sábado, 7 de abril de 2018

EFRAIN RIOS MONTT ,SIERVO O DICTADOR?

EFRAIN RIOS MONTT ,SIERVO O DICTADOR? -
Joseph Anfuso David Sczepanski
 Copyright Disclaimer Under Section 107 of the Copyright Act 1976, allowance is made for fair use for purposes such as criticism, comment, news reporting, teaching, scholarship, and research. Fair use is a use permitted by copyright statute that might otherwise be infringing. Non-profit, educational or personal use tips the balance in favor of fair use
 
Efraín la quería mucho. Y se sintió atraído hacia ese Dios que ella parecía conocer tan bien.
Un día, uno de los tíos de Efraín los llevó a él y a sus hermanos a una reunión evangélica de un grupo que había llegado a Huehuetenango. Como siempre, Efraín gozaba con los cantos de alabanza. Muchas de estas mismas canciones las había oído a su abuelita y las otras en la Iglesia.
Durante la prédica estuvo muy atento y al final, cuando el Pastor invitó a venir al frente a todos aquellos que deseasen entregar públicamente su vida a Jesús, entre el pequeño grupo que pasó iba el joven Efraín.
Esa noche, al regresar a su casa, lleno de júbilo les anunció orgullosamente "Acabo de recibir a Jesús como mi Señor y Salvador".
"¿Qué ha hecho este Efraín?", le preguntó su intrigada mamá a Antonio, que también había ido a la reunión.
Antonio se encogió de hombros y le dijo "Aceptó a Jesús".
La noticia de la decisión de Efraín no provocó mucho interés en la familia, pero su abuelita, por supuesto, estaba feliz. En cuanto a Efraín, para quien las palabras "católico" y "protestante" no significaban nada, simplemente se sentía feliz de poder llamar a Jesús "mi Señor y Salvador", así como lo hacía su abuelita.
Doña Juana empeoró y ya no pudo ir más a la Iglesia. Efraín tampoco. Finalmente doña Juana murió. No obstante el conocimiento de la presencia de Dios en su vida permaneció con Efraín para siempre.
Cuando tenía trece años de edad, todos los hermanos fueron a pasar vacaciones a su finca en San Rafael Petzal. Generalmente las vacaciones caían en la temporada más calurosa y las familias que podían las pasaban en sus fincas. Los Ríos Montt se iban a la finca de su familia.
A cada quien se le asignaban tareas y a Efraín le tocaba manejar la molienda. En la finca se cultivaba caña de azúcar, la que se depositaba en un gran molino movido por bueyes, que la iba triturando hasta convertirla en azúcar morena. Una yunta de bueyes lentamente daba vueltas alrededor, moviendo la gran rueda que, a su vez, movía el molino.
Un día, deseando acelerar a los bueyes, Efraín tomó un palo y empezó a azuzar a los animales con él. Un buey, acostumbrado a la velocidad más lenta, reaccionó violentamente y le lanzó una fuerte patada. En el preciso instante en que el casco tocaría su cara, Efraín sintió una mano en su hombro que lo apartó, cayendo al suelo. Con el corazón latiéndole fuertemente, se levantó y buscó a quien le había salvado, pero no había nadie. Instintivamente supo que era Dios y le dijo "Gracias Dios mío, gracias por salvarme la vida".
Cuando regresaron a Huehuetenango, supieron la mala noticia que la tienda de su papá, "La Comodidad", estaba en quiebra y que su papá tendría ahora que trabajar como dependiente a las órdenes de los nuevos dueños. Este cambio trajo nuevas presiones sobre la fa- milia Ríos Montt. Aumentó la necesidad de Efraín de tomar alguna decisión crucial respecto a su futuro, pues pronto terminaría el sexto año de la escuela primaria, el más altogrado que le era accesible en Huehuetenango y, por lo tanto, tendría que trabajar o continuar estudiando en otra parte.
Sin embargo, en la mente de Efraín había otra decisión tomada desde hacía mucho tiempo: él quería ser militar, y sus planes incluían entrar a la Escuela Politécnica de la ciudad de Guatemala. En ese entonces, la Politécnica ofrecía cursos de equiparación para los estudiantes de nivel primario que deseaban seguir la carrera militar y Efraín podría participar en el programa del año siguiente. Pensó, pues, dejar Huehuetenango, inscribirse en la Politécnica e iniciar su carrera militar.
Poco tiempo antes de trasladarse a la ciudad de Guatemala, la familia fue informada que Mario, uno de los hermanos más jóvenes, había sido aceptado para estudiar en un seminario Católico Romano, pero que había que cumplir con un requisito previo importante: que sus papás se casasen por la Iglesia Católica, pues nunca lo habían hecho. La noticia de que uno de sus miembros sería sacerdote emocionó a toda la familia y pronto se celebró el matrimonio católico de los papás. Desde ese momento en adelante, toda la familia Ríos Montt, incluyendo a Efraín, se convirtieron en devotos y fieles miembros de la Iglesia Católica.
Llegó al fin el día en que Efraín tuvo que irse a la capital de Guatemala. El largo viaje desde Huehuetenango hasta la ciudad lo hizo en autobús y pronto se presentó a sus exámenes en la Escuela Politécnica. La Escuela quedaba en el centro de la ciudad y su apariencia era la de un castillo medieval, con altos torreones grises en cada esquina y a los lados de la entrada principal. Cuando Efraín cruzó la puerta de hierro y entró al patio de la Politécnica casi no podía contener su emoción.
Como siempre había sido un estudiante bueno y disciplinado, estaba seguro de aprobar los exámenes. Todo fue bien con las pruebas escritas. Luego entró a los exámenes físicos incluyendo un examen de la vista, mientras leía cartelones distantes con letras pequeñas; soñaba con que pronto estaría vistiendo su uniforme militar.
Pero los resultados no fueron los por él esperados. Un médico, gentilmente, le informó que tenía astigmatismo y que no podría ser aceptado en la Politécnica.
Anonadado, desalentado y conteniendo las lágrimas, el joven Efraín cruzó la puerta de salida de la Escuela. ¡Había querido tanto ser militar, estudiar en la Politécnica y llegar a ser oficial! ¡Pero ahora sus sueños se desvanecían!
A pesar de todo, tal como sucedería muchas otras veces a lo largo de la vida de Efraín Ríos Montt, él decidió transformar su fracaso en éxito, y unas pocas semanas después se decidió a entrar al Ejército de Guatemala como simple soldado raso. Así se probaría el a sí mismo.
Al terminar el curso básico de entrenamiento, el soldado Ríos Montt fue asignado al Fuerte de Matamoros, en la ciudad de Guatemala, donde pronto ascendió al grado de Sargento Primero de Infantería. El cuartel no era la Escuela Politécnica, pero cuando menos vestía el uniforme militar y se sentía muy orgulloso de ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario