sábado, 14 de abril de 2018

EFRAIN RIOS MONTT ,CAPITULO VIII Un Soldado del Rey

EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
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CAPITULO VIII
Un Soldado del Rey
Mientras estaba tras el púlpito esa mañana de 1981, el Pastor Jim DeGolyer pensó que hacía bastante calor. La Congregación había crecido, llegando a más de setecientas personas. El local era pequeño, y en tiempo de calor la atmósfera se sentía pesada, haciendo que los hermanos se distrajeran.
Por el micrófono dijo: "Efraín, ¿quieres indicarle a tu gente que abra las ventanas para que entre más aire? Gracias". Luego, dirigiéndose a la congregación, les informó: "Sabían ustedes que nuestro hermano Efraín Ríos Montt está a cargo del mantenimiento de la Iglesia? Y, verdaderamente, ha demostrado ser muy
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buen servirdor de todos nosotros"

En su silla de atrás en la Iglesia, María Teresa se puso tensa. Sintió que algo hervía dentro de su corazón. Se sintió humillada. Su esposo, todo un General, un hombre respetado en toda Guatemala, estaba siendo presentado como ";el encargado de mantenimiento de Verbo!" Esto sí que la ponía furiosa.
María Teresa había entregado su vida a Jesús, pero le costaba mucho relacionarse con "Verbo". Conforme la entrega de su esposo aumentaba, empezó a notar verdaderos cambios en él. hablaba más y más de Jesús y oraba con mayor entusiasmo. Se le veía cada vez menos atormentado por lo que había sucedido en 1974. Sin embargo, cosas como la de esta mañana la confundían bastante e igualmente a toda su familia.
Una mañana su hijo Enrique vió a su papá barriendo el piso de la Iglesia. "¿Pero qué le pasa a mi papa. , se preguntó asustado. "¿El, un General, barriendo pisos? Por cierto, lo hace en la casa, pero ¿en público?"
Otra cosa que también le sorprendió bastante fue oír como todos saludaban a su papá tuteándolo con la mayor familiaridad, lo que para él era una falta de respeto. "Hola, Efraín".
Este sí que era un cambio radical de aquel gran respeto que recibía normalmente en público."¿
"¿Qué será lo que quiere esta gente?", se preguntaba Enrique.
María Teresa tampoco lo entendía. Un día le preguntó: "¿Por qué sirves a los de "Verbo" de esa manera?".
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"Yo no estoy sirviendo a "Verbo", a Carlos o a Jim", le contestó Efraín. "Yo estoy sirviendo a Dios".
María Teresa ya no pudo aguantar más, así que un día le pidió una entrevista a Carlos y claramente le dijo: "A mí no me gusta "Verbo"."
¿Por qué no?", le preguntó Carlos.-
"Porque nosotros no pertenecemos aquí", le dijo María Teresa. "A todas partes a donde vamos a Efraín se le respeta por lo que él es. Se le trata de manera diferente. Pero aquí, no. Otra Iglesia, a donde fuimos, le ofreció hacerlo Anciano y aquí ustedes lo ponen de barrendero. Yo ya estoy cansada de empezar siempre desde abajo. "¿Por qué no podemos empezar alguna vez desde arriba?".
Toda la furia que María Teresa había estado reprimiendo en su corazón por meses y meses empezó a aflorar en forma de lágrimas. "Además, Efraín no es para esta clase de trabajo, está desperdiciando su vida simplemente dando y ayudando a todos aquí". Mientras más hablaba, más lloraba.
Carlos Ramírez la escuchó pacientemente y luego le explicó que él sí creía que Dios tenía una misión especial reservada para Efraín y que este tiempo de crecimiento y entrenamiento en la manera que Dios lo deseara era muy importante.
"Hay un llamado de Dios en la vida de tu esposo. Sólo Dios mismo sabe qué es. Pero sabemos que será excepcional".
Cada uno de los Pastores de "Verbo" le había dicho esto mismo a Efraín. Sin tratar de enorgullecerlo, todo lo contrario, le explicaban que en el momento dispuesto por Dios, él tendría que cumplir con un propósito único e importante.
Por supuesto que esta enseñanza no era sólo para Efraín. Esta enseñanza era un tema común en "Verbo" para todos los feligreses, que era predicada desde el púlpito, enseñada en los estudios bíblicos y aun en las reuniones de orientación personal.
"Dios ha dado a cada uno de ustedes dones y habilidades especiales. Les ha equipado de manera especial para cumplir con una tarea especial. Conforme ustedes vayan aprendiendo a practicar la palabra del Señor, poniendo su vida a tono con sus enseñanzas, estos dones se desarrollarán. Conforme aprendan a servir a sus hermanos, caminando juntos y amándolos como a sus verdaderos hermanos y hermanas en Cristo, estos dones surgirán. Dios va a usar a cada uno de ustedes para cumplir con Sus propósitos y entonces en lugar de ser ustedes los alabados y enaltecidos en su orgullo y vanidad personal, es Dios quien será honrado".
Aunque para Ríos Montt el servir a los demás no era un concepto nuevo —él siempre había creído, por ejemplo, que un buen General era aquel que servía a su Ejército y se preocupaba de sus hombres— había sido siempre la persona de Efraín Ríos Montt quien recibiera el crédito por sus servicios. Pero ahora estaba aprendiendo a ser una nueva clase de servidor.
"Siempre creí que un General era un hombre disciplinado, que sabía cómo actuar para ser ejemplo de los demás y cómo dirigir a sus hombres con éxito", reflexionaba un día. "Pero 106            107
también pensaba que la lealtad era algo que se exigía de abajo para arriba, no de arriba para abajo. Todo este concepto se desvirtuó cuando pasé de ser General de un Ejército de hombres a hijo del Rey de Reyes!"
Como recibía su pensión militar y no necesitaba trabajar, podía dedicarse todo el tiempo a servir en la Iglesia. Se comprometió a servir los domingos en la Escuela Dominical de "Verbo", de la que llegó a ser Director. Una vez por semana recibían en su casa a un grupo para estudios bíbilicos o "Iglesia en el Hogar". El líder de ese grupo era Francisco Bianchi, otro Anciano de "Verbo", a quien Efraín em eempezó a ayudar en sus labores pastorales. En más e una ocasión acudió a llamadas de ayuda personal, muchas veces casi como emergencias.
En una oportunidad, una señora de su grupo lo llamó angustiada para contarle que acababa de tener un pleito con su esposo y él se había ido de la casa. Efraín dejó de hacer lo que estaba haciendo y salió en busca del esposo. Cuando lo encontró, lo invitó a que se hospedara con ellos en su propia casa, mientras hacía las paces con su esposa.
Cuando "Verbo" dispuso abrir su colegio, se le pidió ayuda, pues como ex-Director de la Escuela Politécnica se consideraba que tenía suficiente experiencia.
Al principio, sus muchos años de trabajo en el Ejército le crearon algunos problemas, pues trató de enfocar su puesto de Director académico como si aún fuese el Comandante de un Cuerpo Militar.
Por ejemplo, un día en que daba instrucción a los niños durante el período devocional, empezó a subir de tono su voz y llegó un momento en que, notando que no le prestaban toda la atención como él quería, al repetirles que "estamos hablando del Rey de Reyes, ¿me entienden?", los miró fijamente y, con su más fuerte y enérgico tono militar, les gritó. " ¡LES HE DICHO QUE ES DEL REY DE REYES! ".
Más tarde le pidieron que mejor hablara más quedo, pues los niños se asustaban mucho. Riéndose les dijo: "Después de todo, recuerden que he sido jefe militar toda mi vida y algunas cosas me son difíciles de cambiar".
Sin embargo, otros cambios sí estaban sucediendo en la vida de Efraín Ríos Montt, los cuales eran cada vez más evidentes. El orgullo y el sentimiento de autosuficiencia, que había cultivado durante toda su vida iban desapareciendo, a través de la gracia de Dios. Hubo una situación que demostró claramente que esta lección había penetrado muy profundamente en su corazón.
Una mañana, después de terminar de dirigir a los niños en el devocional, entró a la oficina que compartía con Dick Funell, uno de los miembros originales de "Verbo" que había llegado a Guatemala en 1976. Parpadeaba fuertemente cuando entró y Dick notó brillo de lágrimas en sus ojos."¿
Qué te pasa?", le preguntó preocupado. "¿Estás llorando?".
Para entonces Efraín lloraba fuertemente y Dick se levantó a abrazarlo. Después de un momento, recuperó su compostura y le confesó a Dick: "Llorar es bueno, es una bendición
108            109 del Señor. Yo nunca pude llorar antes".
"Pero ¿qué te pasó?", insitió Dick.
"Estaba dirigiendo a los niños y cantábamos una vieja canción que dice 'Tu palabra es como una lámpara a mis pies, una luz en mi camino. . .' De pronto, recordé que cuando tenía 8 ó 9 años mi abuelita me había enseñado esa canción. Recordé cómo la cantábamos juntos y el gozo que me invadía al cantarle al Señor. Y hoy, al cantarla después de tantos años, Dios me mostró cómo había desperdiciado mi vida desde entonces. Cómo me había dedicado sólo a enaltecer a Efraín, el hombre".
Lentamente, dolorosamente, Efraín Ríos Montt estaba aprendiendo que el caminar en pacto con sus hermanos cristianos significaba un nuevo nivel de honestidad y apertura personal. Como persona que se había formado a sí mismo, se había mantenido reservado y aislado. Como General, se había colocado en una posición aparte. Y como político, había gozado al ser considerado un enigma entre los candidatos políticos. Pero ahora estaba aprendiendo a ser hermano y amigo de los demás cristianos. Y cuando tenía que afrontar problemas serios o tomar decisiones en su vida, acudía a sus amigos en Verbo y pedía consejo.
"Como Cristianos nos llegamos a dar cuenta que la gracia de Dios produce en nosotros un sistema unificado de valores verdaderos", admitió más tarde. "Debido a que cada uno de nosotros tenemos nuestra mente en Jesús y no sólo en nuestra propia persona o en nuestros propios intereses, estamos en capacidad de poder aconsejarnos con sabiduría y guiar nos los unos a los otros".
Ríos Montt creía ahora firmemente que había seguridad en buscar el consejo de sus hermanos cristianos, en permitirles que le ofrecieran su visión interior y sabiduría, sopesando cuidadosamente sus consejos.
En Octubre de 1981, esta convicción fué puesta a prueba.

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