viernes, 13 de abril de 2018

EFRAIN RIOS MONTT ,CAPITULO VII Un Nuevo Principio

EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
 Copyright Disclaimer Under Section 107 of the Copyright Act 1976, allowance is made for fair use for purposes such as criticism, comment, news reporting, teaching, scholarship, and research. Fair use is a use permitted by copyright statute that might otherwise be infringing. Non-profit, educational or personal use tips the balance in favor of fair use
CAPITULO VII
Un Nuevo Principio
"En tu confesión falta Jesucristo", le dijo Alvaro Contreras a Efraín, con su rudeza característica. "Si tu eres cristiano, necesitas reconocer abiertamente a Jesucristo".
"Lo hago", dijo Efraín a la defensiva, pero algo dentro de sí le decía que verdaderamente no lo hacía. El primer estudio bíblico con el grupo de hombres de Verbo le había gustado mucho y decidió continuarlos. Conforme se adentraba más, conversando con ellos, empezó a darse cuenta que había algo diferente entre su propio enfoque religioso y lo que veía en la vida de estos hombres.
El estudio bíblico a que Luis Chang lo había invitado resultó consistir en un grupo de profesionales y hombres de negocios, que se reunían para estudiar la Biblia dos mañanas por semana en la casa de aquella misma señora de sociedad, que en 1976 había tenido la visión del terremoto. Al grupo asistía Alfred Kaltschmitt, un alto y rubio joven guatemalteco, descendiente de alemanes, quien pronto invitó a su amigo Alvaro Contreras, joven ejecutivo publicitario, que a su vez invitó a Francisco Bianchi, su pariente lejano, en ese entonces Gerente del Canal 11 de Televisión, uno de los más importantes canales del país. Esta reacción en cadena continuó hasta llegar un día a Luis Chang quien, a su vez, invitó a su antiguo jefe, Efraín Ríos Montt.
La primera clase no fue todo lo que él esperaba, no hubo nada en ella que pudiera usar en su libro. Sin embargo, le agradó el estudio de las Escrituras y admiró la confianza que estos hombres contagiaban, por lo que decidió continuar asistiendo. Gradualmente se dió cuenta que estas reuniones eran más que simples reuniones sociales de orientación religiosa. Estos hombres tomaban en serio su fe en Cristo y en descubrir lo que la Biblia enseñaba para poder aplicarlo en su vida diaria.
Aunque Ríos Montt asistía a todas las reuniones, llegando con su característica puntualidad militar, raramente hablaba, más bien le gustaba sentarse y escuchar. Carlos Ramírez y Jim DeGolyer, los Pastores de Verbo que ayudaban a dirigir las reuniones, estaban intrigados y se preguntaban: "¿Quién es este General? ¿Qué hace aquí?".
 88
Conocían de su reputación de General y político, como casi todos en Guatemala, y se preguntaban por qué continuaba asistiendo tan fielmente a las reuniones, especialmente porque no sentían en él mucho compromiso cristiano.
El problema, pronto descubrieron, era que Ríos Montt se sentía satisfecho con su nivel de cristianismo. El creía en Dios. Toda su vida había aceptado a creer en Dios. Era un hombre de principios que los practicaba y enseñaba a los demás. Había rehusado que se derramara sangre como el precio para obtener la Presidencia.
En muchas formas, la experiencia religiosa de Ríos Montt era paralela a aquella de otro famoso militar, un antiguo soldado romano llamado Cornelio. El Nuevo Testamento lo describe como a "un hombre recto y temeroso de Dios" (Hechos 10). Sin embargo, algo importante faltaba en su vida. Un día se le apareció un ángel y le dijo que mandara a llamar al apóstol Pedro. Cuando Pedro llegó, procedió a hablarles a Cornelio y a todos los demás que estaban en su casa del Evangelio de Jesús, de Su muerte en la cruz, Su resurección y Su poder para perdonar los pecados de aquellos que creían en El. Conforme Pedro hablaba, el Espíritu Santo se derramó sobre los que lo oían y Cornelio se convirtió en un devoto seguidor de Jesús.
Muchos siglos más tarde, el General Efraín Ríos Montt había llegado a una coyuntura semejante en su propio peregrinaje espiritual. Para Carlos Ramírez, el Pastor de Verbo, y para los demás que estudiaban juntos la Biblia cada semana, la concepción de Ríos Montt respecto a lo que significaba ser Cristiano no correspondía totalmente a lo que la Biblia enseñaba. Mientras más lo conocían, más se daban cuenta que él se consideraba Cristiano simplemente porque toda su vida había sido un hombre bueno y religioso. No era la Gracia de Dios a través de Jesucristo lo que le había hecho Cristiano, sino el propio Efraín Ríos Montt, el General disciplinado, ético, sacrificado, quien se había hecho a sí mismo un Cristiano. Consecuentemente, entró en conflicto con sus compañeros de estudio bíblico.
En una ocasión, después de estar asistiendo a las clases por varias semanas, el Pastor Ramírez se le acercó y le dijo: "Tal vez podríamos tomar una tacita de café juntos y platicar".
"No, no", le dijo Efraín riéndose. "Todavía no. Tal vez más adelante". Sentía que lo querían presionar para adquirir un mayor compromiso, por eso rápidamente declinó la invitación.
Más adelante, cuando Alvaro Contreras lo confrontó con la necesidad de confesar abiertamente a Jesús, todavía estuvo a la defensiva, aunque los estudios bíblicos ya empezaban a hacer su efecto. Estaba profundamente impresionado por lo que veía en estos hombres y entre la gente de la iglesia, a la que ahora él también había empezado a asistir los domingos.
Durante toda su vida había luchado por llegar a la cima, pero siempre había terminado frustrado y, junto con sus frustraciones, sentía gran resentimiento. Sin embargo, entre estos hombres no veía resentimiento alguno. Aunque muchos eran profesionales y hombres de negocios de éxito, en ninguno veía esa profunda ansiedad y los temores que él había conocido a lo largo de su lucha por ascender.
Un día Efraín se puso a contarle a Alvaro Contreras cómo le habían sido robadas las elecciones de 1974. Alvaro lo miró fijamente y le dijo: "No estoy de acuerdo contigo; tú no tienes pruebas positivas de haber ganado. Entonces, ¿cómo puedes asegurar que te las robaron? Además, si ya has aprendido a poner todas tus cargas en Dios, podrías haber perdido todas las elecciones del mundo y, a pesar de ello, estar tranquilo y en paz".
Largas semanas de reunirse con estos hombres, de ver su sinceridad al desear practicar las enseñanzas de las Escrituras, de oírles hablar de perdón y de verlos practicarlo, fue resquebrajando gradualmente la actitud de justicia propia y rectitud que tan fuertemente había dominado la vida de Ríos Montt. El nudo de amargura que escondía en su corazón empezó poco a poco a disolverse conforme iba confiando en la gracia de Dios.
Pronto empezó a reconocer abiertamente a Jesús como su Salvador y Señor, tal como Alvaro Contreras le había sugerido en su breve confrontación semanas antes. Ahora Efraín Ríos Montt, General de un Ejército de hombres, empezaba a comprender qué quería decir ser un soldado de Cristo y el hijo del Rey de Reyes.
Más tarde confesaría: "Toda mi vida fui un hombre religioso y asistí fielmente a la Iglesia. Aún cuando fuí Comandante de bases militares invitaba tanto a sacerdotes Católicos como a ministros Evangélicos a que viniesen a oficiar para los hombres a mis órdenes. Toda mi vida busqué a Dios. Pero es imposible encontrar respuesta a nuestras interrogantes más profundas cuando tenemos el corazón lleno de amargura y queremos, por nuestros propios medios tratar de llegar a Dios. Cuando conocí a los hermanos Cristianos de Verbo supe lo que quería decir 'Nacer de Nuevo'. Hasta entonces yo había tratado de llegar a Dios por mi cuenta. Pero Dios vino a mí y me aceptó tal cual soy".
Lleno de un entusiasmo nuevo, se entregó a las actividades de la Iglesia "Verbo". Asistía a los estudios Bíblicos y al servicio regular de los domingos por la mañana, haciéndose acompañar de su esposa María Teresa y de su hija Zury.
Al principio María Teresa no quería mezclarse con este grupo de Cristianos nacidos de nuevo. Siempre se había considerado miembro de la Iglesia Católica Romana y no deseaba cambiar. Es más, insistió en que si tenían que ir al servicio de Verbo los domingos, primero ¡fuesen a Misa! Efraín accedía.
Desde su regreso de España, María Teresa se había acostumbrado a participar en las alegres reuniones sociales que se organizaban los sábados por la noche en casa de sus familiares. Especialmente le gustaba jugar cartas con sus hermanos y cuñadas, algunas veces durante toda la noche. Como Efraín no estuviera de acuerdo, decidió ir sola. Frecuentemente la regresaban a dejar a su casa a las siete de la mañana del domingo, apenas a tiempo para bañarse, cambiarse y salir para la Iglesia.
Naturalmente le era muy difícil mantenerse 92             93
despierta durante el servicio en "Verbo". Al observarla, Zury la codeaba murmurándole: "Mamá, te estás durmiendo, despierta".
Algunas semanas después de ver que Efraín asistía solo a las clases de Biblia, se sintió un poco culpable y decidió acompañarlo. En la primera reunión se puso a discutir con un Pastor Evangélico, a quien le preguntó: "¿Y qué de los Testigos de Jehová y de los Mormones?". Trataba de desviar la conversación. El Pastor, notándolo, le preguntó si podía orar por ella. Accedió María Teresa y él se dirigió al Señor con estas palabras: "Padre, bendice a nuestra hermana. Ayúdala a encontrar Tu amor y las respuestas que está buscando".
Más adelante, alguién del grupo bíblico la invitó a ir a oír a un Evangelista de Puerto Rico de visita en Guatemala. Decidió ir. Al final de su mensaje, el Evangelista pidió que "alguien que estaba allí con una fuerte carga en su corazón, por favor, se pusiese de pié". Instantáneamente María Teresa sintió que le estaba hablando a ella y su primera reacción fue no hacer caso. Pero, en su adentro, pensaba: "Es a mí a quién está describiendo, a quien está llamando".
Después de un largo momento de batalla interior, se puso de pie. Y aunque tenía sus ojos fuertemente cerrados, las lágrimas empezaron a rodar. "No", se decía a sí misma "no voy a llorar". Orgullosamente, guardando su compostura, se volvió a sentar. Luego, la reunión terminó.
Ese sentimiento tan profundo que había sentido María Teresa cuando escuchaba al Evangelista de Puerto Rico lo olvidó al poco tiempo,
aunque algo había quedado en su corazón. Sin embargo, la amargura y la ira, como malas hierbas, continuaban creciendo dentro de ella sin que se preocupara por eliminarlas.
Aproximadamente un mes después, asistió con Efraín a otra reunión similar, sólo que esta vez el Evangelista era de la Argentina y el lugar el Auditorium de la Cámara de Comercio, en el centro de la Ciudad. Nuevamente se hizo una invitación para que todos aquellos que quisiesen aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador pasaran al frente. Como impulsada por un resorte, María Teresa se puso de pie y empezó a caminar con los otros, pero antes de llegar al frente lloraba fuertemente, Inmediatamente Zury se unió a su mamá y las dos lloraron durante un buen rato.
Al recordarlo, tiempo después, María Teresa comentó: "Cuando estaba sentada oyendo al predicador, me dí cuenta que toda mi vida había estado llena de orgullo y vanidad. Sentí la necesidad de ser sanada, de liberarme de todas mis cargas de amargura y de mis heridas, ya no las quería tener. Sentí como si hubiera entrado a un nuevo mundo, a una nueva vida. Mi actitud había cambiado y ahora era yo la que quería ir a la Iglesia. Desde ese día empecé a caminar con Dios".
Conforme pasaban las semanas, Carlos Ramírez y los otros miembros de "Verbo" que conocían a Ríos Montt, continuaban confundidos por este enigmático General. Cuando había venido por primera vez a "Verbo", rápidamente se había relacionado con todos. Para Carlos Ramírez eso era como si simplemente se estuviese adaptando a nuevos amigos. "Después de todo", pensaba, "este hombre es un político y sabe cómo llevarse bien con toda la gente. Pero ¿cuán real y sincera es su aceptación de Jesús? ¿Cuán fundamentada está? ¿Cuán verdadera es?".
Otra cosa de Ríos Montt que le intrigaba a Carlos era su manera reservada respecto a su vida privada. "El no se abre a ninguno. Su vida personal la guarda celosamente".
La sinceridad de los motivos de Ríos Montt y su nuevo estado de fe Cristiana eran todavía un misterio para los líderes de "Verbo", hasta que un día pidió una entrevista con Carlos Ramírez. Con la venia de Ríos Montt, invitó también a Alvaro Contreras a la reunión. El que siempre haya dos personas para escuchar o dar consejería es una práctica común en "Verbo", puesto que la Biblia enseña "en la multitud de consejeros está la sabiduría". Esta modalidad también daba a los nuevos líderes, en este caso a Alvaro Contreras, la oportunidad de aprender directamente de otro con más experiencia.
Al principio creyeron que iba a pedir consejo respecto a problemas familiares, pues les había hablado de uno de sus hijos. Pero pronto la conversación pasó de su hijo a su propia persona. El tema era uno del que ya habían oído antes: las elecciones de 1974. Sin embargo, esta vez había algo diferente en el tono de su voz.
Conforme recordaba los sucesos que lo habían llevado hasta el exilio en Madrid, sus ojos se fueron llenando de lágrimas. Les contó de la angustia que había sentido al haber llegado tan cerca de ser Presidente de Guatemala y luego sentir que le robaban la oportunidad. Habló de la humillación que siguió a su negativa de encabezar un golpe y cómo prácticamente todos se le voltearon y lo llamaron cobarde. Les reveló su dolor al separse de su familia, al ser forzado a dejar su país y al darse cuenta que su carrera militar se la acababan, sin ninguna esperanza más.
Lloró abiertamente, sin vergüenza. Carlos y Alvaro no habían esperado esto. Era como si algo dentro de Efraín estuviese deshaciéndose en lágrimas, gritándoles "éste es el dolor en mí".
Profundamente emocionados, con Efraín llorando con su cara entre las manos, se levantaron y pusieron sus manos en sus hombros, como sus hermanos, y empezaron a orar en voz baja.
"Padre, te rogamos que sanes a nuestro hermano, que quites de él todas sus amarguras, que sanes sus heridas. Lava todos estos años de tristes y amargos recuerdos y libéralo, para que pueda sentirte a Tí, con un corazón limpio".
Se habían preguntado cuán real era su conversión, cuán profundamente estaba cimentada su fe. Ahora veían que había llegado muy profundamente, perforando la coraza de amargura que silenciosamente lo había estado envenenando durante toda su vida.
El deseo de estudiar más la Biblia y de servir a su Iglesia creció en Efraín. Cuando "Verbo" se cambió de una granjita en las afueras de la ciudad a otra casa en la zona 9, se ofreció para ayudar en lo que fuese necesario, y lo hizo con tal fidelidad, que incluso aceptó hacerse cargo de los trabajos más humildes.
Era en estas situaciones cuando María Teresa 96            97
todavía se irritaba al ver que a su esposo, todo un General del Ejército y ex-candidato presidencial, no le daban el lugar que merecía. Pero para Efraín el título de "General" valía poco en el Reino de Dios. En este Reino él era simplemente un soldado y "un soldado de Jesús tenía que servir".
Los Pastores de la Iglesia, Carlos Ramírez, Jim DeGolyer y James Jankowiak, tuvieron cuidado de no dejarse influenciar por el hecho de que Ríos Montt era una persona de prestigio en los círculos militares y políticos de Guatemala. Creían que debía ser respetado por su calidad de hermano en Cristo y como parte de la familia de Dios, no por el hecho de haber alcanzado una posición ante los ojos del mundo. También fueron cuidadosos de no caer en la tentación de usar el nombre y la fama de Ríos Montt para propósitos de la Iglesia, tales como el de atraer gente. Para ellos, él era simplemente un hermano en Cristo. Su compromiso con él sería sobre esta base. Para ellos, lo más importante era que Efraín creciera en la gracia de Dios y en el entendimiento de las enseñanzas de las Escrituras.
Pronto fue obvio que si Efraín todavía necesitaba crecer en algunas áreas del carácter cristiano, el deseo de servir a los demás no era una de ellas, pues asistía a todas las reuniones, era puntual y servía en todo lo que podía, aunque fuese simplemente preparando el café. Su deseo de desarrollar un sentimiento de hermandad cristiana también le hizo participar en muchas otras reuniones de estudios bíblicos en diferentes casas y asistir a servicios de otras Iglesias, a los que iba junto con María Teresa.
Había algo respecto a esa ansia de servicio que aún intrigaba a los Pastores de Verbo, especialmente a Carlos Ramírez. Todo parecía ir demasiado rápido. Aunque Efraín parecía estar verdaderamente interesado en servir a la Iglesia, Carlos todavía se preguntaba si esto sería auténtico. "¿Comprenderá verdaderamente lo que significa estar comprometido con los otros hermanos Cristianos?".
Una de las formas en que Ríos Montt había tratado de servir a la Iglesia "Verbo" fue ofrecerles un lote de terreno de 900 mts. cuadrados, para que construyesen allí su propio edificio, en vez de alquilar una casa ajena. A la tercera propuesta, los Pastores decidieron ir a conocer el terreno. Después de la visita, informaron a Efraín que apreciaban su oferta pero que aún no estaban listos para construir su propio edificio.
"El terreno es bonito", le dijo Carlos Ramírez. Hizo una larga pausa y luego agregó: "Pero nosotros no queremos tu terreno, Efraín. Nosotros te queremos a tí. Dios te ha dado dones y habilidades especiales que El quiere que tu uses para Sus propósitos. El logra esto uniéndote a otros. Y de esa unidad y compromiso saldrá el trabajo que glorificará a Dios. Hasta que tu comprendas el pacto que tu tienes con nosotros como tus hermanos en Cristo, los dones que Dios te ha dado no podrán desarrollarse ni ser usados completamente".
La palabra "pacto" no era nueva para Ríos Montt. Frecuentemente había oído a los Pastores de Verbo hablar de ello. Sabía del Nuevo Pacto que todos los creyentes hacen con Dios 98        a        99
al recibir a Jesucristo. También había oído hablar a Carlos Ramírez respecto al pacto o compromiso especial que existe entre los hermanos y hermanas en Cristo.
"Cuando nosotros empezamos nuestra vida en Cristo", le explicaron, "entramos en un nuevo pacto con Dios. Un pacto que es una entrega o compromiso. Nos comprometemos, y entregamos nuestra vida totalmente a Dios".
"De una manera similar, también entramos en un pacto el uno con el otro, como hermanos y hermanas en Cristo. Nos comprometemos unos con otros y entramos en una relación de entrega mutua. Nuestro compromiso o pacto es amarnos los unos a los otros como Jesús nos enseñó y mostró por medio de Su ejemplo. Nos servimos los unos a los otros, nos cuidamos los unos a los otros, caminamos juntos en unidad y mantenemos nuestra unidad y nuestro amor a pesar de nuestras diferencias. Nos comprometemos cada uno a confiar en el otro, a ser honestos los unos con los otros y a mantenernos abiertos entre sí. También reconocemos que los dones y habilidades que Dios nos da son para el beneficio de la Iglesia, no para nuestro propio uso personal. Todo esto lo enseñan las Escrituras. Nosotros simplemente usamos la palabra pacto para ayudar a describir lo que significa para los Cristianos".
Ríos Montt había oído en "Verbo" estas enseñanzas respecto al pacto cristiano. También lo había leído en la Biblia. Y ahora, al igual que anteriormente cuando Alvaro lo confrontara respecto a su necesidad de confesar abiertamente a Jesucristo como su Señor y Salvador, le parecía que sus nuevos hermanos lo estaban presionando para que comprometiera profundamente la entrega de su vida a Dios y para vivir conforme a la palabra de Dios, dentro de la Iglesia.
A los Pastores de "Verbo" les preocupaba que en su afán de aprender y servir Ríos Montt se hubiese extendido a diferentes grupos bíblicos e Iglesias. Les agradaba este afán, pero sentían que, al igual que todos los demás nuevos Cristianos, debería situarse en un sólo lugar y crecer en Cristo. Sin embargo, evitaban darle la impresión de que fuese en "Verbo" en donde él debía definirse. No querían que pudiese pensar que era por su fama que lo invitaban a "Verbo". Si se quedaba en "Verbo", sería porque Dios quería que así fuese y porque éste era el lugar en donde se había comprometido. Con todo esto en mente, decidieron hablar claramente con Efraín para que él tomase su decisión.
Reunidos en la oficina de Carlos una mañana, le hablaron de esta preocupación. Le explicaron que no le estaban presionando a ser miembro de Verbo sino, más bien, que le hacían ese llamado para que pusiese en práctica el sentido del pacto del que le habían estado hablando. "Dios quiere que tú te definas y pertenezcas a una sola Iglesia, a una sola familia cristiana, sea aquí o en cualquier otra", le dijo Carlos Ramírez.
"Verbo" es mi Iglesia y mi familia, les contestó Efraín, "aunque debo de confesarles que en otra de las Iglesias que he visitado ya me ofrecieron ordenarme como Anciano".
Debido a que Efraín era tan nuevo como Cristiano, Carlos y Alvaro se sorprendieron. "Y tú,
100   
¿qué les respondiste?" le preguntaron.
"Les dije que no, que prefería ser una oveja en "Verbo" que un Anciano en otra parte".
Conforme la conversación continuaba, Carlos Ramírez y Alvaro Contreras sintieron que debían presionarlo aún más respecto a su compromiso con la Iglesia. Obviamente había hecho una decisión sabia al rehusar que le hiciesen Anciano tan prematuramente. Pero, se preguntaban, ¿habría comprendido que de todas maneras era necesario que él aceptase comprometerse con la que sería su Iglesia, que podría ser "Verbo" u otra?
"Está bien, está bien. Entiendo lo que me quieren decir", les contestó Efraín. "Y lo que puedo decirles, entonces, es que acepto mi pacto con ustedes y la gente de "Verbo".
Carlos y Alvaro quedaron aún más confundidos. Ahora les parecía la respuesta de Efraín demasiado rápida y como sin importancia. ¿Estaba verdaderamente pensando lo que decía? ¿Comprendía lo que significaba ser un Cristiano comprometido con otros Cristianos en calidad de hermanos y hermanas en Cristo? Carlos Ramírez aún se preguntaba si estaría hablando con Ríos Montt el hermano comprometido o con Ríos Montt el político. No estaba seguro. Tendría que esperar y ver.
Después de esta plática, Ríos Montt se retiró de las demás clases de Biblia y de las otras Iglesias a las que asistía.
"Bueno", pensó Carlos, "es un hombre de palabra". ¡Y hasta qué punto, pronto se lo demostraría!
Un día, conversando, Carlos dijo algo que dejó
    101
ver las dudas que aún tenía al respecto. Efraín lo miró fijamente y le dijo: "Carlos, yo estoy completamente comprometido contigo y con los hermanos aquí. Tal vez tu no confías en mí, pero yo ya te dije que comprendo mi pacto contigo. Así que si tu no confías en mí, creo que eres tú quien debe de preguntarse si tú estas comprometido conmigo".
Finalmente todo establa claro para Carlos. Comprendió que era él quien tenía que renunciar a su falta de confianza en Efraín. ¡Se daba cuenta que él, Carlos Ramírez, había tratada de hacer el papel del Espíritu Santo! Ríos Montt no sólo había entregado su vida a Jesucristo sino que tenía un verdadero entendimiento de lo que esto significaba en su vida diaria. Se sintió feliz. Comprendió que la palabra de Dios estaba echando fuertes raíces en Efraín. Ahora sabía que un día Dios usaría los dones y habilidades de este General de los hombres para Sus propósitos.
1

No hay comentarios:

Publicar un comentario