martes, 10 de abril de 2018

1974-CAMPAÑA PRESIDENCIAL-RIOS MONTT

EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
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funcionarios que sólo pensaban en sus propios intereses y que a toda costa lucharían por mantener a Guatemala bajo su asfixiante puño. Naturalmente que la aparición de un General del Ejército, de ideales reformistas y con principios morales no les podría ser nada grato.
Pero por otro lado pensaba que, en caso de ganar, tendría una excelente oportunidad para poder llegar a hacer todo aquello, y aún más, de lo que no pudo llevar a cabo durante su gestión como Jefe del Estado Mayor del Ejército.
"Nos regresamos a Guatemala", anunció a María Teresa, apenas tres meses después de haber llegado a Washington. "Vamos a regresar y vamos a trabajar más duro que nunca".
"¿Crees tú que podamos ganar?", le preguntó María Teresa, abandonando sus esperanzas de disuadirlo.
¡Ganaremos!", le dijo moviendo la cabeza afirmativamente; luego, alzando su voz, como si le hablara a todo un universo escuchándole, agregó: "Con todas las fuerzas de nuestro corazón vamos a tratar de llegar a la meta. Nada nos impedirá la victoria. ¡Ganaremos!"
CAPITULO V
La Campaña Presidencial
A principios de octubre de 1973 Ríos Montt regresó de Washington e inmediatamente se reunió con los tres principales dirigentes políticos que apoyarían su candidatura. el Licenciado René de León Schlotter, Secretario General del Partido Democracia Cristiana, el Licenciado Manuel Colom Argueta, el entonces Alcalde de la ciudad de Guatemala, y el Dr. Alberto Fuentes Mohr, quien iría como su Vice-Presidente.
Tenía unos cinco meses para hacer campaña. Como político, Ríos Montt era una figura desconocida. Aquellos que lo conocían, lo identificaban como General del Ejército y como militar
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de carrera. Como candidato a la presidencia resultaba un enigma; sin embargo, fue este mismo hecho lo que le dió la ventaja que necesitaba.
La estrategia de su campaña política sería simple; se haría resaltar su imagen de buen militar. Esto significaría "denunciar" a los politiqueros como lo que en realidad eran, tarea grata de desempeñar, por cierto. También estaba decidido a que en lugar de pedirle a la gente que votasen por él, se les desafiaría a que votasen por Guatemala. Con su profundo sentido de orgullo patriótico, le sería fácil contagiar de este mismo sentimiento a los demás.
Su popularidad creció rápidamente. Los guatemaltecos estaban decepcionados de Arana y de la descarada corrupción financiera entre los miembros de su gobierno, y por eso espéraban ansiosamente algo nuevo. El principal opositor de Ríos Montt era otro General, Kjell Eugenio Laugerud, candidato oficial seleccionado para ser el sucesor de Arana, lo que para mucha gente constituía un desastroso continuismo. Por eso pensaban que, aunque desconocido, Ríos Montt tendría que ser mejor.
Conforme avanzaba la campaña, su popularidad creció. Al principio, los guatemaltecos estaban sorprendidos, y luego cautivados, por el estilo personal y lleno de vida de sus discursos, que incluían los mismos ingredientes moralizantes y de motivación de cuando instruía a sus alumnos. Sus oponentes se burlaban de su forma de hablar llena de fuerza, incluso algunas veces vociferante. Pero estaba funcionando; la gente estaba cansada de los politiqueros y Ríos Montt parecía ofrecer un verdadero cambio.
Los líderes del partido DC se sentían felices. Su número de afiliados se había más que duplicado, pero también algunas veces se sentían un poco incómodos, pues indudablemente cuando Ríos Montt hablaba de "los politiqueros que habían creado tantos problemas para Guatemala", algo también les tocaba.
En una ocasión les dijo claramente "Mi compromiso es con Guatemala, no con el partido".
Otras veces, cuando le entregaban discursos escritos para que los leyera o le indicaban que tendría que atender determinados eventos de los organizadores, no les hacía caso. El mismo sentido de orgullo e independencia que le había costado el puesto de Jefe del Estado Mayor del Ejército, lo hacía mantenerse a la distancia necesaria para no contaminarse de la "mugre necesaria" que conlleva toda campaña política de partido.
Su alianza con la Democracia Cristiana vino a complicarse por los vínculos de ésta con el Partido Frente Unido de la Revolución (FUR). Si la posición de la DC estaba ligeramente en el centro izquierda, el FUR estaba a su izquierda. Sus oponentes buscaban formas de difamarlo. Un día apareció una noticia en un periódico diciendo que María Teresa de Ríos Montt era miembro afiliado del Partido Comunista de Hungría. Efraín, después de leer la noticia, le preguntó a María Teresa: "Mi linda, hemos estado casados por 22 años. ¿Puedes decirme cuándo estuviste en Hungría?"
El partido de Laugerud también hacía por su cuenta otras publicaciones difamatoria de Ríos 67Montt, llamándolo el nuevo Lenin y asociándolo con los guerrilleros comunistas. Llegaron incluso a traer de Chile a un Coronel para que hablase a los guatemaltecos respecto a la conexión existente entre el Partido Democracia Cristiana y los Partidos Marxistas. La DC, por su parte, contraatacó con anuncios que denunciaban al gobierno como "el partido de la violencia organizada". Otro anuncio de la DC desplegaba un enorme ¡BASTA YA! refiriéndose a los titulares periodísticos que daban cuenta de los asesinatos y muertes por violencia.
El mes de marzo se acercaba y la campaña llegaba a su fin. La victoria parecía segura. La confianza del General Ríos Montt era tan fuerte que no prestaba oídos a los rumores que circulaban respecto a un posible fraude electoral.
Una tarde confió a su esposa: "La gente me quiere a mí para Presidente, así que pronto los estaré dirigiendo". Después de ésto se quedó pensativo, meditando sobre la responsabilidad que empezaba a sentir sobre sus hombros. La decisión de aceptar la oferta de la DC la había tomado él solo, sin consultar a nadie, simplemente tomándola y decidiéndose a regresar a Guatemala, para involucrarse en la agitada campaña electoral desde el momento de su llegada. Ahora empezaba a meditar más detenidamente sobre lo que le esperaba.
"Señor, dame fortaleza para cumplir con lo que he prometido a la gente y si no puedo, haz que pierda las elecciones", dijo en voz alta y tensa sorprendiendo a María Teresa, que estaba a su lado.
El 7 de marzo de 1974 fue el día fijado oficialmente para las elecciones. Todos los indicadores políticos señalaban a Ríos Montt como el ganador. En sus oficinas era tanta la seguridad, que se contestaba el teléfono con estas palabras: " ¡Oficina del Presidente electo!" Los partidarios se abrazaban y felicitaban anticipadamente, seguros de una victoria que muy pronto les comunicarían oficialmente.
A Ríos Montt, como a cualquier ciudadano, le tocó ir a votar y lo hizo por la mañana, acompañado sólo de unos cuantos elementos de seguridad. La mesa que le correspondía conforme a su número de votante estaba en el Parque de la Industria. Había una larga fila esperando cuando él llegó, pero al reconocerlo, rompieron en entusiastas aplausos. Sonriente y saludando, tomó su turno al final de la línea. Inmediatamente empezó a acercarse gente a saludarlo. Era obvio que él era el favorito.   
Habrían pasado unos 40 minutos y aún esperaba en línea, cuando un fuerte rumor hizo que todos volvieran la cabeza para ver quien llegaba. Era el candidato oficial, el General Kjell Eugenio Laugerud, que llegaba rodeado de una fuerte escolta de hombres armados quienes, para que Laugerud no tuviese que esperar en línea, con lujo de fuerza movieron a la gente y lo colocaron a él a la cabeza.
"¡Que haga cola!, ¡que haga cola!", gritó alguien desde atrás. Inmediatamente le hicieron coro y el " ¡Que haga cola!", resonó fuertemente. En el rostro de Laugerud se pudo observar cólera reprimida, así que inmediatamente que votó se marchó con pasos apresurados.
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Al poco rato llegó otro de los candidatos a votar en la misma mesa, esta vez era el Coronel Ernesto Paiz Novales, .y la misma escena se repitió.
Cuando sólo faltaban unas diez personas antes que él, el que estaba delante cedió su lugar y fue a donde estaba Ríos Montt para invitarlo a que lo ocupara. Inmediatamente, dos o tres más hicieron lo mismo, instándole a moverse al primer lugar en la fila.
Con su educación característica, los saludó y les agradeció su fineza, pero antes de aceptarla, con voz bien alta, preguntó al resto de los que estaban, "¿No les molesta si me paso al frente de la fila?". Inmediatamente lo aplaudieron en señal de aprobación y  pasó a votar. Para entonces, por supuesto, se había formado una gran multitud a su alrededor.
Este episodio se había prolongado por casi dos horas, durante las cuales Ríos Montt estuvo de pie, esperando su turno con toda la educación y corrección posibles. Esta actitud fue contrastda por la gente, que pudo observar la forma imperiosa y ruda de los otros dos candidatos. Al retirarse después de votar, la gente lo aplaudía y vivava entusiasmente. " ¡Ya ganamos, ya ganamos, nos vamos al Palacio!", gritó alguien de la multitud.
Esa noche, cuando María Teresa, Efraín y sus ayudantes más cercanos veían por televisión los resultados de las elecciones, todo parecía ir muy bien. "Ganamos en Zacapa", dijo uno de ellos al leerse el cómputo final de ese Departamento. La victoria parecía segura.
De pronto, la pantalla del televisor se quedó en blanco. Pensaron que era una falla del aparato, pero a los pocos momentos los teléfonos empezaron a sonar para informar que lo mismo sucedía en todas partes.
Ni Efraín, ni María Teresa, ni sus ayudantes, pudieron dormir esa noche. Caminaban, hablaban y trataban de obtener noticias telefónicamente durante una larga y desesperante espera.
Uno de sus ayudantes le dijo: "Esto luce muy mal, no parece ofrecer nada bueno". Y, efectivamente, esa noche no hubo más noticias.
Al fin, a las diez de la mañana del día siguiente, la televisión volvió a funcionar anunciando que esas largas horas fuera del aire habían sido "por dificultades técnicas"
. Y, para sorpresa de Ríos Montt y de toda la demás gente que ansiosamente esperaba el resultado de los cómputos, Kjell Eugenio Laugerud, que figuraba de último en los resultados de la noche anterior, ahora estaba a la cabeza.
"¡Imposible!" Imposible!" dijo Efraín.
¡Fraude! Es fraude. Sabía que lo harían", gritó uno de sus asistentes.
El teléfono comenzó a sonar como loco, los líderes de la DC y del FUR querían reunirse con Efraín inmediatamente. "Tenemos que hacer algo", le dijeron. En pocos minutos la casa era un manicomio. Los teléfonos sonaban incesantemente, los periodistas locales y los corresponsales extranjeros, que ya se habían dado cuenta del fraude, querían entrevistarlo. %Qué van hacer ahora?", le preguntaban a Efraín.
A las cinco de la tarde de ese mismo día, la noticia se anunció oficialmente: el General Kjell Eugenio Laugerud había ganado las elecciones para Presidente de Guatemala en 1974. Una mezcla de ira y de profunda decepción hervía en el corazón de Ríos Montt cuando oyó la declaración. Con la cabeza baja salió del salón y subió a su oficina, en el segundo piso. "Quiero estar sólo", dijo a sus seguidores. Y así sucedió. Durante las siguientes horas se aisló completamente, saliendo sólo una vez para hablar con los líderes de la DC y del FUR.
"Debemos ir al Palacio y actuar; allí tenemos gente leal que está lista a tomar las armas y luchar por usted", le insistieron.
"Nó", les dijo Efraín, "yo no voy a dirigir a la gente contra el gobierno. Se derramaría mucha sangre".
Mientras tanto, diferentes mensajes llegaban a la casa, tanto por teléfono como con enviados especiales, agregando más intranquilidad a la ya existente. Uno de ellos les informaba que cinco nicaragüenses habían sido enviados por Anastasio Somoza, gran amigo y aliado de Arana, para asesinar a Ríos Montt. Después, alguien vino a decirles que el Secretario de Ríos Montt, un hombre que él había aceptado a propuesta del Partido DC, era un doble agente que tenía órdenes de asesinarlo. El secretario se encontraba en ese momento en la casa y los agentes de seguridad de Ríos Montt lo rodearon.
"Quiero ver al General respecto a ésto, pido verlo inmediatamente", gritaba.
"Usted no puede pedir nada ahora", le contestó uno de los hombres de seguridad, mientras lo sacaban con órdenes de no regresar nunca.
Casi a la media noche se recibió un mensaje indicando que el Presidente Arana quería verlo. Uno de sus ayudantes interrumpió su aislamiento para darle la noticia. Dándose cuenta del peligro que tal llamado entrañaba, Ríos Montt dividió a sus hombres en dos grupos y les ordenó que le acompañasen en dos vehículos diferentes.
Después de manejar por una ciudad desierta llegaron al Palacio a las 21:30. Ríos Montt se anunció y fue llevado ante la presencia de Arana.
"Usted me mandó a llamar", le dijo. "Bien, aquí estoy".
"Yo no lo he mandado a llamar", le dijo Arana bastante molesto.
"Entonces no tengo nada que discutir con usted", le contestó Ríos Montt. "Yo gané. He sido electo limpiamente".
"Eso lo vamos a ver", le contestó Arana. "Vamos a ver qué dice el Tribunal Electoral".
Ríos Montt dió la vuelta y se retiró. Uno de sus ayudantes le comentó más tarde: "Creí que él no saldría vivo de allí".
Esta entrevista la había arreglado alguien que conocía a Arana y a uno de los líderes que apoyaba a Ríos Montt.
Al día siguiente hubo más y más llamadas para que Ríos Montt se decidiera a organizar y encabezar las manifestaciones de protesta contra el fraude. Es más, se organizó una sin su consentimiento. No del todo anuente, aceptó ir, pero a última hora un fuerte aguacero obligó a cancelarla. Más tarde supieron que habíalun gran número de policías listos a disparar,en caso de que salieran.
Para entonces los líderes de la DC se sentían frustrados y molestos con Ríos Montt porque se había rehusado a organizar las manifestaciones de protesta y alzarse en armas contra el gobierno. Tampoco había querido usar la influencia que aún tenía en el Ejército para provocar un golpe.
Esa misma tarde le informaron que un gran número de estudiantes se habían reunido en la Universidad de San Carlos, deseando hablar con él. Los otros candidatos habían ignorado a los universitarios en su campaña, pero los años de experiencia de Ríos Montt tratando con gente joven y su propia inclinación intelectual le habían hecho acercarse a la Universidad y los estudiantes lo habían apoyado. Sabía que tenía que ir a esa reunión.
Se hizo acompañar de muy pocos ayudantes. "Queremos armas, queremos luchar por usted", le dijo un líder estudiantil a su llegada.
Efraín subió a la plataforma y se dirigió a todo el grupo: "Nó, les dijo enfáticamente, "no vamos a salir a las calles a pelear. Estamos equivocados si creemos que podemos cambiar las cosas con las armas. Debemos usar de otros medios, de medios inteligentes".
Pero los estudiantes querían acción y la querían inmediatamente. "¿Y qué de su compromiso con nosotros? Usted vino a pedirnos nuestro apoyo y se lo dimos. Ahora debe de dirigirnos contra el Ejército".
"Mi compromiso", les contestó, "es primero cumplir con nuestras responsabilidades civiles. La presidencia no vale una gota de sangre de Uds.
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Esta situación la debemos manejar pacíficamente. Les pido que mantengamos la paz". Luego se retiró.
Más tarde recibió otro mensaje de un grupo de Cadetes de la Escuela Politécnica, que querían verlo. Estaban listos, le mandaron a decir, para iniciar un golpe a su favor.
Un grupo de estudiantes era una cosa, pero con Cadetes entrenados sería mas factible organizar y conducir un golpe de Estado. Y habiendo sido Director de la Escuela apenas el año anterior, sabía que ellos hablaban en serio. Se preocupó mucho porque también sabía que si trataban de organizar un golpe correría mucha sangre.
De pie frente a los Cadetes, muchos pensamientos cruzaron por su mente. No hace mucho yo estaba aquí enseñando, pensó. Y vinieron a su mente ¡las palabras que les decía a sus estudiantes: 'La mejor oración que un hombre puede hacer es el cumplimiento de su deber ... Juren ante Dios, y por su honor de soldados de Guatemala, que cumplirán con la Constitución, con la Ley y con el Código Militar .. . No mientan, no roben, no engañen".
El había tratado de enseñarles a los cadetes y soldados bajo sus órdenes a vivir con el sentido de orgullo personal y de honor que proviene de los valores firmes. Ahora, cuando tenía ante sí la oportunidad de un golpe con éxito con la ayuda de estos Cadetes que le eran intensamente fieles, Ríos Montt supo que su propio orgullo y su honor de militar estaban siendo puestos a prueba.
"Recuerdo las muchas veces que les dije 74 que no debían manchar sus manos con la sangre de sus subalternos. Debo entonces poner en práctica mis propias enseñanzas. La Presidencia no vale una sola gota de sangre de un guatemalteco. No va a haber ningún golpe de Estado".
Regresó a su casa agotado y nuevamente se aisló. A los pocos días recibió aviso del Ministro de la Defensa informándole que había sido dado de alta en el Ejército y que se le nombraba Agregado Militar en España. Nuevamente un exilio con puente de plata, para asegurarse que este General peligroso para ellos estaría lejos por bastante tiempo.
El 23 de marzo de 1974, el derrotado y cansado General Efraín Ríos Montt, en compañía de su esposa y su hijita Zury, apenas de 6 años, abordaron el avión que los conduciría a España. Sus dos hijos mayores y sus familias y su amada patria, quedaban tras él. Adelante le esperaban la soledad y el desengaño.
CAPITULO VI

Exilio en Madrid
Frente al lavatrastos lleno de cubiertos, platos y vasos por lavar, en su apartamentito en Madrid, María Teresa se quedó contemplándolos y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejías.
"Aquí estoy", pensaba, "yo, la esposa del hombre que ganó la presidencia de su país, haciendo lo que más detesto".
Mientras seguía llorando, silenciosamente entró Efraín por la puerta del pequeño apartamiento que ocupaban en el veintitresavo piso de un edificio. Al verla así, le preguntó: "Mi amor, ¿por qué lloras?".
Ante su pregunta María Teresa se desahogó aún con más fuerza. "¿Y qué queres que haga.
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