lunes, 9 de abril de 2018

EFRAIN RIOS MONTT -REVOLUCION EN EL CORAZON

EFRAIN RIOS MONTT ,
SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
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Ríos Montt gobernará como un Cristiano, así lo han dicho los Ancianos de su Iglesia, quienes creen firmemente que esto ayudará a Guatemala a salir de sus problemas".
Sin embargo, como Presidente de Guatemala, Ríos Montt sí trató de combinar sus convicciones religiosas con sus deberes cívicos, una tarea muy difícil en un país tan convulsionado.
Un periodista le hizo esta pregunta, la misma que estaba en la mente de muchos que le oían, respecto a su sueño de forjar una "nueva Guatemala": ¿"Cómo describiría usted la influencia de sus convicciones religiosas personales en su conducta como Presidente y en las aspiraciones que tiene para su país?.
Ríos Montt le contestó de esta manera simple: "Yo tengo una actitud Cristiana, y actuando como Cristiano puedo influenciar a todo el gobierno para que trabaje con honestidad, verdad y justicia".
Para Ríos Montt el aplicar las enseñanzas de las Sagradas Escrituras en el desempeño de sus funciones como Director de un Colegio Cristiano era una cosa; pero tratar de aplicar los principios bíblicos como Jefe de un gobierno con una larga trayectoria de corrupción y brutalidad, era algo muy diferente. Algunos de sus críticos argumentaban diciendo que eso no era posible. Otros, incluyendo algunos Cristianos de Estados Unidos bien intencionados, sugirieron que si no podía hacer rápidamente que las acciones de aquellos bajo sus órdenes se alineasen con sus propias actitudes Cristianas, que era mejor que no se identificara tan abiertamente como Cristiano.
Entonces, ¿cómo podría gobernar no sólo como General y Presidente sino también como Cristiano? ¿Cómo aunaría sus convicciones religiosas con sus deberes cívicos? ¿Cómo podría tratar de ser al mismo tiempo un seguidor de Cristo y el dirigente de un gobierno secular?
Un claro ejemplo lo dió con la forma como manejó la crisis en la Embajada de Brasil en Guatemala, apenas al mes y medio de estar en el poder.
El 12 de mayo de 1983 siete miembros del Comité de Unión Campesina (CUC), una organización simpatizante de la guerrilla, tomó la Embajada del Brasil en la ciudad de Guatemala y amenazó con dinamitarla con todas las personas dentro, si ciertas exigencias políticas no se cumplían. Rápidamente Ríos Montt fue informado por el Oficial a cargo, que para entonces ya había rodeado el edificio y únicamente esperaba órdenes para entrar a la fuerza.
Ríos Montt se reunió brevemente con dos de sus asesores, hombres Cristianos que habían venido a trabajar con él, y recordaron el versículo bíblico en Proverbios 15:1, que dice "La respuesta blanda quita la ira". El usar la fuerza de manera innecesaria contra esas personas únicamente provocaría una tragedia similar a la sucedida en la Embajada de España en 1980, donde murieron 39 personas.
Bajo la convicción que ni el comprometerse con el terrorismo o usar la fuerza innecesariamente eran respuestas aceptables, escogió la estrategia de "la respuesta blanda". Llamó al Coronel a cargo y le citó el Proverbio bíblico, ordenándole claramente mantener la Embajada rodeada pero no usar la fuerza.
Veinticuatro horas más tarde los terroristas capitularon. Aceptaron salir pacíficamente si se les permitía abordar un avión para México y tener una entrevista de prensa televisada de quince minutos. A las once de la noche, cuando Ríos Montt veía la conferencia en su sala de la Casa Presidencial, notó que cinco de los siete terroristas eran indígenas nativos que, creyó, estaban siendo usados y manipulados por los líderes del grupo. Inmediatamente salió hacia el aeropuerto.
Cerca de la media noche subió al avión que conduciría a los siete rebeldes a México."¿Qué van hacer en México?", les preguntó. "Ustedes son guatemaltecos. Pertenecen aquí". Los invitó a abandonar el movimiento subersivo y a unirse a la reconstrucción de la nueva Guatemala.
"Dentro de muy pocas semanas estaremos ofreciendo una amnistía en todo el país", les dijo. "Y aunque ustedes serían arrestados ahora, les garantizo su libertad bajo ella. No se les harán cargos. Incluso, yo les ayudaré a encontrar trabajo. Les pido que se queden y me ayuden a reconstruís a Guatemala".
Uno de ellos le contestó por los demás: "Es muy amable de su parte pero queremos media hora para pensarlo".
Al regresar a la nave treinta minutos después, recibió su respuesta: No, se irían a México. Les preguntó entonces si llevaban dinero. Le dijeron que no. Salió al vestíbulo del aeropuerto y pidió dinero prestado a varios funcionarios presentes, reuniendo casi mil quetzales, que cambió y dió a los siete terroristas. Luego, permitió que la nave zarpara.
Su respuesta blanda había evitado la tragedia. (Irónicamente, uno de los siete terroristas logró llegar a los Estados Unidos y fué usado por las organizaciones simpatizantes de las guerrillas y otros grupos de solidaridad para hacer giras hablando de la "violación de los derechos humanos" en Guatemala bajo el régimen de Ríos Montt).
Para María Teresa, en su calidad de Primera Dama, la situación también presentaba nuevos retos y oportunidades para expresar su Fe Cristiana. "Probablemente mi trabajo más importante ha sido orar por Efraín", dijo a unos amigos a principios de 1983. "Oro especialmente cuando está cansado, porque trabaja muy duro. Pero el trabajo no será, positivo si Dios no le ayuda. Así que, continuamente, pido a nuestro Señor por Su Promesa, que dice que aquellos que hacen Su voluntad no serán avergonzados".
Una de las responsabilidades que tuvo a su cargo como Primera Dama fue conceder audiencias privadas a personas de todo el país que le presentaban variedad de problemas y necesidades personales. Esta tarea fue especialmente dura durante las primeras semanas de la administración de su esposo.
"La gente venía todo el tiempo, solicitando favores, trabajo o ayuda para encontrar a algún ser amado desaparecido. Algunas veces había tanta gente y tanto qué hacer que, por momentos, tenía que excusarme y retirarme un rato a mi cuarto a orar".
Durante todo el período presidencial de su esposo María Teresa recibió, como mínimo, a diez personas diariamente. Estas audiencias las concedía en Casa Presidencial, detrás del Palacio Nacional. Con frecuencia oraba por alguien en necesidad o compartía algún versículo de la Biblia. También hizo cuanto pudo por ayudar materialmente a aquellos que acudían a ella. Y cuando el cansancio la agobiaba, recordaba esa promesa especial que había hecho tiempo antes a Jesucristo:
"Hace algunos años la Iglesia "Verbo" participó en una gran campaña Evangelística. Efraín y Zury salieron a predicar a la gente, tocando de puerta en puerta para hablarles de Jesús, pero yo no quise ir. En mi corazón sentía vergüenza. Me quedé en casa llorando porque no tenía el valor de salir a la calle a compartir la Palabra de Dios.
Finalmente, le prometí al Señor que a cambio de mi debilidad compartiría Su amor con todo aquel que El trajera a mi puerta. ¡No imaginaba entonces que un día vendrían tantos! Así que cuando me canso y siento que ya no quiero atender a nadie más, recuerdo mi promesa y El me da fuerzas para seguir".
Lo más duro que le tocó fue aprender a aceptar a la prensa enemiga de su esposo. "En 1974, cuando leía u oía mentiras sobre Efraín, me dolía mucho y me ponía furiosa. Pero ahora, como Cristiana, cuando leía algo desagradable, lo que hacía era levantarme e ir a orar por la persona que lo había dicho".
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"En una oportunidad ví a un político por televisión que decía que Efraín era un Protestante que estaba tratando de provocar una guerra entre los Católicos y los Evangélicos, y que el gobierno estaba siendo dirigido y controlado por la gente de "Verbo". Este mismo discurso lo repitieron por la noche en las noticias y, verdaderamente, yo me molesté mucho. Entonces me puse a orar. Le pedí a Dios que ayudara a ese hombre y que a mí me quitara el resentimiento y la amargura que sentía en mi corazón. No podía irme a dormir hasta que mi corazón estuviera limpio. Finalmente, como a las tres de la mañana, me sentí en paz y me dormí.
A la mañana siguiente había olvidado todo el incidente, pero horas más tarde lo recordé, ví a ese hombre de manera clara en mi mente y de nuevo me puse a orar por él. Varios días después, inesperadamente, me encontré con ese señor, pudiendo saludarlo con afecto y amor. Mi corazón estaba limpio. A los pocos días habló nuevamente por televisión y esa vez empezó a decir cosas buenas de mi esposo. Su actitud estaba completamente cambiada. Sé que fue la oración lo que logró ese cambio".
Esta no fue la única ocasión en que los opositores trataron de valerse de las eternas diferencias entre Católicos y Evangélicos en Guatemala, en un vano intento de hacer aparecer a Ríos Montt como la fuente de la controversia religiosa. Los políticos, tanto de la izquierda como de la derecha, repetidamente trataron de usar su fe Cristiana para provocar disensión entre los Católicos, que estarían molestos por  que él era Presidente.
La visita del Papa Juan Pablo II a Guatemala, el 7 de marzo de 1983, les proporcionó una excelente oportunidad. Opuesto a la pena capital, el Papa Juan Pablo 11 había apelado ante el gobierno de Guatemala para que se suspendiera la ejecución de seis hombres sentenciados a ser fusilados, lo que debería suceder en días previos a su visita. La ejecución de tres terroristas y de otros tres hombres acusados de doble secuestro y violación(*) estaba programada para una fecha tres días antes de la llegada del Papa. Esta fecha no era arbitraria, sino que se debía al hecho que sus casos habían sido elevados a la Corte Suprema de Justicia por medio de Apelaciones y que al dictarse sentencia, la ley exigía que la misma se cumpliera dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes.
Los críticos del gobierno de Guatemala usaron la ejecución para "demostrar" que Ríos Montt era "anti-católico" y que estaba decidido a oponerse insolentemente al Vaticano. La coincidencia de la fecha de la ejecución fué una situación desafortunada, admitió más tarde Ríos Montt, "pero fue sólo el resultado de tener que cumplir con un mandato legal".
(*) Estos tres hombres habían secuestrado a una joven señora, la violaron y luego exigieron rescate por ella a su familia. Como resultado de la violación,ella quedó embarazada. A las pocas semanas de haber sido rescatada, estos mismos hombres la volvieron a secuestrar y nuevamente la violaron, volviendo a cobrar un segundo rescate por devolverla. Finalmente fueron capturados.
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El discurso que pronunció Ríos Montt a la partida del Papa Juan Pablo II dejó clara una actitud que pareció explicar, al menos parcialmente, su respeto hacia las diferentes creencias religiosas por haber sido enseñado así desde niño. Su corto discurso decía así:
"Santidad, cuando usted llegó, supimos que traía desde tierras lejanas un mensaje refrescante de buenas nuevas para nuestros espíritus. Estoy seguro que después de su corta visita, Guatemala ha recibido del Jefe de la Iglesia Católica un sólido mensaje de amor, armonía y paz.
Nos ha complacido especialmente que usted haya invitado a sus seguidores a poner en práctica la Palabra de Dios, como El lo ordena en Su Testamento, y no simplemente a contentarse con oírla. He admirado la autoridad con que usted ha hablado a los católicos, para que se comprometan y se alejen de los malos hábitos, para hacer el bien y amar a sus hermanos, en resumen, a cumplir con los Mandamientos.
Si su mensaje es oído y cumplido, si el amor de Jesucristo, Nuestro Señor, es puesto en práctica por cada guatemalteco, entonces Guatemala será un magnífico ejemplo para el mundo".

Sin embargo, la actitud comprensiva de Ríos Montt por suavizar un conflicto religioso potencial no fue siempre apreciada. Un teólogo de la ciudad de Guatemala hizo la siguiente 162    
observación: "Algunos católicos están molestos porque él pertenece a una Iglesia que no es la Católica. Sin embargo, algunos Protestantes lo acusan de ser ecuménico —que entre los evangélicos en este país es un grave insulto—porque no toma partido contra los católicos. Aún más, algunos protestantes que no son Pentecostales se sienten mal porque él está en una Iglesia que cree en la manifestación de los dones espirituales. En verdad que está en una posición difícil".
Resumiendo lo que él creía que era la actitud necesaria para recorrer ese camino, declaró Ríos Montt: "Un Cristiano tiene respeto por los otros". Con este concepto también esperaba poder aumentar el respeto mutuo que debería existir entre los guatemaltecos, especialmente hacia lo que él creía ser raíz de una de las causas de muchos problemas en el país: la actitud indiferente, y a veces racista, hacia la población indígena. "Más de la mitad de la gente del país es indígena, sin embargo son ignorados o maltratados por el resto", dijo una vez.
Como resultado de esta preocupación, los principales esfuerzos de ayuda y desarrollo se concentraron en las áreas indígenas, especialmente en aquellas afectadas por la guerrilla. Esto se inició inmediatamente después del golpe del 23 de Marzo. Es más, miembros de la Iglesia "Verbo" empezaron a coordinar esfuerzos en algunos de estos proyectos pequeños de ayuda y eventualmente llegaron a organizar una fundación de ayuda y desarrollo que le denominó "Fundación para la Ayuda del
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Pueblo Indígena" (FUNDAPI
), la que canalizó las contribuciones de los grupos cristianos de Estados Unidos e inició numerosos proyectos de desarrollo en las áreas indígenas en conflicto.
En adición al trabajo de ayuda y desarrollo, con frecuencia Ríos Montt enfocó en sus discursos públicos y por televisión el tema del respeto por el pueblo indígena. Luego, en septiembre de 1982, hizo algo sin precedente en la historia de Guatemala: decidió que una tercera parte de los representantes en el Consejo de Estado deberían ser indígenas y que serían elegidos por su propia gente. Esto fue algo que asombró a los políticos.
Debido a la disolución del Congreso de la República y mientras se esperaba una reforma constitucional, el Consejo de Estado representaba la única alternativa de legislación para el país. Parte de sus funciones, como el cuerpo legislativo más importante e influyente del nuevo gobierno, era estudiar los problemas nacionales, recomendar las políticas y acciones del gobierno y elaborar las nuevas leyes. Por ejemplo, fue el Consejo de Estado quien propuso las nuevas leyes rigiendo la actividad política y las elecciones, hecho anunciado el 23 de marzo de 1983, con motivo del primer aniversario del golpe.
El haber nombrado a diez indígenas como Consejeros propietarios y a diez como suplentes trajo lo que Ríos Montt consideró un importante equilibrio para su gobierno. "Esta es una experiencia única en la vida de Guatemala", declaró Jorge Serrano, Presidente del Consejo,164   
al diario Los Angeles Times, "porque los indígenas que están aquí tienen un potencial humano que durante muchos años ha sido ignorado" (El Régimen dá un Nuevo Papel a los Indígenas, 12 de septiembre de 1982). Este hecho, más que único, era histórico. Los indígenas nunca antes habían tenido ninguna posición de importancia en el gobierno de Guatemala, su país.
Sin embargo y aunque esto no fue ninguna sorpresa, esta decisión también acarreó críticas de parte de los opositores al régimen. Los partidos políticos, que antes habían apoyado a Ríos Montt reaccionaron acremente. Un periódico de Guatemala desplegó un titular que decía "El Regreso a la Edad de Piedra". El Presidente Ríos Montt les respondió diciendo que los indígenas, que son la mayoría, "deberían ser quienes gobernaran Guatemala, no sus esclavos".
El llevar a indígenas al gobierno fue una manera franca de demostrarles a los políticos que la vieja imagen del gobierno de Guatemala tenía que cambiar. Pero también hubo otros cambios necesarios. El arresto y la destitución de muchos funcionarios públicos, inmediatamente después del golpe, fue un paso inicial para purgar la corrupción y cambiar la imagen deteriorada del gobierno. Pero era de esperarse que este cambio también tendría un efecto limitado y de corto plazo. En Guatemala se necesitaba algo mucho más profundo si su gobierno, históricamente corrupto y al servicio de intereses personales, se quería que cambiara hacia lo que Ríos Montt había
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soñado:    un cuerpo de dirigentes dedicados a servir al pueblo.
A finales de noviembre de 1982 se lanzó una campaña pública a nivel nacional para moralizar y lograr producir ese cambio. Privadamente se le denominó "Proyecto David", por el Rey David de la Biblia. Esta campaña de moralidad estaba simbolizada por una mano grande en color azul, con el dedo pulgar y los dos siguientes extendidos en señal de juramento. El lema de ese juramento era: "No robo, No miento, No abuso", escrito abajo.
Para mediados de noviembre este lema estaba en todas partes, en afiches, en anuncios, en periódicos, radio y televisión. El 17 de noviembre, en el Teatro Nacional, y ante las cámaras de televisión transmitiendo a todo el país, el Presidente Ríos Montt tomó juramento a 450 directores y gerentes de los Ministerios del Gobierno, que se comprometían públicamente a no mentir, no robar y no abusar. Esta misma ceremonia se repitió con todos los demás empleados públicos.
Al inaugurar el Proyecto David dijo el Presidente: "Yo me comprometo ante Dios y ante mi patria a dedicar todos mis actos para cambiar a Guatemala. Juro y me comprometo a que todos mis actos estarán dentro de la ley y que exigiré a todas aquellas personas bajo mi responsabilidad a que hagan lo mismo. Me declaro ante Dios y ante mi patria como enemigo de la corrupción y de la injusticia y juro en este momento mi determinación para que en este país la verdad, la honestidad y la justicia sean firmemente establecidas; juro también que seré un ejemplo para mis subordinados y 164   66         1         167
mis conciudadanos. Pido a Dios que me ayude a cumplir mi juramento".
El Proyecto David era ambicioso. Aun después de su inauguración Ríos Montt reconoció la dificultad del reto que habían adquirido. "Nuestro compromiso es construir una nueva Guatemala", dijo en un discurso por televisión. "Aún hoy hay funcionarios que abusan de sus puestos para su propio beneficio. Y yo estoy decidido a terminar con ello. Este es uno de los propósitos de mi trabajo en el gobierno. No podemos esperar que la gente de un país cambie si sus dirigentes no dan el ejemplo".
Al mismo tiempo, Ríos Montt se dió cuenta de que, si quería tener éxito, no podría limitar su campaña de moralidad sólo al gobierno y al Ejército. Con esto en mente estableció un programa de televisión semanal, los domingos por la noche (al igual que lo había hecho en Estados Unidos el Presidente Roosevelt, quien lo llamó "Charlas desde mi Sillón"). Ríos Montt podía entonces entrar a los hogares y llevarles su mensaje. "Si Guatemala va a cambiar, usted y yo debemos cambiar", dijo durante una de esas pláticas dominicales. Repetidamente hablaba a sus oyentes de los principios bíblicos de servicio, responsabilidad, honestidad y arrepentimiento. "Nosotros, esto es usted y yo, tenemos una gran responsabilidad hacia nuestro país", repetía una y otra vez. "Y lo que se necesita no son héroes de 'revoluciones del pasado sino una revolución dentro de nosotros mismos".
Aseveraba con profunda convicción que la verdadera y permanente solución de los problemas de Guatemala no estaba en un cambio político ni ideológico sino espiritual. Esta convicción entraba en conflicto directo con los sentimientos de un gran número de clérigos y misioneros religiosos latinoamericanos que simpatizan o apoyan una revolución violenta, como el medio legítimo y necesario para "liberar" a las masas. En términos más simples, lo que tal "teología de liberación" implica es que el problema fundamental son las "instituciones pecaminosas", o en otras palabras, las estructuras económicas y sociales que durante años han mantenido a los pueblos de América Latina bajo condiciones de miseria, hambre y opresión. Aducen que el "pecado" está esencial y primordialmente en "el sistema", y que para que un cambio positivo pueda sucederse, el sistema tiene que ser derribado.
Por otro lado, Ríos Montt compartía el histórico y bíblico punto de vista de que el pecado existe en el corazón del hombre desde siempre y que es aquí en donde la revolución debe de empezar a operar cambios. Un cambio verdadero, decía, no era asunto de simplemente cambiar o mejorar las instituciones --aunque también trataba de lograr esto— sino de redimir el corazón del hombre.
"Yo les animo a cambiar", les dijo a un grupo de maestros durante una reunión celebrada en la ciudad de Guatemala el 8 de noviembre de 1982. "Compartan conmigo la lucha por cambiar al país, con el conocimiento de que el primer paso es principiar por cambiarnos a nosotros mismos para que aquellos que nos siguen sepan cómo actuar. . . . No dudemos en cambiar la manera como hemos sido hasta hoy.
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Esto es lo que Guatemala necesita ahora. Un cambio. Pero primero y sobre todo, un cambio dentro de nosotros mismos".
Menos de una semana después, en una de sus pláticas dominicales por televisión, Ríos Montt volvió a tocar este tema, enfatizando nuevamente su fuerte creencia de que la clave para el cambio de Guatemala no estaba sólo en las reformas políticas y económicas sino en la regeneración de los motivos y vida de los guatemaltecos, de cada uno de ellos, y en el subsecuente servicio que entonces cada uno podría prestarle a Guatemala.
"Tengo la firme convicción de que el problema que afronta la humanidad hoy en día es el problema del hombre", dijo. "Sin ignorar la importancia de las estructuras económicas y políticas, sin pasar por alto el talento técnico y las capacidades, creo que el aspecto más importante no es qué método escogeremos sino qué clase de gente somos los que vamos a hacer el trabajo. Guatemala necesita gente con valor, compromiso, carácter y un profundo sentido de responsabilidad personal, gente que pueda cambiar el curso de la historia".
Para aquellos que escuchaban cuidadosamente sus palabras, no era ningún misterio la forma como él creía que se podía obtener esa clase de gente. "Observen la excelsa obediencia de Jesucristo que murió en la cruz para limpiarnos del pecado", dijo en otra plática. "Que dió Su vida para que pudiéramos ser útiles en Su Servicio y verdaderos hermanos".
Muchos creían que el llamado de Ríos Montt por un despertar espiritual, tanto en Guatemala como en Centro América, representó la única y verdadera esperanza de paz para esa región tan deshecha.
Después de una visita a Guatemala en noviembre de 1982, Luis Palau, el evangelista latinoamericano, declaro a la revista Christianity Today del 20 de mayo de 1983, lo siguiente:
"Al estudiar las escrituras, la historia de la Iglesia y la historia de este siglo, no veo esperanza de ningún cambio institucional que pueda a la vez sacar a las masas de la miseria y mantener su libertad. Creo que el cambio deberá venir de la conversión de millones cuya forma de vida se transformará a una manera Cristiana de vivir. . . . Si pudiéramos eliminar la infidelidad y la inmoralidad en la América Latina, reduciríamos la pobreza por mitad en una generación".
También, en otra entrevista, Palau se refirió de la siguiente manera a los esfuerzos de Ríos Montt:
"Tratar de cambiar a una nación como él lo está haciendo, conociendo a los latinoamericanos y cuán independientes somos, sólo puede lograrse con la ayuda de la mano de Dios. . . Este esfuerzo de crear una atmósfera de rectitud es tremendamente encomiable. ¡Pensar, que existe un hombre que tiene el valor de hacerlo!"
Por supuesto que no todos estaban contentos 170   
con el llamado de Ríos Montt a la rectitud. La revista Newsweek del 13 de Diciembre de 1982, publicó lo siguiente:
"No todos los guatemaltecos aprecian su exhortación hacia la rectitud. La clase media alta, predominantemente católica, ridiculiza el fervor religioso de Ríos Montt y aún algunos de sus propios funcionarios se refieren a él como "el Ayatollah". Pero Ríos Montt ha ganado popularidad entre los trabajadores, los hombres de negocios y las mujeres, que gustosamente aceptan sus frecuentes llamados a la sobriedad y la fidelidad".
Algunos, incluso, llegaron a preguntarse si la moralización y prédicas de Ríos Montt no serían un preludio para el establecimiento de un nuevo gobierno religioso en Guatemala, idea que él inmediatamente refutó. "Mi propósito no es crear un gobierno Cristiano o una teocracia, aunque la gente ha tratado de asociarnos a mí y al gobierno con una causa o una Iglesia. Yo era Cristiano antes de llegar a la presidencia y lo soy ahora. Y en cualquier lugar en que un Cristiano se encuentre, ahí debe de ser Cristiano".
Estaba ansioso por diferenciar entre su propia experiencia Cristiana y una mera religiosidad. "Algunas personas me llaman un fanático religioso", dijo en una de sus pláticas dominicales por televisión. "Pero yo no soy una persona religiosa. Yo soy un Cristiano. El cristianismo es una forma de vida. Usted no va
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simplemente a un edificio una vez por semana y deja su verdadera vida en la puerta. El cristianismo es caminar transparentemente ante Dios las veinticuatro horas del día".
Sin embargo admitió que aun como Cristiano no estaba exento de problemas. "Los que estamos en el gobierno estamos rodeados de tentaciones, de caer en la vanidad y el orgullo y de abusar del poder", confirmó a algunos de sus amigos que trabajan con él en el gobierno. "Necesitamos verdaderos amigos cristianos que nos recuerden del compromiso más alto que tenemos". Por esta razón, y debido a su deseo de no ser arrastrado al forcejeo por la ambición o el poder, característico de la política guatemalteca, Ríos Montt recurrió al pacto que tenía con sus hermanos de la Iglesia.
El día del golpe, su amigo y compañero de trabajo en "Verbo", Francisco Bianchi, le acompañó al Parque Central. Fue el único civil que observó cómo se formó la Junta y se quedó acompañándole, a solicitud de Ríos Montt, hasta entrada la noche. Sabiendo que estaría en una atmósfera tremendamente cargada, quiso que Francisco Bianchi se quedara para darle apoyo espiritual y asesoramiento. De las enseñanzas que había recibido en la Iglesia y en sus clases de estudio Bíblico, sabía cuán importante era nutrirse constantemente de consejos basados en la Palabra de Dios.
Inmediatamente que estableció su administración se le hizo clara la necesidad de formar nuevo gobierno, Ríos Montt habló con el Pastor Carlos Ramírez y le dijo: "Quiero que se le permita a dos personas de "Verbo" que vengan a  trabajar conmigo. Necesito el apoyo de mis hermanos
Más tarde, Carlos Ramírez explicó al respecto: "Durante muchos años, Efraín no tuvo a nadie en su vida en quien verdaderamente confiar. En parte esto se debió a su propia independencia, pero también tenía que ver con la rivalidad existente en su carrera militar y en la política. Mucha de la gente que se le acercaba diciéndose su amigo era solo gente que buscaba algo para su propio beneficio, un favor o alguna clase de prebenda.
"Sin embargo, cuando vino a "Verbo" descubrió que había gente que verdaderamente se preocupaba por él como persona, y no simplemente porque fuera un General o alguien importante. Poco a poco, se dió  cuenta de que se preocupaban por los intereses de él y no por los suyos propios. Y era esta clase de gente, a las que sabía que realmente les importaba y en las que podía confiar, las que sintió que necesitaba a su lado en su nuevo papel de Jefe de una nación".
Para responder a la solicitud de Ríos Montt, un grupo de líderes de la Iglesia se reunió en la ciudad de Guatemala. Querían sopesar cuidadosamente las perspectivas de liberar a estos dos hombres de su compromiso con la Iglesia y permitirles trabajar en el gobierno.
"Necesito el apoyo de mis hermanos", les repetía Efraín. "Cuando una persona está en la posición que yo estoy, uno se puede llegar a sentir muy importante. Y yo no quiero caer en esa tentación. Necesito que mis hermanos me tomen de la mano e impidan que yo caiga en esa trampa".
Después de mucha oración y consulta, que se prolongó varios días, finalmente se tomó una decisión. Se permitiría que Francisco Bianchi y Alvaro Contreras Valladares, ambos Ancianos guatemaltecos de la Iglesia, dejaran sus funciones y colaboraran con Ríos Montt en su nueva tarea de Jefe de Estado. Su trabajo principal sería caminar en pacto con él, hablarle abierta y honestamente con espíritu de hermanos y mantener siempre ante él, de- manera viva, los principios de las Escrituras.
También se decidió que cada lunes por la noche los Líderes de la Iglesia, junto con sus esposas, se reunirían con Efraín y María Teresa para un período de oración, estudio Bíblico y compartir informalmente como hermanos. Se esperaba de esta manera que el beneficio del pacto de hermandad que había sido tan valioso y vital para Ríos Montt al principio de su desarrollo como Cristiano, continuaría nutriéndole y protegiéndole.
Por su parte, María Teresa también estaba abierta a la amistad y hermandad Cristianas. "Siempre ha sido un poco difícil para mí", explicó. "Antes de comprometer mi vida al Señor y empezar a ir a la Iglesia "Verbo", nunca me relacioné de manera abierta con la gente. Mis relaciones fueron siempre diplomáticas. Aun con Efraín mantuve algunas reservas. Pero, lentamente, Dios fue cambiándome. Y he llegado a valorar mucho la sabiduría de mis amigas y hermanas en Cristo`".
En Abril de 1983, un año después de haber solicitado que sus hermanos Francisco y Alvaro 174   
trabajaran con él, tuvo lugar otra reunión de Líderes en la finca presidencial cerca de Escuintle. Abrumado por los graves problemas existentes, por la difícil situación económica, por las presiones de la demás gente del gobierno y de los militares que aún no se alineaban a su política y a sus intenciones, además de recientes rumores de un complot para asesinarlo, Efraín buscó el consuelo, y apoyo espiritual de sus hermanos de "Verbo". Durante dos días oraron, ayunaron y se apoyaron espiritualmente.
Carlos Ramírez explicó al respecto: "Los que estábamos cerca de Efraín vimos la batalla espiritual que afrontaba debido a su posición y sentimos la necesidad de rodearlo de oración. Vimos también que era necesario para él hacer una renovación diaria de su compromiso con Dios para obtener la sabiduría, la fortaleza y la Gracia que le permitieran sobrellevar tan difícil situación".
Y era verdad que afrontaba grandes dificultades. En la misma medida en que sus convicciones Cristianas iban surgiendo como la fuerza que guiaba a su gobierno, y conforme algunas de sus reformas se iban afianzando, igualmente la oposición iba creciendo.
CAPITULO XII
Dios Dio, Dios Quitó
En el día del primer aniversario del golpe de Estado que lo había llevado al poder, Ríos Montt levantó el Estado de Sitio que había decretado meses antes.
La autoridad gubernamental casi absoluta que le permitió el Estado de Sitio demostró ser muy efectiva para combatir a la insurgencia guerrillera y poner orden en la nación. El terrorismo de la izquierda y la derecha había desaparecido en la Capital, la lucha en el altiplano había cesado, el apoyo extranjero para los insurgentes había sido trasladado, al menos momentáneamente, a otros países en la América Latina.
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