domingo, 8 de abril de 2018

104-109 RECORDACION FLORIDA

RECORDACION FLORIDA
   Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.944.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANGO


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 or que los que sabían el sito no querían ser descubiertos, y que viniendo en este pacto irían con él el domingo siguiente todo el pueblo. Vino en todo el concierto el P. Fr. Francisco Bravó (bárbara determinación, si se advierte; pero ¿qué no recaba la codicia?) Y llegado el aplazado domíngo,.después de la mí­sa del pueblo, y juntos los del concierto, salió este religioso al compaz de la Yglesia, donde le vendaron los ojos é hicoeron con él diversas pruebas para conocer si veía, y dándole muchas vueltas á un lado y otro, le llevaron al sitio del criadero, de donde cojíó tanto oro al granel cuanto podía cargar la robus­tez de sus fuerzas, y embarcado para España instituyó capellanías que gozó durante el tiempo de su vida, y hoy las percibe y reza su convento de Málaga, hícíéronse las andas, diademas y Cruz de S. Pedro Nolasco de oro, que dicen duran hoy, y sin esto ¡hizo otras considerables •cosas.

Este religioso Fr. Franco Bravo, estando para embarcarse, escribió al Real Acuerdo de Goathemala, con relación de todo lo referido y muestras del oro que llevaba, y algunas señas que pudo percibir el oído, por que aseguraba haber andado poca distancia del pueblo, y que á la mano siniestra de donde le pusieron en el criadero, corría un arroyo; mas no especificaba hácia que rumbo le llevaban. Con esta denunciación y noticia, el Real Acuerdo que consideró este negocio como materia de gran peso, y que en ello iba á conseguirse un estremado servicio al Rey, tomó resolución de cometer á un Ministro Oidor de la Audiencia Real, la diloígencia y descubrimiento de este poderosí­simo tesoro; y para ello se despachó comisión amplísima al Lic. Juan Mal­donado de Paz, que salió luego sin más demora al cumplimiento de su comí­sión, en que gastó once meses. Llegado al pueblo de San Francisco Moto­cintla; convocó los justicias y principales caciques de é1 y de los masehuales los más ancianos por la sospecha que de ellos se tenía, y les hizo una larguísi­ma exhortación acerca de que manifestasen aquel tesoro, mas ellos desde este primer principio se esforzaron á negar el todo del suceso referido, y ni por buenos tratamientos, ni por ofrecerles en nombre del rey perdón de tribu­tos, fué reducible su dureza. Pasose á comunicarles los castigos y los rigores y surtió el propio efecto en su proterbia y pertinacia que sí no fueran ellos los amenazados. Fue el Oidor Maldonado de Paz poniendo en prisión á unos y otros, así en la cárcel de aquel pueblo como en otras de las circunvecinas del partido, y llegó á tanto la negativa inesplicable de aquellos hombres, que el oidor dispuso el arbitrio de condenarlos á muerte de horca; esto con industria admirable y prodigiosa, para que por el temor de la muerte se declarasen, y no bastando esto hacerlos disponer para morir y llevarlos al suplicio, como fué necesario ejecutarlo, mas con tal modo y tanto arte, que impelidos de la escalera al aire no pudiesen ahogarse; pero aun haciendo caer de ella algunos de aquellos pertinaces, se dejaban ahorcar por no descubrir el secreto de su tesoro; con que experimentada por el LicQ Juan Maldonado de Paz la gran constancia de aquellos indios en conservar su secreto (en que son de grande arcanidad y esmeradísimos más que •nación alguna) se volvió á Goathemala sin conseguir resquicio alguno por donde tener luz á diligencia que aprove­chase á tan importante y esmerado negocio.

CAPITULO XVIII

De las antiguas fortalezas en que se mantenían en modo militar los indios Mames de Huehuetenango y pueblos sujetos al gran Cacique Lahuhquieh.

MARGINALES. El gran cacique LAHUHQUIEH de los mames levanta la estupenda for­taleza de SOCOLEO. — Descripción del sitio. — Motivos de su erección. — No hay noticia sí estos en sus castillos se resistieron a nuestras armas. — Profundo foso que ciñe esta defensa. — Puerta principal a la plaza. — Banca y parapeto sobre el pretil del foso. — Gran lienzo del antemural a la frente, y ruinas de los costados. —Continúa prolongada con troneras anchuroso atrio solado de argamazones finos, con unas columnas que rematan en capitel donde ardía de noche cantidad de tea— Otros lienzos de muralla en varias partes del sitio. — Cuatro graderías que rematan en punta y cuatro cubos. — El gran Castillo o Caballero alto, que remata una sufícíente plaza de armas. — Varías veces intentó el autor subir al Caballero alto, con otras personas, sin conseguirlo, hasta que los guió un indio intérprete general. —Como corren los alojamientos. — Fortalezas de el lugar de TOLOH que llaman TOHTANAN. — Demostración de los castillos de Chíalchítán. — Otros castillos en lo de Uzpantlán. — Planta regular de la Fortaleza y Castillo de Gueguetenango.

Mucho sin duda fué el poder de los caciques 'de aquella gentilidad y mucha sin duda la numerosidad de los indios que los obedecían y obsequia­ban; pues vemos máquinas erigidas por los bosques y las desiertas campiñas que acreditan tanta verdad y certidumbre, en qué tiempo de operación sin largo gasto de los días, ni con cuanta numerosidad de peones y aun de artífi­ces inteligentes se ejecutó tanta importancia de defensas y fortalezas, no es fácil ni posible averiguarlo con certeza, mas si lo que por muy notorio y muy patente es casi inescusable á nuestro asunto; puesto que no vanamente ni sin intento, necesidad de la conservación y seguridad de los súbditos. El gran cacique Lahuquieh, que lo era de grande y estimable territorio de Huhue­tenango, levantó regularmente una escelente é insigne fortaleza (como de­muestra la planta de su gran vestigio) sobre las márgenes del río de Socoleo, Está á la parte de occidente del lugar de Huehuetenango; un largo término de llanura que dilatado, á espacio circunferentemente de doce millas, hace apacible su camino pequeños bosques derramados de excelsos pinos y robus­tos que se producen en esta amenidad de su planicie con la dulce frescura de un arroyo que corta y atraviesa, su gran dilatación, y casi al término de esta campiña hacia la parte setentrional de su llanura, sobre la vega y mar­gen de Socoleo, que corre en lo profundo y lo caído de una mediana barranca; pero pendiente é impertransible, yacen las ruinas de más que gran vestigio de los que llaman edificios y es ciudadela ó fortaleza de los indios antiguos de la estirpe Mame, edificada á los esmeros de mucho costo y de arte muy seguro y regular, contra las invasiones y acometidas de la nación del Quiché, á impulsos y el fomento de sus, reyes, de que dimos noticia en la Primera parte de esta historia, y en el libro sétimo, capítulo cuarto de esta segunda parte, tocante la última guerra que les *movió' Kícab-Tanub, rey del Quiché; que también debelando toda la parte de Soconusco desde sus primeros prin­cipios por este lado con muy frecuentes acometidas y disensiones sucesivas, trajeron en continuado movimiento á aquesta estirpe de los Mames, sin otro pretexto de justa guerra que. quererlos dominar, usurparles sus tierras y su Estado á el fin de engrandecer el suyo, como no pasando muchos años después de los primeros al establecimiento de estas coronas y cacicazgos, lo dominó el rey de Utatlán á poca costa, manteniendo los castillos y fortalezas con gente suya, hasta la entrada de nuestras armas españolas. Si en esta forta­leza que vamos á describir se resistieron á nuestros castellanos, bien lo de­clara un cuaderno manuscrito de Gonzalo, de Alvarado que me comunicó Don Nicolás dé- Vides y Álvarado cura-de Opico, su descendíente, por donde escribiremos la guerra que nuestros españoles hicieron á los Mames, pasando ahora á decir la forma regular con que mantiene no solo su diseño aquesta insigne antigualla, sino gran parte de su fábrica, que yace plantada en la parte que advertimos, cercado gran contorno que abraza y ciñe toda esta célebre erección de profundo foso á modo de barranca, pareciendo mas ser obra de la manufactura de gestadores que de la propia naturaleza, por que al sitio solo se le halla una entrada estrecha y muy ceñida á cuanto puede ocu­par el pasage de un ~ginete, y ésta directamente mira al Norte. Corre desde la entrada á diestra mano una banca y parapeto edificados sobre el pretil del foso, por grande distancia de aquel costado, que prevalece en pié por su ma­teria de piedra y cal; pero al frente de la puerta se ve un admirable vestigio se demuestra ser lienzo de antemural, y á su costado de la siniestra mano gran número de ruinas que casi informes unas y otras en estado del cimen­tage, aun no dan muestras de su oficio, y corren circunferentemente por todo el ámbito de aquel sito; después de aquel arruinado antemural se mues a en pié una gran cortina ó lienzo de muralla con sus troneras, y después de ella, en la parte esterior é interior, se ve un atrio anchuroso solado todo de arga­mazones finos, unas robustas columnas que rematan en capitel, donde de parte de noche alplícaban gran cantidad de tea que ardía continuamente para esclarecer el contorno y se subía á ellas por graderías; después de esta pri­mera muralla se ve otra en frente de ella á la parte de mediodía, otra á la del levante, correspondida de igual defensa á la que mira al occidente, y dentro de esta máquina cuatro graderíos en cuadro que rematan en punta cortada estrechos estas gradas con cortinas y parapetos, y cuatro cubos cada uno que á cuatro ángulos daban defensa y asistencia á los costados de aquellos cas­tillejos; mas toda esta agregación de defensa parece que se reducía y ordenaba á los resguardos y seguridad de un gran castillo, fortaleza principal ó caballero alto de aquella estendídísima y gran defensa; se elevaba esta profundidad que llamamos caballero alto como once ó doce varas sobre su pavimento, á la eminencia de su plaza de armas, que podrían cubrir cuarenta infantes, á diez por cada lienzo de su cuadro, y más crecido número de flecheros en la segunda grada, yendo así en crecimiento hasta la primera de su pavimento, formando una piña de defensores. Corre esta (primera gradación por cada lien­zo, como una cuadra, y á trechos quedan cortadas estas gradas con cortinas y parapetos; con que así por el arte y formación de su edificio á modo de laberinto, como por la muchedumbre de defensores que cubrían los puestos de su gradérío, parece cosa inéspugnable y de valientísima resistencia. Intenté varias veces en compañía de Don Pedro de Quevedo Cevallos, y otras personas, subir al caballero alto y nunca lo consiguió la diligencia, por los impedímentos y cortaduras que le fabricó el arte, hasta que un indio intérprete general nos fué guía y conductor (como el hilo de Teseo) para entrar á. su plaza de armas. Serán á lo que puede acordarse nuestra memoria y consideración, como veinte y ocho gradas las que se suben por esta admirable fortaleza, y hoy prevalece toda en pié. No carecía este castillo de alojamíentos, por que hay algunos que muestran parte de su cubierta, y se plantaron unos en forma prolongada, y otros de figura rotunda. Están así los alojamientos que referimos como las defensas, `disturbios en muy buen órden y proporción, y entre cada tres ó cuatro de estas fábricas, se ve su atrio en cuadro solado de argamazones finos de cal, y en la mitad del atrio una columna ó faro de las ya advertidas, para hacer el concurso visible y la comunicación tratable, es en el principal castillo toda la piedra labrada y canteada, y por una que desportillé ó se desengañó de la trabazón de las otras se conoce son de mucha grandeza y proporción; por que esta desunida que decimos se manifiesta tiene tres varas de largo y algo menos de vara por lo ancho; esto es lo que advirtió nuestro cuidado y diligencia, y lo que mi incuria en el arte de dibujar que no aprendí, pudo diseñar en la estampa, por que sin renta ni fomento para tanto asunto, ni puedo costear la ocupación de los pintores ni otras cosas que para ello son necesarias.
Pero habiendo otros castillos en otras partes, señalaremos por los que más se demuestran y hacen patentes, los que respecto de los ya descritos se advierten y reconocen al Oriente y á la parte setentríonal del pueblo de Tohoh, como á distancia de una legua de él, que yacen entre inaccesibles y profundísimas barrancas, y estos edificios se ven tan arruinados y destruidos que no dan materia á su descripción regular, mas sin embargo dan muestras de grande y considerable vestigio; por que sus cimentages son repetidos en gran dilatación de terreno, y es conocido el sitio de su asiento en el idioma Mame, con el pronombre de Tohtanan, que en nuestro castellano quiere decir dentro del pueblo, ó por que acaso en su antigualla fuese tan grande y crecido el de Tohoh, que ahora es bien corto, que llegasen sus goteras á aquellos muros, ó para denotar la cercanía de aquella fortaleza á su lugar. Otras sin estas que ya dejamos descritas se manifiestan y representan en las campañas de Chialchitán, que por la cumplida regulación que en algunas se mantiene, parecen de poca consideración y poca monta, mas en su 'modo y en su usanza serían de gran reparo y seguridad; son muy repetirías y en esta forma:
Sin otras de que no me acuerdo, y mucho cimentage y grande ruina que rueda y que se encuentra por e1 contorno; pero si llegaren á tiempo los diseños que esperamos de las demás, que están pedidos del Rev. ,, P. Provincial de la Merced, haremos la demostración de ellos que deseamos. Otra admirable fortaleza se halla en el progreso del camino de aquellos pueblos confinantes á la Alcaldía mayor de la Verapaz, que son los del partido de Sacapulas ya advertidos, de admirable y regularísima planta, aun mucho más 'que otras que en toda la grande estensión del reino ostentan en parte subsistente y en sus ruinas, la mucha autoridad de su respeto militar; por que de aquesta que apuntamos de Sacapulas he oído á caballeros de mucha comprensión de este arte adquirido en muchas campañas, que aun los ingenieros modernos no perfeccionaran tanta y tan esmerada defensa, y hoy siente nuestro deseo no haber levantado la planta del tan insigne y esmerado reparo de Uspantlán, por que á lo transible de un camino ni es fácil ni posible el espacio que pide tanta obra, y por donde á la conquista de Uspantián pudiera dar á entender esta defensa mejor que yo espresar la inmensidad de su trabajo, los muchos y superiores que padecieron nuestros valientes españoles. Perdóneme su fama lo que no alcanza mi pluma y mí posible, que mi cuidado y mi deseo es noticiar al orbe de sus glorías; y por que parece se ha dilatado el discurso de este capítu'o, no quedando otra cosa que sea notable, y digna del asunto, proponiendo el diseño y planta regular de la fortaleza de Huehuetenango, pasaremos con el favor divino á la descripción del Corregimiento de Quezaltenango, después de referir en el siguiente libro los accidentes políticos de Goathemala.
CAPITULO XIX
De la conquista de la gran provincia y nación de los indios Mames que ocuparon el territorio de las dos jurisdicciones de Quezaltenango y Huehuetenango, aparte del que ocuparon los Achies.
Auméntanse las monarquías cuando la infelicidad y desgracia hacen recuerdo de unas coronas, y la fortuna propicia hace memoria de otras, siendo preludio cierto de la desgracia de ellas, la feliz suerte con que triunfaron de muchas. Pero sí es achaque de lo temporal la poca fijeza con que procede en todo, díganlo tantos imperios destruidos, donde la Providencia ha ésculpido tristes memorias en sus ruinas, para desengaño notorio de las seguridades humanas; así el Señorío de la nación de los Mames, que desde el despojo que le hizo de sus tierras Don Kicab, Rey de Utatlán, señoriando aquel país de los serranos Mames Lahuahquieh, cuyo suceso escribiremos adelante; y este advertido de sus fortunas adversarias, se retiró á la aspereza de la Sierra. No solo no vió el semblante de las desgracias desde entonces; pero manteniendo guerras por todos los confines de sus países, entendió su señorío hasta
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