viernes, 6 de abril de 2018

CAPITULO XVII-RECORDACION FLORIDA

 RECORDACION FLORIDA
  Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANGO

CAPITULO XVII
Que continúa la materia de los Minerales del Distrito de Huehuetenango.
MARGINALES—Minas de Calucantepeque dejadas por la fortaleza de causa de antímomas—Críadero de oro de MOTOZINTLE, y historia de Fray Francisco Bravo, religioso mercedarío,—Da noticia este religioso a la Audiencia de aquel Criadero, con muestras de oro, desde el puerto de la Veracruz. — Trata el religioso Brabo con los indios que le descubran el criadero o den porción de oro. — Después de consultar este negocio vuelven con respuesta al Ministro, y riesgo a que se expuso por conseguir el oro. —Apretadas y largas diligencias de la Audiencia acerca de este negocio, sin efecto.
Hubo otro poderoso Mineral en esta jurisdicción, en los confines de Soconusco, que llaman las minas de Calucantepeque, que arman en plata virgen sus metales de suma riqueza y opulencia, y se hallan hoy en mucha profundidad de estados y enteras sus labores, según parece en lo que se puede registrar desde la boca-mina: pero este beneficio se omitió ha muchos tiempos, por que habiendo topado en antimonias, son tan activas y de tan pestilente olor que mueren dentro los barreteros y los talquistas, con el impedimento de la ventilación; pero esto parece pudiera remediarse con buen caudal, dándole deslumbreras comunicables para su mejor respiración, y comunicando el aire por ellas fuera menos activo su vapor, y más si los operadores de ella entrasen dentro cubiertas las narices y las bocas con lienzos mojados en 'buen vinagre; mas esto que pide mucho costo, me es necesario noticiarlo para los tiempos venideros.
Pero no puedo omitir la tradición que corre y se asegura por instrumentos y otras pruebas del criadero rico de oro del pueblo de Motocíntla. Queda descrito el sitio de este lugar en el capítu'o undécimo del libro octavo de esta segunda parte, y así asentado por de la visita de Cuilco, De esta encomienda fué Prelado ordinario y Vicario de su partido, el padre Fr. Francisco Bravo, natural de Málaga; este religioso que había estado algún tiempo entre los indios y sabía de ellos el estilo, su cobardía y su incapacidad con sumo aborrecimiento á las labores de las minas, lió en predicarles muy frecuente y -en persuadir en sus doctrinas lo propio que apetecían y siempre que consideraban acerca de tener encubiertos los tesoros, y así les decía que no descubriesen sus minas, que ya sabía que las tenían, por que no, importaba á su conservación; pues descubiertos los tesoros vendrían al territorio los españoles, de quienes era cierto que no recibírían perjuicios, pero que estos traerían sus criados negros y mulatos, que se valdrían como gentes de pocas obligaciones de sus mugeres é hijas, y así mismo se servirían de sus ganados y de sus cabalgaduras con lo demás de sus haciendas, que eran sus hijos muy amados, y estaba en obligación de advertirlo. Esta predicación duró mas de año y medio, en cuyo tiempo se concilió familiarmente y se hizo, grato y muy amado de un ,fiscal de la Yglesia de San Francl.o Motocintla, á quien importunó
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por muchos días acerca de que le diese algún oro; á los principios el fiscal se le negó concibiendo sospechas y malicias, como es propio y natural de aquesta estirpe; pero este asegurado y más domestico, esperó largo tiempo un día festivo en los corredores del Vicario, que advertido y cuidadoso de su estado, despachó los sirvientes con pretesto á varías partes y remotas,"dióle el fiscal viéndole solo una porción de oro en pepita no pequeña, recomendándole el secreto; fué despachado y satisfecho con la. promesa del sigilo y algún regalo.
Pasóse un mesó más, después de recibir el primer oro; llamó á sus solas al fiscal el P. Bravo, y fuele preguntando si su secreto se había sabido, o si acaso le tenía por religioso y persona que sabía guardarle, y si era buen amigo. El indio le respondió que no se había sabido cosa alguna, que era buen Padre, de buen corazón y buen amigo. -Ea, pues, le dijo, ya que me has esperimentado mi seguridad y mi buen corazón, tráeme, hijo fiscal, otro poco más;- así con esta pausa y astucia, le hizo contribuir otras dos veces; pero muerto el fiscal á pocos días, quedó suspensa esta contribución; el religioso con pesar y sin tomar determinación acerca de la intención de juntar más tesoro, por que lo que había acaudalado por el medio referido, aun no llegaba á tres libras; pero pasando algunos meses en varias consideraciones, medios que elegía y trasas que maquinaba, se entristecía más y desvelaba, considerando que se acercaba el Capítulo provincial, en que había de manifestar la patente licencia que tenía del General para ir á España. En fin determinó juntar el pueblo ó los principales de él, que es lo más cierto, hízoles una larguísírna plática en que les proponía su voluntad, el deseo que le asistía de estar siempre con ellos, que este pensamiento le conducía á España, á pretender c6n el General le diese aquella casa perpetuamente, por lo mucho que ellos le amaban y por pagar así sus buenas obras; que le dirían que ¿cuáles eran? pues se volvía tan pobre que por esta ocasión y para !hacer su viaje de ida y vuelta, les rogaba y pedía le socorriesen y ayudasen con algún oro de sus minas, que ya sabía las tenían y harto ricas. Ellos negaron (como siempre) diciendo no tenerlo ni saber á donde poderlo hallar, afirmándose en esta negativa muchas veces; mas este religioso sagaz y astuto, y que sabía muy de esperiencia cuan materiales son estas gentes, abriendo un escritorio y tirando una naveta les mostró el oro que tenia, diciendo esto es de Motocíntla y el fiscal que murió me lo ha traído; ese era buen hijo, mi amigo y hombre de buena fé; pero vosotros sois mentirosos, de poca confianza y no me mirais como á Padre y como á vuestro Ministro. Ellos entonces aturdidos con tal prueba, dijeron: que ellos le amaban y deseaban tener consigo; pero que aunque era verdad que sabían que el pueblo tenía tesoro, pero que ignoraban el sitio, por que en comparación de otros ellos eran muy mozos; que les diese locencía, que consultarían á los ancianos y volverían con la respuesta, con que quedaron despedidos.
Volviendo á la casa del Vicario de ahí á tres días, no solo los justicias y los caciques, pero los masehuales por ancianos, y propusieron que algunos viejos de los del pueblo sabían el sitio y el parage á donde estaba aquel tesoro que les pedía; pero que el dárselo había de ser con condición de que ninguno se lo había de traer, sino que él mismo le había de sacar «fpor sus manos; pero que para ello le habían de llevar vendados los ojos á satisfacción del pueblo,
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