muy á su salvo sin ,poder ser ofendidos, y siendo infinita la piedra y flechas que disparaban de las hondas y los arcos, tuvo á bien Gonzalo de Alvarado el retirar su campo español, recelando en la ocasión verse desbaratado; pero los utatlecos y quezaltecos, convidando á las otras naciones de los indios de nuestra parte, se afirmaron con ellos.
Animando sus tropas los cabos de los mames soberbios con el suceso y retirada de los españoles, cerraron con tal corage y bizarría con los utatlecos (13) que casi sin detrimento de los suyos hicieron formidable y lastimoso estrago en los primeros de nuestros indios que se acercaron al choque, y fué tal la furia y barbaridad con que avanzaban los mames, que ya nuestros indios utatlecos y los demás, desconfiaban de encontrar con otra fortuna que no fuese la de un desastre lamentable, pues aun en los nuestros ejecutaban los mames impiedades. La batalla se mantenía de parte de muchos indios; mas á el esfuerzo del crédito y empeño que de las propias fuerzas, cediendo á la ventaja del número de los mames y el daño y ruina hubiera sído, total en ellos, á no ser fomentada y socorrida de dos escuadras españolas que en peligro tan eminente hicieron en aquella ocasión hazañas dignas de la fama, siendo tanto más estimables y crecidas cuanto salieron cambiadas al costo de la sangre de ocho soldados mal heridos sí bien tan persistentes y constantes, que antes de oscurecer hicieron á la obstinación de los mames tomar
F  
(12) Probanza orig. de Don Nicolás de Vides y Alvarado.
(13) Manuscrito Qni¿hé—folio 11.
la  etirada retraiéndose á las cumbres más breñosas, y nuestro ej,&cito á lo limpio de la llanura. Señalose mucho en la ocasión Alonso Veintemilla que sacó un flechazo en un ;muslo, Alonso Larios, Juan de Peredo, Francisco Flores, Andrés de Ulayo y Pedro de Llanos, que *fueron de los ocho que salieron herídos. En aquella campaña se curaron los heridos con la •cruel medicina de los cauterios de fuego por la sospecha del veneno de las saetas, siendo este su preservativo y antídota; y con buenas centinelas se mantuvo el ejército español hasta esclarecer el día, y dar la vuelta á Malacatán y de allí á Mazatenango.(Hoy San Lorenzo, a 5kms. de Ciudad de Huehuetenango)
A la llegada de Gonzalo de Alvarado con el -ejército á Mazatenango, acompañó la alegría del arribo de Joanes de Verastegui y sus compañeros, con buena provisión de víveres y algún socorro más que allá en Tolonicapa hallaron de herraje, alpargatas y sayos colchados que Don Pedro de Alvarado había enviado, y alentados y proveídos, determinaron la marcha contra la corte del gran cacique Caibilbalam que residía en Huehuetenango desde la pérdida de• su primer  territorio que era de Totonicapa, adelante hácia el Sietentríón-, y sin respeto al grande y proceloso invierno que ya á las entradas de Setiembre era de frecuente y molestísima lluvia, á medía legua de distancia, camino fácil de emprender, propasado un arroyo pobre, Sacabax, le dieron vista á aquella corte del Señor Caibilbalam; pero cuanto más, libre de asechanzas se reconoció aquella gran campaña de su sitio, más recelosa se hizo la intención de los indios para marchar más prevenidos los españoles, y dando órden á Alonso Gámez de Loarca para que adelantado con la caballería se acercase á reconocer el lugar; pero hallando su trinchera libre y en muchas partes abierta y diestruída, le dió comodidad para esplorarla, hallando retirado su menage y bastimento, con que así sin contraste ni impedimento mento fue poseído aquel lugar desamparado y muchas de sus casas arruinadas. Pero al tomarle sin la paz y consentimiento del dueño ó sin la dura esperiencia é incierta fortuna de las armas, no, fué para los españoles de mucho gusto, considerando las astucias y malícías que ya tenían conocidas de los indios.
Ventajosamente pelea quien vive armado de prevenciones, y débil y aun vanamente batalla-el que empieza sus acciones con sobresalto; al uno y otro cabo de esta facción acreditan esta verdad. Gonzalo~ de Alvarado se prevenía para no recelar y Caíbilbalam se armaba para temer, El cabo español que por las, asonadas esperaba largo término al contender, mientras el .cacique Caibilbalam se encerraba temeroso -de la vista del ejército español, se procuró proveer del mayor número de víveres, herrar los caballos y que éstos  en tropas separadas saliesen a reconocer aquella gran campaña; pero  Gaspar Alemán (de familia bien conocida en Sevilla) propasado el curso del rio Socoleo,(Hoy Zaculeu) con su tropa de diez caballos, encontró una buena manga de flecheros de hasta trescientos indios, que acaso, salían al cultivo de sus milpas, hechas entonces de la otra parte de aquel río, con la ocasión que se dirá después; pero apenas sintieron el rumor de los caballos, cuando puestos en arma se procuraron defender valientemente, pero como el terreno era á propósitos para campar, muriendo siete de aquellos indios y heridos muchos,
.(14) Probanza orig. de Don Laureano Guerra Veintemilla y MO Don Alonso Enriquez de Larios
  se procuraron escapar; pero Gaspar Alemán, lleno, de cólera y de sangre que la fluía una herida que había recibido en el rostro ¡del golpe de, una saeta, dándole espuelas al caballo'y siguiéndole' su tropa, hicieron tres prisioneros de aquellos indios, y entre ellos un principal capitán Sahquíab que regía uno de los tercios del cacique Caibilbalam, que conducido á la presencia de Gonzalo de Alvarado, dijo llamarse así y ser uno de los cabos del ejército de su Señor, y que Caibilbalam desde que vió la llegada de los forasteros blancos se había retirado á su castillo con toda la ¡gente de su corte, dejando desamparado aquel sitio, en ánimo de no volver á él mientras los forasteros estuviesen en la tierra, y que para defenderse tenía muy grandes prevenciones de gente y armas, y las sementeras cercanas al castillo para su fácil provisión.
El ganar crédito de piadoso es el mayor anhelo para conciliar enemigos y conseguir fama de invencible, y que aun con este medio vimos muchas veces hacerse domésticas las fieras. (15) Cons'derábalo así la inalterable prudencia de Gonzalo de Alvarado, y por proceder con las instrucciones católicas del Emperador; conforme á ellas le pareció muy de razón, pues daba tiempo la suspensión de armas, el despachar aquel principal Saliquíab, con uno de los otros prisioneros con embajada de paz á su cacique Caibilbalam. Que le dijese á su cacíque, decía Gonzalo de Alvarado al Sahquiab, que su venida era saludable para sus pueblos, por que le traía nolicías del verdadero, Díos y de su Relígíón crístíana, y que era, enviado del Papa su Vícarío de Jesucristo Díos y hombre, y del Emperador rey de España, para que de paz y de su voluntad se redujese á ser crístíano; pero que de no admitir la paz que le ofrecía, que fuesen por su cuenta las muertes y destrucción que se síguíese de la guerra. Con este mensage partieron aquellos prisioneros pero ni ellos ni otros volvieron con la respuesta en los tres días siguientes; mas no retrocediendo de su intento Gonzalo de Alvarado, le hizo dos particulares embajadores de la nación Utatleca, á quienes servía -de guía el prisionero que había quedado; pero no dándoles audiencia, fueron recibidos y rechazados con una áspera lluvia de saetas. Recelándose más del trato y comercio español que de los propios riesgos y destrozos de la guerra, en que tanto aventuran aun los mayores capitanes hechos á triunfar y vencer; mas ahora se daba el cacique Caibilbalam más, al despecho que al valor á que le podían incitar sus propias esperiencías, en las ruinas á que condujo á sus mayores el valor y la fortuna de Don Quícab, rey de Utatlán y el Quíché.
Tanto pudo promover á Gonzalo de Alvarado de la prudencia á la cólera la desatención y mal trato del cacique, que sin la espera que le debía dictar la consideración al consejo de los suyos, para tan -arriesgado empeño, se determinó intrépido y arrojado á contrastar la inespugnable fortaleza de Caibilbalam, y tocando á marchar, levantó el campo de su alojamiento y recinto de Huehuetenango, tomando la marcha al occidente, conducidos sus pasos de los embajadores Utatlecos que volvieron desairados, brevemente avistó la fortaleza y gran castillo, como también un ejército de seis mil indios que estaba firme escoltando la puerta de aquella escelente defensa, veíanse á un tiempo mismo moverse con el aire grandes penachos de quetzal y resplan-
(15) Manuscrito Xecul.—Tít Ahpopqueham,—folio 17 v.
Gonzalo de Alvarado en Zaculeu
Los españoles avistan la fortaleza de Zaculeu
 decer con el sol lostopiles de oro en que se mantenían. Pero cojiendo nuestro ejército la vuelta á dar la espalda al setentrión para tomar la frente del ejército de los mames, cuilcos é istaguacanes, apenas se vieron en sitio coveniente de aquella campaña para presentar la batalla, cuando dada la seña para romperla, aun antes de afirmarse los nuestros se disparó del ejército contrario una recia tempestad de flechas y guijarros, en que aun guardados los nuestros con las rodelas, recibieron muchos golpes de piedras de que no podían defender los sayos colchados que vestían contra el daño de las saetas, de que nuestros indios amigos no asegurados con aquella defensa, no recibieron poco perjuicio; heridos y maltratados muchos; pero en el mayor conflicto de nuestra infantería, Alonso Gómez de Loarca, avanzando con la caballería por el cuerno izquierdo del ejército de los indios, ayudado de la limpieza de aquella •gran campaña, le rompió por muchas partes atropellándolos al choque con espantosa furia, haciendo cada ginete muy ancho campo por donde acometía, y todos juntos estrago lamentable con las lanzas, á tiempo que Gonzalo de Alvarado, Antonio de Salazar y Franc.o de Arévalo con la infantería á la frente, y con los indios amigos, con los arcabuces, ballestas, espadas y flechas de los indios, causaron tal desastre en aquella bárbara milicia, que en breve tiempo, quedando muertos más de trescientos mames, cuilcos é istaguacanes, y casi heridos todos, tocaron á retirar, mas á este tiempo saliendo un socorro de dos mil indios de aquella fortaleza, vinieron á renovar la batalla; pero como á los unos los cojió desbaratados y á los otros sin haberse afirmado para el combate, prosiguiendo sin decaecer el ejército español en el estrago comenzado, solo,se veían rodar en el campo penachos verdes esmaltados de la sangre mame, y muchas veces las cabezas con los cuerpos que embarazaban el paso á los infantes y caballos, de cuyo furor y tropeles, aterrados los indios fueron tomando la retirada sin dejar las armas hasta la puerta del castillo, donde encerrado aquel ejército, dejó al nuestro lleno de la gloria de el triunfo, y con algún buen despojo de topiles y patenillas de oro, al costo de cuarenta indios amigos y tres caballos que murieron á lanzadas, y ocho españoles heridos, y entre ellos Gonzalo de Alvarado de un bote de lanza que recibió en una pierna y Franco de Arévalo en un costado de una ligera punta de saeta.
CAPITULO XXII
Del asedio y sitio que Gonzalo de Alvarado puso á la gran fortaleza del cacique Caibilbalam; sucesos varios de nuestro ejército.
Ya no naos detendremos á describir del gran castillo de Socoleo sus regulares defensas, (16) que quedan bien anotadas y con estampa particular en el capítulo décimo octavo del libro octavo de esta segunda parte, y pasaremos á establecer el sitio. Que luego que el ejército mame se encerró en el foso y muro de aquella fortaleza, que así podremos llamarla por su estensión, Gonzalo de Alvarado, considerando que consistía en su rendimiento la pose-
(16) Cuaderno Manuscrito de Gonzalo de Alvarado.
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