sábado, 7 de abril de 2018

AMARGA RECOMPENSA- EFRAIN RIOS MONTT

EFRAIN RIOS MONTT
SIERVO O DICTADOR?
La Verdadera Historia del Controversial Presidente de Guatemala



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como en el caso siguiente: siendo Instructor en la Escuela Politécnica observó cómo unos Oficiales dirigían a un grupo de jóvenes Cadetes en un ensayo de sus famosos desfiles. Marchaban como sin ganas, con descuido y aun los Oficiales parecían desempeñarse con desgano. Efraín decidió intervenir.
"Rompan filas, que toda la Compañía rompa filas; y pueden retirarse al dormitorio", ordenó fríamente.
Siendo temprano en la tarde, los Cadetes se alejaron confundidos, pues ninguno se explicaba por qué el Mayor Ríos Montt les había mandado a romper filas y ninguno tampoco se atrevía a preguntarle. Simplemente obedecieron, se fueron al dormitorio, y a los pocos minutos estaban durmiendo.
Entonces entró el Mayor Ríos Montt y con voz , fuerte les ordenó "Quiero que se levanten, se vistan y que estén en el campo en diez minutos. Van a repetir el entrenamiento, sólo que ahora", les gritó, "van ustedes a marchar bien"
 Efraín quería que estas dos lecciones se fijasen en la mente de los Cadetes: que si las cosas no se hacían bien, había que repetirlas hasta hacerlas bien; y que aunque el profesor diera un mal ejemplo al alumno, éste debía de tratar de hacer las cosas bien. Esa vez la marcha resultó perfecta.
Así era el estilo de liderazgo de Ríos Montt y así era su mensaje. Y cuando no podía enseñar por medio de ejemplos prácticos, simplemente les hablaba.
En una oportunidad, en la base militar Ma- riscal Zavala, se dirigió a una Compañía de reclutas bajo sus órdenes y les dijo:
"Quiero darles un consejo que me dió mi madre; cuando supo que me venía al Ejército me advirtió: 'Hijo, no dejes hijos regados por ahí. No riegues tu sangre indiscriminadamente'. Ahora, a ustedes soldados, quiero decirles que todavía son jóvenes y tienen mucho que aprender en la vida y que deben de recordar siempre que la disciplina principia en nuestro propio cuerpo. Deben darse cuenta que su cuerpo es un templo. No lo contaminen con prostitutas".
Pero lo que le daba verdadero valor a sus pláticas moralizantes era su propio ejemplo. Para sus compañeros y para aquellos bajo sus órdenes Ríos Montt fue siempre un hombre que practicó lo que predicó. En una oportunidad, siendo Mayor asistió a un Curso de Entrenamiento Especial en Fort Bragg, Carolina del Norte, EE.UU. Un fin de semana que tenían libre le dijo su compañero de Guatemala: "Efraín, te invito, vamos a buscar a algunas gringas guapas, sus esposos están en Viet Nam y te apuesto que se sienten muy solas".
Efraín se quedó observandolo pensativamente y después le preguntó "¿Y cómo crees tú que se sentirán nuestras esposas allá en Guatemala este fin de semana?"
El compañero no volvió a insistir.
Pero la castidad no era el único principio que Ríos Montt defendía. También era leal a la fe Cristiana, aunque no, siempre abiertamente. Siendo Director de la Escuela Politécnica, llegó de visita Luis Palau, el famoso predicador, y le pidió permiso para distribuir ejemplares del Nuevo Testamento.

 52"No es necesario", le dijo Ríos Montt, "ya tenemos Nuevos Testamentos aquí. A cada Cadete se le exige tener uno". Palau, que había esperado oposición, quedó gratamente sorprendido.
Cuando Ríos Montt fue Comandante del fuerte "Mariscal Zavala" exigió a cada Oficial tener dos libros básicos: Ordenes Generales para Oficiales y el Código de Honor del Ejército y una edición de bolsillo del Nuevo Testamento. Siempre que tenía que llamarle la atención a un oficial Ríos Montt le preguntaba: "Tenemos dos Códigos aquí por los que regimos nuestra conducta. ¿Cuál de los dos ha violado usted?".
Frecuentemente, tanto en la Escuela como en las diferentes bases militares en donde sirvió, Ríos Montt hablaba de Dios a sus hombres. Muchas veces les decía "Aun el mejor de los padres fuede fallarle al hijo, aún la mejor de las madres también puede fallarnos. Nuestras esposas podrían fallarnos. Nuestros hijos podrían fallarnos. Pero hay alguien que nunca podrá fallarnos: Dios. Por lo tanto, Cristo debe ser el Ancla de la vida de todo hombre y con toda su fuerza deben ustedes acogerse a esa Ancla porque El nunca les fallará o los abandonará".
Es más, Ríos Montt era tan firme en sus convicciones que frecuentemente instaba a sus hombres no sólo a seguir su ejemplo sino también a ponerlo a prueba. Durante un incidente sucedido en el "Mariscal Zavala" contó a su tropa de un Especialista arrestado por llevarse a su casa cosas de la Base. "El se llevó de la cocina dos sacos de harina. Eso es robo, por lo tanto, ordené su arresto y ahora está en la cárcel, pues no tenía ningún derecho de llevarse las cosas de allí: Ahora quiero decirles que si ustedes alguna vez me ven a mí llevándome algo de aquí que no es mío, yo los autorizo para que me arresten y me pongan en la cárcel".
El 30 de Julio de 1972, después de 29 años de servicio en el Ejército, Efraín Ríos Montt alcanzó el honor que había ambicionado desde que era niño: ascendió al grado de General de Brigada del Ejército de Guatemala.
Su carrera en ascenso no se quedó sólo ahí. Antes de un año fue nombrado por el Presidente como Jefe del Estado Mayor del Ejército, el puesto de más alta jerarquía en el Ejército, después del de Ministro de la Defensa.
Desde esta posición, con mayor autoridad e--influencia, Ríos Montt creyó que podría conducir al Ejército de Guatemala a nuevos niveles de disciplina, moralidad y profesionalismo. Pero lo que no sabía era que muchos otros dentro de la jerarquía militar y política de Guatemala no compartían esos ideales. Tampoco sospechaba la fiera oposición que su posición de líder despertaría, causándole gran decepción.


CAPITULO IV
Amarga Recompensa
"Este es el quinto informe que nos llega, ¿qué es lo que está pasando allá?" pensó el General Ríos Montt al momento de colgar el teléfono ese día de Mayo de 1973.
Desde cinco fuertes le habían llegado noticias que la guerrilla estaba operando en Alta Verapaz, un departamento al norte de Guatemala. Como jefe del Estado Mayor del Ejército, tenía que actuar.
En 1962, un grupo de jóvenes oficiales cansados de la corrupción e inmoralidad a que el gobierno del General Ydígoras Fuentes estaba llevando al Ejército de Guatemala, decidió rebelarse, y al fallarles el apoyo ofrecidopor otras Bases, huyeron a las montañas a refugiarse y se declararon como las Fuerzas Armadas Rebeldes, inicio del movimiento guerrillero en Guatemala, que pronto tuvo adeptos en muchas partes. Para mediados de la década de 1970 había abarcado a la mayor parte del país. Denunciando las áreas débiles del sistema político de Guatemala, -como la concentración de capital en unos pocos, la oligarquía dominante, la extrema pobreza de las masas indígenas, la falta de representación de la porción más grande de su población, la falta de sensibilidad de los gobiernos, la dudosa legitimidad de los presidentes de turno y en fin, estas y muchas otras cosas,- crearon banderas que enarbolaban para respaldar lo que llamaban el mandato moral del movimiento.
Para aquellos reclutados por los insurgentes, luchando contra "el sistema opresor", este movimiento les ofrecía la esperanza de una vida mejor. Si esta esperanza era o no justificable, era algo que no se detenían a preguntar; tampoco el hecho de que a través de este movimiento se estaba produciendo una acelerada infiltración comunista. Lo que a ellos importaba era su liberación de la oligarquía opresora y alimento para saciar su hambre.
Aunque el General Ríos Montt recibía frecuentes informes de las actividades guerrilleras en el altiplano, lo normal era que el Comandante de cada región tomase sus propias decisiones respecto a las operaciones ofensivas. Sólo en casos muy serios acudía al Jefe del Estado Mayor.Después de una breve consulta con sus asesores, el General Ríos Montt dió órdenes para que varias unidades se movieran a las áreas en donde se informaba de la presencia de las guerrillas. Sin embargo, estas órdenes eran estrictas en cuanto a no abrir fuego si no era por disposición abierta de su Comandante. Efraín quería estar seguro que los informes que le enviaran fueran exactos.
Sus sospechas eran justificadas. Cuando llegaron al area precisa en donde se había informado de la actividad guerrillera, sólo encontraron a un puñado de indígenas sembrando maíz. Una investigación posterior reveló que la información, que les había llegado a través de cinco conductos diferentes, provino toda de un mismo punto de origen: una firma empacadora de carne que quería, precisamente, esas tierras, para construir una nueva planta, y como los indígenas no se las daban, creyeron que la mejor manera era denunciar que en esa área había guerrilla y entonces el Ejército les resolvería el problema matando a los "guerrilleros".
Estas tácticas de los comerciantes y los políticos de querer usar al Ejército para sus propios fines indignaba a Ríos Montt. La guerrilla era una cosa, estaba tratando de destruir al país y había que tratarlos como enemigos. Pero cuando los enemigos de Guatemala eran su propia gente, que no sentían ningún amor por su patria y sus hermanos, él se sentía muy decepcionado y también furioso. Pero lo que más le ofendía era que tratasen de usar al Ejército de Guatemala para lograr sus sucios fines.
Ríos Montt siempre había creído que un Ejército sano significaba una nación sana. Un ejército disciplinado, honorable y orgulloso, le daba a su país fuerza y valor internos. Desde el día en que se gradúo en la Escuela Politécnica había buscado la manera de usar su influencia para implantar estos valores en lo profundo del corazón de los soldados que estaban bajo su mando. Por esta razón, había buscado y aceptado posiciones de Instructor, pues este papel le permitía moldear la mente de los soldados jóvenes, adiestrar a futuros oficiales e infundirles una devoción por construir y mantener una institución armada honorable.
Ahora pues, estaba en la mejor de las posiciones posibles para efectuar los cambios que consideraba necesarios para su Ejército. Una de las cosas que esperaba poder cambiar era que el Ejército ya no fuera usado como un arma política. La otra era la indiferencia moral y falta de profesionalismo de muchos de sus subalternos. Aquellas cosas que muchos veían con indiferencia, Ríos Montt las lamentaba. Un Oficial que se emborrachara o que frecuentara prostitutas, podría ser objeto de chistes para otros militares de alto rango, pero para Ríos Montt era un asunto de Corte Marcial.
También esperaba poder cambiar el mal trato que se les daba a los soldados. Cuando fue Director de la Politécnica, visitaba la cocina para ver qué era lo que estaban sirviendo y probar la calidad de la comida. Ahora que él era Jefe del Estado Mayor, cada base militar y cada destacamento tenía que cumplir con las mismas normas de calidad.
El mismo celo que lo llevó de soldado de infantería a General de Brigada lo concentraba ahora en limpiar a su Ejército con el poder que tenía como Jefe del Estado Mayor.
En lugares aislados como la Politécnica o en una base militar en particular, este celo e integridad le ganaron innumerables simpatías. Pero al tratar de ejercerlo sobre todo el Ejército, empezó también a ganarse antipatías y amarga oposición. Tuvo que superar muchos obstáculos.
Al parecer, el Presidente Arana no sabía en lo que se estaba metiendo cuando decidió nombrar a Ríos Montt como Jefe del Estado Mayor del Ejército. Tal vez pensó que en tan alto puesto sería menos estricto y se haría de la vista gorda ante muchas cosas. Pero el rechazo de Ríos Montt de involucrarse en aspectos políticos y su profunda desconfianza de los políticos le mantuvo inflexible en su alta posición en el Ejército, y esto lo convirtió en persona no grata para muchos funcionarios. Es más, muchos deseaban que se fuera.
Después de varios meses como Jefe del Estado Mayor del Ejército, recibió un día la noticia de que a doce policías militares los habían asesinado cerca de la Villa de Sansirisay, en el departamento de Jalapa, en el oriente del país. Le fue informado, además, que habían sido los indígenas de la localidad quienes asesinaron a los policías y que otros dos mil más estaban a punto de alzarse.
Ordenó que dos unidades rodearan el área y luego le informaran directamente a él. Como no recibió ningún informe, voló en helicóptero a Sansirisay para investigar personalmente. Encontró a sus hombres preparándose para avanzar sobre un pequeño grupo de indígenas campesinos, residentes de la localidad. Aparentemente aquellos indígenas habían sido provocados por los finqueros locales, que habían contratado a los policías militares asesinados para despojarlos de esas tierras que ellos habían usufructuado desde el tiempo de Carlos V de España, hacía más de cuatrocientos años. Los indígenas, enfurecidos, reaccionaron matando a los policías.
Cuando Ríos Montt descubrió que la matanza se había debido a que los policías estaban tratando de "defender" tierras que no les pertenecían a aquellos finqueros,
ordenó el retiro de sus tropas, arriesgándose con ello a ser blanco del odio de ciertos altos funcionarios de gobierno, que tenían intereses personales en aquellas tierras.
De regreso a la ciudad de Guatemala, supo que sus enemigos habían hecho correr el rumor de que él, personalmente, había dirigido una masacre en Sansirisay, en donde cientos de indígenas inocentes habían sido brutalmente masacrados por órdenes suyas. Aunque sus verdaderos amigos pronto desvanecieron esa mentira, desde entonces los oponentes a Ríos Montt la continuan usando repetidamente para desacreditarlo.

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