domingo, 8 de abril de 2018

EFRAIN RIOS MONTT -CAPITULO X Depongan las Armas

 EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
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CAPITULO X 
Depongan las Armas
Efraín Ríos Montt era un día director académico de un colegio cristiano, diez horas después Jefe del Nuevo Gobierno Militar de Guatemala y punto focal de una nación en una encrucijada. No había habido golpes de estado desde 1964. Y hoy, en cosa de horas, un gobierno entero había sido derrocado y había que formar otro nuevo.
Organizar el gobierno fue sólo uno de los muchos retos que tuvo que afrontar. Desde hacía años Guatemala se debatía entre el terrorismo de las derechas y las guerrillas de la izquierda. Además, la peor crisis financiera en muchas décadas estaba estrangulando la economía de la nación.
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Pero como si esto fuera poco, apenas a las dos semanas del golpe se descubrieron planes de un contragolpe y se tuvieron informes confiables que sus enemigos habían contratado a franco-tiradores de Europa para asesinarlo.
Sin embargo, este lóbrego panorama no lograba afectarlo, pues tenía el profundo convencimiento que él no había buscado el poder, que había sido colocado. "No fueron los oficiales jóvenes ni las graves condiciones por las que atravesaba el país lo que me colocó aquí", declaró un día. "Creo firmemente que fue Dios quien lo hizo. Por esto tengo paz en mi corazón".
Las primeras medidas que tomó Ríos Montt, anunciadas durante la conferencia de prensa la noche del golpe, afianzaron a la Junta como Gobierno provisional y abrieron el camino para los otros cambios que tan desesperadamente se necesitaban. El Congreso de la República, al que había criticado duramente por dedicarse más a negocios de interés particular de sus miembros que a los asuntos de interés nacional, fue disuelto. La Constitución de la República redactada después del último golpe de Estado y violada por todos los gobiernos posteriores, se derogó. Las leyes electorales que daban al país sólo una apariencia de democracia también se derogaron; y a los partidos políticos se les suspendió temporalmente. Fuera de esto, se respetaron los Códigos Penal y Civil.
Algunos críticos fuera de Guatemala inmediatamente denunciaron estas medidas como antidemocráticas. Ríos Montt creía que eran necesarias como los primeros pasos a darse para lograr un verdadero cambio. Además, con los procesos políticos y legislativos temporalmente congelados, tendría tiempo para hacer otros cambios mayores que evitarían futuros intentos de manipular las elecciones, comprar a los Jueces y otras autoridades, sobornar a los funcionarios de gobierno o emitir leyes para favorecer a determinados intereses o gobernantes. La corrupción y el abuso estaban arraigados muy profundamente en el gobierno y Ríos Montt creía que se necesitaba de una mano dura, si es que alguna vez se podría llegar a activar un auténtico proceso democrático.
Si hubiese sido electo para el cargo que hoy desempeñaba, se hubiera sentido muy solo y frustrado luchando contra un sistema de gobierno que en los últimos años prácticamente había institucionalizado el terrorismo político y la corrupción. Pero ahora, por un corto período, él tendría más control sobre el gobierno de Guatemala que ninguna otra persona antes en la historia reciente.
Esa noche del golpe también anunció su deseo de terminar con la violencia, fuese ésta provocada por las derechas o las izquierdas. "Depongan las armas", pidió Ríos Montt durante la conferencia de prensa. "Ya no habrá más muertos en las carreteras. . .no habrá más asesinatos". Apenas un mes más tarde, el 14 de Abril, el diario Wall Street Journal, informaba así al respecto:
"Desde entonces, las muertes generalmente atribuidas a los grupos izquierdistas se han reducido drásticamente.    Docenas
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de policías han sido destituidos en una campaña de despistolización y la mayoría de los observadores coinciden en señalar que el retiro de la participación y aprobación oficial en las acciones de violencia de las derechas es lo que más ha contado en esa baja de las muertes violentas".
La corrupción financiera dentro del gobierno también se convirtió en un blanco importante para la nueva Junta. El mismo diario escribió al respecto: "Todos los días durante la semana pasada, los periódicos de Guatemala publicaron las fotografías y nombres de los ex-funcionarios y empleados sospechosos de malversación de los caudales públicos".
Dentro del mundo militar también hubo cambios que empezaron a hacerse sentir a los pocos días del golpe. El Ejército que había sido acusado de extrema brutalidad durante las ad-ministraciones anteriores, empezó a sentir el impacto de aquel antiguo deseo de Ríos Montt de que fuera únicamente una institución limpia y militar. Se emitieron normas de conducta con énfasis sobre "ganarse el corazón de la gente".
Mucho de lo que Ríos Montt principió a hacer en las primeras semanas y meses de su mandato dió efecto positivo e inmediato. Los signos más visibles de la corrupción en el Gobierno desaparecieron con la destitución y arresto de docenas de funcionarios implicados en estos hechos delictivos. Y las muertes a causa de la violencia política casi desaparecieron. Otra publicación importante, la Christian Science Monitor, escribió lo siguiente en su edición del 19 de Abril de 1982:
"Los guatemaltecos dicen que se sienten tranquilos de saber que tienen un gobierno que está comprometido en actuar honestamente y en desarraigar la corrupción y el asesinato político; . . . un conductor de taxi en la ciudad de Cobán nos dijo que él ahora sí estaba lleno de esperanzas. Había una cierta terquedad en el gobierno de Lucas García, pero hoy la gente está contenta con el cambio. Es una reacción rara para un golpe, pero todos estaban felices".
Conforme los cambios se hacían más visibles, la popularidad de Ríos Montt crecía y su posición como Jefe de la Junta se hizo más segura. Los jóvenes Oficiales que habían organizado el golpe, y que al principio se habían sorprendido por su actitud religiosa, ya estaban contentos con el efecto que su manera de pensar y directrices morales causaban en la gente. Y este aspecto moral también se reflejaba dentro del Ejército.
Sin embargo, no todos estaban contentos con lo que algunos llamaban "la purga" de Ríos Montt. Había fricciones aun dentro de la misma junta. El Coronel Luis Gordillo Martínez no quería prestar todo su apoyo al deseo de Ríos Montt de pureza en el manejo del gobierno. Sus nexos con los políticos empezaban a atraer al elemento que se había querido evitar dentro de esta nueva administración. Este eco de tiempos pasados era especialmente desagradable para los jóvenes Oficiales que le habían dado el poder a Ríos Montt. Habían estado de acuerdo con su participación en la Junta el día del golpe, pero ahora su deseo era que ellos dos, el General Maldonado Shaad y el Coronel Gordillo Martínez, salieran de la Junta. También les preocupaba bastante la división de autoridad entre tres personas, lo que provocaba mucha confusión.
Finalmente, los jóvenes Oficiales y algunos miembros de su gabinete hablaron con Ríos Montt y le instaron a disolver la Junta y a hacerse cargo él de todo el control y la responsabilidad de dirigir al país. El 9 de Junio de 1982, contando con fuerte recomendación y apoyo de una mayoría de Ministros de su gabinete y Comandantes Militares, Ríos Montt se reunió con el General Maldonado Schaad y el Coronel Gordillo Martínez y les pidió su renuncia.
Poco después se reunió en el Palacio Nacional con los Oficiales jóvenes y los nuevos Comandantes Militares de las Bases Departamentales, y en un acto especial se leyó una proclama oficial y se le colocó la banda Presidencial, designándolo en ese momento como Presidente de la Repúbfica.
La remoción de los otros dos miembros de la Junta fue apenas una crisis momentánea sin mayor trascendencia. Presidente o no, él ya había estado ejerciendo como Jefe de Estado. El era la persona que los jóvenes oficiales habían escogido para sacar a Guatemala adelante. Ahora, como Presidente oficialmente designado, iba a afrontar lo que creía el problema más urgente en ese momento: la creciente insurgencia guerrillera.
El movimiento guerrillero se había iniciado a principios de la década de los 1960, dirigido por algunos oficiales militares qué huyeron de sus comandos después de un fracasado alzamiento militar. Tras varios años de lucha esporádica y actividad terrorista, que incluyó el asesinato de un Embajador de los Estados Unidos, el movimiento guerrillero fue temporalmente reprimido. Sin embargo, resurgió a finales de la década de los 70 y esta vez lo hizo con el fuerte apoyo de Cuba.
De alguna manera los guerrilleros recibían armas de manufactura Soviética y China, e incluso algunos M-16 de Estados Unidos, que habían quedado en Viet Nam. La cada vez mayor corrupción gubernamental y la brutalidad del Ejército, junto con una también cada vez mayor simpatía y apoyo a la insurgencia por parte de elementos de la Iglesia Católica, ayudaron a que la guerrilla ganara bastante poder. Y la táctica guerrillera de la "represión provocada", por medio de la cual actos calculados de terrorismo se usaban para provocar una reacción del Ejército, estaba funcionando muy bien contra los gobiernos derechistas reaccionarios, creando una rápida espiral de violencia tanto de la derecha como de la izquierda.
En 1982 se estimaba que la actividad guerrillera había abarcado el 60 o/o del área rural de Guatemala, con unidades guerrilleras activas en  21 de los 22 Departamentos de la República. En Febrero de ese año los guerrilleros ocuparon tres radiodifusoras y anunciaron que cuatro de los principales grupos guerrilleros, el Ejército Guerrilleros de los Pobres (EGP), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), la Organización Rebelde del Pueblo en Armas (ORPA) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT-D) se habían unido para formar la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca, un movimiento públicamente elogiado por el gobierno Cubano a través de Radio Habana, al que prometió mayor ayuda y más armas.
El informe de 1981 del Departamento de Estado de los Estados Unidos referente a la situación de los derechos humanos en Guatemala, pintaba un cuadro bien feo.
Se indicaba que entre 250 y 300 muertes por mes eran atribuibles a la violencia política motivada por la derecha y la izquierda. Y que los choques entre las tropas del gobierno y la guerrilla se había cuadruplicado desde el año anterior. He aquí algo de lo que decía:
"Nuevamente Guatemala ha estado sujeta tanto al terrorismo como a la guerra de guerrillas de la extrema izquierda, ayudada y fomentada por Cuba y otros países, y a la violencia indiscriminada de la extrema derecha, tanto por parte de elementos de gobierno como por grupos y personas individuales. Cada grupo encuentra su justificaci6n y excusa en las acciones del otro.
El gobierno dice que es una lucha de vida o muerte contra grupos marxistas radicales, bien armados y con apoyo extranjero. El descubrimiento por parte del gobierno de más de 25 reductos guerrilleros conteniendo cantidades significativas de armas de manufactura estadounidense provenientes de Viet Nam, así como armas de fabricación China y del bloque 'Soviético, le dan credibilidad a estas aseveraciones".
Cuando Ríos Montt fue colocado en el poder en marzo de 1982, Guatemala estaba cerca del pico de la espiral de la violencia y al borde de una guerra civil. El reconoció inmediatamente la necesidad de cambiar la postura reaccionaria del gobierno y del Ejército y de llegar a un fin limpio y rápido de esta lucha, para poder dedicarse a reconstruís el país. Creía también que la mayoría de los guatemaltecos participando en las guerrillas marxistas no lo hacían atraídos por la ideología comunista sino "por el hambre de sus estómagos vacíos, la enfermedad, la ignorancia, la pobreza y la miseria".
"Durante 25 años hemos tenido en Guatemala gobiernos anticomunistas de derecha", declaró en una entrevista a los pocos días del golpe. "Pero mientras muchos altos funcionarios tienen cuentas de banco en Suiza, hay siete millones de gente sin comida, sin ninguna clase de servicios públicos. Esta es la verdadera causa de la insurgencia".
En abril de 1983 el periódico cristiano Moody Monthly le hizo una entrevista y aquí él esbozó su plan para manejar esta insurgencia izquierdista.
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"Tenemos una estrategia contra la guerrilla, una parte de ella es la seguridad; la otra, desarrollo y bienestar social. Se podría llamar fusiles y frijoles. Actualmente, a la par que estamos protegiendo a la gente del ataque de las guerrillas, estamos tratando de proporcionarles vivienda, comida y trabajo. Si les podemos proporcionar estos tres elementos, entonces podremos entrar en la segunda fase, que es educación y salud".
En cuanto al Ejército, Ríos Montt había introducido un Código de conducta nuevo y sin precedentes. "Ganemos el apoyo de la gente para el gobierno y para el Ejército" les decía, agregando consejos como estos:
"No le quiten a la población civil ni siquiera un alfiler.
No enamoren o se tomen libertades con las mujeres del área.
Paguen el precio justo por lo que compren. Cuando tengan duda, paguen un poquito más.
Respeten las costumbres y tradiciones de la gente.
No abusen de la amabilidad de la gente del campo".
También se emitieron nuevos y estrictos reglamentos respecto a involucrarse con el enemigo. El asesinato indiscriminado de civiles ya no sería tolerado. Sería un cambio difícil para el Ejército, pero en el pasado el ataque 138
ciego e indiscriminado en contra de las guerrillas, sus colaboradores y simpatizantes, especialmente cuando estaban mezclados con la población rural, había afectado seriamente a gran parte de la población indígena.
Algunos observadores explicaban que la estrategia guerrillera de provocar contra-ataques por parte del Ejército y luego usar este mismo contra-ataque para provocar aún más disensión entre la gente, había funcionado muy bien. Por ejemplo, los guerrilleros disparaban contra alguna patrulla militar desde el centro de un parque, plaza o área con mucha gente, o desde un grupo de mujeres y niños, que luego quedaban atrapados entre el fuego cruzado de ambos. Tales incidentes habían contribuido a colocar al Ejército en situaciones comprometedoras.
Ríos Montt buscaba cambiar el pensamiento militar implementando una estrategia que incluía algo más que sólo la fuerza. Estaba convencido que tenían que ganarse otra vez el corazón de la gente y para que esto sucediera, el papel del Ejército tendría que cambiar. Una vez al describir los cambios que deseaba en el Ejército, les explicó lo siguiente:
"La estrategia militar de Estados Unidos tiene una cualidad especial, está entrenado y listo para desplazarse a cualquier parte del mundo y si fuera necesario, para ocupar.
Sin embargo, en América Latina el papel del Ejército es mucho más doméstico, proporcionando estabilidad interna. Pero hay muchos dirigentes militares de nuestros países que, influenciados por el modelo de Estados Unidos, han absorbido en sus mentes el concepto de ocupación y, como resultado, muchos Ejércitos latinoamericanos están listos para ocupar, muchas veces viendo a su propia gente como al enemigo. El mensaje es que nuestro Ejército debe ser un Ejército de integración con la gente. Que debe servir y trabajar para el bien de la gente y nó como Ejército de ocupación.
El 19 de Septiembre de 1982 apareció un artículo en el diario Los Angeles Times confirmando los frutos que empezaba a dar el "mensaje" de Ríos Montt:
"Hace un año los guerrilleros estaban tratando de persuadir a los indígenas en el nor-occidente de Guatemala a que se unieran con ellos y el Ejército era acusado de masacrar civiles. Hoy, la política oficial del Ejército es evitar las muertes de civiles y "ganarse a la población". Hoy, en las áreas en conflicto es la guerrilla la acusada de matar civiles. El Ejército ha cambiado su política y parece que está funcionando para bien".
Los esfuerzos de contrainsurgencia del nuevo gobierno también incluían una ampliación de la campaña de fusiles y frijoles. A la gente que había perdido sus cosechas a causa de la guerra, se les proporcionó comida suficiente y se la, organizó en grupos de patrulleros civiles para que pudiesen defender sus propias aldeas. Anteriormente, la única defensa que tenían era el Ejército, demasiado disperso para ofrecer mucha protección. El organizar a esos grupos de campesinos y proporcionarles armas para su propia defensa, permitió que el Ejército se concentrase en las principales áreas guerrilleras.
En el mes de Junio, a los dos meses del golpe, el gobierno decretó una amnistía general de un mes de duración para los subversivos que hubiesen participado en acciones insurgentes, ya fuese por coacción o voluntariamente debido a descontento con los gobiernos anteriores. El resultado fue la rendición de más de dos mil personas, las que fueron liberadas sin tener que responder a ningún cargo. (Otra amnistía similar se decretó en Marzo de 1983).
Cuando terminó la amnistía el 30 de Junio, se estableció el "Estado de Sitio", situación necesaria para poder poner en vigor medidas de seguridad más drásticas contra la guerrilla, sus dirigentes y colaboradores clandestinos.
Fué esta campaña de contrainsurgencia la que atrajo muchas críticas en contra del gobierno de Ríos Montt, especialmente de la prensa extranjera y de otras fuentes fuera de Guatemala. Grupos defensores de los derechos humanos, supuestamente neutrales, acusaban que miles de indígenas inocentes estaban siendo masacrados por las tropas de Ríos Montt bajo su política de "tierra carbonizada", según la cual los simpatizantes guerrilleros eran brutalmente masacrados y sus aldeas incendiadas. Las órdenes para estas matanzas, decían, emanaban directamente de Ríos Montt.
También se censuró el establecimiento del estado de sitio porque abolía "prácticamente todos los derechos de los guatemaltecos", una observación que intrigó a muchos puesto que ahora sí estaban empezando a gozar de medidas de paz que no tenían desde hacía muchos años.
Se establecieron los Tribunales de Fuero Especial para juzgar a los terroristas y a los guerrilleros, que funcionaron de una manera especialmente creada para proteger la identidad de los Jueces y acusadores, que en el pasado repetidamente habían sido víctimas de venganzas violentas.
Estos también fueron denunciados como una "violación de los derechos legales fundamentales"(*). En adición a esto, el programa de fu-
(*) En el libro "Guatemala: a Promise in Perfil", los autores Fraiicis Bouchey y Alberto Piedra, ofrecen esta visión de la aplicación de la justicia en Guatemala: "Bajo la legislación civil (Código Napoleónico) que rige en todos los países del mundo occidental no anglosajón, los criminales son juzgados ante un Juez, no ante un Jurado. Los Jueces juzgando a los terroristas frecuentemente han sido víctimas de amenazas contra su familia y su persona. A un Juez no le agrada tener que condenar a un terrorista cuando sabe que los camaradas del terrorista se vengarán en su persona o en sus hijos. Se entiende entonces que la policía tenga muy poca confianza en el procedimiento judicial para tales casos". Esto obligó, por lo tanto, al surgimiento de lo que podría llamarse "justicia por propia mano", proporcionando lo que los autores explican como "una solución" tanto para la policía como para los Jueces, solución que es más aceptable para una mentalidad fronteriza que para un observador académico'. Los Tribunales de Fuero Especial establecidos por Ríos Montt ofrecieron protección a los Jueces y permitieron la persecución de los terroristas, lo que inevitablemente acarreó duras críticas de los simpatizantes de la guerrilla y de aquellos desconocedores de la realidad guatemalteca.
 En adición a esto, el programa de fusiles y frijoles frecuentemente era tergiversado como "fusiles o frijoles", implicando que el Ejército daba comida sólo a aquellos que apoyaban al gobierno y a los que no, los mataban.
Casi toda acción tomada por Ríos Montt para terminar con la guerrilla,, acarreó duras críticas del exterior. Algunos informes de los simpatizantes de los derechos humanos, y otros de la prensa internacional, con frecuencia desprestigiaban al nuevo Presidente de Guatemala llamándole dictador derechista sin entrañas y responsabilizándole totalmente por la muerte de miles de inocentes. Muchos de aquellos que habían oído que Ríos Montt era un Cristiano sincero se intrigaron mucho, preguntándose si estos incidentes de brutalidad y estas masacres eran realmente ciertas.
Muchos se preguntaban ¿Sería posible que Ríos Montt no tuviese control sobre sus tropas? Tal vez, porque a pesar de sus buenas intenciones y pronunciamientos, el gobierno parecía ser el mismo de antes, sólo que con una cara diferente al frente. Tal vez Ríos Montt era sólo una figura decorativa, sin poder alguno, que, debido a su sinceridad cristiana, ofrecía una fachada perfecta para un poderoso grupo militar todavía corrupto.
El 13 de diciembre de 1982 la revista Newsweek lo entrevistó respecto a los cargos contra su gobierno sobre la violación de los derechos humanos y contestó lo siguiente:
"Todo ello es una desinformación, bien orquestada y pagada a nivel mundial, y muy efectiva. . . nosotros no tenemos dinero
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para pagar ninguna clase de publicidad desvirtuándola y no podemos hacer nada (a través de la publicidad) para cambiar la imagen de Guatemala. Pero a mi no me interesa mucho la opinión internacional. Me interesa más la opinión nacional. Y estoy interesado en hacer que esta nación se recupere, en que nuestra gente se convierta en un solo pueblo. Si estamos fuertes aquí adentro, lo que venga de fuera no importa".
Un estudio titulado "La Guerra del Terrorismo en Guatemala", publicado después del golpe de estado de marzo de 1982, del escritor Richard Raushenbush, del Consejo Interamericano del Instituto de Seguridad Educacional (Council for Inter-American Security Educational Instituto) confirmó las palabras de Ríos Montt, al demostrar que "una guerra de propaganda financiada en la prensa Internacional, es una de las cuatro principales estrategias para la victoria revolucionaria: Este importante estudio concluye diciendo:
"El elemento clave final de la guerra revolucionaria es la manipulación de la prensa internacional para hacer avanzar los fines de las organizaciones terroristas. Los tres propósitos de esta operación son divulgar la causa terrorista, aislar al gobierno y ganar la simpatía internacional a favor de la oposición. . . los revolucionarios guatemaltecos han lanzado al público americano una campaña de propaganda cuya meta es impedir que el gobierno de los Estados Unidos ayude al régimen guatemalteco en su lucha contra el terrorismo. Las organizaciones terroristas han usado de manera muy efectiva a las otras que abogan por los derechos políticos y humanos para distraer la atención sobre la muerte, destrucción y ruina económica perpetrada por los propios terroristas, hacia un exámen intenso de las deficiencias del régimen guatemalteco actualmente librando una dura batalla contra la guerra terrorista".
Para enlodar las aguas aún más, cuando menos una docena de organizaciones de Europa, Norte y Sur América emitían informes y noticias dirigidas a desacreditar al gobierno y al Ejército guatemaltecos, enfatizando la necesidad de cambios progresivos (¡.e: revolucionarios). Invariablemente, las declaraciones a favor de los guerrilleros siempre estaban muy bien orquestadas y emanaban de diferentes fuentes a la vez. Consecuentemente, lo que para algunos observadores parecían ser miles de voces objetivas e independientes sólo era el producto de una red de "Grupos de Solidaridad", "Comités de Paz y Justicia", e incluso organizaciones religiosas simpatizantes de los movimientos revolucionarios, hablando al unísono para ayudar a crear un mayor efecto de noticias desagradables. Desafortunadamente, muchos críticos sinceros del gobierno de Ríos Montt parece que también se estuvieron alimentando exclusivamente de una dieta de esta propaganda altamente politizada.
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En cuanto a los grupos defensores de los derechos humanos, supuestamente neutrales, que habían publicado informes sobre Guatemala, su objetividad era altamente dudosa al exponer sus inclinaciones o compromisos políticos, que muchas veces trataban de mantener ocultos. En Enero de 1983 apareció un artículo en la revista Presbyterian Layman, en la que el reverendo Roben C. Thorp, misionero que trabajó en Guatemala durante 34 años, dijo lo siguiente:
"La mayor parte de los grupos de investigación que vienen a Guatemala traen ideas preconcebidas (aunque nunca lo admiten) y la mayor parte de sus contactos ya han sido arreglados. Vienen con muy poco tiempo. Y encontrando confirmación a sus puntos de vista preconcebidos, regresan e informan lo que se les ha dicho a la prensa y a la iglesia".
Un editorial por Kenneth S. Kantzer en la revista Christianity Today del 15 de Junio de 1983, advertía que las noticias sobre Centro América deberían leerse con mucho cuidado y especialmente lo referente a Ríos Montt. Sus palabras textuales son éstas:"Aún aquellas sobre Centro América, emanadas de lo que se dice ser fuentes fidedignas e imparciales, no siempre son confiables en cuanto a presentar una información objetiva. La Embajada de los Estados Unidos hizo recientemente un estudio sobre determinadas situaciones denunciadas por
las organizaciones de los Derechos Humanos. Se encontró que muchas de estas situaciones se repetían en los diversos informes como diferentes sucesos y atrocidades por las que se culpaba al Ejército, pero que en realidad había sido perpetrados por las guerrillas; muchas noticias carecían totalmente de fundamento y al investigarse muchos otros informes sobre asesinatos de civiles y campesinos, se encontró que habían sido perpetrados por la guerrilla".
El 7 de diciembrede 1982 el columnista William Rusher reveló en su columna sindicalizada un hecho interesante, pero muy poco conocido, respecto a unos de los más prominentes defensores de los derechos humanos, el grupo de Amnistía Internacional, que había sido la principal fuente de cargos contra la brutalidad del gobierno de Ríos Montt.
Al citar la introducción del informe de Amnistía Internacional sobre la situación de los Derechos Humanos de 1982, el autor Rusher insta a los lectores a observar que "la información respecto a los prisioneros y las violaciones de los derechos humanos emana del Departamento de Investigaciones de Amnistía Internacional en Londres". Luego agrega:
`Esto es más revelador que lo que hayamos escuchado porque sucede que Derek Roebuck, que fue el Jefe del Departamento hasta hace muy pocos meses, es un comunista australiano que se refería a los Estados Unidos como "el monstruo".
Con esta información respecto a la fuente de los informes de tal organización, es difícil considerarlos como objetivo e imparciales.
Un artículo de la revista Commentary en marzo de 1978, confirmaba esta observación.
"La literatura de Amnistía Internacional tiende a mostrar una falta de confianza automática en todos los gobiernos derechistas y un deseo igualmente automático de con cederles a los gobiernos izquierdistas —con la excepción de la Unión Soviética y Checoslovaquia— el beneficio de la duda. Desde 1978 Amnistía Internacional parece estar alejándose de sus propósitos originales de velar por la no violación de los derechos humanos en todo el mundo e inclinarse hacia una asociación selectiva y predecible". (La Política y Amnistía Internacional, por Stephen Miller, Commentary, Marzo de 1978).
No era de extrañar, pues, que aunque ningún representante de Amnistía Internacional había visitado Guatemala desde 1978, en el breve informe que emitieron en Julio de 1982 sobre la situación de Guatemala acusaron al Ejército de la muerte de cientos de civiles inocentes a raíz del 23 de marzo de 1982. Aunque la Embajada de los Estados Unidos de Guatemala hizo una cuidadosa investigación al respecto y no pudo encontrar un solo hecho verificable, el daño para Guatemala en el exterior quedaba hecho. ( * )
Por otro lado, tampoco podía asegurarse que el Ejército era totalmente inocente de muchos de estos cargos. Aparentemente, a pesar de la política claramente definida de Ríos Montt y de sus esfuerzos por el cumplimiento, hubo abusos por parte de los militares en sus luchas contra la insurgencia. Dos incidentes en particular, fueron admitidos por el gobierno (cosa nunca antes oída en la historia de Guatemala): la muerte de cuatro civiles en febrero de 1983 y una masacre en San Francisco Nenton, en julio de 1982. Ambos incidentes llegaron al conocimiento del Presidente Ríos Montt a principios de 1983 e inmediatamente ordenó una minuciosa investigación. Se encarceló a uno de los Oficiales responsables del incidente de Febrero.
Aunque Ríos Montt aceptaba su responsabilidad por la conducta del Ejército, era claro que no podía garantizar que toda persona bajo su mando actuara conforme a su política e ideales. Después de una visita a Guatemala en 1982, el evangelista Luis Palau escribió lo siguiente:
"No existe ninguna duda que antes de Ríos Montt había muertes por doquier; tal vez todavía haya algunas. Yo trabajo con un equipo de 48 hombres y no puedo controlarlo todo. Sin embargo, de Ríos
(.) La mayoría de los informes de masacres durante el período de R íos Montt, emanaban de los campamentos de refugiados en el sur de México, que los críticos creían que los guerrilleros y sus simpatizantes usaban como refugio y base de sus operaciones.
Montt he oído decir, aún de sus enemigos políticos, que existe una tendencia definida hacia el respeto de los derechos humanos, lo que constituye un cambio total en su país, y, además, que su honestidad personal está fuera de reproche. (Christianity Today, 29 de mayo de 1983).
Trabajando duro para promover en su país cambios morales a largo plazo y a pesar de no tener el control total y absoluto, necesario para que se efectuaran tales cambios, Ríos Montt batallaba en la manera que la Biblia llama "yunta desigual". En un programa de televisión, transmitido a nivel nacional el 10 de abril de 1983, reconoció públicamente su responsabilidad, como dirigente, por los actos de aquellos bajo sus órdenes:
"Quiero pedirles perdón porque yo soy el responsable de todo lo que pasa y lo que permito que pase. Pero escúcheme. ¿Qué puedo hacer, por ejemplo, cuando no he podido lograr que un agente de aduanas me entienda? El puede desobedecerme y continuar mintiendo, robando o abusando. ¿Qué puedo hacer con un sargento segundo que no entiende mis órdenes de no matar y para que sepa que existe un procedimiento legal que debe seguirse? Yo me he comprometido con ustedes como el responsable por el policía que no está cumpliendo con su deber o el agente de aduanas o el maestro que no está enseñando correctamente. Yo soy el responsable. Sin
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embargo, necesito que ustedes comprendan que esta situación tiene dos lados. De nada sirve que yo diga lo que debe de hacerse, si no tengo la comprensión y la cooperación de todos a fin de que podamos trabajar con determinación para lograr nuestro propósito".
El Lic. Jorge Serrano Elías, un hombre cristiano nombrado Presidente del Consejo de Estado, y que era a la vez consejero de Ríos Montt, declaró a la revista Newsweek el 13 de diciembre de 1982, lo siguiente: "Estamos tratando de buena fe de hacer todo lo mejor a nuestro alcance. Y estamos anuentes a ser juzgados por la historia y a ser honrados o condenados por Dios".
A pesar de la oposición en la prensa generada por los oponentes de Ríos Montt, muchos cambios positivos habían sucedido en Guatemala a nivel de gobierno, del Ejército y en general en todo el país. Dada la situación de Guatemala antes del 23 de Marzo de 1982 y las opciones que hubiese tenido que afrontar, estos cambios no sólo eran dramáticos sino bien recibidos por la mayoría de los guatemaltecos. Una encuesta que se llevó a cabo a principios de 1983 lo confirmó, revelando que el 70 o/o de los guatemaltecos se sentían felices con Ríos Montt y que "no querían elecciones en dos o cuatro años", subrayando con esto la tremenda y general falta de confianza del pueblo én los viejos sistemas políticos de Guatemala. El diario San Francisco Chronicler,en su edición del 16 de enero de 1982, ofreció esta evaluación:
". . .Tenemos que concluís que verdaderamente un auténtico cambio para bien ha estado sucediendo. Los informes de Estados Unidos Unidos prácticamente lo confirmaron de manera unánime, a pesar que algunos grupos, como Amnistía Internacional, lo niegan. Casi inmediatamente después de la accesión de Ríos Montt en marzo pasado, las muertes en la ciudad de Guatemala a causa de la violencia derechista cesaron. Ya no se vieron más aquellos automóviles Ford Bronco, color negro, y de vidrios obscuros, correr por la ciudad aterrorizando a la gente inocente. Los corresponsales del New York Times y del Washington Post informan que en lugar de ello, Ríos Montt y sus colaboradores están concentrando sus esfuerzos en las áreas rurales, luchando por ganarse el corazón y la mente de la población indígena. . . . el Presidente de Guatemala, un Cristiano nacido de nuevo, está ganando estimación ante el gobierno de los Estados Unidos por su progreso en restaurar los derechos humanos".
La carga que el 23 de marzo de 1982 fue depositada sobre los hombros de Efraín Ríos Montt era abrumadora. Había heredado un gobierno minado por la corrupción; un Ejército prácticamente dividido en dos por el propio golpe; un clima de terrorismo de derecha e izquierda que tenía paralizado al país por el miedo, el área rural estaba asolada por las guerrillas; el sistema político y judicial en ruinas y la eco-152   
nomía, al borde de un colapso.
Había llegado a la presidencia de Guatemala en un momento de grave crisis y no sabía cuanto de su sueño de poder forjar una nueva Guatemala podría lograr. Tampoco cuanto duraría en el poder.
Sabía nada más que si servía a su país con todo su corazón y capacidad podía confiar en Dios para realizar Sus propósitos Divinos, cualesquiera que éstos fuesen.
CAPITULO XI
Revolución en el Corazón del Hombre
Cuatro días después del golpe del 23 de marzo, la emisión nocturna del tele-noticiero de la NBC en Estados Unidos concluía su informe sobre la situación en Guatemala con esta referencia a la fe Cristiana de Ríos Montt:
"Los diplomáticos acostumbrados a los políticos duros de Centro América están sorprendidos por el énfasis de Ríos Montt en Dios y en su religión. Algunos cínicos lo están llamando un fanático religioso, diciendo que esperan que pueda separar sus convicciones religiosas de sus deberes cívicos. Pero como un hombre de Dios,
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