viernes, 13 de abril de 2018

76-85 RIOS MONTT-EXILIO EN MADRID

EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
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No puedo evitarlo. Aquí estoy yo, la esposa del hombre que ganó la presidencia de Guatemala lavando platos en España, mientras que la esposa del hombre que te robó las elecciones está en Guatemala gozando de lo lindo".
Efraín la abrazó y le dijo: "No llores. Me pones triste. ¿Por qué no descansas? Yo lavaré los trastos".
44 ¡Ah, no importa!", dijo María Teresa regresando a su lavado de trastos.
Todavía estaba disgustada. Allá en Guatemala también ella lo había presionado para que peleara. "No dejes que te roben la presidencia", le había dicho.
Pero él había rehusado escucharla. "Todo lo que pasaría es que habría mucha gente joven muerta. Y obtener la presidencia no vale una sóla gota de sangre derramada por un guatemalteco", le había contestado.
Conforme pasaban los meses en Madrid, María Teresa se amargaba más y más. Hubo una recepción en la Embajada de Guatemala para el Ministro de la Defensa y la esposa del Presidente Kjell, que estaban de visita y ella se negó a asistir. También había rehusado las invitaciones que le hicieran para visitar a la esposa del Embajador. Ocasionalmente, Efraín le contaba que tal Ministro o pérsonalidad de Guatemala estaba de visita en España, y su comentario siempre era:    "Magnífico, espero que se diviertan".
Debido a que no podía borrar de su mente la traición hecha a su esposo, se asombraba de la aparente tranquilidad de él. Sabía que el haberle robado la presidencia y este exilio en Madrid eran golpes muy duros para él; sin embargo, no parecía disgustado.
Efraín aceptó su derrota como un soldado acepta la suya en una batalla. Pero a pesar de ello, se había sentido profundamente herido, no sólo por el fraude y el exilio, sino también por la desintegración de su familia, parte del resultado final. Sólo Zury, su hijita mejor, estaba con ellos. Sus dos hijos mayores, Homero y Enrique, ambos asimismo militares, habían tenido que quedarse en Guatemala. Y después del anuncio de la victoria de Kjell, los dos habían sido puestos bajo vigilancia militar.
También había gran amargura y tristeza en su corazón por la reacción de muchos guatemaltecos ante su derrota y lo que consideraban como una cobarde huida hacia España. Por haberse rehusado a pelear, los líderes del Partido Democracia Cristiana se habían disgustado con él. Los estudiantes a quienes les había pedido conservar la paz, lo acusaron de haberse vendido al gobierno. Circulaban rumores que había recibido entre medio y un millón de Quetzales. Y mucha gente comentaba que el exilio no había sido un puente de plata, ¡sino de oro!
Estas acusaciones lo herían profundamente. Había tratado de salir con honor y de demostrar, por medio de su negativa a provocar un alzamiento en armas, que era un hombre de principios. Pero ahora, para muchos guatemaltecos, él era sólo uno más de esos sucios politiqueros que tanto había señalado. Nada podría haberle herido más.
En la Embajada su trabajo era poco. Esto le dejaba bastante tiempo para leer y meditar. Se dedicó a la lectura de libros sobre Econo-79 mía, Política y Filosofía e incluso tomó un curso universitario sobre "La Estrategia y la Política Internacional".
Con frecuencia se ponía a pensar en su futuro y se preguntaba si debería volver a participar en política. Estaba seguro que los líderes de la DC ya no estarían tan molestos para entonces, pues indudablemente recordarían que durante su campaña la membresía del Partido se había más que duplicado. Sí, consideraría volver a participar.
Mientras él hacía planes sobre su futuro, allá en Madrid, en Guatemala empezaba a sucederse una serie de eventos que cambiarían su vida en una dirección jamás imaginada.
El primer signo visible se dió en el hogar de una pareja cristiana en la Ciudad de Guatemala, una noche del mes de octubre de 1975. Habían recibido la visita de un amigo y, después de cenar, decidieron orar. En su oración expresaron a Dios su preocupación por Guatemala. La corrupción creciente en el gobierno, la violencia tanto de la derecha como de la izquierda, la lucha de las guerrillas y el terrorismo, eran una carga en su corazón. Mientras más oraban, más profundamente sentían la necesidad de pedir la ayuda divina.
A las dos de la mañana cesaron de orar, porque la esposa empezó a llorar. "¿Qué te pasa?", le preguntó su esposo.
"Mientras oraba tuve una visión de Guatemala, pero fue algo tan horrible que no quiero ni siquiera decirlo en voz alta", respondió.
Preocupado, su esposo le pidió que les dijera qué había visto. Entonces les contó su visión:
"Ví que muchos edificios se derrumbaban, que la tierra se abría y que la gente corría despavorida, dando gritos. ¡Y había muchos muertos!" Continuó describiendo en detalle un terremoto que, según les dijo, creía que sucedería en Guatemala a principios de 1976.
Cautelosamente su esposo y el amigo visitante decidieron que deberían relatar esta visión al Pastor de su Iglesia. El Pastor, creyendo que la visión pudiera ser un aviso de Dios, llevó la noticia a un retiro de Pastores al que asistió esa misma tarde y, conjuntamente, todos los Pastores oraron y discutieron si ésto podría ser o no lo que la Biblia describe como "visiones del Señor", que son un aviso o advertencia divina sobre algo que va a suceder para que la gente pueda prepararse. ¿O sería sólo la imaginación de una fervorosa mujer Cristiana?
Estuvieron de acuerdo en creer que Dios hábía hablado a través de ella y empezaron a informar de la visión a sus congregaciones, para estar preparados. La noticia circuló rápidamente, tanto entre cristianos como entre no cristianos. Algunos la creían, otros se reían, y muchos la pusieron en duda. Sin embargo, varias iglesias empezaron a prepararse físicamente, almacenando alimentos y agua. Pasaron los días, llegaron Navidad y Año Nuevo, y para mediados de enero, la duda aumentó respecto a la validez de la visión
Y entonces sucedió. A las 3:04 a.m. de la madrugada del miércoles 4 de febrero de 1976, un terremoto de intensidad 7.5 en la escala Richter, sacudió violentamente a Guatemala durante 39 segundos, provocando uno de los peores desas-81 tres naturales en el Hemisferio Occidental. La falla del Motagua se rompió y provocó esa y una serie más de violentas sacudidas, que dejaron como saldo más de 25,000 personas muertas y 77,000 lisiadas, además de un millón sin hogar. Solamente en la ciudad de Guatemala, fueron destruidas 58,000 viviendas; y en el resto del país, más de 300 pueblos y ciudades quedaron completamente arrasados.
Al conocerse la noticia, empezó a llegar ayuda de todas partes del mundo. Las iglesias que habían oído y creído en la visión estaban preparadas y empezaron a ayudar a las demás.
Mientras tanto, en Eureka, un pequeño pueblecito costero en el norte de California, un grupo de hombres y mujeres jóvenes oyeron la noticia del terremoto en Guatemala y sintieron un peso en su corazón. Eran miembros de una Iglesia y deseaban servir. Habían abrigado la esperanza de ir como misioneros a algún país de habla hispana e incluso habían visitado México y Costa Rica para estudiar la posibilidad de instalarse allí. Pero al oír las noticias de la destrucción de Guatemala, la sintieron un aviso en su corazón.
El Jefe del grupo, Carlos Ramírez, relató más tarde: "Cuando oí las noticias, supe en mi corazón que era allí donde deberíamos ir, que era a Guatemala a donde Dios quería que fuéramos
A las pocas semanas del terremoto, este pequeño grupo de misioneros de la Iglesia "Gospel Outreach", de Eureka, California, compuesto de quince hombres y mujeres y 6 niños, salieron en una pequeña caravana de camiones, carros y un viejo autobús, rumbo a Guatemala. Inmediatamente que llegaron se dedicaron a colaborar en el trabajo de reconstrucción y ayuda.
Al poco tiempo, organizaron una pequeña Iglesia. Y a esta Iglesia llegó un día aquella acaudalada dama guatemalteca que en el mes de Octubre de 1975, tuvo la visión del terremoto y creyó en ella. La había contado a su familia y a sus amigos, e incluso había preparado su propia casa para la emergencia, porque sabía que era inevitable. Muchos de sus amigos y parientes la juzgaron loca. Otros se reservaron su opinión.
Pero en aquel 4 de febrero, todos los que recordaron sus palabras de advertencia quedaron profundamente impresionados. Varias personas que ni siguieran eran Cristianas reflexionaron sobre la visión del terremoto y del estado en que quedó Guatemala. También se pusieron a meditar sobre la condición espiritual de sus propias vidas y, como resultado, entregaron sus vidas a Jesús. 81
tres naturales en el Hemisferio Occidental. La falla del Motagua se rompió y provocó esa y una serie más de violentas sacudidas, que dejaron como saldo más de 25,000 personas muertas y 77,000 lisiadas, además de un millón sin hogar. Solamente en la ciudad de Guatemala, fueron destruidas 58,000 viviendas; y en el resto del país, más de 300 pueblos y ciudades quedaron completamente arrasados.
Al conocerse la noticia, empezó a llegar ayuda de todas partes del mundo. Las iglesias que habían oído y creído en la visión estaban preparadas y empezaron a ayudar a las demás.
Mientras tanto, en Eureka, un pequeño pueblecito costero en el norte de California, un grupo de hombres y mujeres jóvenes oyeron la noticia del terremoto en Guatemala y sintieron un peso en su corazón. Eran miembros de una Iglesia y deseaban servir. Habían abrigado la esperanza de ir como misioneros a algún país de habla hispana e incluso habían visitado México y Costa Rica para estudiar la posibilidad de instalarse allí. Pero al oír las noticias de la destrucción de Guatemala, la sintieron un aviso en su corazón.
El Jefe del grupo, Carlos Ramírez, relató más tarde: "Cuando oí las noticias, supe en mi corazón que era allí donde deberíamos ir, que era a Guatemala a donde Dios quería que fuéramos
A las pocas semanas del terremoto, este pequeño grupo de misioneros de la Iglesia "Gospel Outreach", de Eureka, California, compuesto de quince hombres y mujeres y 6 niños, salieron en una pequeña caravana de camiones, carros y
un viejo autobús, rumbo a Guatemala. Inmediatamente que llegaron se dedicaron a colaborar en el trabajo de reconstrucción y ayuda.
Al poco tiempo, organizaron una pequeña Iglesia. Y a esta Iglesia llegó un día aquella acaudalada dama guatemalteca que en el mes de Ocbre de 1975, tuvo la visión del terremoto y creyó en ella. La había contado a su familia y a sus amigos, e incluso había preparado su propia casa para la emergencia, porque sabía que era inevitable. Muchos de sus amigos y parientes la juzgaron loca. Otros se reservaron su opinión.
Pero en aquel 4 de febrero, todos los que recordaron sus palabras de advertencia quedaron profundamente impresionados. Varias personas que ni siguieran eran Cristianas reflexionaron sobre la visión del terremoto y del estado en que quedó Guatemala. También se pusieron a meditar sobre la condición espiritual de sus propias vidas y, como resultado, entregaron sus vidas a Jesús. A una de estas personas le tocó orar junto a un joven visitante de nombre Luis Chang, que había servido en el `Ejército a las órdenes del General Efraín Ríos Montt. También había sido su Jefe de Seguridad durante la campaña presidencial de 1974.
Mientras tanto, allá en Madrid, la familia Ríos Montt estaba consternada por las noticias del terremoto. Se tranquilizaron al saber que sus hijos y el resto de su familia estaban sin novedad. Pero de la visión sobre el terremoto y que su amigo Luis Chang era ahora Cristiano, Efraín no supo nada. En esos momentos, él estaba pasando por su propia crisis de fe.
Regularmente acompañaba a su hijita Zury a la Iglesia en Madrid, pero sentía a Dios muy distante. Trataba desesperadamente de sentir algo cuando oraba; tomaba los sacramentos con frecuencia, pero internamente sabía que estaba haciéndolo más por disciplina que por fe verdadera. Estaba lleno de dudas. Aunque todavía creía que el asistir a la Iglesia era parte de ser persona de principios, sentía que su fe en Dios la perdía cada vez más y más. Su decisión por regresar a la política, por una nueva oportunidad, se mezclaba con una tremenda inseguridad respecto al futuro. Lentamente su decepción se transformó en amargura, a la que vino a agregarse el rencor de María Teresa, creando todo ello una tensión que crecía día a día en su corazón.
A finales de 1977 Efraín recibió noticias de la construcción de la nueva Escuela Politécnica en las afueras de la ciudad de Guatemala, y la invitación a la inauguración que sería a medio año. Primero decidió que aprovecharían la invitación para gozar de unas buenas vacaciones en Guatemala, pero conforme los días pasaban, empezó a empacar no sólo lo necesario para unas vacaciones sino todo lo que había en el apartamento.
"No regresaremos a Madrid", le anunció a María Teresa',' que me metan a la cárcel si quieren, pero no voy a dejar Guatemala otra vez".
Cuando la ceremonia de inauguración de la Nueva Escuela Politécnica hubo terminado, Ríos Montt se acercó al Ministro de la Defensa y le informó que no pensaba regresar a España. "No creo merecer un exilio", le dijo". Mi única falta es haber ganado las elecciones. La única forma en que voy a salir de Guatemala otra vez será muerto".
Y hablaba en serio. La tensión que se había ido acumulando en su interior desde España, la inseguridad respecto a su futuro y al de su familia, la gran distancia entre él y otra oportunidad para llegar a la presidencia de Guatemala, todo ello le hacían la vida imposible.
Lo dieron de alta en el Ejército, pero lo colocaron en la categoría de disponibilidad, una forma de estado de inactividad, aunque siempre disponible para funciones militares.
Debido a su confrontación con el Ministro de la Defensa, se imaginó que estaría en esta condición por bastante tiempo. Y le pareció bien, porque en esta situación de militar inactivo estaría listo para poder participar inmediatamente en cualquier otra campaña. Y fué así, sólo que esta vez no se imaginaba qué tipo de campaña sería.
Durante sus primeras semanas en Guatemala esperó la visita de los líderes de la Democracia Cristiana. Sabía que conocían de su regreso y pensó que era mejor esperar que ellos dieran el primer paso.
Pero nunca lo dieron. Todavía resentidos porque Ríos Montt se había negado a pelear después de las elecciones de 1974, buscaron a nuevos candidatos en otras partes. Más resentimiento y amargura se acumuló en el corazón de Ríos Montt. Otras elecciones pasaban y él no habría participado.
Esas elecciones de 1978 las ganó el General Romeo Lucas García, que también gozara del apoyo oficial y cuyos cómputos también fueron 84            85
denunciados como fraudulentos. Cuando Efraín vió el anuncio de los resultados finales, se quedó callado, pero María Teresa saltó inmediatamente protestando: "Nada ha cambiado, todo está igual que en 1974".
"No mires la televisión ni leas los periódicos si te vas a amargar de esa manera", le dijo Efraín. Como era su costumbre, este hombre de principios y disciplina mantenía su propia decepción y amargura bajo control.
Una vez,cuando estaban en España, le aconsejó a María Teresa "Ora por Kjell".
 "Orar por Kjell?", le dijo, mirándolo asustada a los ojos. "¿Cómo puedo yo orar por el hombre que te robó la presidencia?".
"Mira", le dijo "lo que ellos hicieron tarde o temprano tendrá mal resultado. Así que no te angusties".
Aunque había podido controlar sus emociones tanto en España como ahora en Guatemala, poco a poco las empezó a dejar brotar, especialmente en las páginas de un libro que se puso a escribir. El tema de su libro era la política y él figuraba como héroe y mártir.
"Algún día van a leer mi libro", le dijo a María Teresa. "Entonces verán que tuve razón de no querer salir a pelear a las calles, que los cambios no se pueden hacer por la fuerza".
Un día en que escribía, lo llegó a visitar un viejo amigo. Era Luis Chang. Veinticinco años más joven que Efraín, Luis había servido bajo sus órdenes cuando Efraín era Comandante del Fuerte Mariscal Zavala. En 1974, después de haber salido Luis del Ejército, Ríos Montt le pidió que fuera el Jefe de Seguridad de su Campaña Presidencial. No se habían visto desde que Efraín saliera para España.
Luis le contó que había entregado su vida a Jesús. "Estoy estudiando la Biblia con un grupo llamado "Verbo" Es una Iglesia organizada por unos misioneros de los Estados Unidos, que vinieron a ayudar para el terremoto". Invitó a Ríos Montt para estudiar la Biblia juntos.
Desde su niñez, la Biblia había sido uno de los libros predilectos de Ríos Montt. La idea de estudiarla con un grupo de evangélicos Cristianos de los Estados Unidos le llamó la atención. "Puede que saque algunas nuevas ideas para mi libro", pensó. "Tal vez discutan política o aspectos nacionales que podrían ayudarme".
"Acepto la invitación, iré con usted", le dijo a Luis Chang.

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